miércoles, 25 de noviembre de 2015

Discapacidad, capitalismo y comunismo


Las actuales categorías que definen socialmente a las personas se encuentran a su vez determinadas por las necesidades del capital. En este sentido, nostros/as, como proletarios/as, debemos ser capaces de producir –y consumir– siempre más y más, costando al mismo tiempo cada vez menos para el estado/capital. Así, las personas que no cumplen con tales expectativas capitalistas, suelen ser despreciadas y excluidas tanto de los procesos productivos como del acceso al consumo. Esto es lo que ocurre con las personas ‘discapacitadas’, que quedan así categorizadas por su incapacidad de alimentar los flujos de mercancías. Que algunas veces se haga referencia a ellas como ‘personas con capacidades diferentes’, no constituye más que un eufemismo. Si no existe posibilidad de integración auténtica en la comunidad, y no mera inclusión –principalmente vía subsidios estatales– en las dinámicas del trabajo asalariado y el consumo de mercancías, dinámicas desde las cuales precisamente surge la noción de discapacidad, entonces nombrar de forma menos despectiva a personas con determinadas características físicas y psicológicas supone un paso bastante limitado. Sea cual sea el motivo de su discapacidad, las personas que la presentan son consideradas como una carga social (para el estado, la familia, etc.). Sólo esporádicamente se despierta la compasión del resto de las personas ‘normales’ hacia ellas, a través sobre todo de la exposición morbosa de sus problemas por los medios de masas, tal como ocurre en chile con el show de la Teletón. Show que, dicho sea de paso, ejerce un claro rol de control ideológico y canalización de la solidaridad proletaria, al mismo tiempo que representa una lucrativa oportunidad de negocio para las empresas involucradas (aumentan sus ganancias y multiplican su publicidad). 

Toda esta problemática no es común encontrarla en los medios de expresión críticos  al estado/capital, más allá de la denuncia puntual de la repugnante forma en que se presenta la caridad burguesa y de las condiciones de vida muchas veces humillantes de los/as discapacitados/as. En este marco, el texto que difundimos a continuación, publicado originalmente en el sitio libcom.org hace unos años,  sugiere una perspectiva general desde la cual abordar el asunto (que requiere un debate mayor en mucho puntos, algunos de los cuales seguramente no estarán exentos de profundas polémicas), desde la cual las conclusiones que se pueden extraer son necesariamente radicales. Si la discapacidad se define por las relaciones sociales capitalistas, entonces sólo será posible acabar con ella si se destruye y supera el capitalismo mismo. De esta manera, el comunismo, entendido a la vez como movimiento que subvierte las condiciones actuales de miseria y como comunidad humana liberada, sin explotación humana ni mercantilización de la vida, se nos presenta como la base para suprimir la discapacidad. Sólo una comunidad en la que todos/as puedan libremente expresar su potencial individual y contribuir efectivamente al bienestar colectivo, y que al mismo tiempo sea capaz de satisfacer todas las necesidades humanas, las que son tan diversas como la humanidad misma, puede genuinamente garantizar la integración real de todos/as, sin homogeneizarnos ni reducirnos en el intento. Esto es, el comunismo, la anarquía, que es hacia donde han apuntado, de forma más o menos consciente, las luchas históricas del proletariado.
______________

Comunismo: El movimiento real para abolir la discapacidad.

Las ideas dominantes de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época. Como revolucionarios/as esto lo sabemos y, por tanto, debemos estar constantemente alertas respecto de las formas en que tales ideas influencian y limitan nuestras propias concepciones acerca de cómo son las cosas, y hacia donde debieran marchar. Tenemos consciencia de que en nuestra cultura popular es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. En el medio revolucionario, solemos rechazar –con distinto grado de éxito– la universalidad del trabajo asalariado, el estado, la familia nuclear, etc. En este texto deseo enfocarme en un área que la mayoría de los/as revolucionarios/as nunca incluye en sus análisis de la economía política: la discapacidad. Ésta, argumentaré, es una característica de las actuales relaciones sociales, que es específica al capitalismo, que no desaparecerá mientras este sistema persista y, finalmente, que el comunismo presenta la respuesta al problema. De esta manera, ubico firmemente a la discapacidad en ‘el estado de cosas actual’ que, como Marx decía, los comunistas debían buscar abolir. 

¿Qué es la discapacidad?

La discapacidad es a menudo tácitamente entendida como una categoría que agrupa a personas cuyos cuerpos o mentes son, de alguna manera, defectuosos. Tenemos una cierta concepción acerca de cómo los cuerpos y las mentes deberían ser, y aquellas personas que se desvían demasiado de aquel modelo son llamadas discapacitadas. La discapacidad es usualmente pensada en términos de lo que las personas son o no capaces de hacer: ver, concentrarse, caminar, comunicarse, etc. En este sentido, la gente discapacitada no puede hacer alguna cosa demasiado importante.  Su capacidad de funcionamiento se encuentra dañada.

Esta concepción de discapacidad posee dos importantes supuestos. Primero, asume que existe algún conjunto ‘natural’ de características que las personas no-defectuosas poseerían, y cuyas desviaciones son entonces llamadas discapacidades. Segundo, que la sociedad es, en algún sentido universal, un lugar donde para que una persona viva de manera óptima, debe ser capaz de hacer todas las cosas que la reificación no-discapacitada ‘Hombre Modelo’ (y tal reificación es un varón) puede hacer, y que quienes no puedan hacerlas, presentan algún tipo de problema y necesitan, alternativamente, ser gestionados, cuidados e ignorados. Pero, ¿de dónde provienen tales supuestos?

El ‘Hombre Modelo’ es una figura elusiva. Él es usualmente sólo visible mediante la inspección de su opuesto. Mediante la observación de que una persona sorda no puede oír y que una persona con fatiga necesita 11 horas para dormir, sabemos entonces que el ‘Hombre Modelo’ puede oír y le bastan ocho horas en una noche para descansar. Pero respecto al porqué este ‘Hombre Modelo’ debe ser capaz de oír, no podemos decir nada. Estas dos características del ‘Hombre Modelo’ son bastantes universales en todo el mundo capitalista. Pero otras son mucho más variables. Por ejemplo, en algunas partes del mundo el ‘Hombre Modelo’ considera que conocer gente nueva y cambiarse de empleos y casas le viene bien. Sabemos esto al examinar patologías tales como el ‘trastorno de ansiedad social’, que están en parte caracterizadas precisamente por no hacer tales cosas. Pero en otras partes del mundo, dichas patologías no son evidentes y, por lo mismo, nuestro ‘Hombre Modelo’ no posee tales características, ni tampoco carece de ellas.

Entonces, ¿dónde está la clave de esta extraña entidad metafísica definida sólo a través de las desviaciones con respecto a ella? El ‘Hombre Modelo’ es, por supuesto, el trabajador ideal tal como ha sido definido por las necesidades del capital en algún momento dado y en algún lugar determinado. Es negativamente definido porque al capital no le interesa la naturaleza de los/as trabajadores/as individuales, o de los/as trabajadores/as como individuos. El deber de estos/as es ser capaces de hacer ciertas cosas por determinados periodos de tiempo. Todo lo demás sobre ellos/as es irrelevante para las necesidades del capital. Deben ser capaces de vender su trabajo de acuerdo a las necesidades de un segmento suficientemente amplio de la clase patronal, para que puedan cumplir su rol como mercancías dentro del mercado laboral. Deben también ser capaces de ‘reproducirse’ a sí mismos/as (comer, descansar, asearse, relajarse, etc.) por el costo de los salarios que pueden exigir y en el tiempo en que no se encuentran vendiendo su capacidad de trabajo. Deben, además, tomar parte en la adquisición de mercancías para que el capitalismo se reproduzca a sí mismo, mercancías que abarcan desde la vivienda, pasando por la industria del entretenimiento, hasta los seguros. Aquellos cuerpos y mentes que no se ajustan a las tareas involucradas en llevar a cabo dichas funciones, presentan entonces discapacidades. No se muestran acordes con las exigencias del capital. Para ilustrar esto, usando el ejemplo final del párrafo anterior, el ‘trastorno de ansiedad social’ se cruza hoy en el camino de la venta de fuerza de trabajo en Gran Bretaña, debido a las demandas del capital para que seamos capaces de movernos rápida y fácilmente, en virtud de hacer muchas labores en varias industrias, interactuando de forma “amistosa” con personas extrañas. Existen bastantes comunidades en el mundo donde casi ninguna de las labores asalariadas involucra tales cosas, y en dichas comunidades no hay por tanto necesidad de la idea de ‘trastorno de ansiedad social’, lo cual de hecho se ve reflejado en la práctica médica. No es posible conseguir un diagnóstico de este trastorno en la mayor parte de China, por ejemplo (aunque esto podría no durar mucho). Para dar otro ejemplo, la explosión en Gran Bretaña de diagnósticos de trastornos específicos de aprendizaje, tales como la dislexia, ha ido de la mano con la creciente demanda de trabajadores/as más letrados/as y con conocimientos de aritmética, y con la creciente dificultad que tienen los/as trabajadores/as para reproducirse a sí mismos/as (en el sentido antes mencionado) fuera del trabajo, sin esas habilidades.

Debemos también hacer notar otra implicancia del hecho de que el ‘Hombre Modelo’ sea definido negativamente. Ser capaz de hacer las cosas bien, o hacer cosas que la mayoría de la gente no puede hacer, no tiene nada que ver con la discapacidad. Esta se refiere a lo que una persona no puede hacer. Las implicancias de esto son demasiado importantes, tal como veremos más adelante cuando examinemos la primera mitad de la máxima “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

El fracaso del reformismo

En la noción reformista de discapacidad, todo el problema se reduce a un problema de inclusión. La categoría básica de ‘discapacitado/a’ se toma como dada (o natural), y la tarea de los reformadores es lograr cambios en las instituciones, en las construcciones, etc., requeridos por las personas discapacitadas para poder comenzar a acercarse al nivel de acceso que las personas no discapacitadas pueden tener. En la jerga técnica del movimiento, ‘ajustes razonables’ deben hacerse para que las personas deterioradas (con características tales como enfermedades crónicas, autismo, síndrome de Down, o lo que sea) no se vean impedidas en el acceso a las cosas que las personas no deterioradas adquieren más fácilmente. El grado en que ellas no pueden acceder a tales cosas sobre una base equitativa corresponde al grado en que se encuentran discapacitadas.

Como es usual, el examen revolucionario del enfoque reformista tiene una gran simpatía con sus objetivos, pero también ve las fuerzas que contradicen los mismos y que, llegado cierto punto, los derrotarán. Nuestro fin es remover esas fuerzas, no luchar una interminable batalla contra ellas. Si, tal como hemos visto, las personas discapacitadas son personas que, como grupo, no pueden ser fácilmente integradas dentro de las lógicas del capital, entonces sus luchas por igualdad llegarán tan sólo hasta el punto en que el capital golpee de vuelta.

Por supuesto, la aproximación reformista podrá obtener victorias. De hecho, el reformismo a menudo apela al buen funcionamiento del capital para lograrlas. Por ejemplo, en el Reino Unido, un programa llamado “acceso al trabajo” ha ayudado a las personas discapacitadas a encontrar empleo mediante la financiación de equipamiento, cambios en los edificios, etc., que hacen que la fuerza de trabajo de determinadas personas con discapacidad eleve su valor para que puedan competir en el mercado laboral con las personas sin discapacidad. Ilustremos de forma sencilla cómo funciona esto: no tiene ningún sentido para una compañía contratar a un usuario de silla de ruedas si su edificio no posee ningún acceso adecuado, y no tiene sentido tampoco gastar dinero en construir una rampla si un trabajador similar puede ser contratado en su lugar. Pero si el estado paga por las ramplas, entonces la persona en silla de ruedas representa un buen valor para el empleador en el mercado laboral. El estado también gana en este negocio, ya que a través del acceso al trabajo se desplaza a las personas de los beneficios sociales a las labores asalariadas, y el sistema se paga a sí mismo mediante los ingresos fiscales (impuestos) de la gente discapacitada que ya consiguió empleo por sí misma. Sin embargo, cuando hay un exceso de oferta de mano de obra desocupada y cuando el estado recorta beneficios sociales a personas discapacitadas de todos modos, la lógica del sistema se rompe ya que los no-discapacitados están ahí para hacer las cosas sin gastar el dinero del estado, y la gente discapacitada está ‘costando’ menos de todas formas. Dado que aquellas son las condiciones actuales que estamos viviendo, el acceso al trabajo comienza a esfumarse.

No deberíamos, por supuesto, negar la relevancia del hecho de que las personas discapacitadas ganen concesiones desde el estado. La dinámica no es una simplemente, correspondiente al estado gestionando a las personas discapacitadas para maximizar las ganancias de los patrones. Las personas discapacitadas, como la clase obrera en general, luchan y ganan concesiones y, al hacerlo, alteran el funcionamiento del capitalismo. Pero cuando tales concesiones comienzan a obstaculizar el funcionamiento del capital, se torna extremadamente difícil defenderlas. En tiempos como los nuestros, cuando las condiciones de toda la clase trabajadora se encuentran bajo ataque, no sería una sorpresa que aquellos sectores de la misma menos integrados al capital sean los más fuertemente golpeados, y esto incluye a las personas discapacitadas.  

Finalmente, vale la pena hacer notar que mientras las personas discapacitadas ganan más y más concesiones desde el estado debido a su deseo de participación en igualdad de condiciones en la sociedad capitalista, más dependientes se hacen de este, y cuando -como inevitablemente ocurre- el estado revierta sus victorias, serán golpeadas mucho más fuertemente. Aquellas contradicciones dentro del movimiento pro derechos para las personas discapacitadas deben conducirnos a buscar soluciones más radicales al problema.

La abolición de la discapacidad

La abolición de la discapacidad ha sido un objetivo de muchos movimientos sociales y fantasías populares bajo el capitalismo. Abundan ejemplos. La eugenesia tuvo su apogeo en la Alemania Nazi, pero precede significativamente al nazismo constituyendo una tendencia que todavía permanece con nosotros en intentos como los de asegurarnos de que no nazcan niños/as con síndrome de Down (mediante el escaneo y el aborto de los fetos), de ‘gestionar’ el comportamiento sexual de las personas con profundas dificultades de aprendizaje o condiciones de salud mental alteradas, o con el asesinato disfrazado de eutanasia. Menos despreciables, pero estructuralmente similares, son las tecno-fantasías que imaginan que con el avance de la ciencia médica, nadie en el futuro será una persona discapacitada.

Lo que estas aproximaciones tienen en común es que ninguna de ellas busca acabar con la discapacidad, sino que desean acabar con las personas discapacitadas. Ya que la discapacidad no es simplemente una colección de individuos, sino una característica de las relaciones sociales capitalistas, dichos enfoques están condenados a fracasar independientemente de qué tan moralmente aceptables los encontremos.

Si la discapacidad es una característica particular al capitalismo, y si el comunismo abolirá al capitalismo, se sigue entonces que el comunismo también abolirá la discapacidad. Pero, ¿cómo hacemos esto? Es siempre peligroso esbozar, incluso en los más amplios términos, las posibles sociedades futuras. Sin embargo, podemos arriesgar unos pocos comentarios explicando por qué la discapacidad no puede existir en el comunismo. Partiendo de la base de que una sociedad comunista se caracterizaría por la autogestión de la producción y la vida en general, y en la cual se aplicaría el lema ‘de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades’, es posible ver cómo la discapacidad puede ser eliminada.

Es fácil ver como la frase ‘a cada cual según sus necesidades’ debiera abolir un aspecto de la discapacidad. Si la producción se basa en nuestras necesidades en lugar del lucro, no hay razón por la cual no debiéramos elegir producir edificios, equipos, tecnologías, etc., que se encuentren diseñados sobre el supuesto de que la variabilidad física y psicológica es parte normal de las sociedades humanas, y que por tanto corresponde tomarla completamente en cuenta cuando se producen cosas para el uso de las personas.

La frase ‘de cada cual según sus capacidades’ trata de forma menos obvia con la discapacidad, pero es de hecho más fundamental para entender porqué el comunismo puede abolirla. Tal como hemos visto, la discapacidad es definida por la incapacidad de las personas para hacer ciertas cosas que, como buenos/as trabajadores/as, debieran hacer. Bajo el capitalismo los/as trabajadores/as son intercambiables. Para nosotros/as, sólo está permitido producir (o, según el caso, consumir) en formas diseñadas para incrementar las ganancias. En una sociedad en la cual la producción se encontrara autogestionada, sería inconcebible impedir que las personas contribuyesen sobre la base de lo que ellas no pudieran hacer, cuando existiría un sinnúmero de cosas que ellas sí podrían realizar. En sociedades con menos abundancia que aquellas inmersas dentro del capitalismo occidental, simplemente no hay un excedente que permita a las personas no contribuir, aunque a menudo esto se presente en terroríficas formas de explotación. El capitalismo ha creado tanto el excedente necesario como una lógica de producción propia para impedir, a la gente discapacitada en particular, y a la clase obrera en general, contribuir total o parcialmente. El comunismo, a través de la autogestión de la producción de acuerdo al principio de que las personas contribuyan en la forma que sean más capaces, supera la práctica excluyente del capitalismo y la alienación sobre la que la producción capitalista se encuentra construida. La integración plena y equitativa de todas las personas en la reproducción de la sociedad, independientemente de factores tales como el deterioro o la discapacidad, es sin duda la meta del comunismo y el fundamento de una sociedad en la que el libre desarrollo de cada uno/a es condición del libre desarrollo de todos/as. 

Por RedEd
Mayo, 2011.

Traducción nuestra del artículo publicado originalmente en el sitio LibCom.org (http://libcom.org/library/communism-real-movement-abolish-disability
Grupo editor de la publicación “Anarquía & Comunismo”.

lunes, 28 de septiembre de 2015

"Anarquía & Comunismo" Nº 3


En este número:

- La vieja y olvidada lucha de clases

- Balas contra la barricada

- Comunismo y Anarquía por la Abolición del trabajo asalariado y la mercancía

- No es lo mismo pero es igual. Nuevamente anarquía y comunismo


Números anteriores:


NO ES LO MISMO PERO ES IGUAL. 
Nuevamente anarquía y comunismo.

Romper con las ataduras ideológicas para aportar al desarrollo de una teoría revolucionaria coherente y efectiva, constituye una necesidad que cobra cada vez mayor fuerza para quienes se implican en el combate anticapitalista. En dicho esfuerzo, sin embargo, nos encontraremos con la resistencia de aquellos que hacen de las diversas corrientes y referentes teóricos tan sólo una capilla en la cual encontrar cobijo. De esta manera, conceptos cuya íntima relación se presenta con claridad a través tanto de la experiencia histórica de las luchas del proletariado en todo el mundo, como de la reflexión consciente sobre sus contenidos, han mutado prácticamente en antónimos. 

Tal nefasto proceso se ve tristemente ejemplificado con las nociones de comunismo y anarquía, que en el sentido común izquierdista suelen denotar tendencias ideológicas prácticamente antagónicas. Si bien tal divergencia tiene una base histórica en el seno del movimiento proletario, su mantención en el tiempo se debe principalmente a dinámicas propias de la ideología, lo que lleva a que en lugar de la búsqueda de una interacción fecunda entre teoría y práctica revolucionaria, se limiten los esfuerzos teóricos y militantes a demostrar la superioridad de una tendencia por sobre la otra (proceso que se replica en todas las escalas, teniendo así como resultado decenas de sectas marxistas arrogándose ser la encarnación verdadera del “marxismo”, y otras tantas anarquistas sumidas en iguales lógicas). Pretender una práctica revolucionaria anti-estatal y anti-capitalista a partir de tal estado de cosas supone, en el mejor de los casos, una ingenuidad que tiene a la derrota como casi único destino. 

Pero para enfrentar esto, tampoco se trata de llamar a la unidad de posiciones cuyos mismos fundamentos se hallan en la separación, sino de fomentar la negación de tales lógicas (de acción y reflexión) y, simultáneamente, superar las falsas dicotomías que se dan en el terreno fangoso de la ideología, para contribuir a retomar y profundizar la teoría revolucionaria del proletariado, para sus luchas de auto-abolición como clase explotada, contra la dictadura de la economía por sobre nuestras vidas y así abrirnos paso a la construcción de una comunidad humana auténticamente liberada.

En este camino, nos encontramos con compañeros/as que apuntan sus esfuerzos en tareas similares. Es así como los compas de “Proletarios Revolucionarios” (1) en el siguiente fragmento (aquí levemente modificado) abordan críticamente la aparente dicotomía entre comunismo y anarquía, dando respuesta a varios argumentos que suelen esgrimirse para afirmarla, respuestas que a su vez, dan paso también a variadas y profundas discusiones. Lo a continuación citado es parte de un texto mayor en el cual realizan una autocrítica de un documento anterior, escrito por ellos mismos, en el cual se referían, en el contexto de la conmemoración del primero de mayo, al trabajo asalariado y temáticas derivadas.

"(...) A propósito de lo anterior, alguna gente nos ha “criticado” que nos llamemos “comunistas-anarquistas”, que “comunismo y anarquismo son contrarios”, que “cómo es posible que sean anarquistas y propongan la dictadura del proletariado”, etc., etc. Frente a lo cual, responderemos lo que ya han respondido y aclarado otros compañeros al respecto (Los compañeros de RAP/MASA y de Cuadernos de Negación publicaron hace pocos años dos excelentes materiales al respecto: "Marxismo y teoría revolucionaria, parte 1. La superación situacionista de la falsa dicotomía marxismo/anarquismo" y "¿Comunismo? ¿Anarquía?", respectivamente. También recomendamos la lectura del Capítulo 4 de "La Sociedad del Espectáculo" de Guy Debord).

Primero, que comunismo y anarquismo, históricamente hablando, son expresiones del mismo movimiento: el movimiento real del proletariado por negar y suprimir el orden capitalista. Los revolucionarios de siempre se han denominado indistintamente comunistas, anarquistas e incluso “liberales” (como Flores Magón); pero lo realmente importante y determinante no ha sido eso, en lo absoluto, sino su praxis revolucionaria militante contra el enemigo común: el capital. Lo de comunistas-guión-anarquistas acaso sea una forma de rendir homenaje y recoger toda la riqueza de nuestro movimiento histórico único, de nuestro “partido histórico” (donde Marx, Bakunin y todos los “marxistas” y “anarquistas” posteriores no son “dioses” ni “genios”, sino compañeros históricos con sus aciertos y sus errores, de los cuales hay que hacer el respectivo balance crítico y aprendizaje militante con cabeza propia).

Segundo, el planteamiento de la dictadura revolucionaria del proletariado no es un “invento de Marx”, sino una necesidad histórica y concreta “descubierta” y afirmada en la misma guerra de clases por el proletariado revolucionario de siempre y de todo lugar: no sólo por los “marxistas”, sino que tanto Bakunin como los anarquistas realmente revolucionarios en la españa del 36 y el 37 que llegaron a plantear la necesidad de una "junta revolucionaria" (e incluso se habló de "dictadura anarquista"). Mas lo importante aquí es el contenido y lo de fondo –no la forma ni la denominación: la necesidad de ejercer la dictadura social de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o del capital hasta abolirlo, lo que va de la mano de la necesidad de destruir el Estado burgués o aplastar violentamente la contrarrevolución, a fin de instaurar y desplegar la verdadera comunidad humana mundial, la sociedad sin propiedad privada ni trabajo asalariado, sin clases ni estado ni naciones; esto es, el comunismo o la anarquía. Jamás debemos olvidar que estamos en guerra de clases y que el poder lo tiene la revolución o lo tiene la contrarrevolución.

Tercero, no existe un “comunismo autoritario” ni un “comunismo libertario” más que ideológicamente, es decir, en las cabezas de aquellos que viven ideológicamente o alienados por y en la ideología. Muy por el contrario, en tanto que sociedad sin clases y sin estado, comunismo y anarquía vienen a ser términos sinónimos, sin adjetivos, y así es precisamente como los entendemos y los usamos.

Cuarto, la división entre comunismo y anarquismo es ideológica y contraproducente, porque, aparte de falsa, divide a nuestra clase en su lucha única y común contra el capital; mejor dicho, es una división perpetrada por la contrarrevolución capitalista y desgraciadamente reproducida y mantenida por los mismos revolucionarios (quienes, al hacer esto, más bien le estarían haciendo un favor a la contrarrevolución, tanto los “anarquistas” como los “marxistas”). Por tanto, lo revolucionario es criticar y superar esa falsa dicotomía ideológica en el seno de nuestra clase, sobre todo en el seno de las minorías revolucionarias. En efecto, a nosotros no nos interesa ni el comunismo ni el anarquismo como “ismos” o ideologías, sino la teoría-práctica revolucionaria del proletariado y para el proletariado, como arma para nuestra autoemancipación.

Y quinto, lo que hace revolucionarios a los revolucionarios no es su “identidad” ni mucho menos sus nombres o sus siglas (¡!), sino su praxis de ruptura revolucionaria permanente y militante con el orden establecido. Entonces, podremos cambiarnos de nombres o de siglas cuantas veces queramos o cuantas veces sea necesario (incluso por seguridad), pero lo que no cambiaremos es nuestra praxis revolucionaria y por tanto nuestro ser comunista y/o anárquico.”

Nota:
1. Proletarios Revolucionarios es un grupo de agitación, teoría y comunicación revolucionaria del territorio Ecuatoriano, en su blog se pueden encontrar diversas noticias y reflexiones de la situación nacional Ecuatoriana e internacional, ademas de varias publicaciones de tendencia comunista-anárquica. Desde nuestra publicación recomendamos y alentamos su lectura y difusión.

jueves, 14 de mayo de 2015

ANTI-CAPITAL: Nueva publicación comunista anárquica desde $hile

Nos ronda una urgencia ¡Esta realidad no da para más!

Y según nos damos cuenta no somos poc@s quienes nos percatamos de ésto. Incluso algún optimista diría (y quizás muchas veces llegamos a pensarlo) que el mundo capitalista se cae a pedazos: la falta de credibilidad institucional, las crisis económicas y sociales, las revueltas, sin olvidar aquellos innumerables compañeros y compañeras que a lo largo del globo se multiplican, con fuerzas y debilidades (políticas y practicas), y asumen nuestro lado de la barricada; son muchas las “señales” de que el decaimiento de esta sociedad se encuentra en un punto donde quizás no pueda dar vuelta atrás. Aun así, lamentablemente para nosotr@s, el proletariado, la cuestión no es tan simple. La burguesía ha sabido históricamente hacer frente a las distintas crisis que el desarrollo mismo del capital a creado y ha sabido como salir de los obstáculos que tanto nuestra clase luchando, como su realidad orgánica misma, le han presentado (aunque esto signifique interrumpir la paz social de la que tanto hablan y enviar al infierno de la guerra a toda la población proletaria sobrante y así de paso “reactivar la economía”).

Si bien las leyes mismas de la acumulación capitalista le imponen su propio limite histórico a este sistema social, nadie puede afirmar que esta sea la crisis definitiva y final que la critica a la economía política muy bien supo plantear. Pero algo puede marcar la diferencia, y es de hecho quizás, la única “esperanza” posible, y esta es nuestra capacidad humana de poder revertir la situación, de constituirnos los explotados como fuerza social, detener y .aplastar la maquina que permite el normal funcionamiento capitalista y poder ser capaces de crear una nueva y liberadora forma de relación social. El conjunto de la clase explotada, dada su necesidad de superar definitivamente al mundo capitalista que le impone todas sus miserias, es a la vez portador histórico del mundo nuevo que vive fuera de todos los limites que el intercambio mercantil impone a toda la sociedad y por ende radica en su capacidad de comprenderse y actuar como tal la posibilidad de hacer realidad esto.

Esta publicación es una apuesta por eso. Los hechos actuales nos demuestran como la inconformidad aumenta a pasos cada vez mas grandes y hemos visto como el campo revolucionario (aunque no sin profundas debilidades) ha visto su aumento también; hemos sido testigos del movimiento estudiantil, de la revuelta de Aysén, el ancestral conflicto mapuche, del desarrollo del movimiento anarquista, el “nuevo sindicalismo” y el resurgimiento de la ultra izquierda tradicional. Posiblemente esto no parará acá. Aun así el movimiento real que subvierte las condiciones de nuestra existencia no ha sabido ser capas de constituirse como fuerza organizada, como comunidad de lucha y poder desde esta unidad hacer realmente frente a esta realidad de miseria. Aislados cada uno en nuestros discursos y espacios de actividad no podemos dejar de fundirnos en el mar de la alienación total.

¡Y para hacer frente a esto la comunicación y la producción de teoría revolucionaria son cuestiones fundamentales! El activismo ha demostrado con los hechos ser la otra cara de la alienación en su faceta política (su contra cara el teoricismo) y embobados en el frenesí de la coyuntura somos incapaces de crear espacios de comunicación y balance ¡Esta es nuestra contribución a aquello! Estamos convencidos de que esta falta de constitución en fuerza pasa principalmente por no comprender esta unidad del proletariado (unidad no en su sentido vulgar, de asociación de gremios, de obreros y estudiantes, de “minorías”, en definitiva, del frentepopulismo) desde donde radica toda su fuerza.

Compañeros, compañeras ¡a publicar y debatir! ¡Es en el intercambio de experiencias, criticas y posiciones donde está la riqueza y la fuerza del movimiento de la revolución! ¡A tejer redes, son las formas embrionarias donde la autonomía de nuestra clase puede germinar!

¡Por el comunismo y la anarquía!

Algunos anticapitalistas, Mayo 2015

En este número:
* 1 de mayo, más de 100 años después.
* ¿Alguien dijo corrupción? Breves reflexiones frente a la polémica.
* IIRSA: logística capitalista y proyectos de modernización portuaria en la región chilena.
* La colonización es total: el imperialismo de hoy es el imperio de la mercancía.
* A Cristóbal Cornejo.
* Breves apuntes sobre la catástrofe en el norte de Chile.
* Condena de 7 años a Tamara Sol.
* Nueva Mayoría refuerza Estado policial con paquete de medidas represivas.
* Los tentáculos de Octopus y las luchas por el espacio en el Biobio.

DESCARGAR PDF

martes, 7 de abril de 2015

Presentación "Cuadernos de Negación" en Santiago y Valpo

Se invita a las siguientes actividades que se realizarán junto a los compañeros de Cuadernos de Negación (Argentina). Esperamos su asistencia, cooperación y difusión.

Charla/presentación:

Presentación del Cuaderno nro 9:
Contra la economización de la vida.

"Si bien la mercancía, el Capital y el valor no explican absolutamente todo en esta sociedad, sin ellos no podemos comprender nada. La crítica de la economía, como podría suponerse, no deja de lado la política, la religión, la ciencia y demás dimensiones de esta sociedad, sino que, por el contrario, nos permite comprenderlas en cuanto parcialidades de la totalidad que conforman.

La contraposición que queremos enunciar es tajante: no nos dedicaremos a la economía en cuanto parcialidad, en cuanto disciplina. Se trata de la lucha contra la economización de la vida, de la contraposicón práctica entre las necesidades humanas y las necesidades de valorización del Capital"


Santiago Jueves 9 de abril 19:00 hrs.
CFT (www.facebook.com/cefetec) 

Valparaíso Sábado 11 de abril 16:00 hrs.
Espacio comunitario "Los Lecheros", Pje. Petorca al fondo, Cerro Los Lecheros.

domingo, 26 de octubre de 2014

SINOPSIS DOCUMENTAL "Plantar Pobreza, el negocio forestal en Chile"





Próximamente se estrenará “Plantar Pobreza", un documental de Periódico Resumen que aborda el origen y las consecuencias de la expansión de la industria forestal en la zona centro-sur de Chile.

3 millones de hectáreas de monocultivos de pino y eucalipto, diez complejos industriales de celulosa para exportación y una gran infraestructura vial y portuaria a su servicio, son los elementos que conforman un suculento negocio que lleva más de cuarenta años incrementando sus ganancias a costa de la degradación ambiental y la pobreza de las comunidades del centro-sur del país. Escasez hídrica, riesgo de incendios y derrumbes, contaminación química, pérdida de suelos y biodiversidad son algunas de las consecuencias que han afectado a las comunidades de nuestros territorios durante décadas.

Ante este enorme daño causado, la regeneración del bosque nativo y las fuentes de agua de las que depende nuestra autonomía alimentaria, se imponen como condiciones necesarias para nuestra subsistencia, y en esto no caben ambigüedades: la industria forestal debe irse y nuestro territorio debe ser recuperado y restaurado.

martes, 10 de junio de 2014

Sobre el mundial en Brasil


MUNDIAL ES EL CAPITAL & MUNDIAL SERÁ SU DESTRUCCIÓN

Ocho obreros muertos en la construcción de los estadios brasileros se suman a los asesinados por las fuerzas del orden y a los 1200 trabajadores muertos en la construcción de estadios en Qatar para el mundial de 2022 (según la burguesía, que además de matarnos es la que cuenta nuestros cuerpos). Para preparar sus eventos de demostración de poder y producir más ganancia el Capital masacra abiertamente no solo a los proletarios desobedientes, sino también a los que son un obstáculo para convertir dinero en más dinero y que tarde o temprano deberán desobedecer a la ideología dominante, porque su simple existencia está en oposición a la dominación burguesa.

Entre mundiales y juegos olímpicos, expos mundiales y miles de congresos de académicos y profesionales, la burguesía llena el calendario y proclama un eventismo con el que exige a los proletarios su sacrificio permanente. Nos intentan imponer una paz social aduciendo a razones de fuerza mayor, sea por el bien del país, de la provincia o de una pequeñísima aldea turística. Para mostrar al resto del mundo lo buenos burgueses que son, pretenden hacernos trabajar hasta el hartazgo con una sonrisa en la cara, orgullosos de sentirnos parte de su eventucho. 

Pero por más que el Capital intente conseguir nuestra sumisión absoluta en su proyecto totalitario, nosotros, los proletarios, siempre tendemos a desestabilizar esta realidad con nuestra lucha. Miles de proletarios salen a las calles de Brasil a protestar encasillados en las categorías de indígenas, trabajadores con o sin empleo, jóvenes, negros, homosexuales, sin techo, sin tierra, manifestantes, etc. Aunque sólo suceda en un barrio, una favela o un país. Aunque el detonante sea el recorte de sueldos, los despidos o el aumento del transporte en un contexto de despilfarro obsceno. 

Los proletarios que se encuentran en lucha en la región brasilera materializan la crítica histórica del Estado y sus guardianes, de la propiedad privada y de la lógica capitalista del disciplinamiento y la competencia de la cual se nutre la esclavitud salarial. El deporte (del cual el mundial de fútbol es una de sus grandes manifestaciones) no ha sido simplemente corrompido y mercantilizado, sino que es una esfera del aparato de producción capitalista dedicado a la fabricación de ocio, de ese aspecto imprescindible de la alienación social.

Las luchas contra el mundial en Brasil se inscriben en las luchas históricas contra el Capital, son nuestras luchas.

¡Boicot a todos los festejos de la burguesía que significan nuestra miseria aún más embrutecida con la peste nacionalista!
¡Los proletarios no tenemos patria!

Proletarios Internacionalistas. Junio de 2014.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Nuevo Nº de Cuadernos de Negación: Crítica de la Razón Capitalista


La ciencia, la tecnología y noción de progreso, no se encuentran por fuera del modo de producción capitalista, son parte constitutiva de éste y como una sola ideología imprimen un modo de percibir el mundo y de actuar en él. 
La razón dominante es burguesa, porque en tanto que idea pero también como fuerza material, actúa en beneficio del Capital.
Hasta hoy, la gran mayoría de los llamados a la “revolución” han sido y son en nombre de la libertad y la igualdad burguesas, de la ciencia y la Razón, de la eficacia y el progreso… y ya es tiempo de romper con ello.

Contenido:

▪ En estos tiempos… 
▪ Tecnología y ganancia 
▪ La realidad de lo virtual
- Una nueva mercancía: la intimidad
▪ Crítica de la razón capitalista- Introducción
- La catástrofe razonable
- Razón de Estado
- La vida no es un mecanismo
- Instrumentalización y cosificación
▪ El progreso del Capital
- Totalitarismo y dependencia
- La ilusión de eficiencia
- El ejemplo del coltan
- El progreso moderniza la pobreza
- Ruptura y revolución
▪ El condicionamiento tecnológico 
▪ La crítica al capital supone la crítica a la ciencia
- La otra cara de la ciencia del Capital: las ciencias ¿humanas?
- El totalitarismo científico
- La ciencia no es neutral
▪ Ciencia y enfermedad   
- Medicina, salud y sociedad
- Multiplicación de enfermedades
- Prevención y comercio
- Salud y normalidad
- Medicina y guerra
▪ Crítica de la crítica
- Ecologismo
- Primitivismo
- Posmodernismo
▪ ¡Romper con la mentalidad capitalista!

Descargar en formato PDF
Opción: descargar en formato liviano sin gráfica
Noviembre de 2013. 


Extraido de Cuadernos de Negación

miércoles, 23 de octubre de 2013

Sobre la pasada movilización en Tocopilla: Impresiones desde una Perspectiva Comunista

Por c.c.

Las revueltas llamadas ‘ciudadanas’ por la socialdemocracia –siempre deseosa de contener la ira proletaria y encausarla por los márgenes de la institucionalidad del capital- se repiten en diferentes partes de Chile y el mundo. Ya lo sabemos. Basta echar un vistazo a los medios de comunicación, incluso de los burgueses (casi todos), que no pueden omitir las informaciones cuando el humo de las barricadas amenaza con quemar los pelos de sus narices.

Sin embargo, no soy de lo que ven en cada movilización social un componente proto-revolucionario que fustigue al capital/estado en sus cimientos. No. Aunque tampoco considero una estupidez sin horizonte que los movimientos sociales no tengan un carácter revolucionario. En el caso de Tocopilla, es fruto de décadas de postergación estatal y del centralismo gubernamental, y de los efectos devastadores sobre el entorno y la calidad de vida de los explotados de las empresas que generan la energía para la acumulación capitalista. No obstante, eso es mucho –todos los tocopillanos concuerdan- tras años de letargo y amarga resignación ante los abusos y el olvido, y una efectiva labor de terror ejercida por la dictadura de Pinochet, en una zona de influencia histórica del partido (mal) llamado comunista.

A meses de las elecciones presidenciales, el Gobierno de Piñera no aguantaba otra revuelta tipo Aysén. Por eso el hambre de los grandes medios ante los sucesos, y por eso, la relativa celeridad con que las llamadas ‘autoridades de Gobierno’ se apersonaron en la zona.

ALGO DEL CONTEXTO

Tocopilla tiene dos centrales termoeléctricas en el centro de la ciudad. Sus chimeneas han humeado todo el siglo XX, y recién en 2007 la zona fue declarada saturada de contaminación. Al mismo tiempo, la Segunda Región de Chile presenta los más altos índices de cáncer del país, y Tocopilla lidera dichos índices como comuna. O sea, en acá es más nocivo salir a trotar por el borde la playa que fumarse una caja de cigarros al hilo. Y más aún, el moderno hospital inaugurado en 2011 en el marco de la reconstrucción luego del terremoto que afectó la zona en 2007 no tiene especialistas para tratar las enfermedades derivadas de la contaminación y otras, por sencillas que sean. Así, hasta ahora, la gente debe viajar 190 kilómetros hasta Antofagasta cuando la puta hora de la interconsulta llega y muchos han muerto esperando, o en el camino, en bus o sobre la ambulancia, la misma que traslada la ropa sucia de cama del hospital, ya que los brillantes tecnócratas de la arquitectura no incorporaron una lavandería al diseño del establecimiento.

Además, la empresa del ex yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou (SQM), produce tóxico salitre, y la Compañía Minera de Tocopilla hizo un aporte tan artístico como teñir de negro las arenas de las playas que antes eran de arenas blancas, tras años de botar su mierda directamente al mar. Podemos deducir, a la vez, el estado del fondo marino en la zona de bordemar.

Vale decir que el aporte que estas megaempresas hacen a la ciudad es mínimo, tanto en irrisorias patentes (Norgener, una de las termo, paga 20 lucas semestrales) como en el lavado de imagen que los burócratas gustan de llamar Responsabilidad Social Empresarial (RSE), donde sueltan unas chauchas para eventos tipo aniversario de la comuna, día del niño, y convenios varios que apuntan al famoso ‘emprendimiento’ o autogestión de la miseria, como llamamos los comunistas a esa vaina. La gente lo agradece, claro, porque de nada se pasa a poco, y el pasar de los pobres mejora cualitativamente cuando se cuenta con algunos medios de producción que les entreguen herramientas para facilitar el alimento, la vestimenta y otras necesidades básicas, sin tener que estar a los vaivenes del ánimo del patrón.

En otro plano, Tocopilla es una ciudad pobre, a pesar que miles de mineros, cuyo salario promedio debe andar por las 800 lucas, gasten algunas lucas en la ciudad, principalmente en comida, putas y diversión, es decir, en reproducción de las fuerzas. Todos se llevan el turro hacia sus lugares de origen.

En Tocopilla la burguesía local es mínima, y los sectores históricamente construidos para los ejecutivos que habitan en la zona (ubicados en la zona sur -“la villa”- que se opone a ‘las poblas’ del lado norte), son amenazados por los barrios que los circundan, donde en su mayoría viven proletarios estigmatizados como delincuentes por el puñado de gárgolas adictas a la pasta, a las que si les das la espalda te roban para matar la angustia que genera la sustancia (de efectos eufórico-paranoicos, por cierto).

En Tocopilla abundan los hoyos en las calles, los perros vagos rompen la basura de los contenedores y las esparcen por todos lados, cuando no es la propia gente –quizás por frustración- la que bota su mierda a la calle sin importarle nada. Se percibe una especie de falta de cariño por el lugar, y no los culpo: la consigna punk del ‘no futuro’ ha sido vivida en carne propia por varias generaciones. Los jóvenes se van a las minas y, los que pueden, a estudiar a Antofagasta, Iquique o Arica. Abundan las mujeres y lxs niñxs, así como los abusos patriarcales (violaciones, palizas, abusos a menores, prostitución…). A la mano de obra inmigrante peruana o boliviana (histórica y aceptada) se ha sumado con mucha fuerza la colombiana, que desempeña labores de trabajo sexual o trabajo precario, y a lo más una peguita en las mineras. A esta última, quizás por racismo, se le mira con desconfianza.

Como comuna pobre no hay recursos municipales para hermosear lugares como lo que queda libre del borde costero (cooptado por las empresas y el puerto) que incentiven el turismo o la recreación, y la industria cultural brilla por su ausencia.

No es un panorama muy alentador, pero es la realidad de este y de otros pueblos de Chile y el mundo, una zona de sacrificio en nombre del puto progreso, el crecimiento, y otras vainas con la que los tecnócratas de derechas e izquierdas se llenan la boca en simposios donde planean cómo cresta estrujarnos más sin que nos demos cuenta. Y en beneficio del país…

BARRICADA

Siendo rigurosos, la revuelta iniciada a fines de julio no partió apoyada por la mayoría de lxs tocopillanxs. Comenzó por una demanda gremial, la de transportistas y todos los que entre sus medios de producción utilizan vehículos, ante la licitación de una nueva planta de revisión técnica automatizada cuyos estándares de exigencia rechazarían muchos de los vehículos que, dado el estado de las calles, están hecho mierda.

La primera demostración de fuerza fue una marcha donde se cortó el conocido puente SQM, lugar estratégico, ya que si se corta, se corta el paso desde Iquique y Calama hacia el sur y, de pasada, se corta el flujo nacional de mercancías humanas y no humanas. Esa fue otra razón de la celeridad de las ‘autoridades’ por destrabar el conflicto.

En esa ocasión, tras tres horas de corte, la Gobernadora Provincial comprometió la visita de la Subsecretaria de Transportes para un par de días más. Sin embargo, de esa reunión no salió nada y duró menos de diez minutos.

La siguiente jornada aconteció una semana después e incluyó cortes de ruta del norte y sur de la ciudad, y del puente SQM, con barricadas potentes construidas con maquinaria de los transportistas, camiones, neumáticos en llamas, y un creciente apoyo cuantitativo de la población. La jornada de bloqueo duró 24 horas, llamando la atención de los medios manejados desde Santiago, y finalizó con los chanchos actuando con sumo poder represivo; chanchos venidos de Iquique y Antofagasta. Hubo heridos y detenidos, pocos, pero que salieron hecho mierda de la Comisaría.

El día aquel participé como asalariado, cumpliendo labores comunicativas, y cuando cayó la noche me uní al grupo que identifiqué más rebelde, el de los jóvenes y no tan jóvenes que, entre sorbo y sorbo, y alegría desafiante, resistieron el embate represivo por varias horas, demostrando una espontaneidad combativa notable, y un acabado conocimiento estratégico del territorio por defender. Fue una hermosa comunidad temporal de lucha.

Resultó importante el hecho que los voceros –ya pasaré a referirme a ellos con más detalles- no estuvieron en dicha resistencia, así como el grueso de la población. Pero esto último se comprende: muchxs no conocían las Fuerzas Especiales, nunca habían padecido lacrimógenas, y los chanchos con sus trajes pueden generar miedo.

En esa barricada alegre y vital percibí los gestos políticos más interesantes desde un punto de vista revolucionario, aún cuando los que le daban a la arenga denotaban conceptos setenteros ya recuperados por la izquierda del capital. Sin embargo, los más jóvenes se mostraron dispuestos a discutir sobre los alcances de una movilización como la vivida y la barricada se mostró como un lugar de fraternidad y aprendizaje colectivo de resistencia y digna lucha.

No hubo concesiones con la propiedad privada, arrasando con pallets y planchas de pizarreño extraídas de las empresas para alimentar la barricada. Y, notable, resultó, también, que cuando los chanchos hicieron aparición para el desalojo tipo 2 am, desde lo alto de las empresas, los proletarios presos de los turnos de trabajo, gritaron contra los pacos y en ánimo a los que resistíamos ahí fuera.

Los chanchos dieron con todo y dos jóvenes recibieron bombas en sus cuerpos –uno muy cerca del ojo y otro en su pierna- y otro fue atropellado por el zorrillo en una encerrona. Sin embargo, el fuego duró hasta las seis de la mañana, cuando el último puñado nos retiramos por cansancio. No hubo relevo y se perdió el bloqueo.

ORGANIZACIÓN

Desde un comienzo se reconocieron los liderazgos ejercidos por menos de diez dirigentes transportistas, pescadores, y ambientalistas, quienes tenían trazada de antemano las acciones de fuerza y una cierta postura, que, sin embargo, por presión, fue “democratizándose”.

Nadie los escogió –como supuestamente ocurre en el modelo asambleario- y, por lo mismo, nadie imaginó revocarlos cuando se fueron poniendo demasiado dóciles frente a las promesas gubernamentales. Asimismo, nunca hubo una vocería definida y rígida, y un día aparecían hablando como voceros personajes que luego no asistían a las marchas o a las asambleas.

El único que tuvo un papel protagónico de principio a fin fue el alcalde, Fernando San Román, un joven de 28 años, que no está inscrito pero recibe el apoyo del Partido Progresista (Pro), del payaso llamado Marco Enríquez-Ominami. San Román desde su adolescencia estuvo armando movimientos contra las termoeléctricas, coqueteando con diversos Partidos, y apenas pudo, se postuló a cargos institucionales, consiguiendo la alcaldía con un 35% de votaciones en 2012.

También fundó un periódico, El Polémico, donde junto a varios colaboradores denunció todas las turbiedades de los funcionarios de la antigua administración municipal del DC Moyano. Paradojalmente, hoy esos funcionarios, ubicados en puestos estratégicos, son sus subalternos, lo que le dificulta la gestión debido a sus sutiles sabotajes y omisiones.

San Román era el más claro respecto a los alcances políticos del movimiento y mérito suyo es el haber comunicado a los medios con claridad el petitorio y su fundamentación. Sin embargo, éstos festinaron con su liderazgo, por propia debilidad de los voceros de base, ya que siempre buscan encausar las explosiones sociales a través del discurso de sus ‘líderes’, silenciando siempre la voz más iracunda y espontánea de los dirigentes sociales con menos capacidad retórica.

San Román es un personaje legitimado y de buenas intenciones, pero sus horizontes están demasiado apegados a la real-politik, a la reforma, al “paso a paso”, cediendo entremedio a los entuertos de poder, al amiguismo, en una ambigua posición. Por sus actos e ideas, podemos situarlo en la izquierda del capital que aún mantiene autónoma respecto a la verticalidad partidista, pero que cae fácilmente preso de sus acuerdos instrumentales y políticos.

El problema que atravesó la organización de los proletarios tocopillanos (el 95% de la población) fue la urgencia de la movilización, en fondo y forma. Todo fue apresurado y respondió a las circunstancias a nivel interno. Una de las consignas remarcadas con negrita en un uno de los primeros panfletos repartidos, donde se comunicaba el petitorio, decía algo así como “Esto no es un movimiento político, sino social, luchamos por Tocopilla”.

Esto refleja el descrédito de la política entendida como correlación de fuerzas entre Partidos, donde siempre estos “pequeños estados” intentan sacar ganancia de su hegemonía en los movimientos. De hecho, el personaje conocido como MEO se sintió ofendido cuando San Román pidió que se abstuviera de asistir a la gran marcha del día 9 de agosto, jornada en que el Ministro de Salud y otros peces gordos venidos desde Santiago, visitaron la comuna con la intención de dar solución a las demandas. De todas maneras, acertada petición del alcalde, ya que sus adversarios –incluido los medios como CNN, El Mercurio, y La Tercera- estaban expectantes ante la presencia de políticos o candidatos con vistas a dar la razón a la derecha, que ya sentían internamente que el movimiento buscaba dar hegemonía a ciertos sectores, e incluso paranoiqueaba con que el movimiento “estaba infiltrado por extremistas venidos desde afuera”, como señaló el momio y xenófobo diputado por la zona, Felipe Ward (UDI).

Más allá de esta interpretación, nunca existió el momento a nivel interno, en la asamblea me refiero, para discutir sobre lo que entendíamos por “lo político”, “lo social” y lo “anti-político”. Hubiese sido muy interesante a nivel teórico y práctico llegar a una conclusión general respecto a qué rechazamos de lo político tal como lo conocemos en la sociedad espectacular y reconocernos como sujetos políticos no especializados.

Tampoco hubo tiempo para legitimar mediante votación directa a los voceros y aclararles sus funciones específicas, el mandato, y su potencial revocación al momento que no las cumplieran. Y eso ocurrió por el temor de no provocar discusiones que pudieran dividir el movimiento y por no herir los egos, que se asomaban amenazantes cada vez que uno de los tantos actores representativos (dirigentes vecinales, estudiantiles, trabajadores), por ejemplo, no era citado con mucha formalidad a una de las reuniones o alguien no muy legitimado aparecía declarando por los medios.

Aún cuando varios éramos partidarios de generar esa y otras discusiones en la asamblea, esos momentos eran de organización estratégica y se dejaron de lado las discusiones más “políticas”. Sin embargo, cuando el movimiento tomó conciencia de su potencial, las mujeres pobladoras y otros sujetos iletrados pero con la combatividad que sólo el grandioso sentido común entrega, pusieron los puntos sobre las íes e indicaron un camino donde no había espacio para tranzar, un camino lleno de desconfianza en la palabra de la “autoridad” y que tenía la certeza que la única manera de asegurar la presión era a través de la acción directa, en la intensidad que fuese necesario de acuerdo al momento.

Por otro lado, los sectores juveniles, individuales o agrupados, como los estudiantes, sucumbieron a ser carne de cañón en las barricadas y poco más que eso, ya que los voceros, varios de ellos viejos desconcertados y ex dirigentes sindicales, les negaron un papel más activo e impusieron sus traumas y miedos heredados de la vieja política vertical, negándose o esquivando la democratización directa, la discusión política y la radicalidad bien justificada de los sectores más espontáneos.

PROYECCIONES

De algo están claro todas y todos los tocopillanos: Algo cambió. Hoy la ciudad consigue un cierto reconocimiento y solidaridad nacional respecto a su catastrófico estado, toma conciencia de su poder frente a las autoridades, y perfila futuras demandas.

El grupo de jóvenes más concientes y las minorías radicales convergen en la opción de la acción directa, no institucional, a la vez que confían en la figura del Alcalde, que ha demostrado sentirse cómodo y efectivo negociando directamente con Santiago, lo que a la vez le trajo la consolidación como figura política, augurando un nuevo período en la Municipalidad, aún cuando falta tiempo para eso, y aunque podemos dar fe que no es la motivación de su participación. De hecho, pasó a convertirse en “héroe” luego que resultara detenido en el bloqueo del 1 de agosto, donde, a pesar de su cargo, fue tratado como tratan los chanchos a los detenidos en manifestaciones.

Hoy el pueblo ha vuelto a una relativa calma (los compromiso adquiridos por el Gobierno tienen como fecha tope el 1 de octubre), aún cuando al cierre de este escrito un nuevo bloqueo había acontecido en la ruta hacia Iquique, motivado por la necesidad de obras de mitigación de aluviones productos de la lluvia, en el sector norte, donde están las poblaciones más marginales. Ese bloqueo fue una nueva demostración de fuerza y combatividad, porque desembocó en el compromiso del Intendente de la región para comenzar las obras solicitadas en las próximas semanas. Y, además, demostró que la gente le tiene cada vez menos miedo a la represión policial, develando complejos y radicales métodos de autodefensa, si es que llegaba a contecer el desalojo.

Aunque la presencia fantasmal de un par de troskos que aparecieron en una de las últimas asambleas criticando los liderazgos, para luego desaparecer en el éter de sus organizaciones universitarias, no hubo otro tipo de presencia anticapitalista en el movimiento (si es que consideramos anticapitalista la política trostskista).

Junto a un camarada que me hice casualmente en las barricadas, hemos intentado contactar a los núcleos e individuales del proletariado juvenil (y no tanto) más combativo, aún sin resultados. Por lo mismo, frente a las propias contradicciones a las que se verá sometido el movimiento por los intereses y demandas más radicales que empiezan a asomarse, se hace necesaria la difusión de ideas comunistas anárquicas y el establecimiento de una asamblea no mediada por la urgencia de la movilización, sino como espacio fraterno de discusión de ideas y horizontes en la lucha.

¡Por la multiplicación de los focos locales anticapitalistas y antiestatales!
¡Por la revolución internacionalista contra la sociedad espectacular!
¡Comunismo difuso saboteando el viejo mundo!

Tomado de hommodolars

lunes, 23 de septiembre de 2013

Anarquista chileno habla sobre la Unidad Popular y el golpe desde el exilio en 1977

Nota de MR: El siguiente vídeo fue hecho público hace pocos meses y muestra la opinión de un militante anarquista chileno desde el exilio. Según lo explicita la nota escrita por quien subió el material a Internet, la opinión fue emitida en la región española durante el marco de las "Jornadas Anarquistas Internacionales de Barcelona" en 1977.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Dossier en torno a los 40 años del golpe en chile

A 40 años del golpe: Desmitificar nuestra historia, romper con toda idolatría y continuar la lucha revolucionaria por fuera y en contra de la institucionalidad capitalista.

“En cambio, las revoluciones proletarias (…) se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: ¡Hic Rhodus, hic salta! ¡Aquí está la rosa, baila aquí!” (K. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1852)

“La clase que lucha, que está sometida, es el sujeto mismo del conocimiento histórico. En Marx aparece como la última que ha sido esclavizada, como la clase vengadora que lleva hasta el final la obra de liberación en nombre de generaciones vencidas. Esta consciencia (…) le ha resultado desde siempre chabacana a la socialdemocracia (…). Se ha complacido en cambio en asignar a la clase obrera el papel de redentora de generaciones futuras. Con ello ha cortado los nervios de su fuerza mejor. La clase desaprendió en esta escuela tanto el odio como la voluntad de sacrificio. Puesto que ambos se alimentan de la imagen de los antecesores esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados.” (W. Benjamin, Tesis de filosofía de la historia, 1940)

“Y si queremos en la próxima revolución dejar las puertas abiertas a la reacción (…), no tenemos más que confiar nuestros asuntos a un gobierno representativo, a un ministerio armado de todos los poderes que hoy posee. La dictadura reaccionaria, roja en un principio, palideciendo a medida que se siente más fuerte sobre su asiento, no se hará esperar, porque tendrá a su disposición todos los instrumentos de dominación y los pondrá inmediatamente a su servicio”. (P. Kropotkin, El gobierno representativo, 1880)

No podemos, como explotadas/os que aspiramos a dejar de ser tales, relegar nuestra historia a la mera cronología de sucesos aparentemente aislados, a la mitificación nostálgica del pasado, a la recuperación ideológica que pretenden perpetrar las decenas de versiones (de izquierda y derecha) en que se presenta el “partido del orden”(1). Nuestra mirada de las distintas experiencias que a través de los años han cuestionado el orden social impuesto, a partir de las cuales se ha llegado a comprender la necesidad ineludible del derribamiento revolucionario de las relaciones e instituciones capitalistas, responsables del mantenimiento de las condiciones de miseria general, debe posicionarse en ruptura con todos esos intentos de deformación histórica, si es que sinceramente deseamos extraer del pasado lecciones útiles para encarar el presente. Esto, por cierto, no significa clamar por una revisión “objetiva” de los procesos históricos. Tal pretensión academicista requeriría situarse en una posición neutral que simplemente no existe. Por el contrario, aspiramos a un examen crítico de la historia que sea capaz de comprender las verdaderas potencialidades que encarnaban ciertos fenómenos y experiencias, a la vez que intenta vislumbrar sus errores y límites, sin dejar de lado el contexto social-histórico dentro del que surgen. Y, ante todo, no buscamos las respuestas a las derrotas de nuestra clase en los “errores” en que las camarillas políticas, arrogándose la representación del “pueblo”, hayan podido incurrir, sino precisamente en aquellas/os en cuyo nombre se pretendía actuar. Es en este sentido que rescatamos la herencia rebelde de aquella experiencia subversiva que agitó las frías aguas de la sociedad capitalista chilena durante los años 60 y 70, obligando a la reacción a utilizar sus recursos más sanguinarios para ponerle freno -como parte de la reacción mundial frente a la gran oleada revolucionaria que sacudió a todo el mundo durante aquel periodo-, mediante el golpe militar y la represión más dura ejercida por los aparatos de seguridad de la dictadura. Lo importante, en cualquier caso, es comprender que tal derrota se vio inmensamente favorecida por la desactivación de las experiencias radicales llevada a cabo por la social-democracia durante los años previos, proceso que compromete a prácticamente todo el aparataje político que se hacía llamar revolucionario, participando directamente en el estado burgués, o actuando como su ala izquierdista “crítica”.

De esta forma, el discurso demócrata oficial, aquel que llama a la “reconciliación nacional”, a la “superación de las divisiones del pasado” para “mirar hacia el futuro”, a juramentar un “nunca más” basado en el respeto a la institucionalidad democrática (por tanto, burguesa), se presenta como un clásico recurso del poder para negar discursivamente cualquier posibilidad de ruptura radical con la reproducción del capitalismo. Y en este sentido, no constituye ninguna novedad. Por lo mismo, no merece el gasto de energía, para los fines que nos hemos propuesto aquí, el desarrollo de una crítica más detallada de las políticas de quienes tan claramente se exhiben como enemigos acérrimos de toda actividad cuestionadora de la miseria existente. Lo que sí se hace necesario es aportar a la comprensión real del papel que todo el sector político conocido como la “Izquierda”, con todos sus matices, jugó y sigue jugando en el mantenimiento del orden social clasista. Desde luego, esto no es tarea fácil de realizar en un medio que cree una misma cosa la crítica y acción anticapitalistas y la pertenencia –doctrinaria y militante- a la Izquierda. Para nosotros/as, no se trata de jugar a ser “más” radicales levantando enemigos donde tradicionalmente se solía ver a “compañeros de viaje”, sino de criticar –incluyendo, por supuesto, la autocrítica- aquellas lógicas relacionales, aparatajes organizativos y convencimientos ideológicos de quienes han históricamente pretendido actuar en nombre de “la clase obrera”, del “pueblo”, “los oprimidos”, o como sea que circunstancialmente nos llamen a las/os explotadas/os, en el intento de transformarse en vanguardia de un movimiento que constantemente les supera. No es este el espacio para llevar a cabo una crítica más profunda, que analice las raíces históricas de la Izquierda como fracción política inherente a un sistema de dominación dado, y que sistematice los argumentos lógicos/teóricos que llevan a comprender al movimiento revolucionario del proletariado necesariamente como anti-político, en el sentido de que sólo puede ser revolucionario, expresando un contenido comunista/anárquico, el movimiento que tienda a romper con todas las separaciones introducidas y mantenidas, mediante el ejercicio de la violencia, por la división clasista de la sociedad humana. Sin embargo, es necesario tener claridad al respecto. Se ha denominado Izquierda a aquel espectro político que pretende (honestamente en algunos casos, de manera descaradamente falsa en muchos otros) defender y representar los intereses colectivos de quienes sufren en carne propia las desgracias de la explotación capitalista (y que según el contexto histórico y la ideología particular, han sido llamados de distintas maneras –trabajadores, campesinos, pobres, oprimidos, populares, etc.). Lo más importante de notar es que la Izquierda existe en referencia a lo político, a la administración de la sociedad –en la inmensa mayoría de los casos, esto implica que tal administración es llevada a cabo a través del Estado. Y dentro de esta gama de expresiones políticas, algunas han sido clasificadas como “reformistas” y otras como “revolucionarias”. En general, tal clasificación se hace en referencia a cuestiones más bien de método que de contenido. Por ejemplo, se suele razonar que “reformistas” son quienes llaman a acudir a las urnas para desencadenar un cambio social que asegure más justicia, igualdad, participación, etc., y “revolucionarios” quienes desean llegar a lo mismo pero por vías insurreccionales. En cualquier caso, existe toda una escala cromática en tal clasificación (desde lo más amarillo al rojo más oscuro). Lo político, la determinación de la administración de la sociedad, es posible si se detenta un poder más o menos centralizado. Es decir, lo político siempre existe, de una u otra forma, y quiéranlo o no aceptar quienes se organizan “políticamente”, en torno al Estado (en la forma en que se presente). De esta manera, si la comunidad humana que pretendemos construir revolucionariamente supone el fin de la dominación de cualquier tipo, y por ende, la abolición de la jerarquización social, el mantenimiento de esferas separadas de actividad humana, especializadas en el ejercicio del poder, sólo puede significar, o bien que el proceso revolucionario fue derrotado, o que aún existen fuerzas reaccionarias en escena. En lo fundamental, esta es la raíz de la necesidad de un movimiento que niegue y supere la política, tanto oficial como pretendidamente revolucionaria. Ahora, esto no nos lleva a la ceguera de meter en un mismo saco a todas las expresiones que se han identificado como políticas. Debemos ser capaces de descubrir el contenido real de los fenómenos sociales y las propuestas de acción generadas, aquí y en todas partes del mundo, más allá de las palabras a las que recurran para su expresión. Así también, debemos diferenciar aquello que se presenta como una forma de cooptación determinada directamente desde la clase dominante, con el fin de contener el auge de la crítica social en actos, de lo que constituyen expresiones auténticas de la clase en su búsqueda de una interpretación más acertada de su realidad inmediata e histórica, expresiones que, por cierto, pueden y deben también ser criticadas. Por tanto, una cosa es atacar los intentos de cooptación del poder, y otra es la crítica –todo lo dura y frontal que se requiera– a los intentos de traducir la propia lucha en el lenguaje de la ideología dominante. Y lo que ocurre, casi siempre, es que estas dos situaciones se entremezclan. Lo que se acentuó, de hecho, durante el gobierno social-demócrata de la UP.

En definitiva, el papel desempeñado por la Izquierda (institucional y “revolucionaria”, voluntaria o involuntariamente), en contextos de gran agitación social y aparición de fisuras en la reproducción del sistema capitalista, no es otro que el de contener el empuje y la creatividad de la clase en lucha, secuestrando su representatividad y dispersando su potencial revolucionario en formas de “enfrentamiento” dóciles y en objetivos formulados en la lógica de la ideología dominante. La Izquierda, que es la Izquierda del capital, no busca otra cosa que la administración más justa de la explotación capitalista, y cuando se muestra incapaz de contener el avance proletario, que vislumbra los límites de la práctica que las ideologías y organizaciones partidistas le asignan, que empieza a comprender sus reales posibilidades y a generar consciente y autónomamente las herramientas coherentes a sus necesidades de emancipación, es entonces cuando la dinámica del capital saca a relucir todo su arsenal del terror para ejecutar un papel represivo mucho más directo. La burguesía nunca se ha limitado a la hora de recurrir a la violencia política sistemática, ejercida ya sea directamente por sus cuerpos de orden y seguridad, como por organismos exclusivamente creados para la expansión del terrorismo de estado, cuando sus intereses se ven en peligro inminente. En tal sentido, la dictadura no surge contra la democracia; es la continuación de su tarea cuando ésta se muestra impotente, o cuando la aplicación de cambios drásticos en la estructura y forma de la explotación capitalista es requerida, procesos que suelen ir de la mano.

Cuando la cooptación se muestra insuficiente, sólo queda a disposición la “razón de la fuerza”. El golpe del 11 de septiembre tiene entonces que ser entendido como un ataque del capital a las luchas proletarias que se intensificaban y multiplicaban, en muchos casos criticando y superando explícitamente a la UP, la que a pesar de desarmar las experiencias más radicales, se mostraba incapaz de mantener el orden capitalista, orden que en lo fundamental jamás se propuso poner en tela de juicio. Obviamente, entran en juego siempre los intereses particulares de distintos bloques o grupos, siendo notorio el apoyo norteamericano a las maniobras golpistas de la derecha política. Pero tras las luchas espectaculares entre izquierdas y derechas, se encuentra la continuidad de la reacción burguesa al desarrollo del contenido comunista que las luchas proletarias van gestando. En dicho proceso, es innegable, como ya dijimos, que muchas y muchos militantes que desarrollaron una interpretación más lúcida de la realidad social, formaron parte de alguno de los partidos que pretendía ser revolucionario. Esto, sin embargo, debe ser matizado. Los mismos testimonios de estos militantes dan cuenta de cómo eran incapaces de dirigir las experiencias autogestionarias que se multiplicaban.

Hoy, desde los alegatos tímidos de los sectores que se suman a la institucionalidad gobernante, pidiendo “Justicia” para que exista una “democracia madura” (y a través de los tribunales burgueses, claro está, constituyendo ésta más bien un recurso retórico que una exigencia real), a los clamores por reconstruir la “unidad de la Izquierda desde abajo”, tomando como molde directo a la UP, eso sí, reparando sus “errores”, encontramos un mismo hilo conductor, una misma esencia ideológica y programática: creer que avanzamos al socialismo mediante la acumulación de reformas, que la economía puede ser más justa y que la democracia se puede profundizar. Y todo esto, cuando se reconoce que no es el “ideal último” al que se aspira, sino una cuestión de estrategia, se hace en base a la imposición de límites a las propias capacidades del proletariado en su conjunto de realizar una crítica radical y de generar experiencias, espacios y relaciones profundamente distintas y opuestas a las que se replican desde la sociedad capitalista.

Por todo esto, hemos decidido reunir los siguientes textos en esta recopilación en torno al golpe del 11 de septiembre, que repasan la labor de la social-democracia durante la UP e intentan recoger las contradicciones que se explicitaban en dicho proceso, tendiendo a la crítica y superación de los márgenes reformistas e institucionales. Más allá de todas las diferencias expuestas, el dolor desatado por la represión sanguinaria de la dictadura (ya sea contra cuadros políticos, activistas sin partido o personas sin militancia) es también nuestro, y cada una de las vidas cobradas a manos de pacos, milicos y agentes de los aparatos de “inteligencia” constituyen una razón más para avanzar hacia la destrucción de este sistema aberrante. Se aproxima el momento en que aquellos que mantienen este mundo de miserias se enterarán de que, tal como les advirtiera el anarquista Paulino Pallas hace más de un siglo, antes de su ejecución, “la venganza será terrible”.

(1) A decir de Marx, durante los sucesos revolucionarios que dieron forma a la Comuna de París, todos los estamentos reaccionarios de la sociedad se habían unido en un “partido del orden frente a la clase proletaria, como partido de la anarquía, del socialismo, del comunismo.” (K. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1852)

Textos incluidos en el dossier:

- Extraña derrota: La revolución chilena, 1973. (PointBlank!)
- Lúcida intervención de un compañero en una asamblea de la CUT en las postrimerías de la UP.
- Comunicado ‘vopista’ luego de la represión de la UP tras el ajusticiamiento del demócrata-cristiano E. Pérez Zujovic, responsable de la masacre de Pampa Irigoin.
- A profundizar la ruptura total con la sociedad de clases. (Redes por la Autonomía Proletaria -RAP)
- El fin de la UP y la reemergencia del proletariado. (Extracto; Grupo Comunista Internacionalista -GCI)
- Carta de los Cordones Industriales a Salvador Allende.