jueves, 12 de julio de 2012

Las barricadas deben ser retiradas (Paul Mattick)

Las barricadas deben ser retiradas
El fascismo de Moscú en España
Paul Mattick, 1937

El 17 de mayo de 1937 la C.N.T.-F.A.I. de Barcelona emitía la siguiente orden: "¡Las barricadas deben ser retiradas! Las horas de crisis han pasado. Hay que restablecer la calma. Pero están circulando rumores por la ciudad que contradicen los informes de una vuelta a la normalidad como la que ahora estamos ordenando. Las barricadas están contribuyendo a esa confusión. Ya no necesitamos las barricadas ahora que la lucha ha acabado. Las barricadas no tienen objeto ahora, y la continuación de su existencia puede dar la impresión de que deseamos volver al anterior estado de cosas —y eso no es verdad. Camaradas, cooperemos en el total restablecimiento de la vida civil normal. Todo lo que la impide volver a la normalidad debe desaparecer."

Y entonces comenzó la vida normal es decir, el terror de los fascistas de Moscú. El asesinato y el apresamiento de los obreros revolucionarios. El desarme de las fuerzas revolucionarias, el silenciamiento de sus periódicos, emisoras, la eliminación de todos los puestos que habían alcanzado con anterioridad. La contrarrevolución triunfaba en Cataluña, donde, como aseguraban a menudo los líderes anarquistas y del POUM, se avanzaba hacia el Socialismo. Las fuerzas contrarrevolucionarias del Frente Popular fueron bien acogidas por los líderes anarquistas. Las víctimas aclamaban a sus verdugos. "Cuando hubo un intento de hallar una solución y restablecer el orden en Barcelona", leímos en un boletín de la C.N.T.: "la C.N.T. y la F.A.I. fueron las primeras en ofrecer su colaboración, fueron las primeras en pedir el alto el fuego e intentar la pacificación de Barcelona. Cuando el Gobierno Central asumió el orden público, la C.N.T. estuvo entre las primeras organizaciones que pusieron a disposición de los representantes del orden público todas las fuerzas bajo su control. Cuando el Gobierno Central decidió enviar fuerzas armadas a Barcelona con el fin de controlar las fuerzas políticas que no obedecían a las autoridades públicas, la CNT fue una vez mas la única en ordenar a todos los distritos facilitar el paso de aquellas fuerzas, para que pudieran llegar a Barcelona y restablecer el orden."

Sí, la C.N.T. ha hecho todo lo posible para ayudar a la contrarrevolución del Gobierno de Valencia en Barcelona. Los obreros detenidos pueden agradecer a sus líderes anarquistas su apresamiento, que conduce a los pelotones de fusilamiento de los fascistas de Moscú. Los obreros muertos son apartados de en medio junto con las barricadas; son silenciados para que sus líderes puedan continuar hablando. ¡Qué excitación por parte de los neo-bolcheviques! “Moscú ha asesinado a trabajadores revolucionarios", gritaron. "Por primera vez en su historia, la Tercera Internacional está disparando desde el otro lado de las barricadas. Antes, solamente había traicionado la causa, pero ahora está combatiendo abiertamente contra el comunismo." ¿Y qué esperaban de la Rusia capitalista de estado y de su Legión Extranjera estos airados vocingleros? ¿Ayuda para los trabajadores españoles? El capitalismo en todas sus formas tiene solamente una respuesta para los trabajadores que se oponen a la explotación: la muerte. Un frente unido con los socialistas o con los "comunistas" de partido es un frente unido con el capitalismo, que sólo puede ser un frente unido por el capitalismo. Es inútil regañar a Moscú, no tiene sentido criticar a los socialistas: ambos han de ser combatidos hasta el fin. Pero ahora, los trabajadores revolucionarios deben reconocer también que los líderes anarquistas, que también los "apparatchiks" de la C.N.T. y F.A.I. se oponen a los intereses de los trabajadores, pertenecen al bando enemigo. Unidos al capitalismo tenían que servir al capitalismo; y donde las frases no valían para nada, la traición se convirtió en el orden del día. Mañana pueden ser ellos quienes disparen contra los trabajadores rebeldes como disparan hoy los verdugos "comunistas" del cuartel "Karl Marx". La contrarrevolución se extiende desde Franco a Santillán.

Una vez más, como tan a menudo antes, los decepcionados trabajadores revolucionarios denuncian la cobardía de sus líderes, y buscan nuevos y mejores líderes para una organización mejorada. Los "Amigos de Durruti" rompen con los líderes corruptos de la C.N.T. y la F.A.I. con el fin de restaurar el anarquismo original, para salvaguardar el ideal, para mantener la tradición revolucionaria. Han aprendido algo, pero no lo suficiente. Los obreros del POUM están profundamente decepcionados de Gorkin, Nin y compañía. Esos leninistas no fueron suficientemente leninistas, y los miembros del partido buscan mejores Lenines. Han aprendido, pero muy poco. La tradición del pasado pesa como una losa en torno a su cuello. Con un cambio de hombres y una revitalización de la organización no hay bastante. Una revolución comunista no la hacen los líderes y las organizaciones; sino los trabajadores, la clase. Una vez más los trabajadores esperan cambios en el Frente Popular que puedan llevar hacia un giro revolucionario. Largo Caballero, descartado por Moscú, puede volver a hombros de los miembros de la U.G.T. que han aprendido y han visto la luz. Moscú, defraudada porque no encuentra la ayuda apropiada de las naciones democráticas, puede volverse otra vez radical. ¡Todo esto no tiene ningún sentido! Las fuerzas del "Frente Popular", Largo Caballero y Moscú, son incapaces, incluso aunque quisieran, de derrotar el capitalismo en España. Las fuerzas capitalistas no pueden tener una política socialista. El Frente Popular no es un mal menor para los trabajadores, es simplemente otra forma de la dictadura capitalista que se suma al fascismo. La lucha debe ser contra el capitalismo.

La actitud actual de la C.N.T. no es nueva. Hace pocos meses el presidente catalán, Companys, dijo que la C.N.T.: "no tiene la intención de perjudicar el régimen democrático en España, sino mantener la legalidad y el orden". Como las otras organizaciones antifascistas españolas, la C.N.T., no obstante su fraseología radical, ha limitado su lucha a la guerra contra Franco. El programa de colectivizaciones, en parte realizado por las necesidades de la guerra, no perjudica los principios capitalistas o al capitalismo como tal. En lo que alcanza el objetivo final declarado por la C.N.T., recuerda a alguna forma modificada de capitalismo de Estado en la que la burocracia sindical y sus filosóficos amigos anarquistas tendrían el poder. Pero incluso este objetivo era para un futuro lejano. No se dio ningún paso real en esa dirección, pues un paso real, incluso hacia un sistema de capitalismo de Estado habría significado el final del Frente Popular, habría significado las barricadas en Cataluña y una guerra civil en el seno de la guerra civil. La contradicción entre su "teoría" y su "práctica" la explicaban los anarquistas a la manera de los farsantes: "que la teoría es una cosa y la práctica otra, y que la segunda nunca es tan armónica como la primera". La C.N.T. se dio cuenta de que no tenía un plan real de reconstrucción de la sociedad, se daba cuenta, además, de que no tenía a las masas españolas tras ella, sino solamente una parte de los trabajadores en una parte del país, se daba cuenta de su debilidad nacional e internacional, y su frases radicales estaban destinadas a ocultar la total debilidad del movimiento en las condiciones creadas por la guerra civil.

Hay muchas excusas posibles para la posición adoptada por los anarquistas, pero no hay ninguna para su programa de falsificación que oscureció el movimiento obrero y favoreció a los fascistas de Moscú. Intentando hacer creer que el socialismo estaba funcionando en Cataluña y que ello era posible sin romper con el Gobierno del Frente Popular, demostraban hasta qué punto el fortalecimiento del Frente Popular era capaz de hacer cumplir sus dictados a los trabajadores anarquistas españoles. El anarquismo en España aceptaba una forma de fascismo, disfrazado como movimiento democrático para ayudar a aplastar al fascismo franquista. No es cierto, como los anarquistas actualmente intentan hacer creer a sus seguidores, que no había otra altemativa y que, por eso, cualquier crítica contra la C.N.T. es injustificada. Los anarquistas, que habrían intentado, después del 19 de julio de 1936 establecer el poder de los trabajadores en Cataluña, también podían haber intentado aplastar las fuerzas del Gobierno en Barcelona en mayo de 1937. Podrían haber marchado tanto contra los fascistas franquistas, como contra los fascistas de Moscú. Muy probablemente habrían sido derrotados, posiblemente Franco habría vencido y habría destrozado a los anarquistas, así como a sus competidores del "Frente Popular". La abierta intervención de los capitalistas puede que se hubiera producido. Pero había también otra posibilidad, aunque mucho menos probable. Los obreros franceses podrían haber ido más allá de la simple declaración de huelga; su intervención podría haber llevado a una guerra en la que todas las potencias se hubieran visto involucradas. La lucha habría tomado, de una vez por todas, un claro cariz entre Capitalismo y Comunismo. Cuales quiera que hubieran sido los acontecimientos, una cosa es segura: las caóticas condiciones del mundo capitalista se habrían vuelto aún más caóticas. Y sin catástrofes ningún cambio es posible en la sociedad. Cualquier ataque real contra el sistema capitalista podría haber acelerado una reacción, pero la reacción se producirá de todos modos, aunque con algún retraso. Este retraso costará más vidas obreras que cualquier otro intento prematuro para aplastar el sistema de explotación. Pero un ataque real contra el capitalismo podría haber creado unas condiciones más favorables para la acción internacional por parte de la clase obrera, o podría haber llevado a una situación en que habría agudizado todas las contradicciones capitalistas y, de ese modo, acelerar el desarrollo histórico hacia la quiebra del capitalismo. En el principio está la acción. Pero la C.N.T., se nos ha dicho, sintió demasiada responsabilidad por la vida de los trabajadores. Quiso evitar un baño de sangre innecesario. ¡Qué cinismo! Más de un millón de personas han muerto ya en la guerra civil. Si, de todos modos se ha de morir, mejor sería hacerlo por una causa que valga la pena.

La lucha contra el capitalismo, esa lucha que la C.N.T. quería evitar, es inevitable. La revolución obrera debe ser radical desde el comienzo, o se perderá. Era necesaria la total expropiación de las clases propietarias, la eliminación de todo poder que no fuera el de los trabajadores armados, y la lucha contra los elementos opositores. Al no hacer eso, las jornadas de Mayo de Barcelona y la eliminación de los elementos revolucionarios en España eran inevitables. La C.N.T. no se planteó nunca la cuestión de la revolución desde el punto de vista de la clase trabajadora, sino que su principal preocupación ha sido siempre la organización. Intervenía en favor de los trabajadores y con la ayuda de los trabajadores, pero no estaba interesada en la iniciativa autónoma y en la acción de los trabajadores independientes de intereses organizativos. Lo que contaba no era la revolución, sino la C.N.T. Y desde el punto de vista de los intereses de la C.N.T. los anarquistas tenían que distinguir entre Fascismo y Capitalismo, entre la Guerra y la Paz. Desde ese punto de vista, se vio forzada a participar en políticas nacional-capitalistas y tuvo que pedir a los trabajadores que colaborasen con un enemigo con el fin de aplastar a otro, con el fin de ser más tarde aplastados por el primero. Las palabras radicales de los anarquistas no se pronunciaban para que fueran seguidas; simplemente servían como un instrumento para el control de los trabajadores por el aparato de la C.N.T.; "sin la C.N.T.", escribían orgullosos, "la España antifascista sería ingobernable". Querían participar en el gobierno y la dominación de los trabajadores. Sólo pedían su parte del botín, una vez que reconocieron que no podían obtenerlo entero para ellos mismos. Al igual que los bolcheviques, identificaban sus propias necesidades organizativas con las necesidades e intereses de la clase trabajadora. Lo que decidían era lo correcto, no había necesidad de que los trabajadores pensaran y decidieran por sí mismos, ya que eso sólo contribuiría a perturbar la lucha y a crear confusión; los trabajadores simplemente tenían que seguir a sus salvadores. No hubo ningún intento de organizar y consolidar el poder real de la clase obrera. La C.N.T. hablaba en anarcosindicalista y obraba como bolchevique; es decir, como capitalista. Con el fin de dirigir, o de participar en la dirección, tenía que oponerse a cualquier iniciativa autónoma de los trabajadores y así tuvo que apoyar la legalidad, el orden y el Gobierno.

Pero hubo otras organizaciones en liza, y no hay identidad de intereses entre ellas. Cada una lucha por la supremacía contra las otras, por obtener el dominio exclusivo sobre los trabajadores. La cuota de poder que cada una obtenga no acaba con la lucha entre ellas. A veces todas las organizaciones se ven obligadas a colaborar, pero es sólo una manera de posponer el ajuste de cuentas final. Un grupo debe tener el control. Mientras los anarquistas iban de "éxito en éxito", su posición se iba socavando y debilitando. La afirmación de la C.N.T. en el sentido de que no quería imponerse a las demás organizaciones, ni combatirlas, era en realidad una excusa para no ser atacada por las otras, era el reconocimiento de su debilidad. Al estar comprometida en la política capitalista junto con sus aliados del Frente Popular, dejó a las grandes masas la posibilidad de escoger a sus representantes de entre los elementos burgueses. El que más ofreciera, era el que tenía mayores posibilidades. El fascismo de Moscú se puso de moda incluso en Cataluña. Las masas vieron en el apoyo de Moscú la fuerza necesaria para deshacerse de Franco y de la guerra. Moscú y su gobierno del Frente Popular significaban el apoyo del capitalismo internacional. Moscú se hizo más influyente, pues las grandes masas de España aún estaban a favor de mantener la sociedad de la explotación. Y se afirmaron en esta actitud porque los anarquistas no hicieron nada para aclarar la situación; es decir, mostrar que la ayuda de Moscú no significaba más que luchar por un capitalismo que complacía a algunas potencias imperialistas, aunque contrariaba a otras.

Los anarquistas se convirtieron en propagandistas de la versión del fascismo de Moscú, en servidores de esos intereses capitalistas que se oponen a los planes actuales de Franco en España. La revolución se convirtió en el terreno de juego de los rivales imperialistas. Las masas tenían que morir sin saber por quien o para qué. La situación dejó de ser un asunto de los trabajadores. Y ahora, también ha dejado de ser un asunto de la C.N.T. La guerra puede finalizar en cualquier momento mediante un acuerdo entre las potencias imperialistas. Puede acabar con la victoria o la derrota de Franco. Este puede abandonar a Italia y AIemania y volverse hacia Francia e Inglarerra. O aquellos países pueden perder su interés por apoyar a Franco. La situación en España se puede ver decisivamente modificada por la guerra que se incuba en el Extremo Oriente. Hay otras muchas probabilidades que se suman a la más probable: la victoria del fascismo de Franco. Pero ocurra lo que ocurra, a menos que los trabajadores no levanten nuevas barricadas también contra los Leales, a menos que no ataquen realmente al capitalismo, cualquiera que sea el resultado de la lucha en España, no tendrá una real significación para la clase obrera, que continuará explotada y oprimida. Un cambio en la situación militar en España, podría forzar una vez más al fascismo de Moscú a ponerse el traje revolucionario. Pero desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores españoles, al igual que el de los trabajadores del mundo, no existe diferencia entre el fascismo de Franco y el de Moscú, por muchas que sean las diferencias existentes entre Franco y Moscú. Las barricadas, si se levantasen otra vez, no deberían ser retiradas. La consigna revolucionaria para España es: "Abajo los fascistas, y también los Leales". Por inútil que pueda resultar el intento de luchar por el comunismo, dada la situación mundial actual, sigue siendo el único camino para los trabajadores. "Más vale seguir un camino verdadero, aunque aparentemente inútil, que desgastar las energías en falsos caminos. Al menos, preservaremos nuestro sentido de la verdad, de la razón a toda costa, aunque sea a costa de su inutilidad".

lunes, 25 de junio de 2012

Utopías del equilibrio. Apuntes sobre pensamiento libertario, ecología y producción.



Utopías del equilibrio. 
Apuntes sobre pensamiento libertario, ecología y producción.

Determinadas corrientes y planteamientos libertarios “clásicos” han sido bastante poco conocidos. Entre esos están los que podríamos calificar de algún modo de protoecologistas: cuestionamientos del modelo de ciudad, la organización energética y productiva... Por otra parte, cuando se habla de experiencias como la autogestión de la Barcelona revolucionaria, se suele hacer hincapié en los aspectos económicos más productivos, y otros factores siempre han quedado más en la sombra. Estos apuntes son un intento de rescatar aspectos que pueden resultar aclaradores no sólo de las teorías de pensadores, sino del movimiento que las hacía de algún modo suyas, en contextos que aportaban en sí otras formas de vida.

La ciudad será un punto central. Muchos análisis urbanos de los que beberá el anarquismo de finales del XIX están ya atravesados por la necesidad de realizar una crítica radical a la gran ciudad masificada, en constante expansión incontrolada y de insalubres condiciones de vida generada por el proceso industrializador. 

Son continuadores de una línea clara de pensamiento que reflexiona sobre la necesidad de que la ciudad cambie radicalmente de planteamiento. No tenían tan clara conciencia como la tenemos ahora sobre el agotamiento de los recursos naturales o sobre la desaparición de la biodiversidad, pero sí una idea implícita sobre los límites de la naturaleza que no era conveniente traspasar, de los riesgos de una explotación ilimitada respecto a algunos recursos o a la deforestación, erosión del suelo, cambios locales en el clima...

La idea de la ciudad jardín preconizada por Ebenezer Howard se convertirá en una pieza clave en el planteamiento de un nuevo sistema productivo marcado no sólo por el equilibrio ecológico, sino por otra forma de concebir los procesos productivos y la convivencia humana. Kropotkin y Reclus fueron reconocidos inspiradores de estas utopías urbanas, especialmente el primero, a través de su apuesta por la descentralización energética y la producción alimentaria de proximidad. Podríamos considerar a Patrick Geddes, biólogo escocés, el verdadero introductor del término “orgánico”, que hace referencia a la necesaria autosustentabilidad de la ciudad, que debería ser pensada como organismo, y por tanto nunca puede crecer ilimitadamente. Patrick Geddes fue el maestro y principal influencia en este tema de Lewis Mumford, quién, además de muchos otros análisis fundamentales, planteó la necesaria planificación ecológica de toda la región natural.

Respecto al contexto de las grandes ciudades en la Península Ibérica en ese período, en Barcelona se dio un debate profundo sobre esas cuestiones. Cebrià de Montoliu fue un impulsor de la ciudad jardín, e intentó (sin éxito, principalmente por los límites de la especulación urbana) reproducir en Barcelona las experiencias de Geddes y Reclus(1). Hay que tener en cuenta que esos planteamientos se unen a otros de tipo más popular como la oposición a la agregación de los pueblos limítrofes a Barcelona en 1897, y a otros planteamientos urbanos más directamente ligados al movimiento libertario como los de Alfonso Martínez Rizo, arquitecto que cuestionó por ejemplo la cuadrícula urbana, el barraquismo, e hizo análisis muy interesantes sobre la ciudad y sus necesarios límites, señalando que la ciudad jardín era sólo posible a través de una revolución libertaria(2). También en la órbita libertaria se movía Albert Carsí, hidrogeólogo que planteó, en la senda de Reclus, la necesidad de una nueva cultura del agua(3).

Municipio libre

El problema de la superpoblación y el paro en las ciudades no se puede separar del de la inmigración masiva de habitantes de zonas rurales a grandes ciudades industrializadas, ni de la cuestión agraria con la problemática asociada a las reformas de la época. Es en este contexto en el que cobrará cada vez más fuerza el planteamiento del municipio libre(4)  (teorizado por Alaiz(5) o Isaac Puente), la confederación de municipios autónomos que funcionen de forma comunal, gestionados en asamblea.

El municipio libre añade un planteamiento enormemente interesante desde un punto de vista contemporáneo: sitúa la decisión última sobre las infraestructuras (caminos, molinos, fábricas) en la asamblea de habitantes del pueblo, dejando a los técnicos un papel de asesoramiento a la asamblea y realización de los planeamientos, pero sometidos a la decisión de las asambleas de municipios afectados. Estos planteamientos están inmersos en esa filosofía de equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza; aunque pueda parecer anecdótico, merece la pena reseñar por su carácter simbólico el ejemplo de decisión colectiva sobre el trazado de un nuevo camino que imagina Alaiz(6) hablando de las colectividades campesinas: a raíz de la queja acerca del derribo de una encina, la asamblea decide modificar el trazado de un camino, tomándolo como símbolo del cese de la deforestación en la nueva sensibilidad social.

Neomalthusianismo

Otro aspecto que se revelaba ya clave para quienes tuvieron una observación crítica sobre el agotamiento de los recursos a inicios del XX es el debate sobre los límites de la población y los recursos naturales, que fue, a partir de Malthus, largo y tendido. La oposición a las teorías malthusianas de la necesidad de guerras y enfermedades para equilibrar la población, tachándolas de servir a los intereses de la burguesía, fue unánime, pero aunque muchos teóricos anarquistas no se preocuparan de los límites poblacionales considerando básicamente que el problema era el reparto de los recursos, otros sí lo hicieron: el neomalthusianismo planteaba una limitación consciente, mediante el uso de anticonceptivos, de los nacimientos, negándose a los propósitos natalistas de la burguesía que pretendía una expansión poblacional y a los intereses bélicos que exigían que los pobres fueran carne de cañón, literalmente. Evidentemente, fueron combatidos por la Iglesia. 

Además del análisis del riesgo de agotamiento de los recursos naturales,  uno de sus aspectos más reseñables es el discurso radical acerca de la libertad de las mujeres para decidir acerca de su propia maternidad, señalando en muy temprana época que la información y el libre acceso a los anticonceptivos(7) eran indispensables para la libertad de las mujeres, además de ser una exigencia para la transformación social profunda del amor libre.(8) 

Respecto a la acogida de estas ideas por las mujeres, hay que pensar que el papel de las obreras era más importante del que creemos (y, como tuvieron en cuenta no sólo las mujeres que luchaban por emanciparse, sino todos los que apoyaban esta perspectiva neomalthusianista, sin libertad para las mujeres no sólo no habría justicia social, tampoco se podía lograr una sociedad equilibrada sin riesgo de superpoblación y con hijos bien atendidos). Si la presencia femenina en sindicatos y ateneos fue baja no es por desinterés, sino por otras limitaciones relacionadas con el patriarcado. Si queremos encontrar claves para superar los límites impuestos hoy en día por el contexto posibilista en que se mueve el feminismo institucional, además de tener en cuenta estas experiencias de liberación femenina, conviene recordar que las mujeres obreras trabajaban asalariadamente (en peores condiciones que los hombres) desde los inicios de la industrialización, y formaban parte de las luchas obreras también desde sus inicios. Y antes de esa industrialización también las mujeres compatibilizaban el trabajo productivo con el reproductivo y el de cuidado (el ideal de la mujer volcada únicamente en el cuidado de sus hijos nace en una época relativamente reciente e industrializada de la mano de la burguesía, aunque haya sido posteriormente aceptado, como tantos otros valores asociados a la industrialización). Ni los anticonceptivos ni el trabajo asalariado son “regalos” que nos haya hecho el capitalismo de consumo en la década de los 70, ni tiene sentido discutir la conveniencia o no de que las mujeres compaginen la maternidad con el trabajo productivo, porque prácticamente nunca ha sido de otra manera, si atendemos a la realidad de obreras y campesinas.

Volviendo al neomalthusianismo, en el estado español, Luis Bulffí fundó en 1905 la Liga Española Salud y Fuerza (Procreación Consciente y Limitada), que propagó estas teorías hasta volverlas mayoritarias en ateneos y federaciones obreras. En su revista escribieron personajes interesantísimos como Isaac Puente, médico que conectó el neomalthusianismo con el naturismo.

Sobre la cuestión productiva

“La nueva economía del mundo de iguales y libres ha de descongestionar las monstruosas aglomeraciones urbanas. Propiciemos ya en el mundo obrero la vuelta al punto perdido: la comuna libre, y desde esa base natural y nada artificiosa, sino verdadero cimiento de la biología social, hagamos por estructurar la nueva vida a base de un reparto proporcional de las fuerzas motrices y los instrumentos mecánicos realmente útiles, pasando a enlazar el desenvolvimiento agrícola de las comunas con sus derivados industriales precisos a sus necesidades locales, es decir, industrializar en lo estrictamente preciso los productos que requiera una vida simplificada en la cual las necesidades del espíritu tengan más espacio y tiempo para su cultivo.”(9) 

Todo esto nos llevaría a plantearnos la relación de los anarquistas con el progreso, la tecnología y la industrialización. Esta es una cuestión enormemente compleja, porque además es muy diversa en las diferentes corrientes anarquistas. Algunas posturas anarquistas rechazaban totalmente la industrialización (comunas naturistas a las que se alude en la ponencia del Congreso de Zaragoza, como las propugnadas por Federico Urales), otras no fundamentaban una crítica profunda a esto por centrarse en los problemas inmediatos. Sin embargo, en general, si consideramos que la discusión entre diversas concepciones económicas de la sociedad anarquista desembocaron en la ponencia sobre el comunismo libertario del Congreso de Zaragoza, se podría decir que el planteamiento de la descentralización productiva basada en la comuna que tiende al autobastecimiento, gestionada localmente de forma asamblearia e integrando la (en general pequeña) industria en un equilibrio ciudad-campo se generaliza.

Desde luego no podemos hablar de un rechazo ni siquiera una desconfianza generalizada hacia la técnica (sí fue así en algunos casos), pero tampoco de una esperanza ciega en la reapropiación del sistema productivo industrial tal y como era (y sigue siendo, aumentada su nocividad). De algún modo fluye de unos a otros (Kropotkin, Geddes, Reclus, incluso Mumford) una esperanza en una nueva técnica que acompañaría a la humanidad en un cambio de rumbo(10). No se trata, en su caso, de discernir sobre lo positivo o negativo de tal o cual avance, sino de replantear completamente la dirección productiva, en una organización social en la que las necesidades a cubrir sean una decisión colectiva y descentralizada, y no una imposición.

Esto no significa una lectura única, por supuesto. Se dieron otras posturas claramente productivistas, como las de Abad de Santillán, por ejemplo.

A la vista de la situación actual, tal vez habría que señalar una excesiva confianza en la técnica, especialmente por parte de autores como Kropotkin, como se ha hecho(11), pero no sería justo dejar de ver que no escribían desde nuestra derrota, sino desde la perspectiva colectiva de quienes consideran posible una transformación revolucionaria de la economía y la producción al completo (una perspectiva difícil de considerar actualmente). Por tanto, no les movía el deseo de limitar la voracidad del capitalismo, como a buena parte de las propuestas ecologistas actuales. 

Para los anarquistas de la época fue en general una constante la voluntad de elevar el nivel de vida de la población (partían de una situación en muchos casos de miseria), pero en lo que respecta a la satisfacción de las necesidades básicas, y no a la multiplicidad de falsas necesidades del capitalismo actual (la emergencia de las clases medias y el bienestar no se había dado en la sociedad peninsular de la época). Aun cuando sea imposible saber adónde hubiera llevado la organización descentralizada de la economía y la producción que planteaban, me parece imprescindible recuperar perspectivas que pueden ser todavía inspiradoras para enfrentarnos a situaciones actuales.

Por otra parte, me parece fundamental relacionar estas ideas con el contexto del movimiento obrero que podía acogerlas, de forma no tan limitada como podríamos pensar (por ejemplo, Reclus era uno de los autores más leídos entre los obreros). Ateneos y sindicatos, junto a redes sociales de apoyo mutuo y vida en común (vecindad, proximidad), que proporcionaban una perspectiva de emancipación y se convertían, en sí, en una forma de recuperar terreno en la lucha entre la ciudad burguesa y la ciudad popular(12). Probablemente esa es una de las perspectivas más difíciles de recuperar hoy en día, desposeídos como estamos de la comunidad, pero es fundamental tenerla en cuenta, por limitadas que sean actualmente nuestras perspectivas en ese sentido.

Todo ese movimiento popular estaba atravesado por la insistencia en la cultura y el conocimiento, y no simplemente por la voluntad de conseguir mejoras. Habría que detenerse en este punto, porque nuestra visión actual de esos conceptos puede estar muy empañada por la recuperación del Estado y el poder. La cultura y el conocimiento al que se aspiraba no eran lo que desde hace décadas han convertido en mercancía, ni (aunque sea necesario cierto escepticismo ante la fascinación cientificista de algunos teóricos anarquistas) unos avances científicos al servicio de los intereses del poder, ni el desarrollo de la técnica como una sucesión de artículos de consumo. Era (y es) otra cosa; tal vez aquello que permite complementar la comunidad y lo colectivo con una libertad de desarrollo personal y consecuencia con las personales elecciones en la vida. El conocimiento, en ese contexto, no se sitúa exactamente en la disyuntiva actual entre institución y comunidad(13). Más allá de cuáles fueran en concreto sus creencias en el conocimiento y en la esperanza de emancipación (en eso habrá que encontrar respuestas variadas, en lo personal y colectivo), es posible, pienso, encontrar en la entremezcla de referencias que animó a ese movimiento, entre lo comunitario proveniente de lo rural, las experiencias de lucha y espacios compartidos del mundo urbano y la emancipación del conocimiento y la cultura, inspiraciones para orientarse en el difícil presente.

De ese, a veces, caos armónico se desprende la idea de progreso (humano) que pusieron sobre el tablero, bien diferente del caramelo envenenado que nos venden (o hacen engullir) ahora.

Colectivizaciones en Barcelona, 1936

En los debates libertarios de los últimos años el obrerismo (normalmente ligado a sindicalismo) ha sido un tema en constante debate.  Al plantear si la autogestión, obrera o colectiva, es viable hoy en día, ha surgido multitud  de veces la objeción de que una sociedad como esta no puede ser autogestionada (algo evidente), suponiendo (en mayor o menor grado) que en la tan comentada revolución del 36 los anarquistas se limitaron, en general, a plantear la autogestión del sistema productivo tal y como era.

Desde luego, hacer un análisis global y pormenorizado de esta cuestión excede el propósito y las posibilidades de estas líneas. Sí me gustaría, no obstante, señalar algunos aspectos que considero merecedores de atención, porque ayudan a retomar perspectivas que considero fundamentales sobre la transformación radical de la sociedad. Para acercarse a valorar las posibilidades de los cambios radicales que planteaban, puede ser muy interesante leer la prensa anarquista de la época, especialmente la multitud de noticias y reportajes sobre colectivizaciones aparecidos en Solidaridad Obrera(14), así como el libro de Souchy y Folgare acerca de la revolución en Catalunya, que recoge reportajes, entrevistas y testimonios directos. Estas lecturas permiten acercarse a una realidad revolucionaria en parte diferente a la que se suele evocar (a veces la historia del anarquismo, la hecha desde el movimiento y, sobre todo, la hecha desde la academia, ha tendido demasiado a centrarse en los personajes más representativos, y en el caso del período 36-39, esto se vuelva aún más complicado). Muchas transformaciones no vinieron de análisis de líderes o teóricos, sino que se dieron en el contexto de las realizaciones prácticas.

En la maternidad se realizó un proceso de cambio total, de una institución represiva dedicada a maltratar a las madres solteras para que dejaran a sus hijos en adopción a familias ricas, a un espacio de apoyo en el que se apoyaba a mujeres solas en su maternidad,  dándoles un espacio de apoyo y planteando unos valores sociales de libertad(15). Experiencias como ésta se acompañaban de cambios sociales como el impulsado por la despenalización del aborto, con un discurso de liberación sexual femenina que sería radical aún hoy en día. Profundamente transformadores, en la época, eran también los planteamientos de cambio en los psiquiátricos, priorizando las necesidades emocionales de los pacientes(16). Se proporcionó escuelas para todos los niños (el CENU), una escuela integral y antiautoritaria, cuya convivencia se gestionaba asambleariamente por los alumnos. Estos proyectos señalan una concepción de los servicios de atención a las personas diametralmente opuesta de la “gestión de recursos humanos” disfrazada de atención social “integradora” de hoy en día.

Otras transformaciones que se movían en el terreno de lo no directamente productivo tienen que ver con las fábricas y su control por sus propios trabajadores. Por ejemplo, la realización de bibliotecas en las fábricas (como la de cervezas Damm), espacios comunitarios como comedores autogestionados, salas de conferencias... 

Es cierto que, en general, el hecho de que la Revolución fuese canalizada por los sindicatos supuso una órbita productiva y política diferente de lo que hubieran sido otras posibilidades(17). Sin embargo, por lo que respecta a la visión que tenemos, hay que observar algunos aspectos respecto a la historia que habitualmente nos ha llegado acerca de esa revolución. Una, que se ha dado muchísimo peso a los líderes de la CNT, a menudo a los más productivistas (de la batalla política del mayo del 37 está claro que la CNT salió perdedora, como explica Miquel Amorós en La revolución traicionada). Otro aspecto es la desintegración general del anarcosindicalismo en tanto que movimiento amplio tras la larguísima dictadura y la conflictiva reconstrucción de la CNT en un contexto social radicalmente diferente, que ha hecho a menudo casi imposible continuar determinados debates, manteniendo a menudo una especie de imagen gloriosa y congelada que en realidad escondía muchas más diversidades y debates (algunos especialmente contemporáneos).

Sin embargo, también queda claro que la realidad de las fábricas, talleres, comercios y servicios no iba en esa línea de concentrarse únicamente en la guerra. Por ejemplo, pese a la claudicación política de la CNT, las fábricas y servicios resistieron colectivizados hasta el final de la guerra.  Pese a toda la censura de guerra (realmente feroz), leyendo cartas y opiniones de “militantes de a pie” en Solidaridad Obrera, por ejemplo, se revela evidente el descontento de los anarquistas ante la situación política. Y esos objetivos y propuestas de los trabajadores en sus propios espacios laborales han pasado bastante desapercibidos en la historia, pero se puede intuir en ellos algunas cosas que no dejan de tener su importancia: que los intentos de transformación profunda no fueron sólo cuestión de un programa previo ni de una teoría más o menos perfecta, sino que se basaban en una reapropiación real de algo que cada hombre y mujer vivía y sabía hacer, y que (dejando aparte la cuestión de si lo hubieran conseguido) no querían limitarse a volver un sistema técnicamente más eficiente, sino volverlo acorde con sus propias necesidades en todos los aspectos. Influía tal vez un contexto que no tiene que ver directamente con ninguna ideología obrera: las personas que compartían trabajo también compartían otros espacios, como se ha visto antes, y el ambiente laboral de esos años era bastante diverso de la mayoría de nuestras experiencias. 

La cuestión de la autoorganización en las fábricas barcelonesas ha sido controvertida. Para el PSUC era egoísmo e improductividad, y parece evidente que para el sector dirigente de una CNT cada vez más claudicadora ante las exigencias de limitar un proceso revolucionario era imprescindible concentrar esfuerzos en interminables exhortaciones a trabajar y producir(18). Este es un tema muy complejo en el que haría falta detenerse muchísimo más, cosa que aquí es imposible. Mi intención es sólo la de plantear que la realidad de esas fábricas (compleja y casi inabordable, entre otras cosas por falta de documentos fiables) no tenía por qué corresponderse, pese a que sin duda fue en muchos aspectos mejorable, a determinadas acusaciones que presentaban a los trabajadores como egoístas, incapaces de pensar más allá de sus necesidades inmediatas o de hacer aún la revolución(19).  Sucede también, por otra parte, que se ha tendido a responder a las críticas de la izquierda demócrata o autoritaria respecto a una supuesta ineficiencia productiva de las realizaciones anarquistas argumentando principalmente en el terreno de la cuantificación productivista. 

Parece que la necesidad de tanta llamada a la producción “sin perder el tiempo” (en otras realizaciones revolucionarias, claro) podía deberse a una falta de identificación paulatina de muchos anarquistas con la situación política y lo que ésta les exigía (hay que recordar que esas fábricas fueron colectivizadas sin que mediara una orden de la CNT para hacerlo). Por otra parte, evidentemente no se pueden obviar las necesidades de la guerra.

La cuestión de la desaparición de sectores productivos es una de las complejas, y ahí se enfrentan grandes retos (para los que hoy tenemos pocas soluciones) Por ejemplo, un delegado de industria afirma que, aunque  no sea viable suprimir sectores industriales enteros, esos sectores irán desapareciendo poco a poco y sus trabajadores serán reabsorbidos(20). Otra vía interesante la abrieron varios ayuntamientos, que acabaron con el paro en sus municipios proporcionando un salario a todo el mundo a cambio de trabajar en los campos comunales (la propiedad de la tierra fue gestionada por los municipios). Obviamente, se trataba de experiencias en una sociedad en transición, en otro caso conceptos como “paro” no tendrían sentido, pero el planteamiento de cambiar trabajo fabril por agrario, planteado a nivel municipal, no deja de tener su interés.

Concluyendo, el motivo de estos apuntes es el de rescatar aspectos y perspectivas de las teorías y prácticas libertarias que, a mi juicio, aún siguen siendo vigentes como planteamientos. Eso no significa, por supuesto, que tengan que convertirse en dogma ni ser una especie de guía revolucionaria fija (eso, hoy en día, sería entre otras cosas un brindis al sol). Pero no está de más rescatar aspectos que puedan seguir siendo inspiradores, además de que pueden arrojar luz a perspectivas que en otras ocasiones han quedado incompletas. 

También, en un momento en que algunos asocian las ideas de “movimiento obrero” sólo a lo productivo, a la defensa del estado del bienestar y al desarrollo, es importante recordar que en otros tiempos y lugares han convivido en ellos perspectivas radicalmente cuestionadoras del sistema productivo contemporáneo. Y habrá que recordar, igualmente, que esas perspectivas se han dado en el contexto de movimientos amplios, en los que análisis de este tipo se contemporizaban con la satisfacción de las necesidades más acuciantes. Tal vez sea interesante leer estos análisis y experiencias no sólo en lo teórico, sino también desde la evidencia de que sólo desde movimientos amplios, de base libertaria, diversos y centrados en lo más cercano es posible llevar a la práctica resistencias y avances efectivos en los caminos que queramos tomar en colectivo.
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Notas:

1) Sobre Cebrià de Montoliu, es interesante consultar el capítulo II (pp 87-118) de La ecología humana en el anarquismo ibérico, de Eduard Masjuan, Icaria, 2000.
2) Urbe, artículo de Martínez Rizo publicado en Estudios, nº145, 1935.
3) Las aportaciones de Carsí han sido recordadas también por E. Masjuan en La ecología humana en el anarquismo ibérico, (p70-74), así como en Las ilusiones renovables (Los Amigos de Ludd), Muturreko Burutazioak, 2007 (pp 94-95).
4) Un texto interesante al respecto, de Carles Sanz, se encuentra AQUÍ
5) Hacia una federación de autonomías libertarias.
6) Alaiz, Hacia una federación de autonomías ibéricas, Madre Tierra, 1993. Hay que señalar que no es exactamente una utopía, ya que Alaiz hace un recuerdo narrativo de experiencias relativas a las colectivizaciones.
7) Desarrollaron y distribuyeron diversos tipos de anticonceptivos. A excepción de la píldora, los métodos conocidos y utilizados en la época eran los mismos que ahora.
8) Eran abolicionistas del matrimonio y defensores de la libre unión, no de por vida. No cuestionaban específicamente la monogamia, e insistían en la validez social de ser madre soltera.
9) Tierra y Libertad, 18 julio 1931
10) (Sólo en esta nueva era) “aplicaremos nuestras habilidades constructivas, nuestras energías vitales, en favor de la conservación  pública en lugar de dedicarlos a la disipación privada de los recursos; y a la evolución y no a la destrucción de las vidas de los otros” Patrick Geddes, en Ciudades del mañana. El Serbal, 1996 (p 155).
11) Las ilusiones renovables (pp 73-74).
12) Es interesante el análisis de esta cuestión que hace Chris Ealham en La lucha por Barcelona, Alianza Editorial, 2005.
13) Por ejemplo, no es posible leer las experiencias de la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia o el CENU como si se dieran en un contexto actual, porque no suponían una elección entre la escuela y la familia como instituciones educativas.
14) Es necesaria, desde luego, una lectura crítica, por la censura de guerra y la progresiva limitación de la libertad de debate en este periódico, ya que se cambió durante la revolución a su director por otro más afín a la línea de los dirigentes de CNT.
15) Solidaridad Obrera, 13/02/1938
16) Solidaridad Obrera, 13/09/1936
17) Luis Andrés Edo lamentó la general falta de atención de la CNT a la creación de las necesarias asambleas municipales. La CNT en la encrucijada, Flor del Viento,2006 (p 395)
18) Aparte del hecho evidente de que la necesidad de tanta llamada a la producción “sin perder el tiempo” revelaba que la realidad de esos productores no cumplía esas expectativas; si hubiera sido así, no hubiera sido necesario exhortar.
19) “Hay que tener presente también que a veces se formularon acusaciones de neocapitalismo obrero a los trabajadores de las empresas(...) sólo por el hecho de que se resistían a perder la autonomía o independencia en la gestión de su empresa”, Toni Castells, les col  (p46). Castells menciona también “la desconfianza de los trabajadores hacia toda forma de organización de la vida económica que superase el ámbito de la unidad de producción (…) y hacia la organización estatal en general” (p55)
20) A. Souchy y P. Folgare, Colectivizaciones, la obra constructiva de la revolución española, Fontamara, 1977 (p 120).

Artículo aparecido en Ekintza Zuzena Nº 39.

martes, 19 de junio de 2012

[Asturias] Rompamos el aislamiento de la lucha en la minería

Panfleto en torno a las huelgas mineras en Asturias, España.

 «El proletariado no puede reconocerse verídicamente en un agravio particular sufrido y tampoco, por lo tanto, en la reparación de un agravio particular, ni de un gran número de estos, sino únicamente en el agravio absoluto de haber sido relegado al margen de la vida.» Guy Debord.
Varias semanas llevan los mineros luchando contra los planes de ajuste que el capital lanza contra sus condiciones de vida. Frente a las necesidades de valorización del capital que exigen deshacerse de la producción minera en España y lanzar a la basura a todo ese sector, los proletarios responden defendiendo intransigentemente sus intereses y necesidades. Lejos de asumir un paro de brazos caídos o de levantar como idiotas sus manos al alto diciendo a coro que «éstas son nuestras armas», asumen los métodos de las luchas y huelgas de verdad. Huelga indefinida, barricadas, cortes de carretera por doquier, cortes de vías de trén, sabotajes, molotovs, enfrentamientos contra las fuerzas represivas... La violencia de clase reaparece personificada en esos "encapuchados” que incomodan la normalidad capitalista y esbozan un trasfondo velado y descuartizado por la intoxicación político-sindical: la guerra de clases.

Y es en este punto donde se juega lo esencial. El proletariado no puede defender sus intereses desde el aislamiento, desde el corporativismo, defendiendo su sector como algo salvable en un mundo insalvable. Precisamente ese es el eje en el que articula su fuerza todo el espectro politico-sindical que dice representar o defender a los mineros en lucha basándose en todos los límites que la misma lucha contiene. Toda la charlatenería y todos los llamados que lanzan estos estafadores para que se apoye y se sea solidario con la minería, parten de mantener a toda costa la cuestión como un problema en la minería y en su gestión. El bochornoso espectáculo de todos estos gestores de la miseria y la esclavitud llega al paroxismo cuando Trevín, uno de los dirigentes de la represión en Asturias en los últimos años, defiende en el congreso, candil en mano, al sector minero. Esta escenificación no es más que el trasvase al parlamento de una práctica asumida en la calle por las organizaciones sindicales, con SOMA a la cabeza, y que tiene como principal función el control del fuego en las barricadas y la transformación del conflicto en una batalla entre diferentes formas de gestión capitalistas.

Allí donde este cordón sanitario se resquebraja surge la posibilidad de que este conflicto asuma abiertamente su propia naturaleza, la de ser una expresión de un conflicto global, un conflicto que concierne a las bases mismas de un sistema basado en la apropiación de los medios de vida por el capital, un sistema donde la tasa de ganancia lo decide todo. Pero sólo en la ruptura del aislamiento, en la extensión del conflicto a todos los sectores, puede la lucha asumir toda su naturaleza subversiva. Todo lo que sea mantener el problema encerrado en los estrechos márgenes de la mina significa desfigurar su esencia y hacerse el haraquiri sometiéndose a la lógica de la explotación capitalista y a sus aparatos de gestión. La propia historia de la lucha en la minería no deja lugar a dudas.

Cuando en las asambleas salen voces disonantes que reclaman la extensión del conflicto, cuando en ciertos lugares de las cuencas mineras, y fuera de ellas, algunos incontrolados se organizan al margen del dictado sindical, cuando proletarios de otros sectores o en el paro acuden anónimamente a luchar, cuando comienzan a reproducirse acciones que escapan al control politico-sindical, se está expresando ya la negativa proletaria a dejarse neutralizar y la tentativa por romper el cerco del conflicto, de dejar atrás las “reivindicaciones” actuales, de extender a todos lados el enfrentamiento como una lucha contra el capital. La huelga general convocada para el 18 de Junio en las cuencas pone en el tapete esta cuestión y materializa la respuesta sindical al peligro de la extensión. Se busca limitar este peligro a un día -el 18- y a un lugar -las cuencas mineras- para conjurarlo.

Para los proletarios se trata de echar abajo este dique de contención, de romper el aislamiento de las luchas, de consolidar estructuras donde organizarnos, de destruir las ilusiones reformistas, de llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias. La situación en que todos nos encontramos es trágica y la solución no pasa por buscar una salida sectorial, la solución pasa por destruir una sociedad basada en la tasa de ganancia, en la esclavitud asalariada, una sociedad en la que la producción no posee otra base que las necesidades de valorización. Todo lo que sea caminar hacia otro lado significa asistir a la derrota.

¡A EXTENDER LA LUCHA A TODOS LOS SECTORES Y LUGARES!
¡A DESBORDAR EL CORDÓN POLÍTICO-SINDICAL!

Unos incontrolados
Asturias, España. Junio de 2012

viernes, 15 de junio de 2012

La buena salud del movimiento contra el capital en Barcelona y la huelga del 29 de marzo

Difundimos este análisis surgido a partir del llamado a huelga general del 29 de marzo pasado en el territorio español, que sale de los esquemas tradicionales de los análisis políticos izquierdistas, aportando a la comprensión del contexto global de las luchas de carácter anti-capitalistas.

La buena salud del movimiento contra el capital en Barcelona y la huelga del 29 de marzo
«Somos los que hemos dicho basta, los que por fin masivamente salimos a la calle, los que plantamos el txringuito en plaza Catañuña el 15 de mayo, a los que abrieron la cabeza el 27 de mayo en una actuación de “limpieza”, los que fuimos a bloquear el Parlament, las casas amenazadas de desahucios y los centros sanitarios, los que ocupamos para vivir, los que nos organizamos en asambleas, los que hemos perdido el miedo, pero no la esperanza, los que verdaderamente creemos que todo esto puede cambiar». Extraído de un cartel titulado «Papá!*» pegado en paredes de Barcelona.
El 29 de marzo fue una nueva muestra del crecimiento de la militancia revolucionaria en Barcelona y alrededores. Una expresión del sufrimiento y descontento proletario con el estado actual de cosas. Una fotografía que nos enseña cómo está el balance de fuerzas entre clases. Desgraciadamente, aún muy favorable a la burguesía, pues parece conseguir que la mayoría de la población ni haga huelga ni se solidarice con los huelguistas y ni mucho menos con los piquetes, los destrozos en los bancos y el ataques a las fuerzas represivas.

Aunque no nos interese demasiado la opinión pública y sepamos que nunca “la mayoría” impulsó revolución alguna, esto parecería indicar que siguen faltando demasiados años para vivir un proceso revolucionario a nivel planetario con ciertas garantías de triunfo. Pero el tiempo dirá.

En otros documentos ya hay una exposición sobre el seguimiento de la huelga, con datos y estadísticas. En este, a pedido de compañer*s del extranjero, se realiza esta crónica, teniendo en cuenta lo que sabe y no sabe el enemigo y, habiendo reflexionado previamente, sobre lo que vale la pena explicar y lo que no. Puede haber equívocos y diferencias de opinión. Contar cosas, para que sirvan aquí y en el extranjero, siempre tiene un riesgo.

En este texto solo se pretende narrar algunos episodios de la jornada combativa y reflexionar sobre la salud de las fuerzas revolucionarias en Barcelona. Quienes, en la huelga general, no pretenden radicalizar el paro pactado convocado por los sindicatos. La ven como una posibilidad de expresar el rechazo al capitalismo y consolidar el asociacionismo.

Como decían los proletarios hace cien años, la huelga no puede resolver gran cosa por sí misma, porque agota las fuerzas del proletariado antes que las de su adversario, obligándolo a reanudar el trabajo. Y por lo tanto no puede tener una influencia decisiva más que si es el preludio de una insurrección. Sin embargo, la huelga general lleva aparejada la movilización por ambas partes y permite una somera apreciación del balance de fuerzas.

La fuerza

Estuvo en la ferocidad y decisión de unos cuantos piquetes, compuestos por unas cien personas cada uno. Suficiente fuerza, si se tiene el colchón del apoyo social y de una movilización masiva -aunque esté impregnada de sindicalismo y ciudadanismo- como para cerrar comercios, enfrentarse a la seguridad privada y pública, reapropiar mercancías de tiendas abiertas y realizar una expropiación organizada, como la que se produjo en el supermercado DIA en el barrio de Sants, donde luego se repartió la comida. De hecho, algunos de los destrozos de la tarde vinieron acompañados de saqueos esporádicos, como pasó en la huelga de septiembre con la tienda Lewis.

Otros de los factores que nos dio mucha fuerza fueron la organización y efectividad de algun@s compañer@s. Que esta vez, maza en mano y con el rostro cubierto, rompieron más escaparates que nunca. Durante toda la jornada hubo ataques a símbolos capitalistas, pero fue en la manifestación de la tarde cuando se hizo sistemáticamente. Ninguna de las cristaleras que protegen las grandes empresas con sede en la calle Pau Claris se libró de los martillos. Decenas de furgonetas bajaban por la calle paralela, sin intervenir por la certeza de que “los antisistema” se mezclarían con la concentración sindicalista de Paseo de Gracia, donde había un mar de ciudadanos con derecho a protesta.

La quema de los trescientos contenedores para barricar las calles fue gracias al transporte previo de quemadores líquidos. Es decir, a la preparación previa para ir a una manifestación. En este caso se demostró que hubo muchísimos manifestantes que no acudieron allí a pasear ni a saludar a los compañeros. Fueron preparados para la lucha, para aprovechar esas ocasiones únicas que nos brindan las manifestaciones contundentes.

Si hubo esa preparación previa fue porque cada vez es mayor el número de militantes que considera legítimo y necesario el empleo de la violencia revolucionaria para la transformación social y la defensa de nuestro, cada vez, más paupérrimo nivel de vida. Algunos de los sectores que hace diez años -en la época de las cumbres y contra cumbres- se oponían a los disturbios, hoy participan de la construcción de barricadas y tiran piedras a la policía. Y parece ser que, mayormente, tanto unos como otros ni se quedan en el espectáculo de los disturbios ni en la mistificación de la capucha, se cubren por seguridad y realizan ataques como una estrategia revolucionaria. Y en ese sentido se sienten participes de la misma lucha que hay en Chile, Grecia, Egipto y tantos otros lugares.

El 29 Marzo comparado con 29 Septiembre de 2010

Si la irrupción de la acción directa y del asociacionismo proletario, el 29 de septiembre, fue una sorpresa, en esta ocasión todos lo esperábamos, todos lo preparábamos. En este sentido hubo continuidad, prueba de la buena salud que goza el movimiento, y mucha mas preparación en la acción directa.

Pero por el resto fue bastante similar: carteles, panfletos y reuniones previas -aunque menos que la otra vez por que hubo menos tiempo desde que fue convocada la huelga-, jornada de acción directa y balances y carteles y escritos para informar como vivimos la lucha y sufrimos la represión, que en este caso fue muchísimo mas contundente.

Se notó esta vez la ausencia de centralización geográfica. No hubo una “casa de la huelga” -banco ocupado-, en el que hacer debates previos y tener un lugar de referencia. También faltó la crítica masiva a los sindicatos mayoritarios, como hubo la otra vez con las concentraciones frente a UGT y la pancarta del banco ocupado.

Una vez más, los apagafuegos

Hubo crítica hacia el sindicalismo en general en algunos escritos y, de alguna manera, en la práctica. Un ejemplo fueron las contradicciones surgidas en ''manifestación anarcosindicalista'' de la tarde, convocada por los sindicatos minoritarios (CNT, CGT y otros) y otras organizaciones sociales. Al inicio de la mani y del ataque a sucursales bancarias, varios sindicalistas, pancarta en mano, descargaron todas las artimañas socialdemócratas para detener a los destrozos: insultos, empujones, acusaciones de policías hacia gente con la cara cubierta, petición explícita de que se quitaran la capucha o abandonaran la marcha. Como respuesta muchos empezaron a aplaudir y a cantar ''anti, anti, anticapitalistas'' cada vez que oían el estruendo de un cristal roto y a intentar iniciar un debate político con ellos. De hecho, otros afiliados intentaban explicar a sus colegas de sindicato que esa violencia era meramente simbólica comparada con la violencia cotidiana del capitalismo. Se dieron discusiones interesantes. Algunos manifestantes dejaron su rostro al descubierto para charlar con los sindicalistas que explicaban los acuerdos de las asambleas organizativas, las posibles multas a su organización, la ilegalidad de futuras concentraciones. Un individuo, que portaba una bandera de la CNT, con el palo que aguantaba el estandarte empezó a increpar a un joven que pretendía destrozar un banco y como respuesta recibió un puñetazo en la cara. Un hecho lamentable, que habla de la necesidad de limar las diferencias previamente, tranquilamente, pero que también ilustra la confusión del sindicalismo, que por un lado llama a ocupar casas y expropiar supermercados –cartel de la CNT- y por otro, cuando le conviene, es capaz de hacer de seguridad de una movilización. No olvidamos el cordón de los petos rojos de la CGT que salvaron las empresas y comisaría de Vía Layetana en la mani de marzo de 2002, durante la visita del G7. Seria injusto, sin embargo, no mencionar el largo camino recorrido con estas agrupaciones herederas de la legendaria pero, en momentos determinados del período 1936-1937, también traidora CNT. Como antaño, tendrán que dejar claro su papel en los momentos decisivos y declinarse por la colaboración posibilista y circunstancionalista o ''ir a por el todo'' con todos nosotros.

El 15 M y la huelga

En la ciudad hubo unos treinta piquetes; un tercio de ellos, claramente clasistas y combativos. Gracias a los comité de barrios surgidos la primavera pasada, a raíz de la ocupación de plaza Cataluña, se formaron más piquetes de este tipo y fueron más numerosos que en septiembre de 2010. Sin embargo, el seguimiento general de la huelga fue similar: mucho paro en la industria y en el transporte, algo en educación y sanidad, y poco o nada en los servicios y tiendas que no fueron increpados por los piquetes.

El 29 de marzo a las 19 horas, tras una hora de enfrentamientos, la plaza Cataluña volvió a ser desalojada, esta vez con un fusilamiento masivo con pelotas de goma, por eso la folclórica forma de detener a los antidisturbios con las manos levantadas, fue ineficaz. Ni los manifestantes se acoplaron a ella, y prefirieron huir o enfrentar las fuerzas estatales, ni la policía respetó su no-violencia.

Es evidente que el 15 M ha nutrido de savia nueva muchos espacios combativos, aunque también ha creado conciencia ciudadanista, pacifista, legalista e integradora. Para profundizar al respecto se puede leer el «'Informe 15 M. Prolegómenos de una guerra» que circula por Internet.

Contenido

«¡Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura del capital!»

Los días previos se pegaron carteles llamando a realizar una verdadera huelga y no un paro sindical pactado. Durante la huelga se repartieron octavillas explicando nuestro rechazo, no solo a los recortes salariales sino al salario en si, no solo a la rebaja del presupuesto del Estado sino contra el Estado en si.

Para los compañeros que sugieren que hubo menos mensaje, menos contenido que la otra vez, decirles que las acciones están cargadas de contenidos. Por ejemplo, todo el mundo entendió la respuesta de los esclavos asalariados a las medidas de austeridad impulsados por los mandamases tipo Merkel y si no pasen por el, aún hoy, chamuscado Deutche Bank de la Diagonal.

La pancarta principal de la manifestación para liberar a los presos de la huelga, lejos de teñirse de victimismo, asumía la represión del Estado como algo normal contra nosotros y dejaba clara que ''vuestra represión no nos hará detener'' y nuevamente gritos y cánticos contra el capital, la democracia, los medios de contaminación de masas y las fuerzas represivas.

Tras el 29 de marzo se han ido pegando carteles y repartiendo octavillas explicando el tema de la violencia cotidiana capitalista y de la necesidad de defenderse de ella; al estilo de la otra vez: “Lo más violento de todo fue volver a la normalidad”.

En una octavilla que circula por las calles de la ciudad se puede leer:

“Violentos que dedican todo un informativo hablando de lo inadmisible que es que se queme un contenedor, mientras normalizan que el Estado español despliegue si ejército en países ocupados. Aquellos violentos que se dedican a disparar en las manifestaciones indiscriminadamente, rompen costillas, hacen perder ojos, disparan a niñas, apalizan, detienen arbitrariamente y nos torturan en las comisarías. Aquellos violentos que intentan ocultar deliberadamente que el paraíso de unos coincide, casi siempre, con el infierno de otros. Con la represión también intentan silenciar la gran jornada que se vivió el 29 de marzo en Barcelona. Pero no nos haréis olvidar la capacidad que sentimos en aquel momento, no olvidaremos como se notó el trabajo previo en los barrios y como en veinte días nos hemos organizado, ni olvidaremos los piquetes que se llevaron a cabo en más de veinte barrios de Barcelona, ni las columnas bajando y encontrándose con las compañeras de otros barrios. No olvidaremos la cantidad de gente que había en todas partes, ni como nos repartíamos comida y agua entre personas que no nos conocíamos de nada. No olvidaremos los aplausos y los gritos de “fuego, fuego” cuando se rompía el escaparate de un banco, ni a señoras mayores moviendo contenidores, ni a chicas muy jóvenes con una rabia y una actitud admirable, ni la cantidad de gente que lanzaba piedras y hacía barricadas. No olvidaremos como ya no salimos corriendo cuando cargabais con bolas de goma sino que nos quedábamos quietas y nos enfrentábamos a vosotros. No olvidaremos que ya no éramos “los 200” de siempre, sino muchísimos más. No olvidaremos que estábamos unidas, que nos sentíamos fuertes y que por unas horas ganábamos las calles. Sabemos que con la colaboración de los “medios de comunicación”, intentaréis hacer una campaña de criminalización tildando a los encapuchados como aquellos que se aprovechan de estos acontecimientos con la única finalidad de provocar disturbios y diferenciarlos de esas personas que militan cada día en su barrio y salen a la calle manifestarse contra esta situación que nos condena a la miseria. No existe tal diferencia. Nosotros somos huelguistas, estudiantes, antisistema, solidarias, delincuentes, provocamos disturbios, militamos cada día en los barrios, somos vándalos, compañeras… lo somos todo. Sabemos que tenéis miedo y hacéis bien en tenerla. Tenemos suficientes motivos para romperlo todo. Porque nosotros decidimos vivir. Nos vemos en las calles”.

La represión

«Estando el enemigo, estamos nosotros».

Fue dura. Sorprendente incluso. No por los porrazos recibidos. Si no por el tiro indiscriminado de pelotas de goma. Seguro que nunca antes se dispararon tantas pelotas de goma. Proyectiles que destrozaron ojos y bazos, dejando lesionados de por vida. Pero los medios y tertulianos prefirieron hablar de cristaleras y containers. En este sentido el papel de la prensa fue el de siempre, algo más virulento tal vez, pero similar a otras veces. De nuevo tratando de separar a los manifestantes que usaron la acción directa del resto de los movilizados, del resto de los explotados. Aislar para silenciar y reprimir. Como en la huelga de septiembre de 2010, nuevamente el mantra de ''fueron los antisistema''. En este aspecto, nuevamente, circula por Internet aquella poesía titulada ''La sonrisa de los antisistema''.

A los hospitales llegaron varios heridos que estaba paseando por ahí, ajenos a lo que pasaba y toda manifestante que se encontraba ahí conoce a algún amigo apaleado, golpeado por una porra o por una bola de goma. Pudieron perderse muchos mas ojos. Días más tarde moría en Bilbao un hincha de fútbol por el impacto en la cabeza de una pelota de goma tirada a bocajarro.

Hace muchos años que la policía no usaba lacrimógenos. En este caso, a ultima hora, hubo lanzamiento masivo de gases para dispersar los últimos manifestantes que, parapeteados detrás de las barricadas de Paseo de Gracia y Rambla de Cataluña resistían y se defendían de la policía. Gases que cortaban la respiración en el acto, que provocaban escozor en los ojos, que daban sensación de quemazón en el rostro. Solo la solidaridad, de ver a un compañero caído y acudir en su ayuda, y la preparación previa, de cremas, para paliar los efectos, hizo que los lacrimógenos no hayan tenido un resultado más agresivo.

Lo mas novedoso, además del ingreso en prisión de tres militantes, es lo que podría denominarse el uso, o anuncio, de la guerra sucia; palizas en furgonetas, liberación de detenidos, desfigurados por los golpes, para que el juez no los viera.

Y al día siguiente exposición en los medios del arsenal legislativo vigente, como amenazar con aplicar la ley antiterrorista ''antikalebarroka'' que compara el destrozo de mobiliario urbano con terrorismo de baja intensidad, o la prohibición del uso de la capucha. En Grecia si uno comete un delito y va encapuchado la pena es mucho mayor. En Alemania, ante la contundencia de algunas manifestaciones, la policía pasó a registrar a todo aquel que acudía a una convocatoria. Eso si, sin acabar con la contundencia de las mismas, pues los manifestantes escondían sus herramientas y pañuelos en las papeleras por donde pasaría la mani.
Esta claro que tendremos que cuidarnos mas, valorar que vale la pena y que no, como, cuando, donde. No podemos llenar las cárceles. Las calles nos necesitan. Pero todo ese arsenal represivo no podrá detenernos porque aunque nosotros nos asustáramos o nos neutralizaran -con condenas, penas multas, seguimientos, detención preventiva...- otros tomarían nuestro lugar. En esta época de pauperización de la vida, aumento de la pobreza y la miseria, proletarios cabreados y dispuestos a luchar no van a faltar.

Un ejemplo de ello fue el hecho que tras romper las puertas de El sacrosanto Corte Ingles e intentar abrir una de las persianas, los antidisturbios, sin intervenir durante la bajada de la calle Pau Claris, lograron dispersar a la contundente manifestación de la tarde. Quitándose las sudaderas y caminando por las calles -sobre todo por la plaza Cataluña- en pequeños grupos sus componentes se mezclaron con las miles de personas que abarrotaban la plaza y Paseo de Gracia. Quedando, por tanto, inactivos durante un buen rato. Pues bien, quien cruzo los containers frente al Corte Ingles y empezó a tirar piedras contra la policía en el centro de la ciudad no fue ninguno de ellos. Jóvenes, gente muy joven, empezó a extender la acción directa por el centro de la ciudad contagiando a personas de toda edad y afiliación sindical o política. Eso fue impresionante. Una batalla que se mantuvo, si, porque rápidamente aquellos manifestantes disgregados por la plaza acudieron nuevamente a las barricadas. Barricadas que se extendieron por varios barrios, siendo uno de ellos, El Raval, donde jóvenes inmigrantes se enfrentaron a la policía y, por eso mismo, fueron represaliados.

El hecho que de los 58 detenidos ocho fueran menores de edad habla de la precocidad de las movilizadas.
Resulta triste escuchar a compañeros decir que ''quizá nos equivocamos, le dimos al poder lo que quería para sacar sus perros de presa''. No, la burguesía sabe, aquí y en cualquier parte, que cualquier medida de austeridad tiene que llevar paralelamente la adquisición de material antidisturbios. Lo adquirieron hace tiempo y ya hablaron de aplicar esas leyes tras nuestra tímida manera de bloquear el Parlament.

En la guerra, incluso social, siempre conviene mas decir que uno se defiende del ataque del otro, pero eso no significa que no sepamos que en la medida que nuestra fuerza crezca, su miedo se haga cotidiano y el Estado empiece a tambalearse, la represión será cada vez mayor y nosotros tendremos que evitar que transformen la guerra de clases en guerra de aparato contra aparato. Una vez el Estado empieza a tambalearse y mengua la moral entre los defensores y guardianes del Capital, el derrotismo y la insubordinación se apodera de los cuerpos de seguridad del Estado. Solo con la descomposición de policía y ejército tenemos posibilidades reales de acabar con este sistema social.

Por buen camino

Camina el movimiento. Quizá ahora podamos denominarlo así, aunque quizá invita más a formar parte si somos simplemente explotados que queremos dejar de serlo, una clase que desde que existe lucha y es reprimida y se enfrenta a otra clase que se beneficia pero vislumbra su fin.

Pero como los compañeros de aquí se reconocen más si se habla de movimiento de Barcelona contra el capital, se sigue con esta denominación.

A pesar de nuestra confusión y cierto inmovilismo en la primavera pasada, cuando se ocuparon las plazas en diferentes ciudades del país, el protagonismo de dicho movimiento en las dos ultimas huelgas solo es comprensible por la madurez y superación de trabas de los grupos y estructuras de la ciudad. Conscientemente se intenta salir del gueto, radicalizar el discurso, estar coordinados permanentemente, tener más organización, defender las estructuras que nos permiten encontrarnos, reunirnos, informarnos. Periódicos, revistas, radios, blogs y paginas webs… están consolidados y demuestran que durante los años de mayor paz social, 2004-2009, que coincidieron con el gobierno del PSOE, se aprovechó para consolidar y gestar medios permanentes de contra información, así como núcleos y espacios revolucionarios.

A nivel numérico hemos crecido mucho. Si parte de la generación que luchó en los setenta y ochenta se perdió o abandonó, la de los noventa sigue ahí, con toda su experiencia. Y la del nuevo milenio vino con fuerza y gran preocupación en su preparación teórico practico, con relaciones internacionales estables y solidarias.

En épocas pasadas, menos honrosas excepciones, había demasiada distancia entre ''teóricos'' y ''prácticos'', entre los que elaboraban los textos y llenaban de contenidos los medios de contra información y reflexión y los que se batían en las calles. Hoy, para desgracia del poder, los mismos que hacen los mejores análisis y proponen las consignas más rupturistas, son los que se ocupan las barricadas y las calles. No solo para destrozar bancos o defenderse de la policía, sino para parar un desahucio, intervenir ante un atropello de un patrón o del abuso de poder de un segurata u otro defensor del sistema.

Ideologías, presentes en los últimos años, como el activismo, el espontaneísmo, el inmediatismo o el reformismo, sea ciudadanista, antifascista o nacionalista, van disminuyendo sus influencias.

Estaremos en nuestra madurez cuando sepamos organizarnos mejor y, sobre todo, transmitir mejor, a nuestros iguales, los objetivos por los que luchamos. Cuando nuestros iguales tengan claro que rechazamos tanto al PP como al PSOE, porque rechazamos cualquiera de los gestores del capital, que ni abogamos por la CEE ni por ''salir de Europa'' como medida anticrisis sino por un mundo sin fronteras ni salarios. Sin dinero, propiedad privada ni clases sociales. Por una verdadera comunidad humana mundial en un sistema --de ahí que seamos antisistema capitalista y no antisistemas en general-- sin desigualdades sociales, una sociedad que nuestros antepasados llamaron comunista, socialista o anarquista.

Para acabar este escrito queremos expresar la alegría que se está viviendo en nuestros lugares de encuentro. Miradas cómplices; debates acalorados sobre los pasos a seguir; solidaridad con los presos; reencuentros en lugares tranquilos con los que corrimos por las calles; anécdotas; bailes y cariños, nuevos amigos, lazos de compañerismos más fuertes, silencios que lo dicen todo, sonrisas, siempre sonrisas por haber vivido y pretender seguir haciéndolo.

Desde el anonimato, hacia la huelga insurreccional

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miércoles, 9 de mayo de 2012

Autogestión campesina en Chicauma (1970/71)

Experiencia bastante desconocida de aquel periodo -en la que se involucra la VOP- de la cual se desprenden diversas y valiosas lecturas. En primer lugar, se expresa nítidamente el carácter social-demócrata y represivo del proyecto estatista de la UP, en el que el MIR, como se deja ver también en este relato, era un apéndice "radical", participando directamente en la cacería de los miembros de la VOP. Por supuesto, también se entregan más elementos para conocer la historia de este último grupo, que poco a poco comienza a salir del olvido o de las descripciones que hicieron del mismo las distintas fracciones de la izquierda del capital. En este sentido, también esta experiencia contribuye de antemano a evitar una posible mitificación de los "vopistas", a la vez que plantea concretamente la contradicción entre la acción armada dirigida contra determinados individuos y la posibilidad de desarrollar "experimentos" de vida comunitaria, que intentan desarrollar desde ya relaciones comunistas que, por lo general en la "izquierda", son dejadas para después de la revolución (que se suele entender como meramente política). Hoy, cuando una perspectiva antidesarrollista del proceso revolucionario se hace más robusta, cuando cada vez queda más claro que el proyecto comunista/anárquico no se reduce a la autogestión obrera del mundo existente, sino que constituye su negación radical y su superación por una comunidad humana esencialmente distinta a la actual, esta pequeña y breve experiencia merece ser conocida y reconocida en su lucidez, sin dejar por ello de ver sus límites. Porque mientras toda la social-democracia criolla se embarcaba en la construcción del progreso a base de industrialización y tecnologización (la "vía chilena al socialismo"), obedeciendo a las exigencias del capital con un discurso aparentemente crítico, desde la misma clase hubo brotes de crítica/actividad radical que intentaron desarrollar algo distinto.

“Boinas o chupallas, ametralladoras o arados”

Sólo seis meses alcanzó a durar la experiencia comunitaria de los campesinos de Chicauma, en la localidad de Lampa. Pocos días después del asesinato del ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, los militantes de la VOP que asesoraban el experimento social, fueron encarcelados. A la docena de familias campesinas que participaron entusiasmadas, se les arrebató las 1.800 hectáreas que se habían tomado en diciembre de 1970. Para Alejandro Villarroel, principal impulsor del intento kibutziano, el fenómeno, más allá de su traumático final, es digno de ser analizado seriamente, por lo que “la caricaturización hecha por el programa Mea Culpa (1995) del canal nacional -afirmó-, constituiría una forma de rebuscar el pasado sobre la base de falsedades”. 

En el paradero 18 de la Gran Avenida existió, durante seis meses de 1970, una comunidad urbana. Estaba compuesta por las casas-quinta del barrio, y el lugar de reunión era la vivienda de Alejandro Villarroel. Como no lograron instalar talleres productivos ni realizar cultivos, se disolvió. Empapado por las ideas comunitarias del filósofo Martin Buber, Alejandro comenzó a buscar un grupo de personas decididas a embarcarse en el proyecto de crear un kibutz a la chilena.

“Primero -recuerda Villarroel- convencí a los vopistas. A la VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo) le interesaba, seguramente, porque era un grupo que estaba funcionando en Santiago y no tenían un frente campesino. La VOP era un revoltijo. Ronald Rivera Calderón -su líder- se definía como marxista, leninista, guevarista, trotskista y maoísta. Según él, de cada uno de estos pensadores pescaba lo mejor, lo más interesante que pudieran tener. No tenía una posición sectaria. Había sido comunista, y se marginó con todo un grupo de gente, una base del partido de Ñuñoa. Ese es el origen de la VOP. Cuando yo le propuse a Ronald la idea de irnos al campo -él ya había oído que estábamos viviendo en forma comunitaria en mi barrio- le pareció interesante, porque, justamente, en el campamento donde los vopistas tenían una base (no sé si era el 26 de Julio, o uno de esos campamentos que armó el MIR -Movimiento de Izquierda Revolucionaria) estaba Chandú, que había nacido en Chicauma y sabía que el fundo estaba botado. Fue un encuentro, una coincidencia”.

¿Cómo se dio el proceso de la toma del fundo y el inicio de la comunidad?

Llegamos al fundo, y hablé con un ex comunista, Pablo; él juntó a los campesinos… Tomé la palabra y les conté a qué íbamos: “tenemos este proyecto; juntarnos en una experiencia comunitaria, para ver si es factible, etc… Consistiría en que partimos con un comedor común. Ustedes viven por aquí y por allá; más adelante irán trasladando sus casas en la medida de que les parezca, cuando quieran…”

Era un fundo enorme de grande, en que los campesinos estaban ubicados de acuerdo a los intereses de vigilar antiguos cultivos. Estaban repartidos, a cinco kilómetros uno, a tres kilómetros más acá otro, por acá otro… totalmente aislados, sin electricidad. Había como 15 familias en total dentro del terreno.

En las primeras reuniones estuvo un hombre de derecha que dijo que íbamos a fracasar; que no creía en ningún socialismo, en ninguna utopía ni en ninguna cosa. Tengo la impresión que dos familias se marginaron, por miedo, porque hablamos inmediatamente de que nos íbamos a tomar el fundo.

Cuando el fundo era de una persona, no era tan fácil expropiarlo en esa época, pero si era de una sociedad agrícola y lo tenían sin cultivo, totalmente abandonado -que era el caso de Chicauma-, era el fundo más fácil de tomar de todos los que habían en la… me parece que era la cuarta zona de Reforma Agraria. No había ninguna objeción de tipo legal.

La VOP tenía experiencia en hacer tomas; había que llevar una bandera, hacer una declaración escrita a máquina, que se entregara una copia a Intendencia, otra va a Carabineros, y la otra iba al Ministerio de Tierras, a la Cora (Corporación de Reforma Agraria), al Indap (Instituto de Desarrollo Agropecuario), qué se yo… Eso los campesinos no lo sabían; ellos habían pensado tomarse el fundo, y no encontraron respaldo de nadie, ni de los partidos, ni de organismos estatales. Éstos no lo habían apoyado porque requería demasiada inversión. Según cálculos que ellos hacían, eran necesarios 360 millones para echar a andar el fundo. En esa cantidad enorme de dinero estaba reponer los tendidos de alta tensión; lo único que quedaba arriba de los postes eran los transformadores, que, como son muy grandes, no los pudieron robar; lo demás se lo habían robado todo.

Y empezamos con la olla común. Con la toma partió una fogatita con ladrillos y dos fierros, y un tarro con café. Ese fue el inicio del comedor común. De ahí para adelante jamás faltó la comida. Una cosa curiosa: en cuanto nos tomamos el fundo, nos llegaron de regalo sacos de papas, 50 zapallos, sacos de choclos; después nos regalaron sandías. No sé, la gente corrió la voz, la noticia se difundió…

Hubo gente de Santiago en carpa. A mí los campesinos me cedieron un ranchuco ahí al lado de la casa de Pablo. Era verano, así que construimos una ramada grandota, al lado de un cementerio indígena. Ahí en la ramada vivió un montón de gente, en sacos de dormir. Había gente que había traido incluso sus camas.

Pero, mi impresión es que la gente de Santiago no… me parece que la idea de toda la juventud de la VOP era más bien guevarista, la idea de guerrilla y de combate. No estaban síquicamente capacitados u orientados o plásticos, como para pensar en que era importantísimo un modelo. Cuando llegaron los vopistas ya iban disfrazados de Che Guevara. Yo les dije: “oye, aquí no vamos a hacer la revolución cubana, vamos a hacer la revolución chilena”. Así que yo decidí comprar chupallas, y llegué con 15 ó 20; a cada uno le enchufé una y los disfracé de chilenos…

Yo no sé si es que es fatal que tiene que haber guerra, pero lo más importante en una transformación social es que la gente sepa hacia dónde se dirige el mundo. Yo considero una importancia enorme a un modelo de lo que debiera ser. Esa es idea de Buber, no es idea mía.

La toma fue en noviembre o diciembre del año 70. La VOP hizo regalos a los niños para la Pascua. Ronald llegó con un saco de juguetes. Era tal la pobreza, que los niños pobres usaban ropa de sus hermanitas; niñitos de siete a doce años, con faldita. Así que les compramos ropa. A raíz de eso, justo llegó un interventor del gobierno, cuando estábamos repartiendo prendas de ropa nueva, y el tipo me dijo: “oye, ustedes son de la VOP o del MIR”. “Por qué”, le pregunté yo. “Y de adónde sacan plata para comprar esa ropa”, agregó. “Para qué preguntai leseras”, le respondí. El hombre era del Mapu (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y dejó el trabajo.

Entonces nos mandaron un democristiano, que no se puso a investigar de dónde salía el dinero, y que estaba muy contento con nuestro trabajo. Después de que les compramos ropa a los niños, yo los matriculé, y los llevaba todos los días desde el fundo hasta el pueblo de Lampa.

Como curiosidad, era tal la miseria en ese fundo, que cuando llegó la policía -nosotros estábamos pensando que iban a llegar a balearnos-, nada, la policía nos felicitó, y el propio jefe del cuartel de policía de Lampa, sargento no sé cuánto -El Tiburón le decían- nos regaló cinco mil pesos de su bolsillo, que era harta plata. Hasta la policía estaba de acuerdo con la toma del fundo de Lampa, porque estaba abandonado hacía varios años, sin cultivo; la gente sabía que había miseria horrible, se habían robado los tendidos eléctricos, se habían robado las bombas de pozo profundo, era una catástrofe la cuestión.

Era el único fundo que ni Frei ni Allende incluyeron dentro del proyecto de reforma agraria. Lo dejaron al lado por ser demasiado pobre, cuando en un proceso revolucionario justamente es el primer fundo que debiera haberse puesto en recuperación; un fundo que desesperadamente necesitaba la presencia de técnicos y de inversión para poder echar a andar todo eso.

Chicauma -ubicada a 35 km al noroeste de Santiago- es un microclima excepcionalmente favorable. Como está ubicado entre cerros, tú puedes cultivar cosas que en otros lugares no se dan. La tierra, sin duda fue buena, pero está erosionado. Ahí la erosión era más bien eólica; no había problema de erosión hídrica, salvo en los cerros, pero en el plano la erosión era… se armaban torbellinos todos los días, había un ventarrón fenomenal.

La municipalidad nos dio el derecho a cobrar peaje rumbo al Taco, porque dentro del fundo había un balneario; cobrábamos un peso por persona. Como pasaban muchos buses durante el día al Taco, juntábamos harta plata… Fue un río, ahora está seco. Era un hilo de agua, que, como le pusieron un taco de barro, se hizo una posa, y la gente iba a bañarse ahí.

Una de las cosas curiosas fue que, cuando iniciamos el proyecto, quienes estaban de acuerdo absolutamente eran los adultos -yo pienso que en razón de la miseria en que ellos estaban en ese momento-, y había rechazo de los adolescentes. Y este amigo mío, Jochimil, cambió radicalmente el asunto. Al final, en los últimos meses, eran los jóvenes los que participaban con más agrado en el trabajo comunitario. Los campesinos más viejos siempre trabajaron, pero fue Jochimil el que volcó el asunto. Cuando yo llegué los muchachos tenían interés solamente en comprar bicicletas, ropa, cosas típicas de los jóvenes. Tal vez querían ir a bailar, pero, como no había electricidad, quizás ni música habían escuchado. Eligieron una directiva. Ellos eligieron, como campesinos, a las personas que iban a dirigir, y eligieron a uno de ellos como presidente, a un tesorero y a un secretario; los tres eran campesinos de Chicauma.

La gente de Santiago… Participaron, algunos un tiempo más, otros un tiempo menos. Hubo gente muy interesante ahí metida. Estuvo Víctor, el que llamaban tesorero de la VOP, estuvo conmigo varios meses. Víctor, donde se metía era un hombre excelente, muy cariñoso con la gente; quiere mucho a la gente pobre, es muy trabajador, muy sociable, con él no tuvimos ningún problema.

Hubo una cantidad de gente joven de la VOP, universitarios; hicieron un trabajo muy bueno en enero y febrero, que es cuando ellos tienen vacaciones, porque después tienen que continuar sus estudios en Santiago, así que se fueron.

Estuvo una cantidad enorme de gente de la VOP. Estuvo un argentino; no sé por qué razón mandaron un japonés que no hablaba español, que se presta para pensar que era agente del imperio del sol. Es posible que haya sido un error mandarme un par de personas que no funcionaron en absoluto en el campo. Uno de ellos era Alex. Cuando hicimos la toma, participó gente de otras organizaciones; participó gente del grupo de Conejo, y no me acuerdo de qué otro grupo más. Hubo ahí gente de visita, por uno o dos días gente de todas partes. Y llegaron periodistas además.

¿Existieron diferencias entre los campesinos y los asesores? 

Yo estaba como asesor; nunca me dieron un cargo. Me tenían mucho aprecio. El único conflicto que tuve con ellos fue cuando ya teníamos la semilla; yo tenía dos sacos de pepas de almendra amarga, porque en los faldeos, como no hay agua, ibamos a hacer un criadero de almendros para injertarlos con durazno o con ciruelo, y el almendro te da quince metros de raíz. El almendro encuentra agua donde otros árboles se mueren. Pensábamos poner frutales en un sector, arriba montes, tal como fue siempre, pero en el faldeo, cerca del plano, pensábamos poner árboles frutales diversos, en patrón de almendro. Teníamos las semillas de almendra, teníamos el trigo para sembrarlo, y yo les dije: “necesitamos más gente”.

Teníamos 1.800 hectáreas, era un fundo inmenso. Y los campesinos me dijeron: “no compañero, que ahí en Lampa los hombres que están cesantes son todos borrachos”. Yo creo que no eran todos borrachos; el problema es que los campesinos estaban pensando: “cuando cosechemos el trigo, si tenemos que dividirlo entre diez o entre 20, nos toca menos a cada uno, o vamos a ser menos ricos en forma comunitaria. Yo creo que es el egoísmo el hecho que ellos no querían que viniera más gente.

Yo les dije: “bueno, a ustedes les consta, yo vendí mi casa para ese dinero aportarlo aquí a la comunidad. Me parece que tenemos unas tierras inmensas de grandes, en que es factible reforestar, es factible recuperar los suelos, es factible producir, y somos muy poca gente. Ustedes descubran de dónde sacan gente. Si ustedes dicen que los cesantes de Lampa son borrachos, acepto, pero ustedes descubran”. Y en ese caso uno de los campesinos me trajo a sus sobrinos para el fundo. Creció por ese lado. No logré convencerlos… porque ahí podríamos haber estado perfectamente 30 familias.

¿Fue posible construir algo en sólo seis meses? 

En seis meses, claro que es poco tiempo, pero es fantástico el resultado, porque se llegó a un nivel de comunidad absoluto; compartíamos todo. Y, en los últimos momentos, yo, prácticamente me pasaba como relacionador público, porque teníamos todos los días visitas de ingenieros y de agrónomos, y de economistas agrarios, venidos de Melipilla, de Valparaíso y de otros lados. Y ahí estar explicando lo que estábamos haciendo, y los planes, y nos sugerían una cosa, u otra cosa…

A diferencia del kibutz, la gente partía para arriba sin desayunar, que a mí me choca eso. Para mí lo lógico era haber tomado desayuno primero y después partir para trabajar. Se lavaban la nariz, dormían casi con toda la ropa puesta, yo creo que los zapatos se sacaban. Se lavaban la nariz y partían a trabajar, así que había que llevarles el desayuno para el cerro. Les llevábamos para arriba sandwich, café, té, y toda esa historia. Porque el afán de ellos era trabajar, trabajar y trabajar. Yo nunca me imaginé que campesinos chilenos totalmente ajenos a la política, pudieran tener esa respuesta frente a una experiencia comunitaria.

Punto uno; a mí me llamó la atención, que tanto la izquierda como la derecha ocultaron cuidadosamente qué cosa era Chicauma. Fue ocultado inmediatamente. Más aún, a raíz de la toma de Chicauma, a la semana siguiente apareció un decreto ley en el Diario Oficial, en que, a partir de esa fecha, se prohíbían las tomas de fundos, cuando la izquierda chilena había sido tomadora de fundos por tradición. En cuanto contraté a los vopistas como miembros del colectivo, éramos un asentamiento, según la ley, a la semana siguiente apareció en el Diario Oficial: “a partir de esta fecha se prohibe contratar personas extrañas a los predios”. Es decir, dos leyes hechas contra la VOP, así, pero precisas, al extremo de que… yo no fui el que andaba comprando el Diario Oficial todos los días, fueron los funcionarios del Indap los que me llevaban los periódicos para informarme de cómo iban saliendo leyes para impedir la repetición de este fenómeno.

Y lo que queríamos era montar modelos de un mundo ideal, esa es la idea de Buber. Yo no entiendo por qué razón, un gobierno que es de izquierda, se opone a que locos de la ciudad, junto con campesinos pobres del campo, monten modelos de como debiera ser. Es absolutamente lógico, prudente, e inteligente montar modelos de lo que es factible. Lo que no se puede es llevar al pueblo hacia una cosa que no está definida, hacia un mundo futuro que nadie sabe en qué consiste. Eso es gravísimo, y ese es uno de los argumentos que tenía la derecha para… porque suponían que íbamos rumbo a una repetición del estalinismo, con todas las agravantes horribles… es un fascismo de izquierda el estalinismo, tan fascismo como el que después impuso Pinochet o el que tenía Hitler, en que te sacan a media noche de la casa, en un auto sin patente, y después desapareces.

En la televisión (programa Mea Culpa de TVN) aparece como un campo de entrenamiento militar. Yo hubiese querido que fuéramos tan ordenados y disciplinados… porque ahí mostraron un entrenamiento tan bueno como el que hacen los milicos aquí en Santiago, en la Escuela Militar. Es absolutamente absurdo. Obviamente todos los grupos, cuando andaban en el campo, tiraban balas, pero le tiraban balas a un tarro o a una botella, pero no hubo en absoluto entrenamiento militar. Mi preocupación estaba absolutamente centrada en producir.

¿Qué cosas se producían en la comunidad campesina? 

Se producía… Primero, leña de litre, después se produjo carbón de litre, y, después, tierra de hoja. No hubo otro tipo de producción. Ellos tenían, individualmente, Pablo, me parece que dos o tres animales. El papá de Pablo tenía otros dos más. No pusimos una norma rígida, como ocurre en el kibutz, en que todos aportan el total de su patrimonio, eso no lo pusimos como una obligación.

Incluso, era lógico a los campesinos entregarles una cantidad de dinero, porque el campesino chileno, si tiene plata en el bolsillo, entonces él es un hombre con éxito. Si no tiene dinero es un fracasado, es una mujer; pierde su condición de macho si no tiene dinero en el bolsillo. Ellos no necesitaban dinero, porque como en forma colectiva traíamos cigarrillos, comprábamos azúcar, harina, tomates, aceite, cuanto diablo… pero, se le asignaba a cada campesino un poco de dinero por razones sicológicas.

En cambio, los muchachos nunca pidieron dinero para andar trayendo en los bolsillos, andaban simplemente, para arriba y para abajo. Si alguien necesitaba dinero, porque tenía que ir al pueblo a ver al dentista, sacaba dinero para ir a ver al dentista. En cierta medida copiamos al kibutz, y, en cierta medida no lo copiamos.

Nos acomodamos a la cultura de ellos. Fundamentalmente a esa cuestión machista de que hay que andar con plata en los bolsillos, aunque no la gastaban, porque no la necesitaban para nada. No hubo borracheras para nada, no hubo… salvo ese loquito que le pegó un corte a Pablo en el cuello, no tuvimos conflictos.

Y establecimos cambalaches con los otros fundos de los alrededores, que también eran asentamientos. Empezamos a hacer trueque con el asentamiento de O’Higgins. Les regalamos leña y ellos nos regalaron cajones de tomates. Y ese asentamiento estaba controlado por los democristianos. No pusimos objeción a que eran democristianos, a que la señora Ana es momia, nada, nada. Y en el fundo nuestro teníamos un comunista, Pablo, que había sido dirigente de la Juventud Comunista, y el presidente de la directiva de Chicauma era el presidente de la juventud democristiana de Lampa; ese es un dato curiosísimo e interesante. El conflicto mental para mi pobre amigo Carmelo debe haber sido fenomenal, porque probablemente, como democristiano tenía cariño por Pérez Zujovic, me imagino. No supe qué pasó.

Yo pensaba que en un proceso nacional, en un proceso social, es factible que el hombre cambie su trato que tiene con la naturaleza. Llegué a una preocupación de reforestar, y, curiosamente, esa es una contradicción clarísima del fenómeno VOP allí en Chicauma; es que empezamos a desforestar, porque hacíamos leña con los litres, y después hacíamos carbón.

Y, después, en una oportunidad en que yo tuve que venir a Santiago -estuve dos o tres días fuera del fundo- me encuentro con que están felices vendiendo tierra de hoja, tierra de litre, que se la llevaban en unos camiones inmensos, y, obviamente, rumbo a los jardines del barrio alto. Y los campesinos estaban encantados, porque era mucho más fácil recoger tierra de litre, que es livianísima, y muy hermosa y muy limpia, que estar picando litres que producen sarpullidos.

Lo importante es que si tú mirabas el fundo, después que llegamos nosotros, obviamente había menos árboles que antes. Teníamos cuidado sí de dejar un renuevo, nunca cortamos del todo un árbol. Pero tú pelas, de todas maneras pelas. Entonces, cuando cae lluvia, si no hay árboles, produces más erosión, porque el agua golpea el suelo y hace correr toda la materia orgánica que haya y las micropartículas que queden, porque ya hay una erosión en todo ese lado.

Teníamos un plan para aplicar ahí en Chicauma. Era cultivo de cebada y trigo, con un método ultramoderno que estaba siendo probado por la FAO. La FAO tenía unos proyectos de agricultura allá en la India, y esos íbamos a aplicarlos aquí en Chicauma. Que tengo la impresión que tiene que ver con parar la erosión mediante curvas a nivel; arar ya no en forma recta como se suele arar, sino que arar considerando los desniveles del suelo, y tiene que estar además…

Es tal el interés que despertó Chicauma, que incluso el Ministerio de Obras Públicas había decidido hacer investigaciones de pozos subterráneos en Chicauma, para ver si encontraban unas napas subterráneas mejores de las que tenían, porque habían tres pozos, de los cuales uno solamente era bueno, y los pozos son carísimos. El Ministerio de Obras Públicas dispone de un ítem destinado a la investigación. Ellos para apoyar el proyecto de Chicauma, iban a hacer unos pozos en distintos lugares para ver si encontrábamos una napa buenísima capaz de regar, quizás 200 hectáreas.

Fui tan rematadamente imprudente, que yo pensaba que si había que arar la tierra, y el Servicio Militar del Trabajo tenían tractores disponibles, ellos deberían hacerlo, yo no veo por qué no. Y vine acá al regimiento no sé cuanto, que es del servicio militar del trabajo, hablé con un coronel que me recibió con mucha amabilidad; le conté el proyecto utópico de Chicauma. Le pareció muy interesante, revisó su cuaderno, y tenía comprometido todas las máquinas hasta el fin del año. Así que, absolutamente, no disponían de material, de máquinas con qué ayudarnos. Si me hubieran ayudado los milicos, yo creo que habría sido descomunal el problema, para el coronel, que lo podían dar de baja por tonto, me llevan a mí por… o de otra organización de izquierda me habrían dicho que yo soy agente de la CIA, que cómo estoy metido con los milicos.

Para mí lo importante era sembrar, porque el espíritu estaba… Para mí lo más difícil era la atmósfera comunitaria, y esa se logró. Lo que faltó fueron medios, medios para ir a apoyar económicamente una experiencia comunitaria boicoteada desde el Estado.

Yo le fui a pedir ayuda a unos curas, que estaban con una escuela agrícola a la entrada de Lampa, y se negaron a ayudarme, eran curas italianos. Era una colonia de curas italianos que le enseñan agricultura a los jóvenes. Ellos tienen máquinas ahí, podrían haberme ayudado, pero no quisieron ayudarme. No se me ocurrió ir a un asentamiento vecino a ver si nos podrían haber ayudado.

Cuando yo le dije a Ronald que teníamos que sembrar, me dijo: “Y cuánto cuesta eso”. “18 millones”, le contesté. “Ah, pucha -expresó-, con esa plata me compro dos ametralladoras”. Ronald tenía una obsesión de que lo que teníamos que hacer era prepararnos para un enfrentamiento. Todo el dinero invertirlo en armas y municiones.

¿No era contradictorio estar, al mismo tiempo, desarrollando un modelo de vida, y, paralelamente, efectuando acciones de muerte?

A raíz de la muerte de Edmundo Pérez Zujovic se desató una caza de brujas de horror, en que participó el MIR, el partido socialista, los ELeNos (Ejército de Liberación Nacional). Yo creo que la FAR, uno de los pocos grupos pro chinos que había en esa época -no sé cómo se llamaban- fueron los únicos que no participaron en la cacería de vopistas.

En junio de 1971 murió Ronald y el proyecto de crear un kibutz “a la chilena” se derrumbó…

El primer viernes después de la muerte de Pérez Zujovic. Yo pasé para allá el día jueves, pasé en un bus Santiago-Lampa, entremedio de un cerco de policía y militares armados, con chalecos antibalas. Pasé rumbo a Chicauma; me habían propuesto que arrancara. A mí me parecía absolutamente imposible arrancar en esas circunstancias. Habría sido horrible arrancar. Y yo, personalmente, cuando ocurrió la muerte de Pérez Zujovic, estaba en el campo, y vine a averiguar a Santiago qué había pasado. No encontré a nadie. Me devolví a Chicauma y pasé entre medio de una jauría inmensa de policías y militares, y me bajé antes de llegar al pueblo de Lampa.

Me bajé en el río, y me fui caminando por el cauce del río seco. Por detrás llegué al fundo, porque la policía me andaba buscando por todos lados… andaban buscando a un tal Alejandro Villarroel. Los campesinos no sabían, porque a mí me conocían como Alonso Carvajal Pardo, que son los segundos apellidos de mis abuelas. Y me dijeron: “mira, andan buscando a un tal Alejandro Villarroel. Ahí está el vehículo, ahí están los tiras buscando”. Esa noche dormí igual que todos los días en el fundo, y a la mañana me sacaron de la cama, a las seis, siete de la mañana. Probablemente alguien informó que yo estaba durmiendo allí. Habían 60 personas con ametralladoras, para ir a sacarme de ahí, preso.

De Santiago solamente quedaba Jochimil y su mujer.

Cuando se produce la muerte del comerciante Don Raúl, en donde estuve involucrado yo y otros amigos míos, yo lo lamenté terriblemente, porque ese fue el inicio del fin. A raíz de la muerte de Don Raúl, apareció la foto de Ronald en los periódicos, y Ronald entró en una… tengo la impresión, en una situación personal desequilibrante, de estar perseguido, y que se empieza a pensar ya no evaluando la realidad tal cual es.

Yo veo que el asunto Pérez Zujovic es como el resultado de una situación que era generada por la crisis de estar perseguido. Esa es mi impresión, porque el resultado fue que la organización fue diezmada, perdimos cuatro compañeros, el fundo Chicauma se fue al demonio. Los campesinos que estaban en la directiva fueron expulsados del fundo, cosa que es gravísima a mi modo de ver, porque ellos no sabían nada del asunto VOP, no sabían que éramos de la VOP, y expulsarlos como cómplices de terroristas de izquierda fue una torpeza, una barbaridad.

Y parcelaron el fundo, inmediatamente, lo convirtieron en propiedad privada, que es el destino final de los asentamientos. Los asentamientos eran un proceso que al final iban a terminar en el reparto del fundo, convertidos todos en pequeños propietarios. Ese era el proyecto de reforma agraria, que echó a andar Frei…

En cambio, la tendencia marxista es la granja del Estado, la enorme granja del Estado, que se repitió en Cuba, y que se repitió de nuevo en Nicaragua; un fracaso completo, total, absoluto. En Nicaragua es de horror. Yo estuve trabajando dos años para el gobierno noruego en Nicaragua, y conozco al dedillo el descalabro de esa revolución.

Cuando caí preso, estaba muy, muy enojado con los vopistas, muy molesto, porque sentí que estábamos traicionando a los campesinos, que habíamos defraudado la ilusión de gente pobrísima. Cuando yo venía preso hacia Santiago en un auto del GAP, pasó hacia Chicauma una de esas máquinas inmensas, que son las que perforan los pozos. Terrible para mí; todo ese proyecto se iba al diablo.

¿Hubo alguna discusión en la VOP sobre el trabajo que estaban realizando con los campesinos? 

Yo, al menos, no participé nunca en un Congreso. Interesante dato: propuse dos o tres veces, cuando tuve conflictos con gente de la VOP, que hiciéramos un congreso para discutir el trabajo campesino. “Discutámoslo, conversemos, veamos en qué punto estamos, cuáles son los compromisos que hemos tomado con los campesinos. Revisemos lo que hemos hecho. A lo mejor les parece mal lo que estamos haciendo, pero díganlo”. Desgraciadamente no tuve respuesta. No sé si por dejación, o porque ya tenían ese elemento que se metió -me dicen que Gonzalo Toro habría llamado a Ronald para conversar y decirle que lo que estaban haciendo era un absurdo. 

Entrevista aparecida en Elciudadano. También difundida en Hommodolars y punkfreejazzdub.