miércoles, 9 de mayo de 2012

Autogestión campesina en Chicauma (1970/71)

Experiencia bastante desconocida de aquel periodo -en la que se involucra la VOP- de la cual se desprenden diversas y valiosas lecturas. En primer lugar, se expresa nítidamente el carácter social-demócrata y represivo del proyecto estatista de la UP, en el que el MIR, como se deja ver también en este relato, era un apéndice "radical", participando directamente en la cacería de los miembros de la VOP. Por supuesto, también se entregan más elementos para conocer la historia de este último grupo, que poco a poco comienza a salir del olvido o de las descripciones que hicieron del mismo las distintas fracciones de la izquierda del capital. En este sentido, también esta experiencia contribuye de antemano a evitar una posible mitificación de los "vopistas", a la vez que plantea concretamente la contradicción entre la acción armada dirigida contra determinados individuos y la posibilidad de desarrollar "experimentos" de vida comunitaria, que intentan desarrollar desde ya relaciones comunistas que, por lo general en la "izquierda", son dejadas para después de la revolución (que se suele entender como meramente política). Hoy, cuando una perspectiva antidesarrollista del proceso revolucionario se hace más robusta, cuando cada vez queda más claro que el proyecto comunista/anárquico no se reduce a la autogestión obrera del mundo existente, sino que constituye su negación radical y su superación por una comunidad humana esencialmente distinta a la actual, esta pequeña y breve experiencia merece ser conocida y reconocida en su lucidez, sin dejar por ello de ver sus límites. Porque mientras toda la social-democracia criolla se embarcaba en la construcción del progreso a base de industrialización y tecnologización (la "vía chilena al socialismo"), obedeciendo a las exigencias del capital con un discurso aparentemente crítico, desde la misma clase hubo brotes de crítica/actividad radical que intentaron desarrollar algo distinto.

“Boinas o chupallas, ametralladoras o arados”

Sólo seis meses alcanzó a durar la experiencia comunitaria de los campesinos de Chicauma, en la localidad de Lampa. Pocos días después del asesinato del ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, los militantes de la VOP que asesoraban el experimento social, fueron encarcelados. A la docena de familias campesinas que participaron entusiasmadas, se les arrebató las 1.800 hectáreas que se habían tomado en diciembre de 1970. Para Alejandro Villarroel, principal impulsor del intento kibutziano, el fenómeno, más allá de su traumático final, es digno de ser analizado seriamente, por lo que “la caricaturización hecha por el programa Mea Culpa (1995) del canal nacional -afirmó-, constituiría una forma de rebuscar el pasado sobre la base de falsedades”. 

En el paradero 18 de la Gran Avenida existió, durante seis meses de 1970, una comunidad urbana. Estaba compuesta por las casas-quinta del barrio, y el lugar de reunión era la vivienda de Alejandro Villarroel. Como no lograron instalar talleres productivos ni realizar cultivos, se disolvió. Empapado por las ideas comunitarias del filósofo Martin Buber, Alejandro comenzó a buscar un grupo de personas decididas a embarcarse en el proyecto de crear un kibutz a la chilena.

“Primero -recuerda Villarroel- convencí a los vopistas. A la VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo) le interesaba, seguramente, porque era un grupo que estaba funcionando en Santiago y no tenían un frente campesino. La VOP era un revoltijo. Ronald Rivera Calderón -su líder- se definía como marxista, leninista, guevarista, trotskista y maoísta. Según él, de cada uno de estos pensadores pescaba lo mejor, lo más interesante que pudieran tener. No tenía una posición sectaria. Había sido comunista, y se marginó con todo un grupo de gente, una base del partido de Ñuñoa. Ese es el origen de la VOP. Cuando yo le propuse a Ronald la idea de irnos al campo -él ya había oído que estábamos viviendo en forma comunitaria en mi barrio- le pareció interesante, porque, justamente, en el campamento donde los vopistas tenían una base (no sé si era el 26 de Julio, o uno de esos campamentos que armó el MIR -Movimiento de Izquierda Revolucionaria) estaba Chandú, que había nacido en Chicauma y sabía que el fundo estaba botado. Fue un encuentro, una coincidencia”.

¿Cómo se dio el proceso de la toma del fundo y el inicio de la comunidad?

Llegamos al fundo, y hablé con un ex comunista, Pablo; él juntó a los campesinos… Tomé la palabra y les conté a qué íbamos: “tenemos este proyecto; juntarnos en una experiencia comunitaria, para ver si es factible, etc… Consistiría en que partimos con un comedor común. Ustedes viven por aquí y por allá; más adelante irán trasladando sus casas en la medida de que les parezca, cuando quieran…”

Era un fundo enorme de grande, en que los campesinos estaban ubicados de acuerdo a los intereses de vigilar antiguos cultivos. Estaban repartidos, a cinco kilómetros uno, a tres kilómetros más acá otro, por acá otro… totalmente aislados, sin electricidad. Había como 15 familias en total dentro del terreno.

En las primeras reuniones estuvo un hombre de derecha que dijo que íbamos a fracasar; que no creía en ningún socialismo, en ninguna utopía ni en ninguna cosa. Tengo la impresión que dos familias se marginaron, por miedo, porque hablamos inmediatamente de que nos íbamos a tomar el fundo.

Cuando el fundo era de una persona, no era tan fácil expropiarlo en esa época, pero si era de una sociedad agrícola y lo tenían sin cultivo, totalmente abandonado -que era el caso de Chicauma-, era el fundo más fácil de tomar de todos los que habían en la… me parece que era la cuarta zona de Reforma Agraria. No había ninguna objeción de tipo legal.

La VOP tenía experiencia en hacer tomas; había que llevar una bandera, hacer una declaración escrita a máquina, que se entregara una copia a Intendencia, otra va a Carabineros, y la otra iba al Ministerio de Tierras, a la Cora (Corporación de Reforma Agraria), al Indap (Instituto de Desarrollo Agropecuario), qué se yo… Eso los campesinos no lo sabían; ellos habían pensado tomarse el fundo, y no encontraron respaldo de nadie, ni de los partidos, ni de organismos estatales. Éstos no lo habían apoyado porque requería demasiada inversión. Según cálculos que ellos hacían, eran necesarios 360 millones para echar a andar el fundo. En esa cantidad enorme de dinero estaba reponer los tendidos de alta tensión; lo único que quedaba arriba de los postes eran los transformadores, que, como son muy grandes, no los pudieron robar; lo demás se lo habían robado todo.

Y empezamos con la olla común. Con la toma partió una fogatita con ladrillos y dos fierros, y un tarro con café. Ese fue el inicio del comedor común. De ahí para adelante jamás faltó la comida. Una cosa curiosa: en cuanto nos tomamos el fundo, nos llegaron de regalo sacos de papas, 50 zapallos, sacos de choclos; después nos regalaron sandías. No sé, la gente corrió la voz, la noticia se difundió…

Hubo gente de Santiago en carpa. A mí los campesinos me cedieron un ranchuco ahí al lado de la casa de Pablo. Era verano, así que construimos una ramada grandota, al lado de un cementerio indígena. Ahí en la ramada vivió un montón de gente, en sacos de dormir. Había gente que había traido incluso sus camas.

Pero, mi impresión es que la gente de Santiago no… me parece que la idea de toda la juventud de la VOP era más bien guevarista, la idea de guerrilla y de combate. No estaban síquicamente capacitados u orientados o plásticos, como para pensar en que era importantísimo un modelo. Cuando llegaron los vopistas ya iban disfrazados de Che Guevara. Yo les dije: “oye, aquí no vamos a hacer la revolución cubana, vamos a hacer la revolución chilena”. Así que yo decidí comprar chupallas, y llegué con 15 ó 20; a cada uno le enchufé una y los disfracé de chilenos…

Yo no sé si es que es fatal que tiene que haber guerra, pero lo más importante en una transformación social es que la gente sepa hacia dónde se dirige el mundo. Yo considero una importancia enorme a un modelo de lo que debiera ser. Esa es idea de Buber, no es idea mía.

La toma fue en noviembre o diciembre del año 70. La VOP hizo regalos a los niños para la Pascua. Ronald llegó con un saco de juguetes. Era tal la pobreza, que los niños pobres usaban ropa de sus hermanitas; niñitos de siete a doce años, con faldita. Así que les compramos ropa. A raíz de eso, justo llegó un interventor del gobierno, cuando estábamos repartiendo prendas de ropa nueva, y el tipo me dijo: “oye, ustedes son de la VOP o del MIR”. “Por qué”, le pregunté yo. “Y de adónde sacan plata para comprar esa ropa”, agregó. “Para qué preguntai leseras”, le respondí. El hombre era del Mapu (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y dejó el trabajo.

Entonces nos mandaron un democristiano, que no se puso a investigar de dónde salía el dinero, y que estaba muy contento con nuestro trabajo. Después de que les compramos ropa a los niños, yo los matriculé, y los llevaba todos los días desde el fundo hasta el pueblo de Lampa.

Como curiosidad, era tal la miseria en ese fundo, que cuando llegó la policía -nosotros estábamos pensando que iban a llegar a balearnos-, nada, la policía nos felicitó, y el propio jefe del cuartel de policía de Lampa, sargento no sé cuánto -El Tiburón le decían- nos regaló cinco mil pesos de su bolsillo, que era harta plata. Hasta la policía estaba de acuerdo con la toma del fundo de Lampa, porque estaba abandonado hacía varios años, sin cultivo; la gente sabía que había miseria horrible, se habían robado los tendidos eléctricos, se habían robado las bombas de pozo profundo, era una catástrofe la cuestión.

Era el único fundo que ni Frei ni Allende incluyeron dentro del proyecto de reforma agraria. Lo dejaron al lado por ser demasiado pobre, cuando en un proceso revolucionario justamente es el primer fundo que debiera haberse puesto en recuperación; un fundo que desesperadamente necesitaba la presencia de técnicos y de inversión para poder echar a andar todo eso.

Chicauma -ubicada a 35 km al noroeste de Santiago- es un microclima excepcionalmente favorable. Como está ubicado entre cerros, tú puedes cultivar cosas que en otros lugares no se dan. La tierra, sin duda fue buena, pero está erosionado. Ahí la erosión era más bien eólica; no había problema de erosión hídrica, salvo en los cerros, pero en el plano la erosión era… se armaban torbellinos todos los días, había un ventarrón fenomenal.

La municipalidad nos dio el derecho a cobrar peaje rumbo al Taco, porque dentro del fundo había un balneario; cobrábamos un peso por persona. Como pasaban muchos buses durante el día al Taco, juntábamos harta plata… Fue un río, ahora está seco. Era un hilo de agua, que, como le pusieron un taco de barro, se hizo una posa, y la gente iba a bañarse ahí.

Una de las cosas curiosas fue que, cuando iniciamos el proyecto, quienes estaban de acuerdo absolutamente eran los adultos -yo pienso que en razón de la miseria en que ellos estaban en ese momento-, y había rechazo de los adolescentes. Y este amigo mío, Jochimil, cambió radicalmente el asunto. Al final, en los últimos meses, eran los jóvenes los que participaban con más agrado en el trabajo comunitario. Los campesinos más viejos siempre trabajaron, pero fue Jochimil el que volcó el asunto. Cuando yo llegué los muchachos tenían interés solamente en comprar bicicletas, ropa, cosas típicas de los jóvenes. Tal vez querían ir a bailar, pero, como no había electricidad, quizás ni música habían escuchado. Eligieron una directiva. Ellos eligieron, como campesinos, a las personas que iban a dirigir, y eligieron a uno de ellos como presidente, a un tesorero y a un secretario; los tres eran campesinos de Chicauma.

La gente de Santiago… Participaron, algunos un tiempo más, otros un tiempo menos. Hubo gente muy interesante ahí metida. Estuvo Víctor, el que llamaban tesorero de la VOP, estuvo conmigo varios meses. Víctor, donde se metía era un hombre excelente, muy cariñoso con la gente; quiere mucho a la gente pobre, es muy trabajador, muy sociable, con él no tuvimos ningún problema.

Hubo una cantidad de gente joven de la VOP, universitarios; hicieron un trabajo muy bueno en enero y febrero, que es cuando ellos tienen vacaciones, porque después tienen que continuar sus estudios en Santiago, así que se fueron.

Estuvo una cantidad enorme de gente de la VOP. Estuvo un argentino; no sé por qué razón mandaron un japonés que no hablaba español, que se presta para pensar que era agente del imperio del sol. Es posible que haya sido un error mandarme un par de personas que no funcionaron en absoluto en el campo. Uno de ellos era Alex. Cuando hicimos la toma, participó gente de otras organizaciones; participó gente del grupo de Conejo, y no me acuerdo de qué otro grupo más. Hubo ahí gente de visita, por uno o dos días gente de todas partes. Y llegaron periodistas además.

¿Existieron diferencias entre los campesinos y los asesores? 

Yo estaba como asesor; nunca me dieron un cargo. Me tenían mucho aprecio. El único conflicto que tuve con ellos fue cuando ya teníamos la semilla; yo tenía dos sacos de pepas de almendra amarga, porque en los faldeos, como no hay agua, ibamos a hacer un criadero de almendros para injertarlos con durazno o con ciruelo, y el almendro te da quince metros de raíz. El almendro encuentra agua donde otros árboles se mueren. Pensábamos poner frutales en un sector, arriba montes, tal como fue siempre, pero en el faldeo, cerca del plano, pensábamos poner árboles frutales diversos, en patrón de almendro. Teníamos las semillas de almendra, teníamos el trigo para sembrarlo, y yo les dije: “necesitamos más gente”.

Teníamos 1.800 hectáreas, era un fundo inmenso. Y los campesinos me dijeron: “no compañero, que ahí en Lampa los hombres que están cesantes son todos borrachos”. Yo creo que no eran todos borrachos; el problema es que los campesinos estaban pensando: “cuando cosechemos el trigo, si tenemos que dividirlo entre diez o entre 20, nos toca menos a cada uno, o vamos a ser menos ricos en forma comunitaria. Yo creo que es el egoísmo el hecho que ellos no querían que viniera más gente.

Yo les dije: “bueno, a ustedes les consta, yo vendí mi casa para ese dinero aportarlo aquí a la comunidad. Me parece que tenemos unas tierras inmensas de grandes, en que es factible reforestar, es factible recuperar los suelos, es factible producir, y somos muy poca gente. Ustedes descubran de dónde sacan gente. Si ustedes dicen que los cesantes de Lampa son borrachos, acepto, pero ustedes descubran”. Y en ese caso uno de los campesinos me trajo a sus sobrinos para el fundo. Creció por ese lado. No logré convencerlos… porque ahí podríamos haber estado perfectamente 30 familias.

¿Fue posible construir algo en sólo seis meses? 

En seis meses, claro que es poco tiempo, pero es fantástico el resultado, porque se llegó a un nivel de comunidad absoluto; compartíamos todo. Y, en los últimos momentos, yo, prácticamente me pasaba como relacionador público, porque teníamos todos los días visitas de ingenieros y de agrónomos, y de economistas agrarios, venidos de Melipilla, de Valparaíso y de otros lados. Y ahí estar explicando lo que estábamos haciendo, y los planes, y nos sugerían una cosa, u otra cosa…

A diferencia del kibutz, la gente partía para arriba sin desayunar, que a mí me choca eso. Para mí lo lógico era haber tomado desayuno primero y después partir para trabajar. Se lavaban la nariz, dormían casi con toda la ropa puesta, yo creo que los zapatos se sacaban. Se lavaban la nariz y partían a trabajar, así que había que llevarles el desayuno para el cerro. Les llevábamos para arriba sandwich, café, té, y toda esa historia. Porque el afán de ellos era trabajar, trabajar y trabajar. Yo nunca me imaginé que campesinos chilenos totalmente ajenos a la política, pudieran tener esa respuesta frente a una experiencia comunitaria.

Punto uno; a mí me llamó la atención, que tanto la izquierda como la derecha ocultaron cuidadosamente qué cosa era Chicauma. Fue ocultado inmediatamente. Más aún, a raíz de la toma de Chicauma, a la semana siguiente apareció un decreto ley en el Diario Oficial, en que, a partir de esa fecha, se prohíbían las tomas de fundos, cuando la izquierda chilena había sido tomadora de fundos por tradición. En cuanto contraté a los vopistas como miembros del colectivo, éramos un asentamiento, según la ley, a la semana siguiente apareció en el Diario Oficial: “a partir de esta fecha se prohibe contratar personas extrañas a los predios”. Es decir, dos leyes hechas contra la VOP, así, pero precisas, al extremo de que… yo no fui el que andaba comprando el Diario Oficial todos los días, fueron los funcionarios del Indap los que me llevaban los periódicos para informarme de cómo iban saliendo leyes para impedir la repetición de este fenómeno.

Y lo que queríamos era montar modelos de un mundo ideal, esa es la idea de Buber. Yo no entiendo por qué razón, un gobierno que es de izquierda, se opone a que locos de la ciudad, junto con campesinos pobres del campo, monten modelos de como debiera ser. Es absolutamente lógico, prudente, e inteligente montar modelos de lo que es factible. Lo que no se puede es llevar al pueblo hacia una cosa que no está definida, hacia un mundo futuro que nadie sabe en qué consiste. Eso es gravísimo, y ese es uno de los argumentos que tenía la derecha para… porque suponían que íbamos rumbo a una repetición del estalinismo, con todas las agravantes horribles… es un fascismo de izquierda el estalinismo, tan fascismo como el que después impuso Pinochet o el que tenía Hitler, en que te sacan a media noche de la casa, en un auto sin patente, y después desapareces.

En la televisión (programa Mea Culpa de TVN) aparece como un campo de entrenamiento militar. Yo hubiese querido que fuéramos tan ordenados y disciplinados… porque ahí mostraron un entrenamiento tan bueno como el que hacen los milicos aquí en Santiago, en la Escuela Militar. Es absolutamente absurdo. Obviamente todos los grupos, cuando andaban en el campo, tiraban balas, pero le tiraban balas a un tarro o a una botella, pero no hubo en absoluto entrenamiento militar. Mi preocupación estaba absolutamente centrada en producir.

¿Qué cosas se producían en la comunidad campesina? 

Se producía… Primero, leña de litre, después se produjo carbón de litre, y, después, tierra de hoja. No hubo otro tipo de producción. Ellos tenían, individualmente, Pablo, me parece que dos o tres animales. El papá de Pablo tenía otros dos más. No pusimos una norma rígida, como ocurre en el kibutz, en que todos aportan el total de su patrimonio, eso no lo pusimos como una obligación.

Incluso, era lógico a los campesinos entregarles una cantidad de dinero, porque el campesino chileno, si tiene plata en el bolsillo, entonces él es un hombre con éxito. Si no tiene dinero es un fracasado, es una mujer; pierde su condición de macho si no tiene dinero en el bolsillo. Ellos no necesitaban dinero, porque como en forma colectiva traíamos cigarrillos, comprábamos azúcar, harina, tomates, aceite, cuanto diablo… pero, se le asignaba a cada campesino un poco de dinero por razones sicológicas.

En cambio, los muchachos nunca pidieron dinero para andar trayendo en los bolsillos, andaban simplemente, para arriba y para abajo. Si alguien necesitaba dinero, porque tenía que ir al pueblo a ver al dentista, sacaba dinero para ir a ver al dentista. En cierta medida copiamos al kibutz, y, en cierta medida no lo copiamos.

Nos acomodamos a la cultura de ellos. Fundamentalmente a esa cuestión machista de que hay que andar con plata en los bolsillos, aunque no la gastaban, porque no la necesitaban para nada. No hubo borracheras para nada, no hubo… salvo ese loquito que le pegó un corte a Pablo en el cuello, no tuvimos conflictos.

Y establecimos cambalaches con los otros fundos de los alrededores, que también eran asentamientos. Empezamos a hacer trueque con el asentamiento de O’Higgins. Les regalamos leña y ellos nos regalaron cajones de tomates. Y ese asentamiento estaba controlado por los democristianos. No pusimos objeción a que eran democristianos, a que la señora Ana es momia, nada, nada. Y en el fundo nuestro teníamos un comunista, Pablo, que había sido dirigente de la Juventud Comunista, y el presidente de la directiva de Chicauma era el presidente de la juventud democristiana de Lampa; ese es un dato curiosísimo e interesante. El conflicto mental para mi pobre amigo Carmelo debe haber sido fenomenal, porque probablemente, como democristiano tenía cariño por Pérez Zujovic, me imagino. No supe qué pasó.

Yo pensaba que en un proceso nacional, en un proceso social, es factible que el hombre cambie su trato que tiene con la naturaleza. Llegué a una preocupación de reforestar, y, curiosamente, esa es una contradicción clarísima del fenómeno VOP allí en Chicauma; es que empezamos a desforestar, porque hacíamos leña con los litres, y después hacíamos carbón.

Y, después, en una oportunidad en que yo tuve que venir a Santiago -estuve dos o tres días fuera del fundo- me encuentro con que están felices vendiendo tierra de hoja, tierra de litre, que se la llevaban en unos camiones inmensos, y, obviamente, rumbo a los jardines del barrio alto. Y los campesinos estaban encantados, porque era mucho más fácil recoger tierra de litre, que es livianísima, y muy hermosa y muy limpia, que estar picando litres que producen sarpullidos.

Lo importante es que si tú mirabas el fundo, después que llegamos nosotros, obviamente había menos árboles que antes. Teníamos cuidado sí de dejar un renuevo, nunca cortamos del todo un árbol. Pero tú pelas, de todas maneras pelas. Entonces, cuando cae lluvia, si no hay árboles, produces más erosión, porque el agua golpea el suelo y hace correr toda la materia orgánica que haya y las micropartículas que queden, porque ya hay una erosión en todo ese lado.

Teníamos un plan para aplicar ahí en Chicauma. Era cultivo de cebada y trigo, con un método ultramoderno que estaba siendo probado por la FAO. La FAO tenía unos proyectos de agricultura allá en la India, y esos íbamos a aplicarlos aquí en Chicauma. Que tengo la impresión que tiene que ver con parar la erosión mediante curvas a nivel; arar ya no en forma recta como se suele arar, sino que arar considerando los desniveles del suelo, y tiene que estar además…

Es tal el interés que despertó Chicauma, que incluso el Ministerio de Obras Públicas había decidido hacer investigaciones de pozos subterráneos en Chicauma, para ver si encontraban unas napas subterráneas mejores de las que tenían, porque habían tres pozos, de los cuales uno solamente era bueno, y los pozos son carísimos. El Ministerio de Obras Públicas dispone de un ítem destinado a la investigación. Ellos para apoyar el proyecto de Chicauma, iban a hacer unos pozos en distintos lugares para ver si encontrábamos una napa buenísima capaz de regar, quizás 200 hectáreas.

Fui tan rematadamente imprudente, que yo pensaba que si había que arar la tierra, y el Servicio Militar del Trabajo tenían tractores disponibles, ellos deberían hacerlo, yo no veo por qué no. Y vine acá al regimiento no sé cuanto, que es del servicio militar del trabajo, hablé con un coronel que me recibió con mucha amabilidad; le conté el proyecto utópico de Chicauma. Le pareció muy interesante, revisó su cuaderno, y tenía comprometido todas las máquinas hasta el fin del año. Así que, absolutamente, no disponían de material, de máquinas con qué ayudarnos. Si me hubieran ayudado los milicos, yo creo que habría sido descomunal el problema, para el coronel, que lo podían dar de baja por tonto, me llevan a mí por… o de otra organización de izquierda me habrían dicho que yo soy agente de la CIA, que cómo estoy metido con los milicos.

Para mí lo importante era sembrar, porque el espíritu estaba… Para mí lo más difícil era la atmósfera comunitaria, y esa se logró. Lo que faltó fueron medios, medios para ir a apoyar económicamente una experiencia comunitaria boicoteada desde el Estado.

Yo le fui a pedir ayuda a unos curas, que estaban con una escuela agrícola a la entrada de Lampa, y se negaron a ayudarme, eran curas italianos. Era una colonia de curas italianos que le enseñan agricultura a los jóvenes. Ellos tienen máquinas ahí, podrían haberme ayudado, pero no quisieron ayudarme. No se me ocurrió ir a un asentamiento vecino a ver si nos podrían haber ayudado.

Cuando yo le dije a Ronald que teníamos que sembrar, me dijo: “Y cuánto cuesta eso”. “18 millones”, le contesté. “Ah, pucha -expresó-, con esa plata me compro dos ametralladoras”. Ronald tenía una obsesión de que lo que teníamos que hacer era prepararnos para un enfrentamiento. Todo el dinero invertirlo en armas y municiones.

¿No era contradictorio estar, al mismo tiempo, desarrollando un modelo de vida, y, paralelamente, efectuando acciones de muerte?

A raíz de la muerte de Edmundo Pérez Zujovic se desató una caza de brujas de horror, en que participó el MIR, el partido socialista, los ELeNos (Ejército de Liberación Nacional). Yo creo que la FAR, uno de los pocos grupos pro chinos que había en esa época -no sé cómo se llamaban- fueron los únicos que no participaron en la cacería de vopistas.

En junio de 1971 murió Ronald y el proyecto de crear un kibutz “a la chilena” se derrumbó…

El primer viernes después de la muerte de Pérez Zujovic. Yo pasé para allá el día jueves, pasé en un bus Santiago-Lampa, entremedio de un cerco de policía y militares armados, con chalecos antibalas. Pasé rumbo a Chicauma; me habían propuesto que arrancara. A mí me parecía absolutamente imposible arrancar en esas circunstancias. Habría sido horrible arrancar. Y yo, personalmente, cuando ocurrió la muerte de Pérez Zujovic, estaba en el campo, y vine a averiguar a Santiago qué había pasado. No encontré a nadie. Me devolví a Chicauma y pasé entre medio de una jauría inmensa de policías y militares, y me bajé antes de llegar al pueblo de Lampa.

Me bajé en el río, y me fui caminando por el cauce del río seco. Por detrás llegué al fundo, porque la policía me andaba buscando por todos lados… andaban buscando a un tal Alejandro Villarroel. Los campesinos no sabían, porque a mí me conocían como Alonso Carvajal Pardo, que son los segundos apellidos de mis abuelas. Y me dijeron: “mira, andan buscando a un tal Alejandro Villarroel. Ahí está el vehículo, ahí están los tiras buscando”. Esa noche dormí igual que todos los días en el fundo, y a la mañana me sacaron de la cama, a las seis, siete de la mañana. Probablemente alguien informó que yo estaba durmiendo allí. Habían 60 personas con ametralladoras, para ir a sacarme de ahí, preso.

De Santiago solamente quedaba Jochimil y su mujer.

Cuando se produce la muerte del comerciante Don Raúl, en donde estuve involucrado yo y otros amigos míos, yo lo lamenté terriblemente, porque ese fue el inicio del fin. A raíz de la muerte de Don Raúl, apareció la foto de Ronald en los periódicos, y Ronald entró en una… tengo la impresión, en una situación personal desequilibrante, de estar perseguido, y que se empieza a pensar ya no evaluando la realidad tal cual es.

Yo veo que el asunto Pérez Zujovic es como el resultado de una situación que era generada por la crisis de estar perseguido. Esa es mi impresión, porque el resultado fue que la organización fue diezmada, perdimos cuatro compañeros, el fundo Chicauma se fue al demonio. Los campesinos que estaban en la directiva fueron expulsados del fundo, cosa que es gravísima a mi modo de ver, porque ellos no sabían nada del asunto VOP, no sabían que éramos de la VOP, y expulsarlos como cómplices de terroristas de izquierda fue una torpeza, una barbaridad.

Y parcelaron el fundo, inmediatamente, lo convirtieron en propiedad privada, que es el destino final de los asentamientos. Los asentamientos eran un proceso que al final iban a terminar en el reparto del fundo, convertidos todos en pequeños propietarios. Ese era el proyecto de reforma agraria, que echó a andar Frei…

En cambio, la tendencia marxista es la granja del Estado, la enorme granja del Estado, que se repitió en Cuba, y que se repitió de nuevo en Nicaragua; un fracaso completo, total, absoluto. En Nicaragua es de horror. Yo estuve trabajando dos años para el gobierno noruego en Nicaragua, y conozco al dedillo el descalabro de esa revolución.

Cuando caí preso, estaba muy, muy enojado con los vopistas, muy molesto, porque sentí que estábamos traicionando a los campesinos, que habíamos defraudado la ilusión de gente pobrísima. Cuando yo venía preso hacia Santiago en un auto del GAP, pasó hacia Chicauma una de esas máquinas inmensas, que son las que perforan los pozos. Terrible para mí; todo ese proyecto se iba al diablo.

¿Hubo alguna discusión en la VOP sobre el trabajo que estaban realizando con los campesinos? 

Yo, al menos, no participé nunca en un Congreso. Interesante dato: propuse dos o tres veces, cuando tuve conflictos con gente de la VOP, que hiciéramos un congreso para discutir el trabajo campesino. “Discutámoslo, conversemos, veamos en qué punto estamos, cuáles son los compromisos que hemos tomado con los campesinos. Revisemos lo que hemos hecho. A lo mejor les parece mal lo que estamos haciendo, pero díganlo”. Desgraciadamente no tuve respuesta. No sé si por dejación, o porque ya tenían ese elemento que se metió -me dicen que Gonzalo Toro habría llamado a Ronald para conversar y decirle que lo que estaban haciendo era un absurdo. 

Entrevista aparecida en Elciudadano. También difundida en Hommodolars y punkfreejazzdub.

jueves, 19 de abril de 2012

Sobre "plataformismo" e "insurreccionalismo"...

Nota nuestra: Interesantes palabras que aportan claridad al debate en torno a la necesidad o no de "organización" por parte de la clase (o fracciones de ella) y sobre el contenido mismo de su lucha, el cual sólo puede ser expresado a través de acciones y formas de relacionarse que guarden coherencia con sus fines históricos, que no son otros que "dejar de ser proletario", es decir, dejar de ser explotados/as mediante la destrucción de la posibilidad misma de explotación (en todo nivel), "y llegar a reconocerse en una comunidad humana y material auténtica", aboliendo la autoalienación. Si bien este "debate" se encuentra circunscrito al espectro del anarquismo, sus implicancias son de interés general para todo el movimiento proletario y las minoría revolucionarias, pues tienen que ver con la forma en que estas últimas se comprenden respecto a las "masas" y a sí mismas, como con el contenido auténtico que como clase debemos desarrollar para ponerle fin a este cruelmente absurdo mundo capitalista.

Desde ya adelantamos que desde este sitio la crítica (por dura que sea) a ciertas corrientes, no equivale a su condena pública ni, menos aún, implica dejar de lado la solidaridad contra quienes son actualmente directamente perseguidos y encarcelados por el estado. Valgan estas palabras de Amorós, con las que termina un texto en que repasa críticamente la historia del insurreccionalismo (y particularmente de A. Bonnano): "Nuestras críticas no nos impiden reconocer su coraje y nuestro desacuerdo no supone un obstáculo para que exijamos su liberación."

Sobre "plataformismo" e "insurreccionalismo".

Desde hace algunos años abundan los atentados explosivos reivindicados por grupos insurreccionalistas, y las discusiones a propósito de esas acciones y de la ideología que las anima. Esa confrontación entre “organizacionistas” y partidarios de la violencia apunta hacia un callejón sin salida: a la desesperación temeraria de unos se opone la lucidez resignada de los otros, dejando en el aire la sensación de que si uno rechaza el capitalismo está obligado a elegir entre ser un forajido o un devoto de la organización. Ambos puntos de vista reflejan el peso muerto dejado por las ideologías revolucionarias del pasado, todas ellas variaciones de la misma vieja melodía socialdemócrata: “las masas han de ser despertadas, organizadas y movilizadas para que hagan lo que no podrían hacer dejadas a su propia suerte”. Sobre ese tema de fondo desvarían los abnegados organizadores de masas y los impacientes niños salvajes, comprometidos cada cual con los medios que consideran mejores – aparatos organizativos o bombas, da igual – para alcanzar el mismo fin: hacer que otros hagan lo que no han hecho y deberían hacer.

El problema no es sólo que se asuma esa posición omnisciente respecto a la lucha de clases, sino que el que la asume se obliga a definir por cuenta propia qué es lo que el proletariado debería hacer, cómo debería hacerlo y cuándo. Esa pretensión es exactamente la misma que animaba al socialismo lasalleano y al kautsky-leninismo engendrado por él: los intelectuales, portadores de la ciencia socialista, sabían mejor que el proletariado lo que el proletariado debía hacer para emanciparse. Los insurreccionalistas, por su parte, desprecian la intelectualidad tanto como los bolcheviques la veneraban, pero eso no dice nada en su favor: sólo han seguido la tendencia dominante en esta época. La ideología insurreccionalista, de hecho, al venerar la acción directa y autosuficiente, invocando a cada paso la rebeldía pura y la libertad indomable, es una de las ideologías más políticamente correctas de hoy: su fuente de legitimidad es la ideología de la “naturaleza salvaje”.

Así que hay una continuidad esencial entre la ideologia revolucionaria de 1910 y la del 2010, ambas condenadas, por su propia naturaleza, a servir a la contrarrevolución. No hay que ser demasiado sagaz para percibir cómo en los ambientes radicales los antiguos adeptos del vanguardismo leninista, ahora reconvertidos en anarquistas insurreccionales, hacen sentir el peso muerto de su historia de fracasos. Ya sea que defiendan la organización formal o la “afinidad”, su discurso y su práctica parten siempre de la misma perspectiva alienada: al proletariado uno se acerca, le despierta, le venga, le hace actuar… en nombre de sus intereses y desde una posición exterior. Es así, y por más que algún insurreccionalista actualizado invoque la concepción inmanente del comunismo (“cada acto es expresión del movimiento real”, etc.), esto no pasa de ser una justificación a posteriori y sin fundamento: lo que tiende al comunismo no lo hace por obra y gracia de las intenciones que uno declara tener, sino por el significado objetivo, social, de sus actos. Por más convencida que una persona esté de sus razones, éstas no valen nada si no son contrastadas con las razones del resto: la razón, como la lógica y el pan de cada día, es un resultado social.

«Communis. Echemos una mirada atenta a este adjetivo latino. Communis significa “común”, “universal”, “generalmente compartido”. Munia significa “deberes”, “mandatos públicos”, “tributos”, “impuestos” y cualquier tipo de servicio o responsabilidad civiles para con la comunidad. Por lo tanto Cum munis significa “con deberes”, “con obligaciones”, “con compromisos”, vale decir, estar sujetos a formar parte de la vida de una comunidad regulada. Muy curiosamente el antónimo de Communis es Immunis, que significa “sin deberes”, “libre de compromisos”, “libre de aranceles”.» (Wu Ming, La partícula mu en la palabra “comunismo”)

La ideología insurreccionalista es un himno a esa libertad libre e inmune. Para el que ha “pasado al ataque” todo se trata de su personal duelo con las fuerzas represivas. Fuera de esa aventura individual y grupal, no hay nada. Nada que tomar en cuenta, nadie con quien ponerse de acuerdo, nadie a quien darle explicaciones. El insurreccionalista mantiene una relación mucho más cercana con sus enemigos que con sus amigos, ya que es vulnerable frente a la policía, pero inmune frente al proletariado. Para él no existe nada parecido a un movimiento que a duras penas trata de afirmarse y que sólo puede afirmarse, de hecho, constituyéndose como movimiento social. Nada como una comunidad que debe ser construida sobre bases más amplias que las simples afinidades personales, y que llegado el caso tendrá que saber imponer sus propias condiciones minimizando el enfrentamiento con los esbirros, al suprimir de raíz el poder político y económico que les alimenta.

La ideología de la organización, por otra parte, aunque no lo hace mejor, tiene al menos el mérito de preservar, bajo una densa capa de incomprensiones, el núcleo de lo que el movimiento comunista es en esencia. Fuera de eso, el organizacionismo (o “plataformismo” como algunos lo llaman evocando el célebre aparato de Archinoff) no pasa de ser la otra cara de la moneda del insurreccionalismo. Su énfasis obsesivo en las formas asociativas, que reclama el sentido de compromiso sin permitir jamás que se pregunte “¿compromiso con qué?”, es una coartada que le permite a los jefes hacer olvidar el contenido de la asociación que dirigen. O sea, para quitar de en medio el problema de fondo que consiste en saber para qué nos organizamos y actuamos juntos. Para los organizacionistas todo se reduce a un vulgar politiqueo: motivar a otros, seducirlos, agruparlos, movilizarlos, organizarlos… ¿para qué? Para seguir así indefinidamente, por supuesto, y que no se pregunte más.

Estar en condiciones de expresar los intereses comunes del proletariado, manteniendo siempre “el interés del movimiento enfocado en su conjunto” (tal como se afirma en el Manifiesto Comunista de 1847), pasa por sentir, pensar y actuar de acuerdo a la experiencia concreta de estar proletarizado y compartir esa experiencia con los demás. Sólo a partir de ese nivel concreto puede uno juzgar las posibilidades y límites del movimiento proletario en su conjunto, dándole una expresión directa y desmitificada a la lucha por sus intereses. Es así porque en ese nivel, si se escarba un poco, se descubre que los intereses de la clase proletaria en su conjunto coinciden con el interés personal de cada ser humano reducido a la proletarización e impedido de reconocerse a sí mismo en la colectividad. ¿Cuál es este interés? Dejar de ser proletario, desde luego, y llegar a reconocerse en una comunidad humana y material auténtica. Los vanguardistas de la organización o del ataque armado no entienden esto, porque ellos mismos no han reconocido en qué medida su propio interés personal es el interés de su clase. Se figuran en cambio que entre ellos y el resto de los proletarios hay un abismo, pues creen que realmente el interés de los proletarios es ver el mundial de fútbol o comprar el automóvil de moda, mientras que el de ellos es destruir el capitalismo. Pero por más que un proletario tenga anhelos consumistas o sea conformista en su vida diaria, su interés es igual al de todos los demás proletarios, pues tiene que ver con necesidades y conveniencias colectivas y objetivas. Que al proletario medio se le impida reconocer esa base de intereses objetivos es ciertamente un problema; pero jamás va a descubrir sus intereses de clase porque alguien más venga a organizarlo si él mismo no sintió la necesidad de organizarse para descubrirlos y defenderlos. Tampoco va a reconcoer sus intereses de clase mientras los noticieros le informan de escaparates destrozados a bombazos por quién sabe quién, y quién sabe para qué. Esos intereses sólo se le pueden revelar a partir de su propia experiencia cotidiana, de sus relaciones con los demás, del empleo de su tiempo y de sus capacidades. Es allí donde cada cual puede actuar, sin seducciones ni manipulación, para hacer realidad una comunidad capaz de reanudar la revolución social.

Ésta es una verdad que, para los comunistas, no necesita ser demostrada. Los que no han logrado experimentar esta verdad concretamente, en sus relaciones cotidianas, sienten en cambio la necesidad de “organizar” a otros o de “despertarlos”, para que esos otros hagan lo que se supone que tienen que hacer. Ellos, organizadores o dinamiteros, creen que si los demás no se han organizado o no han “pasado al ataque”, es porque no se han dado cuenta de algo, algo que hay que hacerles ver organizándolos o impresionándolos con golpes noticiosos. Pero al actuar así sólo están canalizando su propia desconexión vital respecto a los intereses objetivos del proletariado, respecto a sus reales posibilidades de desarrollo y a sus límites actuales. Esa desconexión les lleva a identificarse con el proletariado, asumiendo que sus acciones son las adecuadas sólo porque las hacen en su nombre. Pero uno sólo puede identificarse y actuar en nombre de algo que no es uno mismo, algo que es otra cosa distinta de uno; desde esa posición exterior cualquier intento por definir los intereses de conjunto del proletariado y por defenderlos, parte de una falsedad fundamental. El hecho de que existan proletarios que asumen esta posición dice poco sobre su posición objetiva en la sociedad, pero mucho sobre su desclasamiento subjetivo. Aunque ellos mismos sean proletarios, sus actos no expresan el interés de conjunto del proletariado – que es auto-emanciparse de cualquier fuerza exterior a su propio ser – sino su propio interés privado: sueñan con separarse de su clase para volver a ella como salvadores.

La acción y la teoría que emana del proletariado mismo, en cambio, se manifiesta directamente como movimiento de superación de las condiciones dadas. Este movimiento no es exterior a la experiencia diaria de los proletarios en lucha por vivir, sino que tiene lugar en el seno de esa experiencia, en el suelo mismo de la sociedad de clases. Por más que en su desarrollo este movimiento encuentre inevitablemente la necesidad de la organización y del enfrentamiento, su razón de ser no es en absoluto “organizarse” ni “pasar al ataque”. Ésos son sólo momentos parciales, aspectos secundarios, seguramente inevitables en su devenir, pero que no lo definen. Lo que define al movimiento comunista del proletariado es que consiste ante todo en un movimiento de auto-superación radical e integral; es decir, un movimiento en que los proletarios se reapropian sus capacidades colectivas usándolas para transformar el mundo y la vida, de paso aboliéndose a sí mismos y a todas las clases. Una parte esencial de este movimiento es recuperar el sentido de interés social objetivo que el capitalismo ha denigrado por completo, así como el sentido de compromiso y responsabilidad con ese interés comunitario (“cum munis”). Los que quieren reducir este movimiento a una mera cuestión de “ataque armado”, sintiéndose libres para imponer sus propias condiciones a una comunidad ahogada en germen, son un obstáculo a superar; al igual que los que quieren reducirlo a una simple exigencia de “organización”, sin decir para qué exactamente proponen sus estructuras formales.

Carlos Lagos P.

Tomado de Comunización. El título de esta entrada lo hemos puesto nosotrxs.

martes, 3 de abril de 2012

[Argentina] A 30 años de la guerra de Malvinas… ¡nos oponemos a su guerra, nos enfrentamos a su paz!


Este 2 de abril se cumplen 30 años desde el desembarco del ejército argentino en las Islas Malvinas, que despertara nuevamente el conflicto con el Reino Unido por el control del territorio. Un mes más tarde, el hundimiento del buque General Belgrano por un submarino británico daría comienzo al conflicto armado que dejó como saldo más de 700 muertos y 1800 heridos, así como innumerables daños psicológicos en personas que se vieron involucradas directa o indirectamente en la guerra. En el caso argentino, si analizamos la situación social que dio lugar a esta masacre realizada en nombre de la patria, encontramos un modelo de acumulación en profunda crisis. El gobierno de la Junta Militar estaba dispuesto a sostenerlo mediante la destrucción de toda expresión combativa del proletariado así como la imposición del individualismo y la fragmentación social, tal como lo venía haciendo desde el año `76 al frente del Estado.

La avanzada neoliberal se forjó a sangre y fuego sobre la persecución y exterminio de la "subversión", así como el exilio forzado de miles de disidentes: era necesaria una hegemonía política absoluta a nivel interno que pusiera a Argentina en sintonía con las necesidades del capital. Pero mientras se sucedía una escalada de medidas económicas liberales, se sentía cada vez más la pérdida del poder adquisitivo de los/as asalariados/as. Desde las cenizas empezaron a reemerger reclamos de distintos sectores de la población. Ya en los `80, el descontento se generalizaba exponencialmente, mientras salían a la luz, con cada vez más fuerza, las desapariciones forzadas de personas y demás atrocidades realizadas por los militares y policías, que se hicieron de conocimiento público a partir de la persistente denuncia de grupos de DDHH, con las Madres de Plaza de Mayo a la cabeza.

Entonces, cuando el gobierno de la junta militar decide tomar las Islas Malvinas, no hace más que continuar su política interna por otros medios. El objetivo no era “recuperar” las islas, era la desaparición del conflicto social. Es claro que esta medida que representaba una solución provisoria a los problemas políticos de los milicos, no resolvía ninguno de los problemas del proletariado argentino, muy por el contrario, los agravaba... mientras nos defendemos del “enemigo exterior” no podemos reclamar aumentos salariales, ni nada… todos juntitos, explotadores y explotados, honrando a la bandera genocida argentina.

No es nuestro fin el defenestrar a los milicos en defensa de la gestión democrática del terrorismo estatal. Sean gobiernos dictatoriales o democráticos, el Estado siempre cumple la función de mantener en pie el orden vigente: la sociedad de clases que impone la dictadura del capital sobre la vida. No importa quién gobierne, su fin último siempre es la defensa de la propiedad privada de los medios de producción por parte de la burguesía, y nuestra condena a trabajar toda la vida para acrecentar su riqueza. Intentarán convencernos con la tele, la Iglesia y la Escuela… o nos obligaran a resignarnos a palazos o torturándonos en un calabozo… Ser proletarios significa que no existe más opción que apresar nuestra actividad humana tras las rejas del trabajo asalariado o desesperar en la desocupación.

A través de las guerras entre Estados, distintas fracciones de la burguesía se enfrentan por conquistar mercados, apropiarse de fuerzas productivas, territorios y “recursos naturales”. Esto, a su vez, pone en marcha la producción de armamento, empresas de servicios, constructoras y medios de comunicación, entre otros. Pero a veces estos no son motivos suficientes para desatar un conflicto bélico, y hay otra razón de fondo que erige a la guerra como un fin en sí mismo: su potencialidad para debilitar y desarticular al proletariado en momentos de crisis y conflictividad social. En ellas se nos mata (¡y se nos obliga a asesinarnos entre nosotros!) en el frente de batalla, mientras se nos exigen todo tipo de sacrificios en la “retaguardia”, haciéndonos dejar de lado la defensa de nuestros intereses como clase para fortalecer el dominio de la burguesía. Cuando se presta a matar y morir por el Estado de "sus" burgueses, el proletariado se niega como tal, quedando enajenado de su necesidad urgente de emancipación revolucionaria. Frente a la guerra no tenemos más opción que oponernos a los represores y explotadores directos, oponernos al reclutamiento, romper la disciplina en las calles y los lugares de trabajo e instar al proletariado del “bloque enemigo” a realizar lo propio en su territorio.

Para persuadirnos la burguesía se sirve de quienes pretenden anestesiarnos con política e ideologías. Así es como en Argentina, TODOS los partidos políticos de derecha e izquierda apoyaron abiertamente la guerra de Malvinas. Las consignas que proclamaron -y siguen proclamando- como “anti-imperialismo”, “segunda independencia”, “defensa de la economía nacional”, “independencia económica” o “liberación nacional” por mencionar algunas, no son más que sanguinarios anzuelos para arrastrarnos a la barbarie asesina del capitalismo y su guerra. No importa si las islas son argentinas, inglesas o de quien sea... seguiremos siendo herramientas, engranajes, mercancías que se compran y venden para generar ganancias, acá como en el resto del planeta.

Lejos de la política y la especulación, nosotros entendemos que los proletarios no tenemos patria, que los explotadores y explotados están distribuidos por todo el mundo y que no hay conciliación de clases posible, nuestra lucha es por terminar con el capitalismo como sistema totalitario a escala mundial. Ninguna alianza estratégica con ninguna burguesía, ni ningún tipo de participación en el Estado, que direccionan nuestros esfuerzos para fortalecer las estructuras que nos oprimen y dominan, y nos alejan cada vez más de la posibilidad de una ruptura histórica, de la Revolución Social. No queremos dejar de preocuparnos por lo importante por atender sólo lo inmediato, ¡la revolución comunista se trata de oponernos hoy al capital, su Estado y su sistema de trabajo asalariado!

A 30 años de la guerra, el mito de las Malvinas sigue siendo un espectáculo útil a la clase dominante para desviar nuestra atención. Ahora se condena la “aventura” de los militares, su irresponsabilidad, que fue “ilegítimo” por tratarse de un gobierno dictatorial, etc. Y cuando menos lo esperemos nos llamarán a que nos “pongamos la camiseta” argentina y nos ajustemos los cinturones para defender a la patria, que veamos morir a nuestros hermanos en el frente de batalla y enloquecer... ¡Siempre orgullosos de ser argentinos! Pero nadie va a denunciar que es la sociedad de clases la que engendra las guerras, no hay forma de superarlas sin acabar con el capitalismo primero, porque la guerra es su naturaleza.

Los principales “opositores” a la guerra son los partidarios de la paz. A estos debemos advertirles que no existe una sin la otra. La defensa de la paz frente a la guerra no es más que la defensa de todo lo establecido a través de la guerra, y favorece claramente al último ganador. La paz es la aceptación de las condiciones “acordadas” al finalizar un conflicto armado, y siempre persiste la posibilidad de que un Estado se presente como víctima y comience una nueva agresión. No hay una sola frontera en este planeta que no haya sido trazada por la fuerza, por lo que habrá sobrados motivos de reclamar paz y hacer la guerra por siempre, a menos, claro, que tiremos abajo todos los Estados y banderas que nos separan para controlarnos y dominarnos en cada región.

A su vez, es necesario comprender que la “paz” en el capitalismo no significa la ausencia de violencia entre las personas, porque mientras estamos en “paz” existen las prisiones, la trata de personas, la devastación de la naturaleza en busca de riqueza, el gatillo fácil, y un larguísimo etcétera… Esta es la “paz” capitalista, en la que la burguesía amasa millones y el conflicto social no existe, la “paz” nos suena a mantenernos pasivos ante esta sociedad que nos destruye y que pretende acabar con el planeta.
        
Nosotros no somos pacifistas. Estamos decididamente en guerra con la burguesía, y hacemos un llamado al proletariado mundial a generalizar la Revolución Social. ¡Expropiación de todo lo existente, abolición del trabajo asalariado! ¡Por el comunismo anárquico!

jueves, 22 de marzo de 2012

[Ecuador] El problema no es sólo la minería.

EL PROBLEMA NO ES SOLO LA MINERÍA. ¡ES EL CAPITALISMO Y SU PROGRESO!
El problema no es que el progreso se esté construyendo mal. El problema es la lógica que presupone ese progreso. Y esa es, ni más ni menos, que el progreso del capitalismo.  -  RAP / MASA

Otra vez la minería en las primeras planas de este país, impulsada y defendida a capa y espada por este gobierno capitalista. Y otra vez protestas de distintos sectores “populares” en su contra, calumniadas y reprimidas por este gobierno (incluso decretando –nuevamente- “estado de excepción” y “contramarchas”). Pero, asimismo, otra vez el reformismo oportunista a la cabeza de tales protestas. Lo que no quiere decir que este sea un conflicto secundario o sin importancia, porque sí la tiene. Sin embargo, el problema de fondo No es la minería. Es el capitalismo y su progreso. Es la desposesión violenta y permanente de los medios de vida para la producción de mercancías. Es la explotación y depredación de la clase trabajadora y de la naturaleza por parte de los Capitalistas y su Estado. Y es que eso mismo es el Progreso: progreso y ganancia sólo para el capital y sus agentes, y en cambio Miseria y Muerte para la humanidad proletarizada y la Tierra. La minería (o el petróleo, las hidroeléctricas, las florícolas, las bananeras, etc.) sólo es una parte de la economía donde este problema de fondo se manifiesta de manera cruda y desastrosa. Y no sólo hoy en día, sino desde la Colonia, con la diferencia de que hoy es mucho más grave que antaño porque el planeta entero está agonizando a causa de tantos siglos de capitalismo, de tanto progreso.

Por lo tanto, se trata de luchar no solo contra la minería –lo que es necesario-, sino contra el capitalismo en su totalidad, es decir, contra la explotación de nuestra clase proletaria, la depredación de la naturaleza y toda otra forma de dominación; y, en cambio, a favor de la reapropiación revolucionaria de todas las condiciones necesarias para que vivamos en Real Comunidad Humana-Natural, para que dejemos de ser esclavxs del trabajo asalariado, ovejas del Estado, y opresores de la madre Tierra y de/entre nosotrxs mismxs. De lo contrario, sólo nos espera el suicidio planetario y como especie. No se trata entonces de exigir “otro modelo de desarrollo” o progreso, es decir otro capitalismo “más humano” o “más verde”, así como tampoco se trata de exigirle al gobierno cuasi-fascista de la Contrarrevolución Ciudadana “diálogo” o “que cumpla la ley” y que no reprima, porque esto sería como exigirle a la araña que no coma moscas. De hecho, estas ilusiones reformistas, progresistas, democráticas y ciudadanistas siempre se pagan caro y, más que nada, no son sino la otra cara del espectáculo de dominación capitalista a fin de mantener anulado al proletariado como clase revolucionaria, es decir como fuerza autónoma de negación y superación radical y total de la sociedad del capital. Muy por el contrario, lxs proletarixs hemos de interrumpir abruptamente o Sabotear el progreso mismo del capital, en este caso del capital minero, y denunciar el carácter exclusivamente Capitalista y Terrorista del Estado y por ende de Este Gobierno, enfrentando a ambos mediante la Acción Directa, tal como desde hace años ya lo han hecho algunos hermanos proletarios en perú, quienes, al “luchar por la vida frente a la minería”, han ido demarcando esa Autonomía de Clase en cada combate, luchando Por Fuera y En Contra no solo de las empresas y la policía, sino también de frentes, partidos, ongs, sindicatos, medios de comunicación y demás aparatos del Capital-Estado –tanto de izquierda como de derecha-.

Eso es Defender la Vida, ya que el Capitalismo es un Sistema de Muerte (nos explota, nos envenena, nos persigue y encarcela, nos mata) y su Estado es el mayor genocida y ecocida de la historia. Bajo el capitalismo la verdadera vida no existe porque ésta nos es ajena y amarga; nos encontramos separadxs de nosotrxs mismxs y de la naturaleza –por la propiedad privada, el trabajo, el dinero…-. Por tal razón es que para lxs proletarixs revolucionarixs el Capitalismo es Muerte y el Comunismo Anárquico es Vida, en tanto libre asociación de iguales para el libre e integral desenvolvimiento de todos y cada uno de los seres vivos, en base a nuestras necesidades y a la solidaridad. ¿Y cómo? Pues sólo en la comunidad de lucha proletaria contra este sistema podemos anticipar y conquistar esa verdadera vida. Tarde o temprano, dicha verdad histórica saldrá a la superficie, no porque lxs proletarixs revolucionarixs así lo digamos o así lo deseemos, sino por necesidad hasta de sobrevivencia de las mayorías explotadas y la naturaleza. Haciendo además caer por los suelos todas las apariencias o mentiras que lubrican esta miserable cotidianeidad capitalista: aquí concretamente, la mediática y perversa mentira, hecha “verdad” por repetirla mil veces -al clásico estilo fascista-, de este gobierno burgués; así como las ilusiones y ambiciones del reformismo oportunista, electorero y pacifista (indigenistas, ecologistas, sindicalistas, políticos, etc.) que hoy lidera movilizaciones tales como la “marcha plurinacional...”; pero también las rancias mentiras del reformismo izquierdista disfrazado de “revolucionario” (pequeñoburgueses leninistas antiimperialistas, antineoliberales, antimineros, antigobierno, populistas, nacionalistas, progresistas, estatistas… capitalistas). Entonces, la lucha ya no solo será por “la minería, el agua, la tierra”… será por el “alto costo de la vida”, los salarios, los despidos, el desempleo, la precariedad, la miseria diaria, la represión si se protesta… en fin, será -así no se autodenomine como lo que es- un enrabiado coro proletario lanzado a las calles contra todo tipo de explotación y dominación cotidianas, contra toda esta inhumana sociedad burguesa y de clases. Será la humanidad contra el capital, las necesidades contra el lucro, la vida contra la muerte…

Dado que el actual contexto mundial es de crisis catastrófica capitalista y de revueltas proletarias por todos lados, tarde o temprano, a pesar y en contra del actual gobierno (asqueroso gobierno terrorista del capital al que acaso le resten solo unos años antes de estallar y caer), el reformismo y la pasividad generalizada, aquí retornará –cual fantasma- la vieja Lucha de Clases para quedarse y poner a temblar toda esta podredumbre capitalista que nos enferma y mata a diario. Por el momento, nos solidarizamos de modo crítico y autónomo con lxs proletarixs del campo y la ciudad que están protestando contra el brutal deterioro de sus condiciones naturales de vida, por lo que llamamos a que se deshagan de las ilusiones propias de sus dirigentes y organizaciones reformistas, a que desborden y rompan esa jaula que les impide asumirse y luchar precisamente como Proletarixs –y como hijxs o hermanxs de la naturaleza salvaje-, a destruir lo que nos destruye, a juntxs reapropiarnos de nuestras vidas y transformarlas de raíz. Así hemos de luchar por imponer la Dictadura Social de Nuestras Necesidades y Deseos Vitales, a fin de abolir la dictadura democrática y progresista del capital cuya única promesa es exterminarnos.

¡EL CAPITALISMO ES MUERTE!

¡ESTE GOBIERNO ES CAPITALISTA Y TERRORISTA!


¡EL REFORMISMO DE TODO COLOR ES OTRO ENEMIGO DE NUESTRA CLASE!

¡HERMANXS PROLETARIXS: A DESHACERNOS DE LAS ILUSIONES

CIUDADANAS Y DEMOCRÁTICAS, ASÍ COMO TAMBIÉN DE

LAS ILUSIONES “ANTIMINERAS” Y “ANTIIMPERIALISTAS”!


¡DEFENDER LA VIDA ES LUCHAR CONTRA EL CAPITALISMO TOTAL,

RADICAL Y AUTÓNOMAMENTE!

¡A INTERRUMPIR O SABOTEAR EL PROGRESO DEL CAPITAL!

¡A DESTRUIR LO QUE NOS DESTRUYE!



¡ESTA SOCIEDAD ES UNA CATÁSTROFE Y EL PLANETA ESTÁ AGONIZANDO!

¡POR EL REGRESO DE LA LUCHA DE CLASES,

DE LA GUERRA SOCIAL MUNDIAL CONTRA EL CAPITAL!

¡SÓLO LA REVOLUCIÓN SOCIAL ES SOLUCIÓN VITAL!


¡COMUNISMO Y ANARQUÍA… O MUERTE!


brigada fantasma de agitación comunista-anarquista
fantasmacomunistaanarquista@gmail.com

quito-ecuador, marzo 2012

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jueves, 15 de marzo de 2012

A propósito del pasado 8 marzo. Documentos acerca de la lucha de las mujeres


Las mujeres y la lucha por no trabajar

Extracto de "Las mujeres y la subversión de la comunidad", de Mariarosa Dalla Costa.

Resumamos. El papel de ama de casa, tras cuyo aislamiento se oculta un trabajo social, debe ser destruido. Pero nuestras alternativas están estrictamente definidas. Hasta ahora, el mito de la incapacidad femenina, arraigado en esa mujer aislada, dependiente del salario de otra persona y, por lo tanto, moldeada por la conciencia de otra persona, se ha roto con sólo una acción: al obtener la mujer su propio salario, romper el gozne de la dependencia económica personal, vivir su propia experiencia independiente en el mundo fuera de la casa, desempeñar trabajo social en una estructura socializada, ya fuera la fábrica o la oficina, e iniciar sus propias formas de rebelión social junto con las formas tradicionales de la clase. El advenimiento del movimiento de las mujeres es un rechazo de esta alternativa.

El capital se está apoderando del ímpetu mismo que creó al movimiento -el rechazo por millones de mujeres del lugar tradicional de la mujer- para rehacer la fuerza de trabajo incorporando cada vez a más mujeres. El movimiento sólo puede desarrollarse en oposición a esto. Con su misma existencia, plantea, y debe hacerlo cada vez más articuladamente en la acción, que las mujeres niegan el mito de la liberación a través del trabajo. Porque ya hemos trabajado bastante. Hemos cortado billones de toneladas de algodón, lavado billones de platos, fregado billones de suelos, mecanografiado billones de palabras, conectado billones de aparatos de radio, lavado billones de pañales, a mano y a máquina. Cada vez que nos han "permitido entrar" en algún enclave tradicionalmente masculino, ha sido para encontrar un nuevo nivel de explotación para nosotras. 

Aquí de nuevo, a pesar de que sean diferentes, establecer un paralelo entre subdesarrollo en el Tercer Mundo y subdesarrollo en la metrópoli, para precisar mejor, en las cocinas de la metrópoli. El plan capitalista propone al Tercer Mundo que se "desarrolle"; que, además de sus agonías presentes, sufra también la agonía de una contrarrevolución industrial. A las mujeres de la metrópoli se les ha ofrecido la misma "ayuda". Pero las que hemos salido de nuestras casas para trabajar porque no teníamos más remedio o para ganar dinero extra o independencia económica, hemos prevenido a las demás: la inflación nos ha clavado en estos horribles puestos de mecanógrafas o en las líneas de ensamble y ahí no está la salvación. No debemos admitir el desarrollo que nos ofrecen. Pero la lucha de la mujer que trabaja no consiste en regresar al aislamiento de la casa, por muy atractivo que pueda resultar, a veces, los lunes por la mañana; como tampoco consiste en cambiar la sujeción en la casa por la sujeción a un escritorio o a una máquina, por muy atractivo que pueda resultar comparado con la soledad del doceavo piso de un edificio de viviendas.

Las mujeres debemos descubrir nuestras posibilidades totales, que no son ni remendar calcetines ni convertirse en capitanes de transoceánicos. Es más, puede que queramos hacer este tipo de cosas, pero ahora no puede situárselas en otro contexto que no sea la historia del capital.

El reto que enfrenta el movimiento de las mujeres es el de encontrar formas de lucha que, a la vez que liberen a las mujeres de la casa, eviten, por un lado, una esclavitud doble y, por otro, nos impidan llegar a otro nuevo grado de control y regimentación capitalista. Esta es, en definitiva, la línea divisoria entre reformismo y política revolucionaria dentro del movimiento de las mujeres.

Parece que ha habido pocas mujeres geniales. No ha podido haberlas ya que estaban separadas del proceso social y no podemos ver en qué asuntos podrían haber aplicado su genialidad. Ahora hay un asunto y es la lucha misma.

Freud también dijo que toda mujer desde que nace sufre de "envidia del pene". Olvidó añadir que este sentimiento de envidia comienza cuando la mujer percibe que de algún modo tener un pene significa tener poder. Todavía cayó menos en la cuenta de que el poder tradicional del pene comenzó toda una nueva historia desde el momento mismo en que la separación del hombre y la mujer se convirtió en una división capitalista. Y ahí es donde comienza nuestra lucha.

29 de diciembre de 1971
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8 de marzo: Día de las mujeres que resisten y luchan

Nosotras como feministas conmemoramos y mantenemos viva en la memoria esta fecha por la relevancia que tiene en la formación de nuestra identidad e historia. Lo hacemos desde una perspectiva autónoma, y libre de la institucionalidad con la que se “celebra” actualmente, institucionalidad que le ha arrebatado completamente el sentido de lucha y resistencia, volviéndola otro día más al servicio de los sistemas dominantes que nos cosifican, oprimen, deciden sobre nuestros cuerpos y nos utilizan cada día como mercancía.

Aún existe esta misma alianza dominante, patriarcal y capitalista contra la que han luchado miles de mujeres a lo largo de la historia. Por lo mismo, hoy, como mujeres rebeldes, nos apropiamos de esa historia, recordando sus luchas y esfuerzos, y conmemoramos con fuerza aquel 8 de marzo de 1908, fecha en donde 140 obreras textiles de Nueva York murieron calcinadas en su fábrica, producto de la represión ejercida por el patrón y sus fieles aliados, la policía, quienes buscaban frenar la huelga que estas trabajadoras mantenían por semanas.

Para este día no queremos flores ni chocolates. No queremos que se realcen nuestros supuestos valores femeninos, que no hacen más que mantenernos atadas a nuestros roles históricos de madres, esposas  e hijas abnegadas. Aspiramos y luchamos día a día por ser mujeres libres, con capacidad de decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, sin que el Estado, ni la iglesia, ni ninguna institución se posicione por sobre nuestra autonomía.

Aunque para muchxs el patriarcado y la opresión de las mujeres pareciera algo ya superado, la realidad diaria nos muestra que aún queda mucho por hacer, ya que esta lucha sigue estando tan presente como hace años atrás lo estuvo. Hoy desde los gobiernos nos hablan de igualdad de género, acceso a la mujer al trabajo y a puestos de poder, pero no es a eso a lo que aspiramos. Porque no nos conformaremos con participar en espacios con estructuras patriarcales, los cuales continúan funcionando bajo una lógica de poder y autoridad.  Queremos acabar con las relaciones de dominación que no sólo se manifiestan entre hombres y mujeres, sino también, entre mujeres y mujeres, hombres y hombres, de adultas (os) a niñas y niños, y de la humanidad en su conjunto  hacia  los animales y naturaleza.

Y como aún queda mucho por construir y deconstruir, reivindicamos este día, como un día de rebeldía, y de continuidad de la lucha de miles de mujeres.

Por lo tanto, el llamado que hacemos este 8 de marzo es a organizarse, a juntarse, a cuestionar, para luchar juntxs contra el sistema patriarcal y capitalista que nos oprime y violenta a cada minuto.

¡Hasta que todxs seamos libres, hasta que acabemos con toda opresión!

¡No más Estado, ni patriarcado!

Grupo feminista La ruptura, Marzo 2012
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Varios documentos en Hommodolars.org AQUÍ

domingo, 4 de marzo de 2012

La última derrota del movimiento estudiantil, examinada desde una perspectiva materialista e histórica (2005)

Ad portas del comienzo de las clases en el país, y con ello seguramente de la reactivación de las protestas estudiantiles, se hace necesario profundizar las críticas respecto a la forma y contenido que las han caracterizado a lo largo de los años y que lo siguen haciendo. Reconociendo -como este lúcido texto lo hace- las potencialidades de estas experiencias, no se puede dejar de criticar aquellos aspectos centrales que no permiten un avance significativo, en términos revolucionarios, de las mismas. Y estas trabas, que posee el mismo movimiento en desarrollo y que son potenciadas por sus burocracias, corresponden esencialmente al encuadramiento tras reivindicaciones que, si bien son expresión de necesidades reales, se revisten de mistificaciones ideológicas tales como la "educación pública" o la "educación como motor del progreso social". Y en ese sentido, este documento (basado en el curso de las movilizaciones estudiantiles del 2005) constituye un aporte clarificador y su vigencia, obviamente, no se ha perdido en estos últimos años. Quizás hoy, todavía, no podemos hablar de derrota, pero si bien el contexto es distinto, aún los límites de estas luchas siguen siendo similares. Es por ello que retomar y explicitar estas críticas, dándoles sentido real en la práctica, se torna urgente. Eso, si no deseamos trasformar las recientes experiencias en meras anécdotas, recuperadas una vez más por la dinámica del capital para su continua reproducción y, por lo tanto, el reforzamiento de nuestras miserias.



La última derrota del movimiento estudiantil, examinada desde una perspectiva materialista e histórica
“Cuando el socialismo burgués exhorta al proletariado a hacer realidad sus sistemas y entrar en la nueva Jerusalén, todo cuanto reclama es, en el fondo, que se detenga en la sociedad actual, pero despojándose de las ideas hostiles que abriga respecto a ella” 
Marx & Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1847. 
De todo lo que se ha escrito sobre las recientes agitaciones estudiantiles, sólo unos pocos grupos han abordado el tema con una intención realmente crítica. Y aunque sus análisis contienen algunos aciertos, éstos sólo se quedan en aspectos parciales de la última movilización. Los estudiantes trotskistas de LAC, por ejemplo, han ofrecido una visión acertada sobre el papel reaccionario de las burocracias estudiantiles, y además tienen el mérito de atreverse a llamar “derrota” al resultado de la última oleada de agitación; mientras que un desconocido grupo llamado Precariado Rebelde tuvo la lucidez de invocar “una concepción que tienda a articular la problemática particular de la educación con el carácter pauperizador del capitalismo en su totalidad” . Pero lo que debe importarnos no son tanto estas críticas fortuitas, sino la falta de crítica en torno a los temas de fondo, ahí donde todo el mundo parece estar de acuerdo en que la universidad debe ser “reformada”, “devuelta al estado”, “pública”, etc. Estas mistificaciones básicas, compartidas por liberales, progresistas y ultra-izquierdistas, expresan el sentir común de todos esos estudiantes que una vez más se dejaron movilizar por las burocracias tras unos objetivos que apenas entendían, y que con la misma facilidad se dejarán desmovilizar en pos del regreso a la normalidad. Ese trasfondo ideológico común compartido por burócratas, estudiantes e izquierdistas es la creencia ingenua, muy pequeño-burguesa, de que la universidad es un patrimonio de los explotados, un bien que les fue injustamente arrebatado para entregárselo al “neoliberalismo”. 

Esta creencia no es un simple dato periférico en el sentido común de las masas y de las minorías militantes: es el centro de su pensamiento y de su acción, y es lo que determina sus objetivos políticos, concientes o no. Es lo que ha llevado a los trotskistas a reivindicar una “reforma universitaria II” y a los precarios a hablar de “nuestra universidad”, ese “espacio común” donde burócratas, autoridades políticas y estudiantes deben identificarse “en un mismo recorrido”, mientras el apoyo ciudadano a estas ficciones no para de crecer. Obviamente, estas aspiraciones reformistas encierran genuinos deseos humanos de transformar la realidad, de vivir con dignidad y del modo más libre posible, de realizarse socialmente. Esos deseos, esa voluntad de vivir de un modo humano, es la base de lo que nosotros llamamos comunismo. Pero al expresarse políticamente, esa voluntad debe saber crear su propio lenguaje y su propia práctica, contrarios al mundo de la cuantificación mercantil y de la democracia de clases. Pensamos que hasta ahora eso no ha ocurrido, y que por el contrario, los deseos de transformación en la universidad han sido conducidos por los defensores de la estabilidad capitalista, poniendo a estudiantes, padres y maestros en contra de sus propios intereses como clase sometida a los arbitrios de la economía. Naturalmente, esta alienación política ha estado llena de fisuras en lo práctico y en el campo de las ideas, fisuras por donde ha brotado la radicalidad que anuncia un rechazo generalizado a la enajenación. Reconocemos esos brotes de negatividad radical, pero sobre todo nos interesa criticar la tendencia dominante hacia la pasividad organizada, la ingenuidad política y la sumisión conformista al mercado. 

La ideología de la “educación pública”, estatista por definición, es lo que ha permitido a los centros de mando burocrático movilizar y apaciguar a los estudiantes a su antojo durante décadas, impidiendo que éstos definan sus propios objetivos políticos de acuerdo a la realidad que viven cotidianamente como sujetos alienados. Esto hace que las movilizaciones estudiantiles no tengan en realidad nada de espontáneo. Hay que recordar el patrón que han seguido invariablemente desde la gran oleada reivindicativa del 97 para darse cuenta de que las burocracias estudiantiles, manejadas por el gobierno, la derecha y la izquierda burocrática, no cumplen otra función que la de provocar agitaciones para mantenerlas bajo control y finalmente apaciguarlas, a la espera de neutralizar a una nueva generación de incautos. Es muy revelador que tanto en el 97 como en el 2000, en el 2002 y ahora, cada generación de estudiantes ha estado convencida de que la suya es la movilización definitiva, la más crucial de todas, “la que decidirá el destino de la educación superior en Chile”, ignorando que en todas las crisis anteriores se dijo exactamente lo mismo para llegar a los mismos resultados. Este ilusionismo político cumple dos funciones bien claras: una, estimular la combatividad de los estudiantes más inconformes para luego dejar que se consuma en acciones aparentemente radicales, pero sin objetivos propios; la otra, desplazar la línea de choque desde el terreno de las miserias cotidianas que hay que combatir, hacia el terreno de las negociaciones democráticas, donde todos deben delegar su iniciativa en las burocracias, y donde se crea una falsa comunidad de intereses que encuadra bajo una misma bandera a estudiantes, burócratas, asalariados de la enseñanza y partidos pequeño-burgueses, todos en defensa de ese ensueño maravilloso llamado “educación pública”. 

¿Pero cuándo ha sido “pública” la educación universitaria? Cuando había que impulsar la expansión capitalista en un contexto mundial de proteccionismo keynesiano, cuando había que adiestrar a masas de futuros asalariados para tareas productivas y de gestión en un marco de desarrollo nacional. Lo cual duró hasta el instante en que las últimas hilachas del estado protector fueron arrojadas al basurero de la historia, para entrar en una nueva fase de acumulación capitalista, necesitada de mano de obra experta en un marco de competitividad extrema. Si entendemos que todo desarrollo histórico es irreversible, ¿cómo pueden pretender que se superará el capitalismo reviviendo formas jurídicas propias de una fase anterior de su desarrollo? La pretensión de “recuperar la universidad pública”, hija de la pretensión más general de “humanizar” el capitalismo, esconde el interés de la pequeña-burguesía por ganar cuotas de poder dentro del orden capitalista, y nada más. Si la universidad aparece como un terreno donde ese interés se expresa con tanta fuerza, es porque la universidad es el espacio natural de desarrollo y legitimación del poder burocrático. Allí es donde mejor se cultivan la mediocridad, la ignorancia y el arribismo que caracterizan a todas las burocracias; y es allí donde la ideología política y los horizontes existenciales de la burocracia deben arraigar con mayor fuerza, para asegurar la lealtad de los jóvenes proletarios que pronto se convertirán en sus cuadros expertos. Cuadros que desde ya parecen dispuestos a luchar con bravura para que sea el estado, y no el mercado, quien les someta. 

Al conocer las reivindicaciones de los estudiantes, uno se pregunta: ¿qué aspiraciones tienen, qué quieren hacer con sus vidas? La respuesta está en los muros de sus facultades tomadas, en sus papelógrafos, en sus panfletos: una y otra vez le reprochan a los gobernantes actuales el haber estudiado gratis, pero nadie les reprocha el ser gobernantes, y nadie parece reparar en que la institución que formó a personalidades como Lagos y Bitar - tan estúpidas, mezquinas y útiles al capital - fue precisamente la universidad en su momento de mayor gloria populista. A la mayoría de los estudiantes parece no molestarles estar sometidos a un orden que los trata como monos amaestrados, y que los deformará hasta convertirlos en nulidades, quizás hasta en gobernantes... lo que les molesta es tener que pagar demasiado por ese servicio. Y ese nivel tan bajo de aspiraciones vitales es el que todos los poderes están empeñados en mantener, promoviendo agitaciones domesticadas para evitar que la insatisfacción de miles de jóvenes encuentre un terreno de expresión fértil en la realidad más inmediata: allí donde los asalariados del conocimiento son explotados, allí donde a los estudiantes se les humilla y engaña, vendiéndoles destrezas que los esclavizarán de por vida. 

Después de todo, ¿qué importancia objetiva puede tener un nuevo sistema de cobranza de créditos, frente a la desposesión absoluta de sus vidas que padecen los universitarios, sus padres y sus instructores? El hecho de que en su mayoría se consideren “privilegiados” por su nivel de consumo, y que un recrudecimiento de los cobros parezca amenazar ese privilegio, no cambia en nada el hecho de que, en rigor, carecen por completo de soberanía para decidir el contenido y la finalidad de sus vidas. Su existencia está normada hasta el último detalle por el mercado, y en eso son iguales a todos los esclavos asalariados, desempleados, hambrientos, putas, locos y delincuentes que pueblan la tierra. Son proletarios, por más que sus títulos digan que son “profesionales”. ¿O es que un esclavo deja de ser esclavo cuando se compra grilletes de oro? Al contrario: ahora está personalmente interesado en defender sus grilletes, por lo tanto su esclavitud es mayor. Ese interés del esclavo en mantener su propia esclavitud es el mismo interés que mueve a los universitarios cuando luchan por conservar el status que la sociedad de clases les ha otorgado. Las burocracias estudiantiles, los medios de comunicación, los partidos progresistas, están ahí para convencerlos de que redoblen su interés en esas migajas que el poder les concedió, de que luchen por mantener intactas sus cadenas. En relación con ese objetivo político de gran altura, el objetivo contingente de cada movilización importa poco. ¿Qué más da si se trata de un nuevo arancel, de una nueva tarifa, de un nuevo recorte presupuestario, de una nueva acreditación, cuando lo que está en juego es la perpetuación de la mentalidad que garantiza la esclavitud asalariada? 

En concreto, la ley de acreditación contra la que se movilizó a los estudiantes para luego hundirlos en la derrota, no agrega nada sustancialmente nuevo a las condiciones que los egresados siempre han tenido que soportar, porque las deudas crediticias siempre han implicado su resignación a una gran variedad de humillaciones: retención de títulos, intereses usureros, reajustes abusivos, fichaje comercial, embargos, etc. Esta ley sólo formaliza la existencia de un nuevo intermediario en el proceso de cobros, y por más que eso significara un aumento del monto final a pagar, ese monto sería una insignificancia comparado con el robo sistemático de vida del que son objeto los estudiantes y asalariados de la enseñanza. Pero ¿acaso nos importa todavía de qué está hecha nuestra propia vida? Si todos parecen dispuestos a luchar por unas cuantas migajas económicas, pero no por el poder de decidir su destino, es porque ya casi nadie sabe valorar su existencia más que midiéndola en cantidades de dinero. La cuantificación y abstracción de la vida ha llegado a tal extremo que luchar por realidades a las que no se les puede poner precio resulta casi inimaginable. 

Pero si ponemos en el centro de nuestras preocupaciones las vidas humanas, y no a qué precio se transan en el mercado, tenemos que preguntarnos: ¿qué significa una lucha donde jefes y mandados forman una misma comunidad de intereses, marchando tras una misma bandera, en pos de frenar una ley sin importancia? Está muy claro: la banca hizo un negocio conveniente con el gobierno de Lagos, que podía prever una reacción defensiva en las universidades, con lo cual, además de los beneficios económicos directos, tendría un campo de pruebas para sus maniobras políticas y policiales, terreno en el que la izquierda burocrática también tiene mucho que decir. La Concertación pierde algunos votos que van a parar a la izquierda, los estudiantes se movilizan en vano y tienen que esperar tres años más para recobrar fuerzas, las burocracias estudiantiles afianzan su poder... El hecho de que los pacos hostiguen y repriman a un puñado de dirigentes estudiantiles no desmiente lo que afirmamos: se trata sólo de un castigo circunstancial para recordarles que no se excedan en la función que les toca cumplir dentro del protocolo democrático. Un ajuste de cuentas entre colegas, que al fin y al cabo sólo refuerza la nefasta ilusión de que esos dirigentes representan los intereses de sus dirigidos. El efecto más importante de todo esto es que el conjunto del sistema de dominación espectacular ha quedado reforzado tras la puesta en escena de una “lucha” en que las reglas de hierro de la democracia, que nunca fueron puestas en duda, aparecen una vez más como intocables. 

Es cierto que en el curso de cada movilización se han producido rupturas por la base, coordinaciones que tienden a superar los límites permitidos, discusiones políticas radicales; y es notorio que en cada nuevo conflicto la auto-organización ha ejercido mayores presiones, pujando por formular sus propios objetivos políticos y sus propios métodos de lucha, contra todo encuadramiento burocrático. En las últimas jornadas se multiplicaron las acciones directas de todo tipo, a la vez que se organizaba una amplia difusión, se creaban coordinaciones entre estudiantes y trabajadores, se fortalecía la toma de decisiones en asambleas, etc. Aún así, a estos esfuerzos de auto-organización les sigue faltando lo esencial: la conciencia de sus propios objetivos globales, que tarde o temprano enfrentarán a los estudiantes y asalariados de la educación contra sus enemigos más directos: los burócratas y los propietarios del sistema. Mientras eso no ocurra, las luchas estudiantiles seguirán siendo despolitizadas, reducidas a un reivindicacionismo cagón, canalizadas hacia objetivos reaccionarios: nacionalismo, desarrollismo, estatismo; y los progresistas que protegen este orden seguirán invitándonos a “defender la universidad” de la privatización, igual que si nos llamaran a defender “nuestro ejército” o “nuestro sistema penitenciario”, en nombre de “Chile”, ese fundo democrático en que nos toca ser los peones educados. Cuando los estudiantes rompan con esas ideas e instituciones que los encadenan a una existencia mediocre y sin horizontes, y los asalariados de la enseñanza se nieguen a seguir vendiendo sus capacidades al mercado, entonces descubrirán que la universidad nunca les perteneció, sino que ha sido la cinta transportadora a través de la cual ellos fueron vendidos al poder del dinero; descubrirán que la universidad, como todo el sistema de enseñanza, los ha reducido a nada más que dóciles engranajes del mecanismo ciego que hace girar la economía. 

A la universidad, esa institución arcaica, patriotera y desarrollista, principal arma ideológica del capital, no hay que defenderla, hay que destruirla. Sólo cuando los proletarios que padecen la “educación superior” se decidan, junto con sus padres y profesores, a desmantelar esa maquinaria trituradora de mentes, sólo entonces podrán decir que están luchando. Y cuando den el primer paso de esa lucha, que será derrocar a sus representantes burocráticos para generalizar la auto-organización y la lucha de clases, recién entonces el rechazo a la educación de mercado tendrá un contenido real, pues habremos empezado a barrer con las relaciones jerárquicas y mercantilizadas que nos separan de la vida social como un todo. Entonces la palabra “universidad”, aplicada a estas organizaciones de la ignorancia experta, va a sonar como lo que realmente es: un chiste. 

Hay que empujar la lucha estudiantil más allá de sus propios límites, hacia el conjunto de luchas de nuestra clase, rompiendo con las falsas separaciones entre «estudiantes», «trabajadores», «pobladores», «cesantes»... para que todos los explotados luchemos como un solo puño contra lo que nos oprime, hasta que sea imposible volver atrás. Entonces los jefes burocráticos universitarios y sindicales aparecerán como lo que realmente son: policías del estado capitalista, y nosotros estaremos por fin obligados a amar la libertad, nos veremos empujados a renunciar a las migajas y, de una vez por todas, a luchar de pie. No por una posición más ventajosa dentro de esta sociedad desgraciada, no por un mejor precio para nuestras cabezas, sino por la abolición de todo lo que nos niega como sujetos humanos: la división de la sociedad en clases, el trabajo asalariado, el dinero, el estado. Ese es el único camino hacia la verdadera comunidad humana, activa y universal: el comunismo. 

Brigada de agitación comunista, Junio del 2005

jueves, 23 de febrero de 2012

¿Colectivizar o Comunizar? (Gilles Dauvé)


Texto extraído del documento "Cuando las insurrecciones mueren" (1979) de Jean Barrot/Gilles Dauvé

Desde los tiempos de la Primera Internacional, el anarquismo ha contrapuesto la apropiación colectiva de los medios de producción a la estatización socialdemócrata. Ambas visiones, sin embargo, comparten el mismo punto de partida: la necesidad de una gestión colectiva. Pero el problema es: ¿gestión de qué? Por supuesto, lo que la socialdemocracia llevaba a cabo desde arriba, y burocráticamente, los proletarios españoles lo practicaron desde la base, armados, con cada individuo responsable ante los demás, y de esta manera quitando la tierra y las fábricas de las manos de una minoría especializada en la organización y la explotación de otros. En resumen, lo opuesto a la co-gestión de la Junta de Carbón por parte de los sindicalistas socialistas o estalinistas. Sin embargo, el hecho de que una colectividad, en vez del Estado o una burocracia, tome la producción de su vida material en sus propias manos no suprime, por sí mismo, el carácter capitalista de aquella vida.

El trabajo asalariado significa el pasaje de una actividad, independientemente de la que sea, arar un campo o imprimir un periódico, por la forma del dinero. Este dinero, mientras hace posible a la actividad, también es expandido por ella. Igualar los salarios, decidir todo colectivamente, y sustituir el dinero por cupones nunca fue suficiente para erradicar el trabajo asalariado. Lo que está unido por el dinero no puede ser libre, y tarde o temprano el dinero se convierte en su amo.

La sustitución de la asociación por la competencia en una base local fue una receta garantizada para el desastre. Porque, si bien la colectividad abole realmente la propiedad privada dentro de sí misma, también se establece como una entidad distinta y como un elemento particular en la economía global, y por lo tanto como una colectividad privada, obligada a comprar y vender, a comerciar con el mundo exterior, convirtiéndose de esta manera en una empresa que, guste o no, tiene que jugar su rol en la competencia regional, nacional y mundial, o desaparecer.

Uno sólo puede alegrarse de que una parte de España haya implosionado: lo que la opinión dominante llama “anarquía” es la condición necesaria para la revolución, como escribió Marx en su propio tiempo. Pero estos movimientos hicieron su impacto subversivo sobre la base de una fuerza centrífuga. Los rejuvenecidos lazos comunitarios también sirvieron para encerrar a cada uno en su pueblo y su barrio, como si el punto fuera descubrir un mundo perdido y una humanidad degradada, contraponer el barrio obrero a la metrópoli, la comuna autogestionada a los vastos dominios capitalistas, el campo de la gente sencilla a la ciudad comercializada, en pocas palabras el pobre al rico, el pequeño al grande y lo local a lo internacional, olvidando que una cooperativa es a menudo el camino más largo al capitalismo.

No hay revolución sin la destrucción del Estado. ¿Pero cómo? Terminando con las bandas armadas, deshaciéndose de hábitos y estructuras estatales, estableciendo nuevas maneras de debatir y decidir – todas estas tareas son imposibles si no van de la mano con la comunización. No queremos el “poder”; queremos el poder de cambiar toda la vida. Como proceso histórico que se extiende por generaciones, ¿puede uno imaginar seguir pagando salarios para la comida y la vivienda todo ese tiempo? Si la revolución es supuesta como política antes que social, esto crearía un aparato cuya única función sería la lucha contra los partidarios del viejo mundo, es decir una función negativa de represión, un sistema de control que no descansaría en otro contenido que su “programa” y su voluntad para realizar el comunismo el día en que las condiciones finalmente lo permitan. Así es como una revolución se ideologiza a sí misma y legitima el nacimiento de un estrato especializado al que se le asigna la supervisión de la maduración y la expectativa del siempre radiante pasado mañana. La misma esencia de la política es la incapacidad y la falta de deseo para cambiar algo: reconcilia lo que es separado sin ir más lejos que eso. El poder está allí, gestiona, administra, supervisa, adormece, reprime: es.

La dominación política (en la cual una escuela entera de pensamiento ve el problema NÚMERO UNO) fluye de la incapacidad de los seres humanos para hacerse cargo de ellos mismos, y de organizar sus vidas y su actividad. Esta dominación persiste sólo a través del desposeimiento radical que caracteriza al proletario. Cuando cada uno participa en la producción de su existencia, la capacidad para la presión y la opresión ahora en las manos del Estado dejará de ser operativa. Es porque la sociedad del trabajo asalariado nos priva de nuestros medios de vida, de producción y de comunicación, faltando muy poco para la invasión del -alguna vez- espacio privado y de nuestras vidas emocionales, que el Estado es todopoderoso. La mejor garantía contra la reaparición de una nueva estructura de poder sobre nosotros es la apropiación más profunda posible de las condiciones de existencia, en cada nivel. Por ejemplo, aun si no queremos a cada uno generando su propia electricidad en sus sótanos, la dominación del Leviathan también viene del hecho de que la energía (un término significativo, pues ‘power’ en inglés también significa poder) nos hace dependientes de complejos industriales que, nucleares o no, inevitablemente permanecen externos a nosotros y fuera de cualquier control.

Concebir la destrucción del Estado como una lucha contra la policía y las fuerzas armadas es confundir la parte con el todo. El comunismo es primero que nada actividad. Un modo de vida en el cual los hombres y las mujeres producen su existencia social paraliza o reabsorbe el surgimiento de poderes separados.

La alternativa planteada por Bordiga: “¿Debemos tomar la fábrica o debemos tomar el poder?” (Il Soviet, 20 de Febrero de 1920) puede y debe ser superada. No decimos: no importa quien gestione la producción, sea un comité ejecutivo o un consejo, porque lo que cuenta es tener la producción sin valor. Decimos: mientras la producción de valor continúe, mientras esté separada del resto de la vida, mientras la humanidad no produzca colectivamente sus maneras y sus medios de existencia, mientras haya una “economía”, cualquier consejo está condenado a perder su poder en las manos de un comité ejecutivo. Aquí es donde nos diferenciamos tanto de “consejistas” como de “bordiguistas”, y el por qué los primeros nos llaman bordiguistas y los segundos, consejistas.

Tomado de Metiendo Ruido.

sábado, 18 de febrero de 2012

Más aportes en torno al "Decrecimiento": Entrevista a Anselm Jappe

Como complemento a las notas críticas desarrolladas por Miguel Amorós hacia la nueva ideología decrecentista, que difundimos hace un tiempo, dejamos esta entrevista a Anselm Jappe, aparecida en el dossier sobre "decrecimiento" que realizara El Viejo Topo, que contribuye no tan sólo a una correcta ponderación de los análisis y propuestas decrecentistas, sino también a una comprensión general e integral de las nuevas luchas anticapitalistas y "ambientalistas".

¿A qué atribuye usted el “boom” del discurso sobre el decrecimiento?


En realidad, la parte del público que actualmente es sensible al discurso del decrecimiento es aún bastante restringido. Sin embargo, esta parte está creciendo. Ello refleja una toma de conciencia frente a los desarrollos más importantes de los últimos decenios: sobre todo la evidencia que el desarrollo del capitalismo nos arrastra hacia una catástrofe ecológica y que no serán unos nuevos filtros o unos coches menos contaminantes los que resolverán el problema. Hay un recelo difuso incluso respecto a la idea de que un desarrollo económico perpetuo sea deseable y al mismo tiempo una insatisfacción con las críticas al capitalismo que reprochan esencialmente su distribución injusta de la riqueza o solamente sus excesos, como las guerras y las violaciones de los “derechos humanos”. El interés por el concepto de decrecimiento traduce la impresión creciente de que es toda la dirección del viaje emprendido por nuestra sociedad la que es falsa, por lo menos desde hace unos decenios. Y que estamos ante una “crisis de civilización”, de todos sus valores, también en el nivel de la vida cotidiana (culto al consumo, la rapidez, la tecnología etc.).

Hemos entrado en una crisis que es económica, ecológica y energética al mismo tiempo y el discurso sobre el decrecimiento considera todos estos factores en su interacción en vez de querer reactivar el crecimiento con “tecnologías verdes”, como lo hace una parte del ecologismo, o de proponer una gestión diferente de la sociedad industrial, como lo hace una parte de la critica heredera del marxismo.

El decrecimiento gusta también porque propone modelos de comportamiento individual que se pueden empezar a practicar hoy y aquí, pero sin limitarse a ellos, y porque redescubre virtudes esenciales como la convivialidad, la generosidad la sencillez voluntaria y la donación. Pero atrae igualmente por su rostro amable, que hace creer que se puede alcanzar un cambio radical con un consenso generalizado, sin atravesar antagonismos y evitando fuertes enfrentamientos. Se trata de un reformismo que se quiere auténticamente radical.

¿Cómo se sitúa usted en relación con los debates decrecentistas? ¿Le convencen sus análisis y propuestas?

El pensamiento del decrecimiento tiene sin duda el mérito de querer romper con el productivismo y el economicismo que constituyeron durante mucho tiempo el fondo común de la sociedad burguesa y de su crítica marxista.

La crítica profunda del modo de vida capitalista parece estar, en general, más presente en los decrecentistas que, por ejemplo, en los partidarios del neo-obrerismo, que continúan creyendo que el desarrollo de las fuerzas productivas (particularmente en su forma informática) conducirá a la emancipación social. Los decrecentistas intentan descubrir elementos de una sociedad mejor en la vida de hoy — a menudo procedentes de la herencia de sociedades precapitalistas, como la actitud frente a la donación. Pues no corren el riesgo, como otros, de apostar por perseguir la descomposición de todas las formas de vida tradicionales y la barbarie que supuestamente prepare un renacimiento milagroso (como por ejemplo la revista Tiqqun y sus sucesores en Francia). EI problema es que los teóricos del decrecimiento se pierden en vaguedades en lo que concierne a las causas de la dinámica del crecimiento.

En su crítica de la economía política, Marx ya ha mostrado que la sustitución de la fuerza de trabajo humano por el empleo de la tecnología reduce el “valor” representado en la mercancía, lo que empuja al capitalismo a aumentar permanentemente la producción. Son las categorías básicas del capitalismo — el trabajo en abstracto, el valor, la mercancía, el dinero, que no pertenecen en absoluto a todo modo de producción, sino únicamente al capitalismo — las que engendran su ciego dinamismo. Más allá del límite externo, constituido por el agotamiento de los recursos, el sistema capitalista contiene desde su inicio un límite interno: la obligación de reducir — a causa de la competencia — el trabajo vivo que constituye al mismo tiempo la única fuente del valor. Desde hace unos decenios este límite parece haber sido alcanzado y la producción del valor “real” fue ampliamente sustituido por su simulación en la esfera financiera. Además, los límites externo e interno empezaban a aparecer a plena luz en el mismo momento: alrededor de 1970. La obligación de crecer es pues consustancial con el capitalismo. El capitalismo solamente puede existir como huida hacia delante y como crecimiento material perpetuo para compensar la disminución del valor. Así, un decrecimiento verdadero solamente es posible a costa de una ruptura total con la producción de mercancías y del dinero. Pero los “decrecentistas” retroceden generalmente ante esta consecuencia que les puede parecer demasiado “utópica”. Algunos se han adscrito al eslogan: “salir de la economía”. Pero la mayoría permanece en el marco de una “ciencia económica alternativa y parece creer que la tiranía del crecimiento es solamente una especie de malentendido que se podría atacar sistemáticamente a fuerza de coloquios científicos que discuten sobre la mejor manera de calcular el PIB.

Muchos decrecentistas caen en la trampa de la política tradicional y quieren participar en las elecciones o entregan cartas firmadas dirigidas a parlamentarios. A veces incluso es el suyo un discurso un poco “snob’ con el que los ricos burgueses aplacan su sentimiento de culpa recuperando ostensiblemente las verduras desechadas al cierre del mercado. Y si la voluntad de eludir la división entre izquierda y derecha puede parecer inevitable, hay que preguntarse por qué la “Nueva Derecha” ha mostrado interés por el decrecimiento, así como preguntarse por el riesgo de caer en una apología acrítica de sociedades “tradicionales” en el Sur del mundo.

En pocas palabras, diría que el discurso de los decrecentistas me parece más prometedor que muchas otras formas de la crítica social contemporánea, pero aún queda mucho que desarrollar y sobre todo deben perder sus ilusiones sobre la posibilidad de domesticar a la bestia capitalista sólo con buena voluntad.

Ha mencionado unos puntos débiles y otros positivos en la teoría del decrecimiento. Pero, ¿no testimonia el eslogan “salir de la economía” una cierta ignorancia de la dificultad de crear islotes de decrecimiento en el capitalismo? Otras formas de la crítica social contemporánea saben de los procesos contradictorios dentro de las sociedades capitalistas y de la importancia de las luchas sociales, un aspecto que parece subvalorado en el discurso decrecentista. ¿Lo cree así?

Hay una cierta necedad en creer que el decrecimiento podría convertirse en la política oficial de la Comisión Europea o algo parecido. Un “capitalismo decreciente” sería una contradicción en los términos, tan imposible como un “capitalismo ecológico”. Si el decrecimiento no quiere reducirse a acompañar y justificar el ”creciente” empobrecimiento de la sociedad — y este riesgo es real: una retórica de la frugalidad podría dorar la píldora a los nuevos pobres (que pueden llegar a tener que hurgar en el cubo de la basura) y transformar lo que es una imposición en una apariencia de elección – tiene que prepararse para los enfrentamientos y los antagonismos. Pero estos antagonismos no coinciden ya con los tradicionales, constituidos por la “lucha de clases”.

Una superación necesaria del paradigma productivista - y de los modos de vida correspondientes - encontrará resistencia en todos los sectores sociales. Una parte de las “luchas sociales” actuales en todo el mundo, es esencialmente la lucha por el acceso a la riqueza capitalista, sin cuestionar el carácter de esta supuesta riqueza. Un trabajador chino o indio tiene mil razones para reivindicar un mejor salario, pero si lo recibe se comprará probablemente un coche y contribuirá así al “crecimiento” y a sus consecuencias nefastas en los terrenos ecológico y social. Esperemos que las luchas para mejorar la situación de los explotados y de los oprimidos se desarrollen simultáneamente con esfuerzos para superar el modelo social fundado en un consumo individual excesivo. Quizás ciertos movimientos de campesinos en el Sur del mundo van ya en esta dirección, sobre todo si recuperan ciertos elementos de las sociedades tradicionales como la propiedad colectiva de la tierra, o la existencia de formas de reconocimiento del individuo que no están relacionadas con su fortuna en el mercado.

Anselm Jappe es filósofo. Publicó una monografía sobre Guy Debord en Anagrama y es colaborador de publicaciones como Il Manifesto y EXIT!.Enseña estética en la Academia di belle Arti di frosinone (Italia).