lunes, 16 de mayo de 2016

Anarquía & Comunismo Nº 5!!!

En este número:

- Salidas democráticas y el callejón sin salida
- Apuntes críticos (en contra) de la democracia
- Afilando las palabras: Comunización (Parte I)
- "No es lo mismo pero es igual": anarquía y comunismo (Luigi Fabbri)

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Contra la política, contra la democracia

Nuestra época es la de la impotencia del individuo, de su soledad y de su incapacidad de incidir en su propio medio. El individuo capitalista, el productor-comprador de mercancías que se relaciona con su mundo a través del intercambio de estas (intercambio que a su vez  se reproduce con independencia de la voluntad de los individuos) no es sino el ciudadano demócrata que se relaciona con su vida política mediante el voto o en la vida organizativa de la política separada. En efecto, el capital y la democracia actúan como producto y a la vez reproductor de la destrucción de los vínculos sociales reales e imponiendo al individuo separado como única relación social posible. 

No es de extrañar que desarrollada hasta este punto la alienación y enajenación del ser humano reine la sensación de que el mundo se nos va de las manos, no es de extrañar que la impotencia y la soledad sea la tónica general de esta sociedad: si nuestra única participación en nuestro mundo social es en la compra y venta de productos y fuerza de trabajo, y en el mundo político en la elección: si nuestra participación social es la otra cara del trabajo asalariado en la fábrica. 

¿Podemos efectivamente contrarrestar los síntomas finales de este cuerpo enfermo si seguimos reproduciendo las causas de su enfermedad? ¿Cómo podemos pretender cambiar el total funcionamiento de este sistema social basado en el aislamiento de los individuos si seguimos pensando que nuestra sola intervención, nuestro método, nuestro programa, en tanto intervención divina de individuos por encima de la sociedad, podrá cambiar el rumbo de la sociedad completa, si seguimos pensando que lo que hace falta es que los proletarios dejen dirigirse por nuestras coordenadas, reproduciendo nuevamente la lógica de la participación pasiva-representación?

Si bien el fraude de la política separada se había visto bien y alegremente cuestionado durante el "resurgir" del movimiento revolucionario comenzando los 2000 (influenciado positivamente por la crítica situacionista muchas veces), los límites de la crítica parcial terminaron conduciendo el potencial de esta crítica a sus aspectos más banales (vida alternativa, indentitarismo, sub/contra cultura...) y terminaron por potenciar, a su vez, las nuevas versiones de la izquierda tradicional. Así como resultado a día de hoy tenemos por un lado a nuestros militantes de la vida cotidiana enfrascados en su sobrevivencia diaria en el mercado ambulante y a la neo-izquierda con look alternativo pero fiel a su estructura tradicional y tradicionalista, por ende conservadora y reaccionaria.

¡¡Y es que cuando el “revolucionario” pretende que sumando militantes a su modelo organizativo -producto directo de la política burguesa- o alzando sus quejas en tanto consumidor inconforme y aislado, es decir expresando la propia concentración de la enajenación humana, está aportando a la superación del capitalismo, no termina más que enajenando la práctica revolucionaria misma!!

¿Cómo salir entonces de este inmovilismo? ¿Cómo romper con la inercia histórica a la que nos condena el capital autonomizado? A esto nosotros respondemos: ¡Rompiendo con sus fundamentos!

El capital no es una creación maquiavélica, como la práctica revolucionaria no es iluminación divina: ambos representan procesos vivos y contradictorios pero que surgen de la realidad misma y su proceso histórico ¡no son creación de los individuos, sino que nacen siempre desde la sociedad! En ese sentido, lo fundamental de la dominación del capital es su autonomización respecto a los seres humanos que lo producen, o lo que es igual, que el desarrollo de las fuerzas productivas se hace independiente de los individuos que las crean y desarrollan: el hecho de que el objetivo de la producción de la sociedad no sea su propio disfrute y satisfacción, sino los de valorización y acumulación de un ente con cualidades cuasi místicas (el capital), expresa el estado de una sociedad que no es consciente ni de ella misma, ni de su producto.

Esta comprensión fundamental ha sido sustituida históricamente por el marxismo tradicional y su idea de que el desarrollo de las fuerzas productivas (en términos siempre capitalistas, obviamente) es sinónimo de socialismo (lo que les lleva a su eterna apología al trabajo y al proletario como tal, como si fuese cosa de orgullo nuestra desposesión), y gracias a esta los proletarios del último siglo y medio nos hemos seguido manteniendo en la búsqueda de otro "algo" que siempre nos es superior (primero dios, luego la economía, la nación, el partido, finalmente la "revolución"); más allá de una mera discusión filosófica, esta afirmación acerca del desarrollo humano es la portadora de su negación: el objetivo de la actividad humana debe ser el ser humano mismo.

La actividad revolucionaria entonces toma un carácter bastante distinto al que nos habían acostumbrado: se trata de la lucha de los proletarios por su autoconciencia, su autodescubrimiento en tanto fuerza creadora y del "dominio" consciente de su creación, de abrir la posibilidad de un mundo creado por y para nosotros mismos.

"El proyecto de Marx es el de una historia conciente. Lo cuantitativo que surge en el desarrollo ciego de las fuerzas productivas simplemente económicas debe transformarse en apropiación histórica cualitativa." (La Sociedad del Espectáculo, Guy Debord)

Para nosotros, entonces, la pregunta toma otro sentido y las formas pasan a un segundo plano. Se trata de transformar en la teoría y la práctica el conjunto de lo que se conoce como actividad revolucionaria; no se trata ya de "convencer a otros" sobre el rumbo equivocado en que va encaminada la humanidad, pues la evidencia está a la luz del día; se trata de potenciar las capacidades asociativas y creadoras de nuestra clase, de demostrar cómo somos nosotros quienes creamos la realidad y cómo podemos transformarla, de reencontrarnos en tanto comunidad humana y armarnos para la imposición de nuestros verdaderos intereses. 

Antes de eso todo es ilusión.

"La crítica de la economía política es el primer acto de este fin de la prehistoria: ‘De todos los instrumentos de producción, el más grande poder productivo es la clase revolucionaria misma’.” (La Sociedad del Espectáculo, Guy Debord)
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lunes, 9 de mayo de 2016

Carta abierta a los/as proletarios/as en Chiloé

Hermanos y Hermanas:

Hemos podido ver cómo han salido a defender el mar y la tierra que los acompaña en su diario vivir, sabemos que ustedes tienen una conexión mucho más profunda con su ambiente que nosotros que vivimos en la urbe, y por eso miramos con admiración cómo han conseguido una organización total de sus comunidades, paralizando por completo la isla, plantando cara a las fuerzas represoras que pretenden volver a instaurar el orden del capitalismo. 

Quisiéramos poder estar allá y acompañarlos en su lucha, en los cortes de ruta, en las ollas comunes, pero sabemos que el combate contra el capitalismo debe darse de manera global. Es por esto que quisiéramos contarles nuestra experiencia con respecto a nuestras luchas en la ciudad  y, al mismo tiempo, exponer nuestras ideas con respecto a su lucha. Porque sabemos que en cada movimiento que se rebela contra el poder, está el germen de una lucha mundial por recuperar una comunidad auténtica fuera de la competencia y la valorización mercantil. 

Nuestra experiencia nos empuja primero que todo a comunicar, porque creemos que si de algo han adolecido nuestras revueltas y movimientos pasados ha sido de comunicación, de conseguir instaurar una línea comunicativa  entre proletarixs que sea capaz de relacionarse estratégicamente, para así de una vez por todas librarnos del yugo capitalista y burgués. Sabemos que nosotros, los proletarios del mundo, podemos levantar un mundo nuevo, lejos de la arrogancia de políticos profesionales y autoridades que solo administran el poder que les damos para vivir sus lujosas vidas. Por eso, consideramos vital compañeros y compañeras, que no le den espacio a los políticos profesionales dentro de sus comunidades, mantengan la horizontalidad y la auto organización como pilar y principio fundamental de su movimiento, esa siempre será una ventaja ante el poder, que los quiere sumisos y jerárquicamente ordenados para así cooptar su movimiento. Quizá la única premisa que podríamos entregarles es la de tener siempre en el centro de sus actividades la tarea de RETOMAR EL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS. De lo contrario, la dispersión, la negociación mediada por burocracias, la canalización política del rechazo general al capitalismo, será la forma que encontrará el Estado para frenar las rupturas reales del conflicto.

Por otra parte, quisiéramos ser sinceros, sabemos que muchos de ustedes quisieran volver a la "normalidad" capitalista en unos días, quizá semanas... pero a la vez sabemos que un conflicto social expresado en demandas, evidencia también un cúmulo de contradicciones que se encontraban contenidas en el funcionamiento normal del sistema, por eso quisiéramos recalcar que estas circunstancias terribles que les ha tocado vivir, no son meras casualidades o irresponsabilidades del capitalismo, son la consecuencia lógica de un sistema voraz que precisa de la devastación para su existencia, la cual no se podrá contener ni reformar con políticas ambientales, puesto que yace en su raíz la dinámica de valorización, que convierte todo lo vivo en mercancía , inherente al capitalismo y a su clase despótica, la burguesía. Vivimos este proceso en carne propia en las revueltas estudiantiles del año 2001, 2006 y 2011, en las revueltas ambientales por Hidroaysén, o en cualquier otra instancia en donde se haya respondido ante la proliferación de la catástrofe del sistema, por lo que sabemos que este es solo otro capítulo de la explotación capitalista y que las reformas políticas son mero maquillaje.

Es fundamental que nosotros, los proletarios del mundo, nos unamos no bajo siglas, ni dirigentes, sino bajo principios éticos de acción que ustedes han sabido demostrar en la acción: solidaridad, auto organización, acción directa y horizontalidad. No necesitamos partidos políticos, ni ideologías salvadoras que nos digan qué hacer, no tenemos recetas mágicas. Es urgente reivindicar la consigna de nuestros hermanxs proletarios en Argentina, y decir "¡Qué se vayan todxs!", y es aún más urgente destruir las condiciones de las que provienen para que no vuelvan más. Así mismo, es indispensable reapropiarnos del programa revolucionario de nuestra clase, nuestras formas históricas e inmediatas de lucha. Programa que es una práctica histórica de clase y no una plataforma acordada en un congreso. Las posiciones revolucionarias del proletariado –el internacionalismo, la crítica del Estado y el Capital, el trabajo, el dinero, etc.– son claves en la extensión de la revuelta y el potenciamiento de las rupturas con el orden dominante. Es así que como clase vamos entrando con más fuerza en el terreno del antagonismo radical, como vamos clarificando los objetivos de nuestras acciones y podremos dar un salto cualitativo en nuestras vidas.

Para terminar, es importante saber ante qué estamos dando la batalla, y sobre todo el para qué, puesto que el capitalismo tiene muchas formas de camuflaje, ante esto, solo cabe recordarnos que la emancipación real de los trabajadores será obra de ellos mismos o no será. La necesidad de una vida emancipada de todo lo que nos oprime y destruye, está sujeta sólo a nuestras posibilidades autónomas de clase.

Hermanos; que su potencia negadora sea la yesca que prenda la hoguera de los proletarios en todo el territorio, que la lucha contra el Estado y el Capital se expanda como la peste. Nada ha terminado, todo está por empezar. 

¡Vivan los proletarixs insumisxs de Chiloé! 
¡Que en todas partes se alcen las comunidades en guerra contra el Estado y el Capital!

Algunxs proletarixs por la comunización.

lunes, 2 de mayo de 2016

Ruptura Proletaria: Nueva publicación comunista-anárquica desde ecuador.

¿POR QUÉ RUPTURA PROLETARIA?

Porque el proletariado –que es de todos los colores, sexos, edades y lugares- existe no sólo como clase explotada sino como clase revolucionaria cuando lucha por sí misma para defender e imponer sus necesidades humanas contra el Capital, su Estado y sus reformas. Es decir que, para dejar de ser explotados, oprimidos y representados por otros, y entonces poder vivir una vida verdaderamente humana, los proletarios y proletarias no tenemos absolutamente nada que “aportarle” a esta sociedad burguesa más que su destrucción o ruptura revolucionaria.

Porque, en última instancia, todas las derrotas históricas y actuales que ha sufrido nuestra clase en todas partes se han debido a su falta de ruptura con los fundamentos y los defensores de este sistema, así como también con sus falsas críticas y alternativas. Por lo tanto, en la práctica y en la teoría, la ruptura radical y total es la esencia de la lucha del proletariado por su autoemancipación real del mundo del Capital, por la revolución universal que instaurará la sociedad sin clases ni Estado ni naciones, la comunidad humana mundial.

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Contenido:

- ¿Por qué Ruptura Proletaria?
- 1º de Mayo contra los ataques del Capital-Estado. Sobre la reforma laboral en Ecuador 
- 1º de Mayo: el proletariado mundial contra el trabajo asalariado
- De la sala de clases a la lucha de clases
- Terremoto en Ecuador: catástrofe social capitalista
- Reforma laboral y disturbios en Francia
- Sus guerras. Nuestras muertes
- Carteles contra el sindicalismo y el trabajo asalariado


miércoles, 6 de enero de 2016

Democracia, libertad y Comunidad humana (A. Guillamón)


Democracia, libertad y Comunidad humana 

Sólo nos interesa la crítica de la democracia desde el punto de vista de su superación en la práctica de unas nuevas relaciones sociales de producción, que la despojen de su actual naturaleza de clase. Crítica de la democracia y crítica del totalitarismo son al mismo tiempo crítica de dos formas distintas pero complementarias de gobierno del capitalismo.

Se trata de vislumbrar las formas y el contenido de la auto-organización propias de un mundo sin clases, sin ejército ni policías ni fronteras, sin salariado ni capital, sin Estado. La democracia representativa es una forma alienada de la libertad humana.

Cuando hablamos de libertad, hablamos de la libertad de los esclavos asalariados, de la libertad de aquellos que no tenemos poder de decisión sobre las leyes, decretos o acuerdos que afectan a nuestra vida cotidiana y al futuro de nuestros hijos. Cuando hablamos de libertad hablamos de suprimir cualquier separación entre dirigentes y dirigidos, entre representantes y representados. Hablamos de la libertad de los excluidos y marginados del sistema. Hablamos de la libertad y del poder de decisión de la inmensa mayoría, actualmente ninguneada por unas periódicas elecciones de unos representantes que no nos representan.

Libertad y democracia son opuestas y contradictorias, porque la libertad es incompatible con la existencia del Estado. En el polo opuesto, el fascismo se opone a la democracia porque considera que ésta es incapaz de una defensa eficaz del Estado.

Los fundamentos de la democracia burguesa son la desigualdad económica y la explotación del trabajo asalariado. Si la emancipación de los trabajadores de la explotación capitalista ha de ser obra de los propios trabajadores, si los trabajadores han de emanciparse por sus propios medios, si nadie nos representa ni puede representarnos porque el sistema los convierte en defensores del sistema capitalista y de su lógica electoralista, ha llegado la hora de ejercer la democracia directa desde el poder de decisión sobre todo aquello que afecta a nuestras vidas y al futuro de nuestros hijos.

La revolución social consiste en crear nuevas relaciones sociales no mercantiles, de carácter cooperativo, solidario y fraternal. Ha de suprimir las divisiones empresariales, el dinero como mediador universal y el trabajo como actividad separada de la vida cotidiana. Es una tarea inmensa, pero también es un programa irrenunciable, porque es la única vía a un mundo humano y sostenible.

El parlamentarismo es el pacto y la negociación permanente que establecen entre sí los distintos partidos del capital para encontrar la gestión más adecuada y rentable del capitalismo, que una veces puede ser la democrática, otras la fascista y a veces una sabia combinación de ambas. Una organización revolucionaria de la clase explotada no puede ser parlamentaria, y en cuanto se hace parlamentaria deja de defender los intereses de la clase explotada.

Las elecciones democráticas disfrazan la brutal y permanente violencia política, social y económica de la burguesía contra el proletariado con una papeleta de voto, a la que se atribuyen poderes mágicos y que esconde la ilusión de poder cambiar “algo” por medios parlamentarios. El Estado aparece como un árbitro neutral, pero es sólo un disfraz fetichista que en momentos de crisis no puede ocultar que su papel no es, ni puede ser otro, que el de garante del sistema capitalista en contra de las revueltas y rebeliones del proletariado.

La ideología demócrata impone la ilusión de que la democracia es el conjunto de métodos, representatividad y derecho que aseguran y reglamentan la vida social de los ciudadanos libres. La representación parlamentaria se asienta sobre la ficción de que se abandona la violencia, que el Estado es un árbitro justo e imparcial y de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

El discurso sobre la democracia y los derechos humanos aparecen como inapelables y destierran en teoría la violencia de las relaciones sociales, excepto cuando atañe a los intereses económicos, impuestos tiránicamente por el FMI o el Banco Mundial a pueblos y ciudadanos indefensos con durísimas medidas que afectan a su vida cotidiana y al futuro de las próximas generaciones.

La democracia burguesa se fundamenta en la existencia de individuos aislados, insolidarios y separados entre sí, en los que la libertad de cada individuo es delimitada por la libertad de otro individuo.

La libertad sólo puede expresarse desde la Comunidad humana, en el seno de una sociedad comunista, solidaria e igualitaria que, a día de hoy, jamás ha visto la luz en el planeta.

El comunismo presupone la destrucción del Estado, del dinero y de las empresas, esto es, de la separación entre productor y producción. La Comunidad humana no es democrática ni totalitaria; está más allá de la política. Se fundamenta en la desaparición de ese individuo egoísta, aislado e insolidario, propio de la sociedad burguesa y del capitalismo. Da paso al espécimen humano solidario, insertado en una colectividad, que coopera con los demás seres humanos y desea proteger a las generaciones futuras, sin más ambición ni perspectiva que el de conservar los recursos naturales y mejorar el porvenir de la especie, hoy amenazada de extinción.

Libertad y poder van íntimamente unidos. No hay libertad sin poder. Libertad es siempre el poder de decidir sobre todas aquellas cuestiones que afectan a nuestra vida cotidiana y al futuro de nuestros hijos. Libertad es siempre el poder de hacer cosas sin limitaciones por parte de organismos ajenos a la Comunidad humana, sin sumisiones a fetiches de ningún tipo, ya sean el Estado, la patria, el líder o la Sagrada Economía.

Libertad es el poder colectivo de acordar las prioridades y la satisfacción de las necesidades por parte de la Comunidad humana, fruto de la propensión de los humanos a asociarse y a transformarse en esa asociación.

Que las relaciones entre individuos en la sociedad capitalista otorgan el poder a determinados líderes para representarnos a todos y decidir sobre todo, en lugar de la mayoría. Esa representatividad eterna, esa delegación del poder de decidir se fija en formas permanentes de representación: las instituciones estatales. La existencia de ese poder institucionalizado es incompatible con la libertad. Estado y libertad son incompatibles. Individuo y libertad son polos opuestos, porque la individualidad egoísta es propia de la sociedad capitalista y de su separación de los individuos respecto a la Comunidad humana. La libertad sólo es posible en el seno de la comunidad, como partícipe de una colectividad en una sociedad comunista, como miembro de la especie humana.

La abolición del Estado supone oponerse a una sociedad en la que los diversos poderes están institucionalizados, centralizados y jerarquizados con el único objetivo de perpetuar la división de la sociedad en clases. Poder y libertad son inseparables. La libertad es el poder de actuar sobre la realidad y las condiciones de nuestra existencia para transformarla. La libertad no es una bella idea abstracta y luminosa, pero inoperante, sino una lucha constante, una organización eficiente y una conquista histórica. Un esclavo sólo puede ser libre cuando lucha por su libertad y en ese mismo combate, aunque perezca en la lucha.

La libertad es una idea que nace con la emancipación práctica del individuo en el seno de sociedades esclavizadas y autoritarias, que sólo alcanzará su objetivo y realización final en una sociedad sin clases y sin Estado en la que los individuos dejen de estar separados y enfrentados porque forman parte de la Comunidad humana en el seno de una sociedad comunista y solidaria.

La democracia es el terreno privilegiado de la contrarrevolución, donde los intereses divergentes de la sociedad capitalista se reconocen en su oposición, a condición de plegarse siempre al llamado “interés general”, esto es, al respeto al Estado como árbitro “neutral”. En sus comienzos la democracia sólo fue política y el Estado democrático aparecía como defensor de la comunidad de seres humanos creada por el sufragio universal. Su separación de la vida social era patente. El patrón se limitaba a comprar la fuerza de trabajo al menor coste posible, o a aumentar la jornada laboral sin aumentar los salarios. La principal intervención del Estado era la represión obrera.

Más tarde apareció el Estado del bienestar, y en tiempos de Bismarck el Estado ya aparecía como regulador e intermediario que aseguraba salarios, seguridad social, horarios de trabajo, así como una fuerte presencia de la socialdemocracia en el Parlamento que aseguraba la posibilidad de importantes reformas y la integración del movimiento obrero en la sociedad y el Estado alemán. El llamado Estado del bienestar alcanzó su cénit en Estados Unidos, Europa y Japón en los treinta años que siguieron al final de la Segunda guerra mundial. Capitalismo y democracia aparecían como el mejor de los mundos posibles en toda la historia de la humanidad: una sociedad imperfecta pero mejorable.

Tras la crisis de 2008, y la consiguiente depresión, el Estado del bienestar ha quebrado en todas partes y hoy los individuos están sometidos a influencias impersonales y deshumanizadas, que obedecen ciegamente a la lógica abstracta, incomprensible e irracional de la Sagrada Economía. Jamás los individuos se habían enfrentado a una dominación tan impersonal, omnipresente, ajena y extraña, tan intangible como la actual.

En otros tiempos se podía soñar con matar al tirano, e incluso a veces las grandes revoluciones lo hacían, como sucedió con Luis XVI. Hoy es una tontería creer que cambiaría algo derrocando o juzgando al tirano tal o cual, o a tal o cual líder. Sería un gesto tan inútil como votar a su favor o en su contra. Cuanto más impotente es el “ciudadano” para cambiar su vida cotidiana, más debe escenificarse la infinita conquista de derechos ficticios en el teatral escenario de las elecciones democráticas. Goza de especial relieve mediático y propagandístico la puesta en escena del derecho a designar a nuestros representantes en el municipio, las autonomías o el Estado. Representante que de hecho no representa nada ni a nadie, como no sea los intereses de los grandes grupos de presión (lobbies) o del interés general del capital financiero internacional.

Pero la gente sigue votando a sus representantes, incluso ilusionada cuando aparecen nuevas caras, ya que por lo menos se nos garantiza que no vivimos bajo una dictadura totalitaria donde el terror es permanente y se practica la tortura en los sótanos de los ministerios. Mejor la democracia que un terror policial y estatal evidente. Y es así como el terror domina incluso en territorios donde no se practica la tortura y en el pensamiento de individuos no amenazados. Por eso, en todos los países, surgen democráticas leyes mordaza que reducen a la nada derechos y libertades de expresión, de asociación, de manifestación, de sindicación y huelga… que protegen el derecho de nuestros representantes a representarnos y anularnos política y socialmente.

Agustín Guillamón
Barcelona, noviembre 2015

lunes, 28 de diciembre de 2015

Nuevo número de la publicación "Anarquía & Comunismo"

Anarquía & Comunismo Nº 4.

- Terrorismo espectacular: cuando la economía capitalista colapsa, la guerra imperialista hace su trabajo (apuntes sobre el conflicto en Medio Oriente y la amenaza terrorista en Europa)

- ¡Solidaridad con l@s compañer@s secuestrados por el Estado!

- La confianza está rota: el escándalo de la colusión se toma las pantallas

- Afilando las palabras: Definiciones de mercancía y socialdemocracia.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Carta abierta a los proletarios en Grecia

CARTA A LOS PROLETARIOS EN GRECIA

Hermanos y hermanas,
Durante fines del año 2001 y principios del año 2002, aquellos que vivimos bajo el control del Estado Argentino experimentamos una situación muy similar a la que viven hoy en día millones en Grecia. Para nosotros es difícil conversar con otros proletarios en nuestra región, ya que pese a que sólo ha pasado una decena de años, la memoria de la lucha vivida y las perspectivas que se abrieron parecen haberse extinguido... y eso nos desespera. Es indispensable evitar que se olviden las experiencias, que siempre estemos comenzando desde cero. Es por eso que queremos compartir algunas precisiones con ustedes, nuestros hermanos. Porque la crisis no tiene nada de griega ni de argentina, no hay soluciones nacionales frente a un problema global.

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Ha sido a partir de la “crisis de deuda” del Estado griego y particularmente cuando el gobierno de Tsiripas decidió aplicar el corralito1 en vuestra región que la prensa, los políticos, los especialistas de nada y los opinadores de todo, han intentado hermanarnos a través del espejo invertido del Capital. Para nosotros ese es tan solo otro capítulo de la explotación capitalista, la cual nos hermana como proletarios y como tales no somos una mera imagen reflejada ante las circunstancias de cada región: somos una misma clase.

Aquí el discurso oficial mantiene el plan de igualar la imagen de la revuelta a la del desastre, fundiendo en un mismo plano la miseria ocasionada por la dictadura de la economía y el fuego de la revuelta. Los políticos, que eran blanco del grito «que se vayan todos» que recorrió toda la región durante el 2001 y parte del 2002, naturalmente denunciaban aquella consigna como vacía. Hoy nos dicen que estamos mejor, que el pueblo recuperó la confianza en la política y en la economía. La corte de periodistas hace lo propio, como ya lo hicieron hace más de una década. Lo devastador es que gran parte de los proletarios creen, aunque sea a medias, todas esas mentiras y además, contra toda evidencia, nos quieren convencer que somos pocos y tenemos poca fuerza para imponer nuestras necesidades.

«Que se vayan todos» no era solo un grito contra el presidente de la Rúa, quien la noche del 20 de diciembre huía en helicóptero desde el palacio presidencial ante una masiva protesta callejera que se saldó con 31 muertos. No era solamente un grito contra el ministro de economía Cavallo que ejecutó las medidas para contener la crisis financiera que movilizó a una parte de los ahorristas2, pero que ante todo significaba la pérdida de puestos de trabajo y la pauperización de la vida de millones de proletarios. 

Tampoco era contra el capitalista particular que en vista del “colapso económico” huía en búsqueda de nuevos horizontes de ganancia. El «que se vayan todos» contenía todo el descontento, la rabia y la frustración de que nuestras vidas son decididas por fuera de nuestras necesidades y deseos. Que hayamos asumido a nivel consignas la importancia de la destitución de quienes arruinan nuestras vidas, conocerlos con nombres y apellidos, fue sin dudas un paso adelante en la lucha.

Uno de los problemas más importantes fue no haber llevado aquella oposición hasta el fondo de la cuestión. Se decía que esa desconfianza en los políticos era débil porque no era propositiva, ¡esa era su fuerza! La debilidad se encontraba en que, si bien se desconfiaba totalmente de los representantes, aún se tenía algo de confianza en el sistema. La ideología dominante es la de la clase dominante y esa ideología es una fuerza material que se percibe abiertamente en esas ocasiones de incipientes rupturas. Así mismo, el movimiento que se gestó en aquel momento solo puede vislumbrarse comprendiendo los intereses materiales antagónicos de la burguesía y el proletariado en conflicto. El hecho de que muchos proletarios tengan ilusiones democráticas o reformistas es una debilidad y como tal hay que combatirla. Debemos combatir la confianza en el Estado así como la confianza en la relación social capitalista (incluso cuando a nivel discursivo se esté contra el capitalismo).

Era urgente el «que se vayan todos» ¡y aún lo es! Y es urgente destruir las condiciones de las que provienen para que no vuelvan más. Con esa destrucción no nos referimos solamente a tal o cual edificio, o eliminar a tal o cual autoridad. No esperamos milagros de la acción directa... Sabemos que incluso acciones con un espíritu combativo como el incendio de comercios o el saqueo de alimentos para la distribución comunitaria pueden volverse parte del paisaje político. Sin embargo, es indispensable, y junto con la reapropiación del programa revolucionario de nuestra clase, son nuestras formas inmediatas de lucha. Programa que es una práctica histórica de clase y no una plataforma acordada en un congreso. Las posiciones revolucionarias del proletariado –el internacionalismo, la crítica del Estado y el Capital, el trabajo, el dinero, etc. – son claves en la extensión de la revuelta y el potenciamiento de las rupturas con el orden dominante. Es así que como clase vamos entrando con más fuerza en el terreno del antagonismo radical, como vamos clarificando los objetivos de nuestras acciones.

Además, durante años la izquierda nos estuvo dando geniales muestras de su cinismo e ignorancia: «¡Que la crisis la paguen los capitalistas!» nos decían... Como si fuera posible jugar con la economía y volcarla a nuestro favor. Aquellos que quieren gestionar y ser gobierno nunca comprendieron la gravedad de la situación en la que nos encontramos, lo fuertes que son nuestras cadenas, el verdadero carácter social de la explotación. Son también ellos quienes nos subestiman, quienes sometieron a miles de proletarios en nuestra región a la vida del subsidio, a una existencia victimista y pasiva. Quienes nos proponían unir nuestra lucha con los ahorristas y los burgueses que caían de la pirámide social. Los que solo salieron a la calle cuando peligraban los dólares de su cuenta bancaria. Los fanáticos del ascenso social que lloraban ante la perspectiva de vivir la misma vida que nosotros, sus empleados.

Toda la miseria que significa la administración de la vida presente persiste pese al cambio de uso de un tipo de moneda, se trate de pasar del Euro a un nuevo Dracma o de Dólares a Pesos o a papeles para el trueque. Todo el proceso que significa la acumulación de Capital y desarrollo del valor no cambia si quiera si se intenta cambiar la forma de organización del trabajo (pasar de la gestión particular de una empresa a la gestión obrera), ni siquiera si se cambia la forma de gestión política (democracia representativa, dictadura cívico-militar3, asambleas populares). De lo que se trata es de destruir todo cuanto hace necesario que de una u otra forma tengamos que producir valor o perecer.

La revolución que necesitamos es para dejar de ser explotados y oprimidos, es decir seres humanos proletarizados, es por la vida y no por la administración del orden social existente. Aquí en Argentina se hizo pasar la lucha combativa por una mejor vida como lucha por el trabajo, sin patrón a la vista pero trabajo al fin. Así “salvamos la nación”, así también demostramos una vez más -y no lo asumimos como clase- que la vida y el orden social vigente se llevan a las patadas.

Los pequeños emprendimientos productivos para sobrevivir subsumieron la sociabilidad combativa que habíamos generado, convirtiéndose en el sostén de la economía nacional en detrimento de toda posibilidad de superación revolucionaria. Ese autogestionismo fue puesto en marcha por personas sin empleo que no tenían otra forma de conseguir trabajo, así como por trabajadores que tenían que poner a andar el lugar de trabajo luego de la huida del patrón endeudado. En muchos barrios estos proyectos eran parte de una solidaridad de clase palpable, compartiendo en la calle, protestando y solucionando sus problemas sin pedir nada al gobierno. Luego muchos de estos emprendimientos se vieron forzados a solicitar subsidios al Estado para poder sobrevivir. Del mismo modo pedir a “papá Estado” se volvió un motivo de lucha, que a veces precisa de cortes de rutas o calles e incluso enfrentamiento con la policía y otras acordar con las mafias sindicales, patronales, políticas o territoriales, cambiando la forma de la protesta pero no su contenido.

Sabemos que en varios países se insiste una y otra vez con el ejemplo argentino de la autogestión. Para nosotros el gran ejemplo argentino que se vendió al mundo es cómo se logró la canalización de las luchas hacia la producción y el progreso de la economía ¡haciéndolo pasar por lucha combativa! La lucha no debiese ser una herramienta para el uso de la burguesía con la cuál ésta pueda dar vueltas al engranaje y ajustar la máquina del progreso capitalista ¡La lucha en su sentido radical debe ser lo que ponga freno a ese progreso! ¡Es la destrucción del engranaje!

Esperamos que todo esto que les contamos pueda interesarles y de algún modo les sirva. Que sepan que estas propuestas han sido y son un verdadero freno a la furia y creatividad proletaria en los momentos de revueltas. Ahora, si se quiere uno acomodar a los mandatos de la normalidad capitalista, todas estas reflexiones que hemos puesto en común tienen poca importancia. El autogestionismo olvida o quiere hacer olvidar que la explotación reside en las condiciones de producción capitalista y no cesa por cambiar las etiquetas ni mucho menos gracias a buenas intenciones. Ocultar la explotación es ocultar el carácter de clase de la sociedad en que vivimos. Sabemos lo duro que es buscarse la vida, nosotros mismos hemos recurrido a estas prácticas para seguir día a día. Pero también sabemos que la realidad no se transforma trabajando mucho y ganando poco, exigiéndole al Estado que haga de protector y mucho menos relacionándonos con nuestros semejantes como tristes productores y consumidores. Hemos visto a tantos convertirse en su propio patrón, en su propio cronometrador, en publicistas permanentes de sus productos.

Llegado el momento, para cualquier subversión, la única perspectiva posible si se pretende una vida radicalmente distinta para todos, es la perspectiva revolucionaria. Es necesario saber ante qué estamos dando batalla y ante todo, para qué la estamos dando, pues si alguien viene a decirnos que las fábricas tomadas bajo control obrero en Argentina son una experiencia liberadora y de “empoderamiento” de los trabajadores, no podemos más que decir que la explotación del ser humano persiste en esos lugares de producción, aunque sea organizada de forma asamblearia, y sin siquiera poner en cuestión el desarrollo del Capital. Bien lo ha entendido esto la presidente saliente Cristina Kirchner cuando dice que «la Argentina es una gran fábrica recuperada», para ejemplificar que es mediante el sacrificio de las condiciones de vida del proletariado que el capitalismo puede seguir desarrollándose en el país. Bien lo sabe Tsiripas y su coalición de gobierno izquierdista cuando llaman a la movilización del proletariado griego contra las imposiciones de la Unión Europea y la mafia capitalista para finalmente someterlo a un ajuste más duro que incluso al pactado por la burguesía mundial.

Es que precisamente, de lo que estamos hablando es de la vieja lucha de clases, del antagonismo social que solo puede acabar mediante la superación de ésta vida o que puede mantenerse pero con nosotros como combustible fósil para sus motores.

En ésta noche, mientras el viento hace prever que una tormenta se acerca, el impulso hacia una vida plena nos da la certeza de que no hay tiempo para descubrir nuevas formas de gestionar éste mundo de muertos. La necesidad de una vida emancipada de todo lo que nos oprime y destruye, abierta a nuestras posibilidades, contradicciones y deseos ha de ser nuestra única propuesta.

¡Luchemos en todas partes contra el Capital y su Estado!

Los amigos de la negación.
Primavera de 2015 en la región argentina. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Discapacidad, capitalismo y comunismo


Las actuales categorías que definen socialmente a las personas se encuentran a su vez determinadas por las necesidades del capital. En este sentido, nostros/as, como proletarios/as, debemos ser capaces de producir –y consumir– siempre más y más, costando al mismo tiempo cada vez menos para el estado/capital. Así, las personas que no cumplen con tales expectativas capitalistas, suelen ser despreciadas y excluidas tanto de los procesos productivos como del acceso al consumo. Esto es lo que ocurre con las personas ‘discapacitadas’, que quedan así categorizadas por su incapacidad de alimentar los flujos de mercancías. Que algunas veces se haga referencia a ellas como ‘personas con capacidades diferentes’, no constituye más que un eufemismo. Si no existe posibilidad de integración auténtica en la comunidad, y no mera inclusión –principalmente vía subsidios estatales– en las dinámicas del trabajo asalariado y el consumo de mercancías, dinámicas desde las cuales precisamente surge la noción de discapacidad, entonces nombrar de forma menos despectiva a personas con determinadas características físicas y psicológicas supone un paso bastante limitado. Sea cual sea el motivo de su discapacidad, las personas que la presentan son consideradas como una carga social (para el estado, la familia, etc.). Sólo esporádicamente se despierta la compasión del resto de las personas ‘normales’ hacia ellas, a través sobre todo de la exposición morbosa de sus problemas por los medios de masas, tal como ocurre en chile con el show de la Teletón. Show que, dicho sea de paso, ejerce un claro rol de control ideológico y canalización de la solidaridad proletaria, al mismo tiempo que representa una lucrativa oportunidad de negocio para las empresas involucradas (aumentan sus ganancias y multiplican su publicidad). 

Toda esta problemática no es común encontrarla en los medios de expresión críticos  al estado/capital, más allá de la denuncia puntual de la repugnante forma en que se presenta la caridad burguesa y de las condiciones de vida muchas veces humillantes de los/as discapacitados/as. En este marco, el texto que difundimos a continuación, publicado originalmente en el sitio libcom.org hace unos años,  sugiere una perspectiva general desde la cual abordar el asunto (que requiere un debate mayor en mucho puntos, algunos de los cuales seguramente no estarán exentos de profundas polémicas), desde la cual las conclusiones que se pueden extraer son necesariamente radicales. Si la discapacidad se define por las relaciones sociales capitalistas, entonces sólo será posible acabar con ella si se destruye y supera el capitalismo mismo. De esta manera, el comunismo, entendido a la vez como movimiento que subvierte las condiciones actuales de miseria y como comunidad humana liberada, sin explotación humana ni mercantilización de la vida, se nos presenta como la base para suprimir la discapacidad. Sólo una comunidad en la que todos/as puedan libremente expresar su potencial individual y contribuir efectivamente al bienestar colectivo, y que al mismo tiempo sea capaz de satisfacer todas las necesidades humanas, las que son tan diversas como la humanidad misma, puede genuinamente garantizar la integración real de todos/as, sin homogeneizarnos ni reducirnos en el intento. Esto es, el comunismo, la anarquía, que es hacia donde han apuntado, de forma más o menos consciente, las luchas históricas del proletariado.
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Comunismo: El movimiento real para abolir la discapacidad.

Las ideas dominantes de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época. Como revolucionarios/as esto lo sabemos y, por tanto, debemos estar constantemente alertas respecto de las formas en que tales ideas influencian y limitan nuestras propias concepciones acerca de cómo son las cosas, y hacia donde debieran marchar. Tenemos consciencia de que en nuestra cultura popular es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. En el medio revolucionario, solemos rechazar –con distinto grado de éxito– la universalidad del trabajo asalariado, el estado, la familia nuclear, etc. En este texto deseo enfocarme en un área que la mayoría de los/as revolucionarios/as nunca incluye en sus análisis de la economía política: la discapacidad. Ésta, argumentaré, es una característica de las actuales relaciones sociales, que es específica al capitalismo, que no desaparecerá mientras este sistema persista y, finalmente, que el comunismo presenta la respuesta al problema. De esta manera, ubico firmemente a la discapacidad en ‘el estado de cosas actual’ que, como Marx decía, los comunistas debían buscar abolir. 

¿Qué es la discapacidad?

La discapacidad es a menudo tácitamente entendida como una categoría que agrupa a personas cuyos cuerpos o mentes son, de alguna manera, defectuosos. Tenemos una cierta concepción acerca de cómo los cuerpos y las mentes deberían ser, y aquellas personas que se desvían demasiado de aquel modelo son llamadas discapacitadas. La discapacidad es usualmente pensada en términos de lo que las personas son o no capaces de hacer: ver, concentrarse, caminar, comunicarse, etc. En este sentido, la gente discapacitada no puede hacer alguna cosa demasiado importante.  Su capacidad de funcionamiento se encuentra dañada.

Esta concepción de discapacidad posee dos importantes supuestos. Primero, asume que existe algún conjunto ‘natural’ de características que las personas no-defectuosas poseerían, y cuyas desviaciones son entonces llamadas discapacidades. Segundo, que la sociedad es, en algún sentido universal, un lugar donde para que una persona viva de manera óptima, debe ser capaz de hacer todas las cosas que la reificación no-discapacitada ‘Hombre Modelo’ (y tal reificación es un varón) puede hacer, y que quienes no puedan hacerlas, presentan algún tipo de problema y necesitan, alternativamente, ser gestionados, cuidados e ignorados. Pero, ¿de dónde provienen tales supuestos?

El ‘Hombre Modelo’ es una figura elusiva. Él es usualmente sólo visible mediante la inspección de su opuesto. Mediante la observación de que una persona sorda no puede oír y que una persona con fatiga necesita 11 horas para dormir, sabemos entonces que el ‘Hombre Modelo’ puede oír y le bastan ocho horas en una noche para descansar. Pero respecto al porqué este ‘Hombre Modelo’ debe ser capaz de oír, no podemos decir nada. Estas dos características del ‘Hombre Modelo’ son bastantes universales en todo el mundo capitalista. Pero otras son mucho más variables. Por ejemplo, en algunas partes del mundo el ‘Hombre Modelo’ considera que conocer gente nueva y cambiarse de empleos y casas le viene bien. Sabemos esto al examinar patologías tales como el ‘trastorno de ansiedad social’, que están en parte caracterizadas precisamente por no hacer tales cosas. Pero en otras partes del mundo, dichas patologías no son evidentes y, por lo mismo, nuestro ‘Hombre Modelo’ no posee tales características, ni tampoco carece de ellas.

Entonces, ¿dónde está la clave de esta extraña entidad metafísica definida sólo a través de las desviaciones con respecto a ella? El ‘Hombre Modelo’ es, por supuesto, el trabajador ideal tal como ha sido definido por las necesidades del capital en algún momento dado y en algún lugar determinado. Es negativamente definido porque al capital no le interesa la naturaleza de los/as trabajadores/as individuales, o de los/as trabajadores/as como individuos. El deber de estos/as es ser capaces de hacer ciertas cosas por determinados periodos de tiempo. Todo lo demás sobre ellos/as es irrelevante para las necesidades del capital. Deben ser capaces de vender su trabajo de acuerdo a las necesidades de un segmento suficientemente amplio de la clase patronal, para que puedan cumplir su rol como mercancías dentro del mercado laboral. Deben también ser capaces de ‘reproducirse’ a sí mismos/as (comer, descansar, asearse, relajarse, etc.) por el costo de los salarios que pueden exigir y en el tiempo en que no se encuentran vendiendo su capacidad de trabajo. Deben, además, tomar parte en la adquisición de mercancías para que el capitalismo se reproduzca a sí mismo, mercancías que abarcan desde la vivienda, pasando por la industria del entretenimiento, hasta los seguros. Aquellos cuerpos y mentes que no se ajustan a las tareas involucradas en llevar a cabo dichas funciones, presentan entonces discapacidades. No se muestran acordes con las exigencias del capital. Para ilustrar esto, usando el ejemplo final del párrafo anterior, el ‘trastorno de ansiedad social’ se cruza hoy en el camino de la venta de fuerza de trabajo en Gran Bretaña, debido a las demandas del capital para que seamos capaces de movernos rápida y fácilmente, en virtud de hacer muchas labores en varias industrias, interactuando de forma “amistosa” con personas extrañas. Existen bastantes comunidades en el mundo donde casi ninguna de las labores asalariadas involucra tales cosas, y en dichas comunidades no hay por tanto necesidad de la idea de ‘trastorno de ansiedad social’, lo cual de hecho se ve reflejado en la práctica médica. No es posible conseguir un diagnóstico de este trastorno en la mayor parte de China, por ejemplo (aunque esto podría no durar mucho). Para dar otro ejemplo, la explosión en Gran Bretaña de diagnósticos de trastornos específicos de aprendizaje, tales como la dislexia, ha ido de la mano con la creciente demanda de trabajadores/as más letrados/as y con conocimientos de aritmética, y con la creciente dificultad que tienen los/as trabajadores/as para reproducirse a sí mismos/as (en el sentido antes mencionado) fuera del trabajo, sin esas habilidades.

Debemos también hacer notar otra implicancia del hecho de que el ‘Hombre Modelo’ sea definido negativamente. Ser capaz de hacer las cosas bien, o hacer cosas que la mayoría de la gente no puede hacer, no tiene nada que ver con la discapacidad. Esta se refiere a lo que una persona no puede hacer. Las implicancias de esto son demasiado importantes, tal como veremos más adelante cuando examinemos la primera mitad de la máxima “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

El fracaso del reformismo

En la noción reformista de discapacidad, todo el problema se reduce a un problema de inclusión. La categoría básica de ‘discapacitado/a’ se toma como dada (o natural), y la tarea de los reformadores es lograr cambios en las instituciones, en las construcciones, etc., requeridos por las personas discapacitadas para poder comenzar a acercarse al nivel de acceso que las personas no discapacitadas pueden tener. En la jerga técnica del movimiento, ‘ajustes razonables’ deben hacerse para que las personas deterioradas (con características tales como enfermedades crónicas, autismo, síndrome de Down, o lo que sea) no se vean impedidas en el acceso a las cosas que las personas no deterioradas adquieren más fácilmente. El grado en que ellas no pueden acceder a tales cosas sobre una base equitativa corresponde al grado en que se encuentran discapacitadas.

Como es usual, el examen revolucionario del enfoque reformista tiene una gran simpatía con sus objetivos, pero también ve las fuerzas que contradicen los mismos y que, llegado cierto punto, los derrotarán. Nuestro fin es remover esas fuerzas, no luchar una interminable batalla contra ellas. Si, tal como hemos visto, las personas discapacitadas son personas que, como grupo, no pueden ser fácilmente integradas dentro de las lógicas del capital, entonces sus luchas por igualdad llegarán tan sólo hasta el punto en que el capital golpee de vuelta.

Por supuesto, la aproximación reformista podrá obtener victorias. De hecho, el reformismo a menudo apela al buen funcionamiento del capital para lograrlas. Por ejemplo, en el Reino Unido, un programa llamado “acceso al trabajo” ha ayudado a las personas discapacitadas a encontrar empleo mediante la financiación de equipamiento, cambios en los edificios, etc., que hacen que la fuerza de trabajo de determinadas personas con discapacidad eleve su valor para que puedan competir en el mercado laboral con las personas sin discapacidad. Ilustremos de forma sencilla cómo funciona esto: no tiene ningún sentido para una compañía contratar a un usuario de silla de ruedas si su edificio no posee ningún acceso adecuado, y no tiene sentido tampoco gastar dinero en construir una rampla si un trabajador similar puede ser contratado en su lugar. Pero si el estado paga por las ramplas, entonces la persona en silla de ruedas representa un buen valor para el empleador en el mercado laboral. El estado también gana en este negocio, ya que a través del acceso al trabajo se desplaza a las personas de los beneficios sociales a las labores asalariadas, y el sistema se paga a sí mismo mediante los ingresos fiscales (impuestos) de la gente discapacitada que ya consiguió empleo por sí misma. Sin embargo, cuando hay un exceso de oferta de mano de obra desocupada y cuando el estado recorta beneficios sociales a personas discapacitadas de todos modos, la lógica del sistema se rompe ya que los no-discapacitados están ahí para hacer las cosas sin gastar el dinero del estado, y la gente discapacitada está ‘costando’ menos de todas formas. Dado que aquellas son las condiciones actuales que estamos viviendo, el acceso al trabajo comienza a esfumarse.

No deberíamos, por supuesto, negar la relevancia del hecho de que las personas discapacitadas ganen concesiones desde el estado. La dinámica no es una simplemente, correspondiente al estado gestionando a las personas discapacitadas para maximizar las ganancias de los patrones. Las personas discapacitadas, como la clase obrera en general, luchan y ganan concesiones y, al hacerlo, alteran el funcionamiento del capitalismo. Pero cuando tales concesiones comienzan a obstaculizar el funcionamiento del capital, se torna extremadamente difícil defenderlas. En tiempos como los nuestros, cuando las condiciones de toda la clase trabajadora se encuentran bajo ataque, no sería una sorpresa que aquellos sectores de la misma menos integrados al capital sean los más fuertemente golpeados, y esto incluye a las personas discapacitadas.  

Finalmente, vale la pena hacer notar que mientras las personas discapacitadas ganan más y más concesiones desde el estado debido a su deseo de participación en igualdad de condiciones en la sociedad capitalista, más dependientes se hacen de este, y cuando -como inevitablemente ocurre- el estado revierta sus victorias, serán golpeadas mucho más fuertemente. Aquellas contradicciones dentro del movimiento pro derechos para las personas discapacitadas deben conducirnos a buscar soluciones más radicales al problema.

La abolición de la discapacidad

La abolición de la discapacidad ha sido un objetivo de muchos movimientos sociales y fantasías populares bajo el capitalismo. Abundan ejemplos. La eugenesia tuvo su apogeo en la Alemania Nazi, pero precede significativamente al nazismo constituyendo una tendencia que todavía permanece con nosotros en intentos como los de asegurarnos de que no nazcan niños/as con síndrome de Down (mediante el escaneo y el aborto de los fetos), de ‘gestionar’ el comportamiento sexual de las personas con profundas dificultades de aprendizaje o condiciones de salud mental alteradas, o con el asesinato disfrazado de eutanasia. Menos despreciables, pero estructuralmente similares, son las tecno-fantasías que imaginan que con el avance de la ciencia médica, nadie en el futuro será una persona discapacitada.

Lo que estas aproximaciones tienen en común es que ninguna de ellas busca acabar con la discapacidad, sino que desean acabar con las personas discapacitadas. Ya que la discapacidad no es simplemente una colección de individuos, sino una característica de las relaciones sociales capitalistas, dichos enfoques están condenados a fracasar independientemente de qué tan moralmente aceptables los encontremos.

Si la discapacidad es una característica particular al capitalismo, y si el comunismo abolirá al capitalismo, se sigue entonces que el comunismo también abolirá la discapacidad. Pero, ¿cómo hacemos esto? Es siempre peligroso esbozar, incluso en los más amplios términos, las posibles sociedades futuras. Sin embargo, podemos arriesgar unos pocos comentarios explicando por qué la discapacidad no puede existir en el comunismo. Partiendo de la base de que una sociedad comunista se caracterizaría por la autogestión de la producción y la vida en general, y en la cual se aplicaría el lema ‘de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades’, es posible ver cómo la discapacidad puede ser eliminada.

Es fácil ver como la frase ‘a cada cual según sus necesidades’ debiera abolir un aspecto de la discapacidad. Si la producción se basa en nuestras necesidades en lugar del lucro, no hay razón por la cual no debiéramos elegir producir edificios, equipos, tecnologías, etc., que se encuentren diseñados sobre el supuesto de que la variabilidad física y psicológica es parte normal de las sociedades humanas, y que por tanto corresponde tomarla completamente en cuenta cuando se producen cosas para el uso de las personas.

La frase ‘de cada cual según sus capacidades’ trata de forma menos obvia con la discapacidad, pero es de hecho más fundamental para entender porqué el comunismo puede abolirla. Tal como hemos visto, la discapacidad es definida por la incapacidad de las personas para hacer ciertas cosas que, como buenos/as trabajadores/as, debieran hacer. Bajo el capitalismo los/as trabajadores/as son intercambiables. Para nosotros/as, sólo está permitido producir (o, según el caso, consumir) en formas diseñadas para incrementar las ganancias. En una sociedad en la cual la producción se encontrara autogestionada, sería inconcebible impedir que las personas contribuyesen sobre la base de lo que ellas no pudieran hacer, cuando existiría un sinnúmero de cosas que ellas sí podrían realizar. En sociedades con menos abundancia que aquellas inmersas dentro del capitalismo occidental, simplemente no hay un excedente que permita a las personas no contribuir, aunque a menudo esto se presente en terroríficas formas de explotación. El capitalismo ha creado tanto el excedente necesario como una lógica de producción propia para impedir, a la gente discapacitada en particular, y a la clase obrera en general, contribuir total o parcialmente. El comunismo, a través de la autogestión de la producción de acuerdo al principio de que las personas contribuyan en la forma que sean más capaces, supera la práctica excluyente del capitalismo y la alienación sobre la que la producción capitalista se encuentra construida. La integración plena y equitativa de todas las personas en la reproducción de la sociedad, independientemente de factores tales como el deterioro o la discapacidad, es sin duda la meta del comunismo y el fundamento de una sociedad en la que el libre desarrollo de cada uno/a es condición del libre desarrollo de todos/as. 

Por RedEd
Mayo, 2011.

Traducción nuestra del artículo publicado originalmente en el sitio LibCom.org (http://libcom.org/library/communism-real-movement-abolish-disability
Grupo editor de la publicación “Anarquía & Comunismo”.

lunes, 28 de septiembre de 2015

"Anarquía & Comunismo" Nº 3


En este número:

- La vieja y olvidada lucha de clases

- Balas contra la barricada

- Comunismo y Anarquía por la Abolición del trabajo asalariado y la mercancía

- No es lo mismo pero es igual. Nuevamente anarquía y comunismo


Números anteriores:


NO ES LO MISMO PERO ES IGUAL. 
Nuevamente anarquía y comunismo.

Romper con las ataduras ideológicas para aportar al desarrollo de una teoría revolucionaria coherente y efectiva, constituye una necesidad que cobra cada vez mayor fuerza para quienes se implican en el combate anticapitalista. En dicho esfuerzo, sin embargo, nos encontraremos con la resistencia de aquellos que hacen de las diversas corrientes y referentes teóricos tan sólo una capilla en la cual encontrar cobijo. De esta manera, conceptos cuya íntima relación se presenta con claridad a través tanto de la experiencia histórica de las luchas del proletariado en todo el mundo, como de la reflexión consciente sobre sus contenidos, han mutado prácticamente en antónimos. 

Tal nefasto proceso se ve tristemente ejemplificado con las nociones de comunismo y anarquía, que en el sentido común izquierdista suelen denotar tendencias ideológicas prácticamente antagónicas. Si bien tal divergencia tiene una base histórica en el seno del movimiento proletario, su mantención en el tiempo se debe principalmente a dinámicas propias de la ideología, lo que lleva a que en lugar de la búsqueda de una interacción fecunda entre teoría y práctica revolucionaria, se limiten los esfuerzos teóricos y militantes a demostrar la superioridad de una tendencia por sobre la otra (proceso que se replica en todas las escalas, teniendo así como resultado decenas de sectas marxistas arrogándose ser la encarnación verdadera del “marxismo”, y otras tantas anarquistas sumidas en iguales lógicas). Pretender una práctica revolucionaria anti-estatal y anti-capitalista a partir de tal estado de cosas supone, en el mejor de los casos, una ingenuidad que tiene a la derrota como casi único destino. 

Pero para enfrentar esto, tampoco se trata de llamar a la unidad de posiciones cuyos mismos fundamentos se hallan en la separación, sino de fomentar la negación de tales lógicas (de acción y reflexión) y, simultáneamente, superar las falsas dicotomías que se dan en el terreno fangoso de la ideología, para contribuir a retomar y profundizar la teoría revolucionaria del proletariado, para sus luchas de auto-abolición como clase explotada, contra la dictadura de la economía por sobre nuestras vidas y así abrirnos paso a la construcción de una comunidad humana auténticamente liberada.

En este camino, nos encontramos con compañeros/as que apuntan sus esfuerzos en tareas similares. Es así como los compas de “Proletarios Revolucionarios” (1) en el siguiente fragmento (aquí levemente modificado) abordan críticamente la aparente dicotomía entre comunismo y anarquía, dando respuesta a varios argumentos que suelen esgrimirse para afirmarla, respuestas que a su vez, dan paso también a variadas y profundas discusiones. Lo a continuación citado es parte de un texto mayor en el cual realizan una autocrítica de un documento anterior, escrito por ellos mismos, en el cual se referían, en el contexto de la conmemoración del primero de mayo, al trabajo asalariado y temáticas derivadas.

"(...) A propósito de lo anterior, alguna gente nos ha “criticado” que nos llamemos “comunistas-anarquistas”, que “comunismo y anarquismo son contrarios”, que “cómo es posible que sean anarquistas y propongan la dictadura del proletariado”, etc., etc. Frente a lo cual, responderemos lo que ya han respondido y aclarado otros compañeros al respecto (Los compañeros de RAP/MASA y de Cuadernos de Negación publicaron hace pocos años dos excelentes materiales al respecto: "Marxismo y teoría revolucionaria, parte 1. La superación situacionista de la falsa dicotomía marxismo/anarquismo" y "¿Comunismo? ¿Anarquía?", respectivamente. También recomendamos la lectura del Capítulo 4 de "La Sociedad del Espectáculo" de Guy Debord).

Primero, que comunismo y anarquismo, históricamente hablando, son expresiones del mismo movimiento: el movimiento real del proletariado por negar y suprimir el orden capitalista. Los revolucionarios de siempre se han denominado indistintamente comunistas, anarquistas e incluso “liberales” (como Flores Magón); pero lo realmente importante y determinante no ha sido eso, en lo absoluto, sino su praxis revolucionaria militante contra el enemigo común: el capital. Lo de comunistas-guión-anarquistas acaso sea una forma de rendir homenaje y recoger toda la riqueza de nuestro movimiento histórico único, de nuestro “partido histórico” (donde Marx, Bakunin y todos los “marxistas” y “anarquistas” posteriores no son “dioses” ni “genios”, sino compañeros históricos con sus aciertos y sus errores, de los cuales hay que hacer el respectivo balance crítico y aprendizaje militante con cabeza propia).

Segundo, el planteamiento de la dictadura revolucionaria del proletariado no es un “invento de Marx”, sino una necesidad histórica y concreta “descubierta” y afirmada en la misma guerra de clases por el proletariado revolucionario de siempre y de todo lugar: no sólo por los “marxistas”, sino que tanto Bakunin como los anarquistas realmente revolucionarios en la españa del 36 y el 37 que llegaron a plantear la necesidad de una "junta revolucionaria" (e incluso se habló de "dictadura anarquista"). Mas lo importante aquí es el contenido y lo de fondo –no la forma ni la denominación: la necesidad de ejercer la dictadura social de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o del capital hasta abolirlo, lo que va de la mano de la necesidad de destruir el Estado burgués o aplastar violentamente la contrarrevolución, a fin de instaurar y desplegar la verdadera comunidad humana mundial, la sociedad sin propiedad privada ni trabajo asalariado, sin clases ni estado ni naciones; esto es, el comunismo o la anarquía. Jamás debemos olvidar que estamos en guerra de clases y que el poder lo tiene la revolución o lo tiene la contrarrevolución.

Tercero, no existe un “comunismo autoritario” ni un “comunismo libertario” más que ideológicamente, es decir, en las cabezas de aquellos que viven ideológicamente o alienados por y en la ideología. Muy por el contrario, en tanto que sociedad sin clases y sin estado, comunismo y anarquía vienen a ser términos sinónimos, sin adjetivos, y así es precisamente como los entendemos y los usamos.

Cuarto, la división entre comunismo y anarquismo es ideológica y contraproducente, porque, aparte de falsa, divide a nuestra clase en su lucha única y común contra el capital; mejor dicho, es una división perpetrada por la contrarrevolución capitalista y desgraciadamente reproducida y mantenida por los mismos revolucionarios (quienes, al hacer esto, más bien le estarían haciendo un favor a la contrarrevolución, tanto los “anarquistas” como los “marxistas”). Por tanto, lo revolucionario es criticar y superar esa falsa dicotomía ideológica en el seno de nuestra clase, sobre todo en el seno de las minorías revolucionarias. En efecto, a nosotros no nos interesa ni el comunismo ni el anarquismo como “ismos” o ideologías, sino la teoría-práctica revolucionaria del proletariado y para el proletariado, como arma para nuestra autoemancipación.

Y quinto, lo que hace revolucionarios a los revolucionarios no es su “identidad” ni mucho menos sus nombres o sus siglas (¡!), sino su praxis de ruptura revolucionaria permanente y militante con el orden establecido. Entonces, podremos cambiarnos de nombres o de siglas cuantas veces queramos o cuantas veces sea necesario (incluso por seguridad), pero lo que no cambiaremos es nuestra praxis revolucionaria y por tanto nuestro ser comunista y/o anárquico.”

Nota:
1. Proletarios Revolucionarios es un grupo de agitación, teoría y comunicación revolucionaria del territorio Ecuatoriano, en su blog se pueden encontrar diversas noticias y reflexiones de la situación nacional Ecuatoriana e internacional, ademas de varias publicaciones de tendencia comunista-anárquica. Desde nuestra publicación recomendamos y alentamos su lectura y difusión.

jueves, 14 de mayo de 2015

ANTI-CAPITAL: Nueva publicación comunista anárquica desde $hile

Nos ronda una urgencia ¡Esta realidad no da para más!

Y según nos damos cuenta no somos poc@s quienes nos percatamos de ésto. Incluso algún optimista diría (y quizás muchas veces llegamos a pensarlo) que el mundo capitalista se cae a pedazos: la falta de credibilidad institucional, las crisis económicas y sociales, las revueltas, sin olvidar aquellos innumerables compañeros y compañeras que a lo largo del globo se multiplican, con fuerzas y debilidades (políticas y practicas), y asumen nuestro lado de la barricada; son muchas las “señales” de que el decaimiento de esta sociedad se encuentra en un punto donde quizás no pueda dar vuelta atrás. Aun así, lamentablemente para nosotr@s, el proletariado, la cuestión no es tan simple. La burguesía ha sabido históricamente hacer frente a las distintas crisis que el desarrollo mismo del capital a creado y ha sabido como salir de los obstáculos que tanto nuestra clase luchando, como su realidad orgánica misma, le han presentado (aunque esto signifique interrumpir la paz social de la que tanto hablan y enviar al infierno de la guerra a toda la población proletaria sobrante y así de paso “reactivar la economía”).

Si bien las leyes mismas de la acumulación capitalista le imponen su propio limite histórico a este sistema social, nadie puede afirmar que esta sea la crisis definitiva y final que la critica a la economía política muy bien supo plantear. Pero algo puede marcar la diferencia, y es de hecho quizás, la única “esperanza” posible, y esta es nuestra capacidad humana de poder revertir la situación, de constituirnos los explotados como fuerza social, detener y .aplastar la maquina que permite el normal funcionamiento capitalista y poder ser capaces de crear una nueva y liberadora forma de relación social. El conjunto de la clase explotada, dada su necesidad de superar definitivamente al mundo capitalista que le impone todas sus miserias, es a la vez portador histórico del mundo nuevo que vive fuera de todos los limites que el intercambio mercantil impone a toda la sociedad y por ende radica en su capacidad de comprenderse y actuar como tal la posibilidad de hacer realidad esto.

Esta publicación es una apuesta por eso. Los hechos actuales nos demuestran como la inconformidad aumenta a pasos cada vez mas grandes y hemos visto como el campo revolucionario (aunque no sin profundas debilidades) ha visto su aumento también; hemos sido testigos del movimiento estudiantil, de la revuelta de Aysén, el ancestral conflicto mapuche, del desarrollo del movimiento anarquista, el “nuevo sindicalismo” y el resurgimiento de la ultra izquierda tradicional. Posiblemente esto no parará acá. Aun así el movimiento real que subvierte las condiciones de nuestra existencia no ha sabido ser capas de constituirse como fuerza organizada, como comunidad de lucha y poder desde esta unidad hacer realmente frente a esta realidad de miseria. Aislados cada uno en nuestros discursos y espacios de actividad no podemos dejar de fundirnos en el mar de la alienación total.

¡Y para hacer frente a esto la comunicación y la producción de teoría revolucionaria son cuestiones fundamentales! El activismo ha demostrado con los hechos ser la otra cara de la alienación en su faceta política (su contra cara el teoricismo) y embobados en el frenesí de la coyuntura somos incapaces de crear espacios de comunicación y balance ¡Esta es nuestra contribución a aquello! Estamos convencidos de que esta falta de constitución en fuerza pasa principalmente por no comprender esta unidad del proletariado (unidad no en su sentido vulgar, de asociación de gremios, de obreros y estudiantes, de “minorías”, en definitiva, del frentepopulismo) desde donde radica toda su fuerza.

Compañeros, compañeras ¡a publicar y debatir! ¡Es en el intercambio de experiencias, criticas y posiciones donde está la riqueza y la fuerza del movimiento de la revolución! ¡A tejer redes, son las formas embrionarias donde la autonomía de nuestra clase puede germinar!

¡Por el comunismo y la anarquía!

Algunos anticapitalistas, Mayo 2015

En este número:
* 1 de mayo, más de 100 años después.
* ¿Alguien dijo corrupción? Breves reflexiones frente a la polémica.
* IIRSA: logística capitalista y proyectos de modernización portuaria en la región chilena.
* La colonización es total: el imperialismo de hoy es el imperio de la mercancía.
* A Cristóbal Cornejo.
* Breves apuntes sobre la catástrofe en el norte de Chile.
* Condena de 7 años a Tamara Sol.
* Nueva Mayoría refuerza Estado policial con paquete de medidas represivas.
* Los tentáculos de Octopus y las luchas por el espacio en el Biobio.

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martes, 7 de abril de 2015

Presentación "Cuadernos de Negación" en Santiago y Valpo

Se invita a las siguientes actividades que se realizarán junto a los compañeros de Cuadernos de Negación (Argentina). Esperamos su asistencia, cooperación y difusión.

Charla/presentación:

Presentación del Cuaderno nro 9:
Contra la economización de la vida.

"Si bien la mercancía, el Capital y el valor no explican absolutamente todo en esta sociedad, sin ellos no podemos comprender nada. La crítica de la economía, como podría suponerse, no deja de lado la política, la religión, la ciencia y demás dimensiones de esta sociedad, sino que, por el contrario, nos permite comprenderlas en cuanto parcialidades de la totalidad que conforman.

La contraposición que queremos enunciar es tajante: no nos dedicaremos a la economía en cuanto parcialidad, en cuanto disciplina. Se trata de la lucha contra la economización de la vida, de la contraposicón práctica entre las necesidades humanas y las necesidades de valorización del Capital"


Santiago Jueves 9 de abril 19:00 hrs.
CFT (www.facebook.com/cefetec) 

Valparaíso Sábado 11 de abril 16:00 hrs.
Espacio comunitario "Los Lecheros", Pje. Petorca al fondo, Cerro Los Lecheros.