domingo, 12 de febrero de 2012

Perú: Posiciones revolucionarias frente a la lucha contra las mineras

¡NO SOMOS ANTISISTEMA, EL SISTEMA ES ANTINOSOTROS!

La historia se repite. En los últimos años vemos un incremento en la inversión de capitales mineros en esta región del mundo llamada Perú (Huancayo, Puno, Arequipa y actualmente Cajamarca) acompañadas de movilizaciones y  frontales protestas masivas. En un contexto social de crisis económica mundial, donde el poder económico empresarial hace lo posible e imposible para salvaguardar sus ganancias a costa de la existencia y explotación de las grandes mayorías descamisadas y trabajadoras del mundo entero; la extracción de oro y plata, resulta ser un negocio beneficioso para los monopolios que se dedican a este rubro. 

Este país es un excelente lugar para sacar un lucrativo dinerito a través de las minas. Unas cuantas decenas de millones de dólares distribuidos en: permisos al gobierno de turno, expediciones de exploración, maquinaria pesada, estructuras especializadas, mano de obra barata, su respectiva aceitadita y queda todo listo; esas decenas se pueden convertir en miles de millones. Aunque hay un ligero inconveniente en dicha actividad; los pobladores de dichos lugares que se encuentran cerca de los yacimientos mineros, que se rehúsan a que sus tierras sean depredadas y sus condiciones de vida rebajadas a la miseria absoluta.

Aquí no repetiremos lo que, hasta un buen demócrata liberal nos puede decir: que las mineras con-taminan el medio de vida de los pueblos de los alrededores, que llenan el lugar gases tóxicos, que envenenan el aire, que infectan el agua de los ríos y lagunas con mercurio y demás químicos, que queman los suelos y subsuelos, que fuerzan la extinción de especies animales y vegetales. Lo que todos buscamos es explicarnos el fondo del problema, ya que sus consecuencias, nefastas y morta-les, son de conocimiento general y público. 

Los empresarios, de cualquier rama de la producción, buscan siempre gastar menos para ganar más. En el caso de las mineras, estas irrumpen, por encima y en contra de lo que podríamos llamar “naturaleza” y “humanidad”. Todo lo que se encuentra en medio es convertido en mercancía, hasta nosotros mismos. El capital vuelve mercancía hasta lo menos pensado (agua en frasco, banco de esperma, etc.). Lo importante es ganar y acumular dinero, si mueren o no animales y plantas, hombres-mujeres y sus respectivas comunidades no es problema suyo. Entendamos entonces que no se trata aquí de buenos o malos empresarios, de escrupulosos o negligentes políticos, de empresas responsables o capitalistas ambiciosos; es la lógica de este mundo mercantilizar todo, imponer las necesidades del mercado ante las necesidades humanas, colectivas y naturales. Aquí no hay que denunciar a un proyecto minero o a un presidente mentiroso, aquí hay que negar con actos reales la misma lógica de la existencia de la humanidad bajo la dictadura democrática del dinero, y las condi-ciones mismas que permiten nuestro sometimiento. Nuestro problema no es tal o cual empresario, sino el gran andamiaje llamado capital. 

En cada conflicto social entre los intereses de los pueblos en preservar su supervivencia contra los intereses mineros que buscan desarrollarse a costa de la destrucción del habitad natural, el Estado, supuesto órgano neutro de la sociedad, nos demuestra al fin y al cabo, detrás del velo de la impar-cialidad, a quien realmente sirve y obedece. Es ahí cuando muestra explícitamente que su única su función es defender el sistema que lo alimenta, hacer respetar la propiedad privada, imponer el trabajo asalariado, permitir la mercantilización de todo lo existente, apoyar la destrucción directa o indirecta de lo que tenga que ser destruido en defensa del progreso. Por más que el gobierno sea de derecha o izquierda, nunca expulsará al capital minero (aunque si lo expulsara la esencia del sistema será la misma), y menos cambiará la vida comprada y maquinizada que tenemos, en el “mejor de los casos” pondrá ciertas medidas ecológicas y medio-ambientales para que la población quede medianamente apaciguada; aunque siempre depende de cuánto dinero haya en juego y qué cueste más… las medidas ambientales o la represión en las calles. Los ejemplos sobran, sin ir muy lejos, hemos sido testigos de cómo el gobierno aprista llevó a cabo una masacre en Bagua, reprimió bru-talmente las protestas en Puno y ahora el gobierno encabezado por Ollanta impone el “Estado de Emergencia” ante las protestas de los pobladores en Cajamarca. 

Como podemos entender, si queremos que sea sólo un penoso momento en la historia, la vida mercantilizada; debemos de actuar por nosotros mismos, es inconcebible e injustificable quedarse con la boca cerrada, los brazos cruzados y el cerebro nublado ante la arremetida directa y legalizada que efectúa la empresa minera Yanacocha en Cajamarca contra la sobrevivencia de la precaria población campesina y la multitud socialmente marginal de esta región… Decimos que es inconcebible no porque sintamos lastima por estas personas que sufren en carne propia la dictadura del dinero sobre su vida ni porque nos creamos sus defensores… Decimos que es injustificable porque nosotros también, en formas diferentes pero igual de contundentes y subyugantes, somos golpeados por esta sociedad organizada para el lucro, para la acumulación financiera, para la mercantilización de todo lo que se pueda y quieran poner a la venta. No podemos entonces permitir que seamos arrastrados por las fuerzas ciegas de la economía mercantil y su consecuente orga-nización social.

Nos solidarizamos con el sufrimiento de los pobladores afectados en Conga, pero nos solidarizamos en el sentido integral y real… estamos empujados a ser causa común contra esta forma democráticamente organizada que tiene este sistema para imponernos su lógica, a ser causa común contra las condiciones de vida que nos imponen, a ser causa común en la búsqueda de la salida a nuestros problemas; cerremos filas ante el enemigo de la vida y respondamos con un gran golpe contundente y mortal contra la raíz y las ramas del sistema, contra la parte y el todo, a todo nivel, en todo espacio, creando y basándonos en la historia de rebeldía de los apartados, de los excluidos y desposeídos. Sólo así veremos el fin de nuestra esclavitud asalariada, veremos el inicio de una ver-dadera vida, que hasta ahora nos ha sido negada, a los de la inmensa mayoría de la humanidad.

No nos dejemos engañar entonces por movilizaciones como ¡Conga no va!, si bien nos solidarizamos con la resistencia de los pueblos al exterminio masivo en las garras del capital, denunciamos la política y mistificaciones, de los mesías de siempre, que plantean la posibilidad de la coexistencia entre el mundo burgués y la naturaleza (incluidos nosotros dentro de ella). La politiquería se aprovecha de las reacciones desesperadas de los que somos atacados brutalmente por el Totalitarismo Mercantil, creando el fetiche de la lucha salvadora, de la política del cambio, de la política popular, cuando nunca se ataca la base misma del sistema, cuando nunca se plantea seriamente la posibilidad latente que tenemos en nuestras manos de derrumbar el mundo creado para el lucro y la codicia,  y construir nuestro mundo, un mundo humano, natural y colectivo, un mundo donde decidamos libremente nuestro destino. 

Esto es lo que se encuentra en líneas generales detrás de los conflictos producidos por la minería. Esta es la verdadera faz del capitalismo: explotación y ganancia. Por tanto, la única acción realmen-te legítima que pueda permitir una nueva forma de mundo es atacando al capital, a su producción, a su cotidianidad… A realizar acciones entonces, que vayan fuera de la oferta y la demanda, de la venta y compra. Por todo el mundo recorre el hartazgo, la cólera, la indignación, por las calles del mundo banderas sin colores van buscando su color, vamos creando nuestra lucha, vamos encontrándonos con nuestra propia fuerza dormida, que creían nos la quitaban por completo con el trabajo, pero estamos aquí inconformes y rebeldes, escarbando en nuestro pasado para construir una nueva historia. “Radicalicemos nuestras luchas. Es decir, vayamos a la raíz de los conflictos. Rescatemos las experiencias positivas de cada movimiento y sacudámonos de todo lastre politiquero, que sólo intenta limitar y castrar nuestras luchas, vaciándolas de contenido a cambio de –en el mejor de los casos– obtener migajas por un breve tiempo, mientras arriba se atragantan con el pastel.” “Reconozcámonos como explotados/as y construyamos de forma autónoma los caminos para dejar de serlo. De otra manera, este proceso de movilizaciones no pasará de ser una anécdota en la cotidianidad de la explotación estatal/capitalista.” 

Queda claro que los problemas diarios que sufren los pobladores que viven cerca a los proyectos mineros no se inician con las minas, la vida en sí misma (tal y como la conocemos) ya es un problema, es una carga, somos números, mercancías, factores, que se compran y venden. Los conflictos producidos en relación a la minería sólo evidencia la contradicción latente que existe entre el dinero y el hombre, entre la empresa y la naturaleza, entre el capital y la vida.

Tenemos aun sangre en las venas, tanta como para decidir no seguir aguantando más destrucción de lagunas; contaminación de ríos, de aire, de tierra; envenenamiento de plantas y animales; extinción forzosa de ecosistemas; y unido a esto… tampoco queremos seguir siendo sometidos a vidas rutinarias, obligados a vendernos al mejor postor, a comprar nuestras alegrías en los mercados, tener trabajos sofocantes, humillantes. Estamos artos de que nos pinten nuestra miseria diaria de colores y que nos mientan con sus espectáculos, haciéndonos creer que si queremos una vida mejor tenemos que votar por la izquierda o derecha, estamos cansados de vivir en la fantasía, cansados de ilusiones forzadas, cansados del mito del pobre que se vuelve rico, cansados de trabajar y dormir para trabajar, cansados de comer para ir a morir en el trabajo.

Contacto: comitedeurgencia@gmail.com

CAPITAL MINERO  VS. PUEBLO INDIGNADO
(MÁS ALLÁ DE LO EVIDENTE)


La historia se repite. Estos últimos años ha habido un incremento de inversión de capita-les mineros en esta región del mundo. Huancayo, Puno, Arequipa y actualmente Caja-marca; pueblos enteros movilizados realizando protestas masivas y radicales contra la presencia de la extracción y contaminación minera cerca a sus medios de vida. En un contexto de crisis económica mundial, donde se busca salvar los mercados e intereses empresariales a costa de la existencia de las grandes mayorías trabajadoras del mundo entero (ahí están las medidas de austeridad en Europa, donde el proletariado ha respondido con organización y violencia) la extracción de oro y plata resultan ser muy be-neficiosos para los monopolios que se dedican a este rubro.

El Perú es un excelente lugar para invertir capital minero. Unos cuantos cientos de millones de dólares distribuidos en: permisos al gobierno de turno, expediciones de exploración, maquinaria pesada, estructuras especializadas, mano de obra barata y queda todo listo… esos cientos se pueden convertir en miles de millones. El único problema, el único pequeño y fastidioso inconveniente podrían ser los habitantes que se encuentran cerca de los yacimientos mineros.

 Aquí no repetiremos lo que, hasta lo que un buen demócrata puede decir… que las mineras contaminan el medio de vida de los pueblos que se encuentran cerca, que lle-nan el lugar de esmog, gases tóxicos, que envenenan el aire, que infectan el agua de los ríos o lagunas con mercurio y algunos otros químicos, que queman los suelos y subsuelos, que hacen inevitable la extinción forzada de especies animales y vegetales. Lo que se busca es mostrar cuál es la verdadera raíz del problema, ya que sus consecuencias, nefastas y mortales, son de conocimiento general y público.

El capital es un sistema vivo, que sólo puede reproducirse a costa del trabajo de masas, mundialmente dispersas, de sectores de la población que no tengan nada más que in-tercambiar que su vida misma. El empresario particular, de cualquier sector o rama de la producción, busca siempre gastar menos para ganar más, de esta forma la mercancía que ofrece podrá ser rápidamente consumida en el mercado y monopolizará su ámbito de comercialización, el mercado de tal o cual producto en venta. En el caso de las mineras, estas irrumpen, como cualquier otro sector capitalista, por encima y en contra de lo que podríamos llamar “naturaleza” y “humanidad”. El capital vuelve mercancía hasta lo menos pensado (agua en frasco, banco de esperma, etc.) Lo importante es ganar, es obtener beneficio, si mueren o no animales y plantas, hombres-mujeres y sus respectivas comunidades no es problema suyo. Entendamos bien que no se trata aquí de buenos o malos empresarios, de escrupulosos o negligentes políticos, de empresas responsables o capitalistas ambiciosos… es la lógica de este mundo mercantilizar todo, es la lógica del mundo burgués imponer las necesidades del mercado ante las necesidades humanas y naturales. Aquí no hay que denunciar a un proyecto minero o a un presidente mentiroso, aquí hay que denunciar a la misma lógica de la existencia de la humanidad bajo la dictadura de la economía. 

En cada conflicto social donde se manifiestan los intereses de los pueblos en preservar su existencia bajo la producción agrícola y los intereses mineros que tienden a la des-trucción de estos mismos lugares, el Estado, supuesto órgano neutro de la sociedad, muestra al conjunto de la sociedad a qué clase pertenece, sirve y obedece. Es que jus-tamente su función es velar por el sistema que lo mantiene existiendo, por la propiedad privada, por el trabajo asalariado, por la mercantilización de todo lo existente, por la destrucción indirecta de lo que tenga que ser destruido en defensa del progreso (capitalista). El Estado, por más que lo presida un partido de izquierda o de derecha, nunca expulsará al capital minero, a lo mucho le pondrá ciertas medidas ecológicas y medio-ambientales para que la población quede medianamente tranquila; aunque siempre depende de cuánto dinero haya en juego y qué cueste más… las medidas ambientales o la represión en las calles.

Cuando la población de los lugares afectados sale a las calles a imponer su “derecho democrático a la vida”, toda la izquierda y clase política socialdemócrata entra a la caza de ingenuos e incautados. Se mezclan los sectores progresistas de la iglesia, con ONGs, sindicatos, frentes regionales y partidos de todos matices izquierdistas.  Todos estos bus-cando dirigir la ira del pueblo, encauzándolas a su beneficio particular, a su interés organizacional que puede variar en algunos casos en forma pero en el fondo todos son parte del mismo espectáculo, son parte de la política capitalista y por lo tanto defienden en esencia al sistema y su forma establecida de avance y desarrollo. “El ecologismo que sólo cuestiona los aspectos técnicos de la dominación global, está actuando como jardi-nero esclavo de las mansiones de los ricos. Los conflictos ambientales deben ser abordados de manera integral como parte de la explotación total a que nos somete el capitalismo y sus Estados. La única forma de superarlos es la acción integral y autónoma de nuestra clase, desechando toda mediación, creando desde ya las condiciones para una sociedad libre de alienación, empleando las medidas de fuerza que sean necesarias y coherentes para conseguir nuestra auto-liberación.”(1)

Es necesario solidarizarse con el atentado directo del capital a la vida de estas comuni-dades, que si bien cuentan con propiedad privada, sólo existen para sobrevivir, arreglán-doselas inestablemente, subsistiendo a duras penas a lo único que tiene. Si bien entendemos que estas comunidades luchan por defender su propiedad, su pedazo de tierra y vemos que esto los encadena a reproducir a cierto nivel el mercantilismo y su lógica, entendemos más aún el ataque que reciben por parte del interés financiero capi-talista. Nosotros diariamente, los proletarios del mundo, nos vemos amenazados por el régimen cotidiano de existencia. Aquí el problema es uno solo, es el sistema que niega la posibilidad de cubrir nuestras necesidades realmente naturales imponiéndonos sus necesidades, todo lo que consumimos realmente no nos sirve a nosotros, no sirve para la sociedad, sirve para las arcas de la burguesía.

No nos dejemos engañar entonces por movilizaciones como ¡Conga no va!, si bien nos solidarizamos con la resistencia de los pueblos al exterminio masivo en las garras del capital, denunciamos la política y mistificaciones de la izquierda, planteando que es posible la coexistencia entre el mundo burgués y la naturaleza (incluidos nosotros dentro de ella). El reformismo se aprovecha de las reacciones desesperadas de los atacados brutalmente por el sistema creando el fetiche de la lucha salvadora, de la política del cambio, de la política popular, cuando nunca se ataca la base misma del sistema. El pretexto siempre es y será que los procesos son largos y que de a poquitos, entrado en la política que el mismo sistema te brinda, se podrá mejorar todo… obviamente no dicen que se podrá mejorar todo para la economía burguesa.

Esto es lo que se encuentra en líneas generales detrás de los conflictos producidos por la minería. Esta es la verdadera faz del capital: explotación y ganancia. La única acción realmente legítima que pueda permitir una nueva forma de vida es atacando al capital, a su producción, a su cotidianidad… a realizar acciones entonces, que vayan fuera de la oferta y la demanda, de la venta y compra, del reformismo político. Como dicen nuestros compañeros del R.A.P.  “Radicalicemos nuestras luchas. Es decir, vayamos a la raíz de los conflictos. Rescatemos las experiencias positivas de cada movimiento y sacudámonos de todo lastre politiquero, que sólo intenta limitar y castrar nuestras luchas, vaciándolas de contenido a cambio de –en el mejor de los casos– obtener migajas por un breve tiempo, mientras arriba se atragantan con el pastel.” “Reconozcámonos como explotados/as y construyamos de forma autónoma los caminos para dejar de serlo. De otra manera, este proceso de movilizaciones no pasará de ser una anécdota en la cotidianidad de la explotación estatal/capitalista.”
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Notas:

sábado, 4 de febrero de 2012

Egipto: "La revuelta continúa" + "Sobre la tragedia en Egipto" (acerca de los acontecimientos en el estadio de Port Said)

A continuación difundimos un interesante reportaje sobre las revueltas egipcias aparecido en Crimethinc y traducido al español por el sitio Alasbarricadas.org. Este también se encuentra disponible en Hommodolars.

Además, damos espacio a una breve nota que entrega antecedentes para comprender las razones tras la tragedia (o más bien masacre) ocurrida el miércoles pasado luego de un partido de fútbol en el estadio de la ciudad de Port Said, en la que murieron más de 70 personas y cientos quedaron heridas. En este sentido, contribuye a clarificar la relación -descrita también en el reportaje precedente- entre el fútbol, o más bien las hinchadas ("ultras") y el ambiente de agitación que se vive en las calles de Egipto.


Egipto: la revuelta continúa

Nota de ALB: Justo para el aniversario del comienzo de la insurrección egipcia, la web anarquista norteamericana Crimethinc recibió este reportaje de un compañero que ha participado en los últimos enfrentamientos en El Cairo del mes de diciembre. Nos ofrece una visión actualizada del contexto actual en Egipto, así como fotos e incluso una cobertura de video desde la línea de frente.
Hemos querido traducir este texto porque refleja bastante bien la complejidad de la situación, con agudas luchas sociales, y con una importante lucha política llevada acabo entre el antiguo régimen y los que se disputan el contro del nuevo. Estas luchas se desarrollan en un país del que anteriormente lo desconocíamos casi todo, en especial su contexto político. No queremos quitar ojo de lo que ocurra en aquellas tierras, puesto que su ejemplo logró incendiar el anodino panorama internacional en el 2011.


Egipcios levantando adoquines a su paso para combatir al ejército en el edificio del Gabinete. 
En vivo desde las calles de El Cairo

Cuando oíamos los disparos que salían desde el edificio del Gabinete, sabíamos que eran de fogueo. A pesar de haber visto a los militares utilizar balas de verdad en ese mismo día, teníamos una ingenua sensación de seguridad por las miles de personas que estábamos en las calles.

Cuando se oyeron gritos y se desató el pánico - ya que una persona que estaba cerca recibió un balazo en el cuello y corrió hacia las ambulancias de detrás de la multitud - seguimos en pie, junto con la mayoría de la gente. La calma que sentíamos era un testamento de una sensación de fuerza numérica que nunca habíamos sentido antes.

La escena era surrealista: unos cuantos centenares de personas en un momento dado intercambiando proyectiles con los soldados egipcios, mientras que otras miles estaban de pie solo a unos metros como colchón humano. Entre ellos, había vendedores callejeros que te vendían de todo, desde comida y té, hasta cascos y keffiyés.

Desde entonces nos hemos despertado con noticias de que el ejército había incendiado la ocupación que había afuera del edifico del Gabinete. Sabíamos que cuando anocheciera, las cosas podrían ser más difíciles para nosotros. Esquivar los proyectiles de los militares puede ser complicado en la oscuridad, y sin los medios de comunicación delante, los militares podrían incluso jugar más sucio. Pero la determinación de la gente era contagiosa, y no nos podíamos echar atrás.
Levantaos! Un enérgico manifestante a hombros de sus compañeros anima a cientos más cuando avanzan hacia el frente. 
Un año de revuelta

Hace un año, millones de egipcios tomaron las calles y ocuparon las plazas públicas como parte de la oleada de revueltas populares que se conocieron como la Primavera Árabe. Inspirados por el levantamiento en Tunicia, los egipcios superaron la parálisis del miedo y se enfrentaron a sus opresores cara a cara, enfrentándose con la policía en el 'día nacional de la policía'. La gente fue dispersada, pero los enfrentamientos continuaron en los barrios y en las calles de todo Egipto, haciendo que la policía permaneciera dispersa mientras se destruía la infraestructura policial y se preparaba a las masas para el "Día de Rabia". El 28 de enero, el pueblo de El Cairo retomó la plaza Tahrir, rompiendo las barricadas policiales mediante manifestaciones descentralizadas que salieron desde los barrios de toda la ciudad. Con la policía derrotada y superada, surgieron espontáneamente patrullas en los barrios para protegerse, mientras que Tahrir se transformó en una zona autónoma y en una ciudad-campamento. Dos semanas más tarde, las calles estallaron en una estruendosa celebración cuando Mubarak abandonó el poder.

Un año más tarde, acaba de concluir la tercera ronda de las elecciones, aunque los militares aún conservan el poder político. También mantienen más de 12.000 presos políticos, que han sido rápidamente condenados en tribunales militares. Las calles de El Cairo están llenas de grafitis y de restos de las protestas políticas que derivaron en combates callejeros. Muros de bloques de hormigón bloquean las carreteras en donde militares y policías se enfrentaron a los manifestantes solo hace unos meses; las aceras y escaleras de mármol permanecen destrozadas donde los militantes callejeros improvisaron hace poco su munición. Algunas asambleas de barrio se han transformando en "comités populares de defensa de la revolución", que cubren desde los servicios básicos hasta el gobierno local. Mientras tanto, se han formado más de 100 sindicatos independientes, rompiendo el anterior monopolio del estado sobre el trabajo organizado.


Egypt Street View from CrimethInc. Workers' Collective on Vimeo.

Jóvenes lanzan molotovs y piedras al ejército sobre el tercer muro militar entre Tahrir y los edificios del gobierno en las cercanías, durante los enfrentamientos de diciembre.

Desde (A) pintadas en las paredes de los edificios del gobierno hasta la explosión de sindicatos independientes y federados, se pueden ir viendo tendencias anarquistas en Egipto en tanto que su pueblo lucha por lograr un cambio revolucionario después de su gran momento. Pero no es la primera vez que hay corrientes anarquistas, tanto implícitas como explícitas, en el paisaje político egipcio.

Los anarquistas griegos en El Cairo y Alejandría fueron clave para crear el primer sindicato egipcio, el sindicato de enrolladores de cigarros, en 1899. Los anarquistas italianos también estuvieron implicados en el movimiento sindical egipcio, hasta los años 1950s, pero el movimiento sindical independiente fue destruido tras del golpe militar de 1952. El movimiento sindical independiente resurgió a finales de 2006, aunque en realidad terminó de materializarse a finales de 2008.

Los sindicatos jugaron un papel clave en el éxito del levantamiento del 25 de enero. Desde el 7 de febrero, comenzó una huelga en el transporte público en el área metropolitana de El Cairo, junto con numerosas protestas laborales en el Canal de Suez - y otras acciones industriales en todo el país - que ayudaron a derrocar a Mubarak el 11 de febrero.

La revolución también ha provocado el nacimiento de la primera federación sindical independiente de la historia egipcia. Desde su fundación, en el quinto día de la revolución, se han formado más de 100 sindicatos y asociaciones profesionales independientes, entre ellas una del transporte público. También ha llevado a las autoridades a disolver la junta directiva de la Federación de Trade Unios Egipcia (ETUF), que ha monopolizado el movimiento sindical por ley desde 1957.

Pero las revoluciones no sólo se circunscriben al puesto de trabajo. Aunque las huelgas y otras acciones industriales presionaron económicamente al régimen, el éxito de que los egipcios tuvieron al liberar las calles del control policial se debe en gran medida a otro grupo organizado. Los "ultras", los fanáticos extremos del fútbol, que eran uno de los grupos mejor preparados y más coordinados en las marchas hacia Tahrir. Se convirtieron en la línea de frente en la batalla contra la policía para reconquistar el acceso a la plaza. Organizados via mensajes de foros de internet, después de que uno de ellos fuera asesinado en Tahrir, llegaron con fuerza el Día de Rabia. Mantuvieron una fuerte presencia en la plaza durante la ocupación, especialmente en los momentos en los que los ocupantes estaban más amenazados por la violencia estatal y para-estatal.

Antes del pasado enero, los "ultras" eran vistos como unos hooligans apolíticos de fútbol que nadie quería que causaran problemas. Sin embargo, eran uno de los pocos grupos sociales en Egipto con experiencia en enfrentamientos contra la policía, y su papel central para tomar las calles aumentó enormemente su popularidad. Los grupos ultras tienen decenas de miles de miembros en todo Egipto, muchos de los cuales se identifican como anarquistas. Entre las organizaciones ultras se rechaza situarse en el espectro político, sus tácticas y modos de organización son extremadamente anti-autoritarios. Se organizan sin líderes ni jerarquías, rechazan patrocinios financieros, luchan contra la comercialización del deporte, y viven sus vidas en conflicto con las fuerzas de seguridad del estado. "All Cops Are Bastards" (ACAB) es un lema central entre los ultras, y mediante cánticos y grafitis han popularizado este lema en la sociedad egipcia.

Los ultras fueron los primeros en utilizar el grafiti para difundir la brutalidad policial y pedir libertad de expresión, y esto les atrajo simpatizantes y nuevos miembros en los años anteriores a la revolución. Hoy, ACAB, es el grafiti más común en El Cairo, y se pinta en las paredes de todo Egipto. Los ultras siguen siendo una poderosa fuerza social que le da dientes al movimiento, apareciendo a las manifestaciones con bengalas, cócteles molotov, petardos y canciones de desafío que se han adoptado ampliamente.
Toma de material: después de uno de los muchos enfrentamientos con la seguridad del estado que llevó a que un oficial fuera atrapado y que se le quitara su uniforme; un manifestante triunfal se fotografía con su material antidisturbios.
El movimiento revolucionario nacido en Tahrir también atrajo a muchos que tradicionalmente estaban excluidos de la organización política clásica: los millones de personas que sobrevivían a través de la acción directa y que subsistían con tan solo un dolar al día. Los niños de la calle y los chabolistas que hicieron de Tahrir su casa se quedaron allí una vez que la fiesta había terminado. Las condiciones que les llevaron a levantarse no habían cambiado con la caída de un político, así que su ocupación continuó. La juventud callejera, incluso de hasta seis años, continuó siendo una de las combatientes más valientes y comprometidas en esta revolución, levantando adoquines del suelo y corriendo delante de la policía con escudos auto-fabricados, keffiyes, y hondas. Los medios de comunicación egipcios los desprecian como busca-problemas sin motivaciones políticas, o dicen que les han pagado, o que se les obliga a combatir. Pero al verlos esquivar balas de verdad entre nubes de gas lacrimógeno, hace que estos jóvenes egipcios parezcan palestinos lanzadores de piedras que tanto les inspira.

En la caótica extensión de los barrios autconstruidos de alrededor de El Cairo la auto-organización es un medio de supervivencia diaria. Los que no tienen casa las construyen en tierras ocupadas u ocupan estructuras vacías. Pinchan el agua y la electricidad cuando las autoridades se las cortan, y se enfrentan a la policía cuando hacen redadas en los barrios para desalojar o privarlos de los servicios esenciales. Bolsas de comunidades cercadas, habitadas por las clases superiores de El Cairo, se aislan de las clases excluidas y hacen visible la intensa estratificación de la riqueza en la sociedad egipcia actual.

Pero una parte de la creciente sub-clase egipcia, animada por la revolución, está pasando a la ofensiva. Han comenzado una oleada de ocupaciones de edificios de apartamentos vacíos bien orquestada en áreas mejores. Hace unos pocos meses tuvo lugar una toma coordinada de 2.000 viviendas en el barrio 6th of October City, que provocó una importante confrontación con miles de soldados desplegados para desalojarlos. Los ocupas defendieron sus nuevas casas con armas de fuego y cócteles molotov. Otros irrumpieron en los edificios de apartamentos de Sheikh Zeyad City, ocupando los pisos y demandando viviendas permanentes. Estas acciones de alto perfil son un testimonio de la creciente fuerza de diferentes comunidades que se organizan horizontalmente y actúan colectivamente.

Y no se queda esto en los barrios de chabolas. Examinando la construcción de la mayoría del Cairo contemporáneo, se podría decir que el desarrollo informal se ha desarrollado con una mínima o nula asistencia del estado, en su mayoría a través de la organización de los propietarios de los solares vecinos o con un desarrollo espontáneo tutelado por la intervención y negociación de los vecinos. Esto ha llevado a un sistema altamente funcional de vencindarios, aunque con algunos problemas comunes que tienen que ver con asuntos como la planificación de las zonas verdes, la anchura de las calles, y la altura de los edificios. Aún así, se han resuelto gran cantidad de necesidades sin una acción real del gobierno, y definitivamente se ve una evidencia de algún tipo de planificación y cooperación popular a nivel local.

Durante la ocupación original de Tahrir, el auto-gobierno de los barrios convirtió en una necesidad. Las, ya mínimas, infraestructuras de gobierno cesaron de funcionar, e incluso policías de paisano tomaron parte en los saqueos organizados para aterrorizar a la gente. En cuestión de una sola noche aparecieron comités populares de barrio por todo el país. La gente salió de sus casas a la calle en medio de un bloqueo total de telefonía movil y de internet, e instalaron puntos de control y sistemas de comunicaciones para defender sus barrios de la policía y de otros elementos anti-sociales.

En Tahrir, también surgió otra comunidad autónoma. Se crearon en las tiendas clínicas y logística diversa para atender las necesidades de los manifestantes, mientras que aparecieron grupos de debate, conferencias, conciertos, biblioteca, escuela, e incluso un "Cinema Tahrir" que se aseguraban de que la plaza fuera un lugar para la educación política y para la forja de relaciones profundas. Al igual que las protestas Occupy que inspiraron, estas iniciativas estaban apoyadas por donaciones y por voluntarios auto-organizados. La ayuda mutua y la asociación voluntaria era la norma, y la lógica del capitalismo y las relaciones de poder se desvaneció. Pero la ocupación no se dio sin controversias. Los ladrones y los matones eran un problema persistente en Tahrir, uno de ellos provocó incluso la creación de una cárcel y la aparición de vigilantes de seguridad y de un sistema de justicia con varios grados de respeto por los derechos humanos. Aún así, muchos anarquistas egipcios correctamente señalaban que la ocupación de Tahrir y la consiguiente ocupación del Gabinete fueron exitosos experimentos de anarquía.

Las tiendas surgían de entre las ruinas quemadas de la plaza Tahrir, destruida por una invasión militar solo unas horas antes.
Hace un año, los revolucionarios de Egipto convirtieron Tahrir en su hogar. Pero a unas pocas manzanas de allí, recientemente otra ocupación tambaleó los cimientos del poder. La gente harta ya del poder militar y desencantada con las elecciones ocupó las entradas del edificio del gabinete para evitar que tuvieran lugar nuevas reuniones y para protestar contra el poder militar. A primeras horas del 16 de diciembre, esta ocupación se convirtió en el último titular de noticias de la guerra social en Egipto. Los militares secuestraron y golpearon seriamente a un ocupante, luego incendiaron del todo la ocupación, iniciándose así cinco días de intensas batallas callejeras. A diferencia de los enfrentamientos anteriores, la gente ya no estaba enfrentándose a las universalmente despreciadas fuerzas policiales, sino al ejército.

La gente se levantó con la noticia de que los manifestantes estaban siendo atacados y pronto se dirigieron a la escena, en donde una ciudad de tiendas de campaña había sido reducida a hogueras y cenizas en la calle. Las piedras volaban a través de las ventanas del edificio del gabinete contra los soldados que se habían retirado adentro, y la gente en la calle continuaba congregándose hasta ser millares. Durante los siguientes cinco días, Tahrir se convirtió en el punto de convergencia, y punto de partida, de una batalla de 24 horas con los militares. Se intalaron clínicas de primeros auxilios y los bancos cerraron. La juventud podía verse rompiendo los cajeros automáticos y astillando el marmol de las paredes y sacando adoquines del suelo para utilizarlos como proyectiles. El edificio del gabinete fue incendiado repetidamente con cócteles molotov, mientras que los soldados lanzaban grandes trozos de asfalto desde los tejados indiscriminadamente contra la multitud, hiriendo a decenas de personas. En algunos puntos, la gente parecía estar ganando, en otros el ejército parecía que tenía las cosas controladas, pero no había lugar a dudas de que ésta no era una simple protesta: era una conflicto a gran escala.

Joven egipcio con dos balas que los militares le habían disparado a él y a sus compañeros en aquel día durante los enfrentamientos de alrededor de la plaza Tahrir.
La multitud fue empujada hacia Tahrir, pero incluso aunque los militares comenzaron a utilizar munición real y una fuerza letal, su primer intento de limpiar la plaza fracasó. Cuando las piedras llovieron desde todas las direcciones, se retiraron a las ruinas del edificio del gabinete. Para formalizar "las tablas", se levantó un enorme muro de hormigón, bloqueando totalmente la carretera entre Tahrir y el gabinete. Pero, simplemente, la lucha siguió en otra calle. Al día siguiente, los militares lograron limpiar Tahrir y quemar completamente la infraestructura de la ocupación. Pero llegaron nuevos grupos a combatirlos y fueron expulsados otra vez. Mientras tanto la televisión estatal estaba fomentando teorías de la conspiración sobre los manifestantes, mostrando a niños manifestantes que decían haber sido pagados para luchar en las calles; mientras tanto los medios independientes estaba documentando abusos, heridos, y las razones reales detrás del conflicto. La imagen de una mujer agarrada y apaleada por la policía cuando se levantó su niqab y mostró su sujetador azul, eventualmente provocó el final de la batalla callejera. En respuesta a esta imagen y a los informes sobre abusos sexuales durante su detención, se convocó una manifestación de mujeres y se encaró decisivamente contra un humillado ejército, terminando la confrontación con los militares en victoria en su quinto día.


Como ha sido el caso durante el siglo pasado, la mujer ha estado en la línea de frente de esta revolución, liderando manifestaciones y cánticos, escribiendo y distribuyendo octavillas, combatiendo a la policía, realizando tareas de medios independientes, y participando en los comités populares. Al desafiar la cultura del patriarcado, que aún persiste en la mayoría de la sociedad egipcia, la mujer denuncia los estereotipos sexistas con sus acciones y se empodera para espolear la revolución en todas las esferas de la vida diaria.

Hoy en día hay algunas mujeres en los niveles más altos del gobierno. Pero igual que sus compañeros masculinos que abandonaron las calles por el proceso político, están a punto de descubrir la amarga realidad que se esconde tras la "democracia". Al ir concluyendo las elecciones, se ha visto claramente que los ganadores del proceso de "democratización" egipcio han sido, los otrora prohibidos, Hermanos Musulmanes. No se debe exclusivamente a que hubiera muchos revolucionarios boicoteando las elecciones. El partido "Justicia y Libertad" de la Hermandad Musulmana, tenía la capacidad financiera para pagar la enorme campaña que les permitió comprar los votos de muchos egipcios. En Egipto, como en otras democracias capitalistas, el axioma "un dolar=un voto" suena tan alto como siempre. Aunque las condiciones económicas fueron la mejor mecha para el levantamiento de hace un año, la Hermandad Musulmana tiene exactamente las mismas políticas económicas que sus predecesores. Tantos egipcios que votaron al partido - debido al profundo y largo conflicto con sus anteriores dirigentes - tendrán que volver a las calles a combatir a su gobierno una vez más en el futuro.
Vota a Nadie: grafiti cerca de Tahrir animando a boicotear las elecciones
Entre las extensas corrientes implícitamente anti-autoritarias, también han crecido organizaciones más explícitamente anarquistas en el proceso revolucionario egipcio. Individualidades anarquistas han desempeñado papeles clave en la revolución, desde organizar protestas y la logísta de las ocupaciones hasta hacer una cobertura mediática independiente. Mientras tanto, también una creciente organización anarcosindicalista llamada Movimiento Socialista Libertario ha estado organizado conferencias y asambleas. Tiene miembros en El Cairo y Alejandía, y conexiones con las redes anarquistas internacionales. El MSL está comenzando también a ganarse enemigos, entrando en conflicto con la Hermandad Musulmana y otros.

Según algunos manifestantes empoderados van creando organizaciones, coordinando acciones directas y cada vez van siendo más precisos al pedir cambios revolucionarios, también va creciendo la represión institucionalizada. La gente creó su propia ley sindical, mientras que las leyes militares criminalizaban las huelgas; se han creado medios independientes con nuevas cuotas de popularidad, mientras que los medios de comunicación del estado son más flagrantes en sus mentiras contra el movimiento de protesta; y la gente continúa combatiendo la autoridad en las calles, mientras hay 12.000 personas encerradas y privadas de toda garantía en los tribunales militares. La sociedad egipcia está viviendo realidades divergentes. Por un lado, la gente está determinada para concluir la revolución que comenzó hace un año; por el otro, las elecciones enmascaran la continuación de la dominación del estado y la cooptación del potencial de un orden social emergente.

Conclusión sin aliento: Continuará...

La revolución ha estado viva en todo momento. La determinación de la gente en las calles para concluir lo que comenzaron el año pasado se encontró con la urgencia que sentíamos por parte de nuestros compañeros para actualizar la revolución en la sociedad general. Todo momento era una oportunidad para tomar el futuro, todo el mundo lo sabía.

Antes de que estallaran los enfrentamientos, nos pasábamos toda la noche hablando de la revolución, analizando el presente y haciendo estrategias para el futuro. Sólo me podía imaginar que había miles de conversaciones como esa teniendo lugar en todo Egipto. Cuando nos despedimos - que espero que sea un "hasta luego" - había una gravedad en el momento. Mientras que mis nuevos amigos pueden estar celebrando victorias en la calle, e incluso pueden ganar esta batalla a largo plazo, algunos pueden morir, resultar heridos, o prisioneros de los militares en los días y meses futuros. Los mismos riesgos corremos todos, una vez que comencemos a "luchar como un egipcio". Las pirámides no fueron construidas en un día, y la épica tarea de desmantelarlas nos puede llevar una temporada aún, pero Egipto está en vías de hacerlo.


The Wall Must Fall from CrimethInc. Workers' Collective on Vimeo.

El muro debe caer! Activistas egipcios desmantelan el muro que les separaba del ejército. 
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Sobre la tragedia en Egipto

Nota aparecida en diariosdefutbol.com


“Siempre hemos estado con vosotros cuando nos habéis necesitado. Ahora que os necesitábamos nosotros, no os hemos encontrado”. Con esta pancarta los hinchas de Al Ahly egipcio recibieron a sus jugadores tras el primer partido de fútbol que su equipo jugó tras el derrocamiento de Hosni Mubarak. La frase revelaba una herida abierta entre la afición más fiel y el equipo más importante no solo de Egipto, sino probablemente de toda África. ¿Qué había sucedido? Que mientras los hinchas del Al Ahly se manifestaron como tales desde el comienzo de las revueltas de la Plaza Tahrir de El Cairo y lucharon con sus camisetas rojas por el derrocamiento del dictador (“afrontando las balas de goma, los potentísimos gases lacrimógenos e incluso el fuego real con la tranquilidad de quienes llevan años haciéndolo” explica Enric González en El País), los jugadores del equipo no aparecieron públicamente durante las dos semanas en las que una mezcla indescriptible de incertidumbre y esperanza que emanaba desde esa plaza se hizo con el país y, me atrevo a afirmar, con todo el mundo.

Hay que tener en cuenta que la herida tenía su sentido. El Al Ahly es conocido como “equipo del pueblo”. La gran mayoría de la población (fundamentalmente las clases más desfavorecidas) se sienten representadas en su camiseta roja y la significación del club y su carga simbólica explotan, precisamente, esa unión con el pueblo. ¿Cómo era entonces, que ahora que el pueblo les necesitaba, los jugadores desaparecieran?

Se podrá argumentar que los actores del fútbol no deben tomar partido en asuntos políticos. Pero el argumento falla en la medida en que lo acontecido el pasado año en Egipto empapó a absolutamente todos los estamentos sociales. Incluido, por supuesto, el fútbol. Sí se manifestó, así, pero en sentido contrario, el entonces seleccionador nacional egipcio Hassan Shehata, quien apareció en primera fila de las movilizaciones pro-Mubarak que intentaban demostrar lo indemostrable: que el pueblo estaba con el dictador. Tras la caída del opresor, ese explícito apoyo, junto a los malos resultados recientes de “Los Faraones” le costó el puesto. Tras su cese, su destino no podía ser otro: el Zamalek le acogió como el héroe que para el equipo de los ricos de El Cairo siempre ha sido.

Desde el derrocamiento de Mubarak la tensión en el fútbol egipcio se ha disparado. Siempre ha existido la tensión entre Zamalek-Al Ahly, que se podía traducir perfectamente en una dicotomía dirigentes-oprimidos, y así se extendía a otros campos en una traducción de la brecha que separaba a todo el país: los (pocos, aún poderosos) que apoyaban la salvaje dictadura y los (muchos, aún por diversas razones) que ayudaron a terminar con la misma.

La tragedia de ayer, por lo que nos informan, no fue sino precisamente una consecuencia de la actual fractura social que vive Egipto, llevada a un estadio de fútbol (donde esa tensión siempre ha estado latente). Todo parece indicar que los hinchas del Al-Masry, equipo tradicionalmente cercano al régimen de Mubarak, organizaron una encerrona contra los jugadores y seguidores del Al-Ahly, en una manera particular de vengarse contra los acontecimientos que hace un año terminaron con el dictador al que ellos sí apoyaban. El resultado es la tragedia humana que conmueve hoy al mundo entero y ante la que poco podemos decir.

Sí afirmaremos, no obstante, que realizar una lectura del hecho en clave profiláctica, afirmando la necesidad de separar fútbol y política, es caer en un error recurrente. El fútbol (en particular el estadio del Al Ahly) fue durante los últimos años de la dictadura uno de los pocos espacios en los que la población egipcia podría expresarse con relativa libertad. Es precisamente la represión de la libertad la que provoca estos actos, y no el hecho de que unos hinchas u otros demuestren una determinada identidad (también política) en sus cánticos, pancartas y lemas.

Así quienes hoy aprovechando la sensibilidad ante las imágenes que las televisiones nos ofrecen afirman que no es bueno mezclar fútbol y política, les queremos responder solamente que lo que no es bueno son las dictaduras y los posos de odio, miedo y violencia que dejan tras de sí.

sábado, 28 de enero de 2012

Cuadernos de Negación Nº 6: "¡Abajo el reino de los cielos!"

Enviado por Cuadernos de Negación

"Como hemos expresado en cada una de estas ediciones, la unidad de la vida y su relación de totalidad hace que los temas se entremezclen constantemente, dando lugar a reflexiones que naturalmente no se limitan al tema central que cada número propone, en este caso el de la religión.

Y desde el título lo que intentamos es evidenciar que el cielo no es más que una proyección idealizada de lo que sucede en la Tierra. Y la religión no se alimenta del cielo sino de la tierra. Y porque una mejor vida es posible antes de morir y no después, en el más acá y no en el más allá, decimos: ¡Abajo el reino de los cielos!"


La religión sobrepasa indudablemente a cualquier otra actividad humana en cantidad y variedad de tonterías. Si se considera además su papel como cómplice de la dominación de clase a través de la historia, no es sorprendente que haya atraído sobre sí el desprecio y el odio de cada vez más personas, en particular de los revolucionarios.
La religión continúa adaptándose, en su forma institucional o sin ella, a los pequeños cambios del modo de producción y reproducción de la vida, persistiendo bajo diferentes formas.
El movimiento revolucionario debe oponerse a la religión, pero tomando posición del otro lado de ella. No siendo menos que la religión, sino más.

Contenido:
▪ Introducción
- ¿De que hablamos cuando hablamos de religión?
▪ ¿Ateísmo?
▪ Extrañación y mutilamiento
- El humano como centro: así en la tierra como en el cielo
- Mutilación
▪ Las armas de la crítica y la crítica de las armas
▪ ¿Libertad de conciencia?
- Adán y Eva y el judeocristianismo cotidiano
▪ Influencias religiosas en el autodenominado movimiento revolucionario
▪ Creencias a medida
- El optimismo del ahorcado
▪ ¿Oponer la ciencia a la religión?

lunes, 23 de enero de 2012

Acerca de la "organización revolucionaria" (I): Definición mínima de las organizaciones revolucionarias (IS)

Intentaremos ir subiendo periódicamente diversos textos o extractos de documentos, surgidos dentro de las corrientes radicales del movimiento proletario, que traten directamente el tema de la "organización revolucionaria". Es decir, acerca del papel de las minorías revolucionarias en determinados contextos, la necesidad o no de su agrupamiento, las relaciones que se deberían establecer "internamente", coherencia entre contenido y forma, comprensión de algunas experiencias históricas, etc.

No pretendemos, por cierto, que los artículos difundidos sean la expresión exacta y última que nos interprete, pero sí esperamos que contengan algunos elementos cruciales para un tratamiento revolucionario del tema.

El primero es un breve texto de la Internacional Situacionista, publicado en octubre de 1967 en el número 11 de Internationale Situationniste.


Definición mínima de las organizaciones revolucionarias

Considerando que el único fin de una organización revolucionaria es la abolición de las clases existentes por métodos que no lleven a una nueva división de la sociedad, calificamos de revolucionaria a cualquier organización que persiga de manera consecuente la realización internacional del poder absoluto de los consejos obreros tal y como ha sido esbozado por las experiencias de las revoluciones proletarias de este siglo.

Tal organización presenta una crítica unitaria del mundo o no es nada. Por crítica unitaria entendemos una crítica dirigida globalmente contra todas las zonas geográficas donde se han instalado diversas formas de poderes socio-económicos separados, y que se pronuncie también globalmente contra todos los aspectos de la vida.

Tal organización reconoce el comienzo y el fin de su programa en la descolonización total de la vida cotidiana; no pretende la autogestión del mundo existente por las masas, sino su transformación ininterrumpida. Realiza la crítica radical de la economía política, la superación de la mercancía y del salario.

Tal organización rechaza toda reproducción en su interior de las condiciones jarárquicas del mundo dominante. El único límite de la participación en su democracia total es el reconocimiento y la auto-apropiación por todos sus miembros de la coherencia de su crítica: esa coherencia debe estar en la teoría crítica propiamente dicha y en la correlación entre esa teoría y la actividad práctica. Critica radicalmente toda ideología en tanto que poder separado de las ideas e ideas del poder separado. Así es al mismo tiempo la negación de toda supervivencia de la religión y del actual espectáculo social que, desde la información a la cultura masificada, monopoliza toda comunicación de los hombres alrededor de una recepción unilateral de las imágenes de su actividad alienada. Disuelve toda "ideología revolucionaria" desenmascarándola como indicación del fracaso del proyecto revolucionario, como propiedad privada de los nuevos especialistas del poder, como impostura de una nueva representación que se erige por encima de la vida real proletarizada.

Siendo la categoría de totalidad el juicio último de la organización revolucionaria moderna, dicha organización es en último término una crítica de la política. Debe intentar explícitamente, con su victoria, su propio fin en tanto que organización separada.

lunes, 16 de enero de 2012

Publicación "Notas Insurreccionales" Nº 2 (desde Perú)

"Las palabras son signos y códigos relacionados que expresan alguna idea. NOTAS INSURRECCIONALES no sólo es un conjunto de palabras gramaticalmente organizadas, no sólo buscamos expresar alguna idea, nuestro interés no es limitarnos a decir, a interpretar, a proponer. Estos escritos son parte del combate real que desarrollamos los oprimidos y asalariados a nivel mundial contra el Sistema Capitalista; contra esta sociedad burguesa que tiene al dinero como dios supremo y omnipresente, a la propiedad privada como estructura de segregación social y al trabajo asalariado como célula de nuestra esclavitud histórica y cotidiana. Por tanto, cuando lean las posiciones intrínsecas que segregan los artículos, recuerden que no son invención de un pequeño grupo de “activistas” o intelectuales, sino que son expresión del movimiento real que suprime y subvierte las condiciones de explotación existentes."

SUMARIO
·  Hola (Intento de Editorial).
·  ¿Qué se esconde detrás de la apariencia? (El dinero).
·  La Maquinaria Estatal.
·  El Anti-antiimperialismo.
·  Retroalimentación… Reflexiones en torno al caso Fujimori.
·  Capital minero  vs. pueblo indignado (más allá de lo evidente).
·  Lengua Armada (Poemas).

DESCARGA AQUÍ 

¿QUÉ SE ESCONDE DETRÁS DE LA APARIENCIA? 
(EL DINERO LO ES TODO)

Hace unas semanas atrás, en alguna calle cercana al Centro de Lima, se presentó un hecho tan cotidiano, tan consuetudinario y frecuente que sólo atiné a sentir algo de lástima superficial y frustración inducida, como seguramente lo hizo la mayoría de per-sonas que lo presenciaron.

Mientras muchos y muchas esperábamos con cansancio y emoción consoladora la llegada de algún ómnibus que nos lleve de regreso a la oscuridad gris de “nuestros” hogares, caminaba despacio, a lo lejos, casi arrastrando sus extremidades, con dirección hacia la muchedumbre que habíamos formado, un hombre de unos setenta años. Con ropa muy gastada, mal afeitado, con líneas marcadas por el hambre, el frío y la precariedad, se acercaba a nosotros con algo entre los brazos. Colgado en su pecho, traía un pequeño tablero, improvisado con algunos pedazos de madera, que hacía las veces de mostrador. Sí, se trataba de uno de los tantos vendedores ambulantes que habitan las grandes urbes capitalinas y ciudades sobrepobladas de la llamada sociedad civilizada. En esta ocasión, el batido anciano intenta intercambiar chocolates, galletas, caramelos y una que otra golosina por alguna pequeña unidad monetaria. Voceaba su interés de intercambio, con cierta mecanización y la mirada algo perdida, “Ahí tiene galletas Chaplin, Cañonazo,  Triángulo, Ole-Ole…”.

Algunos cuantos dejaron de observar al vendedor y se concentraron en la comida hecha mercancía que ofrecía. Lógicamente, el hambre buscaba ser saciada, eran casi las 9:00 de la noche y muchos salían recién del trabajo; paradójicamente nadie se anima a con-cretar la compra y venta, a veces no se alcanza como darse esos gustos tan extravagantes padecidos por la “raza” proletaria.

Pero lo que llamó la atención de todos y todas, empujándome a contar esta experiencia, fue una pequeña niña que no pasaba de los cuatro años y que se encontraba aferrada a la mano de su humilde madre. De rasgos andinos, desabrigada para la ocasión, miraba y miraba la variedad de productos multicolores que ofrecía el añoso ambulante. No parecía importarle el lugar donde se encontraba, el ruido de los cláxones mezclados con el de los cobradores, el frío viento que nos cubría, la apariencia del anciano o el cansancio de su pequeño hermano (acostado en los brazos de su madre); lo único que alumbraba su mirada y alimentaba su deseo de felicidad pasajera eran los bocadillos azucarados. No aguantó más que un par de minutos en silencio, en cuanto el vendedor estuvo cerca recurrió a su madre para conseguir… quizá una galleta… quizá un chocolate… “mami, mami, cómprame”… la madre trató de no hacerle caso, de ignorar el golpe a su bolsillo… “mami, mami… quiero…”…la madre la jaló suavemente del brazo y la puso detrás de ella, con la ilusión de que la niña entienda el significado de ese gesto; todo fue en vano. La niña comenzaba a soltar sus pequeñas lágrimas, y su petición tenía una intensidad cada vez mayor. El vendedor despertaba del letargo, se reanimó y se ubicó cerca a la niña, volvió a ofrecer sus productos, pero esta vez parecía que le hablaba directamente a la madre, entendiendo que había una posibilidad de justificar la caminata previa.

¡NO TENGO PLATA!, fue la respuesta de la madre, aunque se dirigía con la mirada a la niña, sus palabras también se encauzaban al anciano. Rompió dos corazones al instante, lengua armada sin duda. La niña no dejaba de llorar, fue necesaria una pequeña sacudida y un par de palabras cortantes y enérgicas… El anciano siguió en el limbo por unos instantes, luego vio la oportunidad de escaparse del desagradable intervalo de tiempo, observó un ómnibus con la puerta abierta, esperando pasajeros, subió en el acto a seguir trabajando.

Muchos de los presentes, vieron este suceso como algo penoso, triste por decirlo de alguna manera. Por un lado un hombre de avanzada edad, caminando sin rumbo fijo, abusando de su existencia, exponiéndose cerca a la pista, teniendo que atravesar por una situación precaria, de inestabilidad, desperdiciando sus últimos años, viviendo sólo para sobrevivir; por otro lado la pequeña niña negada de un dulce, de una golosina que entusiasmaría su aburrida espera, la pobreza hecha realidad. Las miradas, los gestos, el silencio general expresó un acuerdo de juicio implícito entre los presentes. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto?, ¿qué mensaje esencial se esconde bajo la máscara de la lásti-ma? 

Lo más resaltante, en nuestro caso, es lo siguiente: ¡El dinero lo es todo! Vivimos en una sociedad subyugada por el capital, por la compra y venta, por el intercambio de mer-cancías… Las empresas no producen en base a las necesidades de las personas, lo hacen con el fin e interés de ganar más, de acumular, de obtener ganancias y reproducir su capital. “La crisis nos confronta con la paradoja fundadora de la sociedad capitalista: en ella, la producción de bienes y servicios no es un fin, sino sólo un medio. El único fin es la multiplicación del dinero, es invertir un euro o un dólar para conseguir dos” (1).

Sin dinero no eres nada, no vales, no existes, no sirves, eres un paria, un lumpen. El dinero es el mediador entre los humanos, todo lo que hacemos está mediatizado por nuestra capacidad de gastar, de comprar, de pagar. Si trabajamos es justamente para obtener dinero, si “robamos” es para lo mismo. Necesitas dinero para comer, para vestir, para estudiar… te venden la felicidad, ¿un viaje, una comida, un paseo?, necesitas zapatillas, un pantalón, un polo, movilidad, energía, todo está a la venta. Pero parece tan normal, tan nuestro, tan necesario… la imposición ideológica del sistema imperante trata de hacernos creer que un mundo sin dinero es imposible, que el dinero es producto de la civilización, de la evolución humana y que nos hace la vida más fácil. Este es un mundo donde el trabajo no sirve para nosotros y menos para la sociedad, el trabajo sirve para que el capitalista pueda obtener más ganancias. “Las superficies cultivables de la tierra pueden alimentar a toda la población del mundo, mientras los talleres y las fábricas producen incluso mucho más de lo que es necesario, deseable y sustentable. Las miserias del mundo no se deben, como en la Edad Media, a catástrofes naturales, sino más bien a una especie de hechizo que separa a los hombres de sus productos”(2). 

Todos estamos obligados a trabajar para no morir, no puedes trabajar sin cobrar dinero morirías en el intento. El trabajo sirve para crear, directa o indirectamente, el mundo tal y como lo conocemos… un mundo que no beneficia a la mayoría, un mundo gris, desola-dor, agobiante. Aunque por todos lados nos intentan vender felicidad, regocijo, paz. Existe una demencia colectiva, caminamos entre cadáveres, entre muertos, respiramos contaminación, existimos siguiendo modas, estilos, paradigmas cotidianos de formas de vida, amando según el criterio moral de la iglesia, de la familia, nos dan igual las armas, las guerras (si no estamos directamente en ellas), a la mayoría no le importa ni le interesa pensar sobre ello… hacer algo al respecto… hasta que es demasiado tarde…

Disculpen si el tema central fue trastocado… (Abogo al apasionamiento inmaduro juvenil). Regresando a lo central de este punto, lo maquiavélicamente sorprendente es que a pesar de haber una sobreproducción de mercancías, de ver almacenes abarrotados de productos, somos millones que estamos en la precariedad más devastadora…. Se cierran fábricas de comida, y millones mueren de hambre, se cierran fábricas de material noble y nadie tiene donde pasar la noche, se echa al desagüe la comida que sobra de los su-permercados y la población famélica cada día aumenta, miles de millones sacando oro y plata de las entrañas de la tierra en Los Andes para vestir con alhajas el cuerpo anoréxico de la hija de un príncipe en España… 

“El dinero es nuestro fetiche: un dios que nosotros mismos hemos creado, del cual creemos que dependemos y al cual estamos dispuestos a sacrificar todo con tal de aplacar su ira” (3). ¿Desde qué edad se nos impone la normalidad del dinero en nuestras vidas? Lo más natural para cualquier especie animal siempre fue utilizar sus fuerzas para comer, para vivir, pero cómo es posible que una niña que ni siquiera cumplió los cuatro años de edad conciba que sin dinero no pueda obtener alimento. ¿Desde cuándo nos imponen y acondicionan bajo la lógica de la mercancía? Es algo que produce escalofríos. Cada vez más, la alienación se apodera de nosotros, hemos dejado de ser seres vivos y nos hemos vuelto máquinas obedientes sumisas y terroríficamente mansas, sentimos a través de imágenes, con películas, espectáculos, publicidad, etc. Para todos, incluyendo a la niña, el dinero es tan importante como el oxígeno, tanto para el rico como el pobre se hace necesario poseerlo. “¿Cómo es posible, por obra de qué magia infernal, la riqueza, posi-bilitada para satisfacer necesidades, ha llegado a encerrarse en la moneda?... Ha preferido encarnarse bajo la forma del oro y de la plata, metales entre los más raros e inútiles. Aún peor, hoy ya no se presenta al común de los mortales más que bajo la forma de papel… La única necesidad a que responde la moneda es a la necesidad del cambio, y desaparecerá con la desaparición del cambio” (4).

“Destruir la moneda no quiere decir quemar los billetes de banco o fundir el oro. Estas medidas pueden ser necesarias por razones simbólicas y psicológicas” (5). El dinero inter-fiere en nuestro deseo de cubrir nuestras necesidades, el dinero solo podrá ser destrui-do, eliminado y volverse obsoleto en cuanto desaparezca el cambio mercantil y las rela-ciones sociales establecidas por el capital, en cuanto nuestro trabajo nos sirva a nosotros y no al mercado. Es necesario entonces reconocer cuál es la base estructural de nuestra encadenada existencia asalariada, para emprender el ataque real y contundente, fuera de su lógica, manipulación y mistificación.
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Notas:
(1) Anselm Jappe. ¿Ya se volvió obsoleto el dinero?
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Editorial Etcétera. Un Mundo sin Dinero: El Comunismo (2da parte).
(5) Idem.

martes, 10 de enero de 2012

Sobre la miseria en el medio estudiantil (por la IS)

La superación de las luchas parciales de sectores del proletariado que lleve al desencadenamiento de un escenario de enfrentamiento abiertamente revolucionario, será principalmente resultado del propio desarrollo de las dinámicas internas de los mismos conflictos originalmente parcelados, tendiendo a la integralidad y radicalidad de los análisis, propuestas y medios, proceso en el cual las "minorías revolucionarias" habrán aportado con la entrega de elementos teóricos/prácticos que garanticen la autonomía de clase necesaria para una efectiva emancipación humana. De esta manera, en relación al conflicto estudiantil, la actividad revolucionaria no puede centrarse en una mera denuncia de sus límites reformistas, sino en apuntar hacia su potencial autosuperación.

Hay que aclarar, en todo caso, que "no se trata de que creamos que a partir de estas movilizaciones, dotándolas con una correcta orientación o conducción, entremos de lleno a un periodo abiertamente revolucionario, sino que las entendamos como procesos necesarios para la experiencia colectiva de la clase, desde los cuales comienza a abrirse camino hacia su propia liberación" (Acerca de la comprensión comunista/anárquica de las actuales protestas estudiantiles, RAP), puesto que "tenemos claro que la revolución no se trata de la acumulación cuantitativa de experiencias similares a las actuales (muy limitadas en su forma y contenido). No es la suma de parcialidades la que de por sí se torna revolucionaria. Ante todo, se requiere de cambios cualitativos para entrar a una fase de enfrentamiento clasista abierto. Es decir, es la esencia del movimiento la que debe ser distinta. Pero esa esencia, si bien no es consecuencia directa de la mera sumatoria de experiencias aisladas, sí tiene sus raíces en el desarrollo de dichos procesos." (ib.)

Así y todo, no debe confundirse el hecho de comprenderse parte de las experiencias parciales de la clase, aportando a su superación, con la dilución de las posiciones revolucionarias dentro de los estrechos límites que ciertas luchas reivindicativas conllevan, entregándose al pantano del confusionismo bajo el pretexto de una "inserción" real. Comprender que sólo el proletariado puede liberarse de su condición misma, no equivale en ningún caso a celebrar y promover todo lo que surja desde la clase, haciendo un fetiche de la misma. 

Es en este sentido -aún más cuando en estos meses presenciamos la confrontación electoral en que se baten varios trozos de la izquierda chilena para acceder a las federaciones de sus respectivas universidades, encandilados con el auge de las protestas estudiantiles del pasado año y desesperados por alcanzar su (supuesta) conducción-, que la fuerza y crudeza de las críticas expresadas en este ya clásico panfleto de la Internacional Situacionista, hace ya más de cuarenta años, nos parecen inmensamente vigentes y necesarias, pues una falsa comprensión y mistificación del medio estudiantil, que deriva en una caricaturización de la juventud, resulta dañina para proyectar luchas más profundas y fecundas.

Difundimos aquí la primera de las tres partes del texto, el que puede encontrarse íntegramente AQUÍ.

Sobre la miseria de la vida estudiantil
Internationale Situationniste

I. Hacer la vergüenza aún más vergonzosa, publicándola

Podemos afirmar sin gran riesgo de equivocarnos, que tras el policía y el sacerdote, el estudiante es en Francia el ser más universalmente despreciado. Si las razones por las que se le desprecia son a menudo falsas y revelan la ideología dominante, las razones por las que efectivamente es despreciable y despreciado desde el punto de vista de la critica revolucionaria, son rechazadas e inconfesadas. Sin embargo, los poseedores de la falsa contestación saben reconocerlas y reconocerse. Transforman este verdadero desprecio en una admiración complaciente. De este modo, la impotente intelligentzia de la izquierda (desde Les Temps Modernes a L'Exprés) se queda pasmada ante la pretendida "ascensión de los estudiantes", y las organizaciones burocráticas declinantes en la práctica (desde el Partido Comunista a la UNEF) se disputan celosamente su apoyo "moral y material". Mostraremos las razones de este interés por los estudiantes y cómo las ya nombradas organizaciones participan positivamente de la realidad dominante del capitalismo superdesarrollado, y utilizaremos este folleto para denunciarlas una a una: la desalienación no sigue otro camino que el de la alienación.

Todos los análisis y estudios realizados sobre el medio estudiantil, hasta el momento, han olvidado lo esencial. Nunca sobrepasan el punto de vista de las especializaciones universitarias (psicología, sociología, economía), y por consiguiente son fundamentalmente erróneos. Todos ellos cometen lo que Fourier llamaba ya una ligereza metódica "puesto que regularmente afecta a las cuestiones primordiales", ignorando el punto de vista total de la sociedad moderna. El fetichismo de los hechos enmascara la categoría esencial, y los detalles hacen olvidar la totalidad. Se dice todo sobre esta sociedad, salvo lo que es en realidad: comerciante y aparatosa. Los sociólogos Bourderon y Passedieu, en su investigación Los Herederos: los estudiantes y la cultura, permanecen desarmados ante algunas verdades parciales que han acabado por apoyar. Y, a pesar de toda su buena voluntad, caen de nuevo en la moral de los profesores, la inevitable ética kantiana de una democratización real por una racionalización real del sistema de enseñanza, es decir de la enseñanza del sistema. Mientras que sus discípulos, los Kravetz [1], se creen millares, compensan su amargura pequeño-burócrata por el confusionismo de una fraseología revolucionaria desacostumbrada.

La puesta en escena [2] de la reificación bajo el capitalismo moderno impone a cada uno un papel en la pasividad generalizada. El estudiante no escapa a esta ley. Se trata de un papel provisional que lo prepara para el papel definitivo que asumirá, como elemento positivo y conservador, en el funcionamiento del sistema mercantil. No es más que una iniciación.

Esta iniciación encuentra de nuevo, mágicamente, todas las características de la iniciación mítica. Permanece totalmente separada de la realidad histórica, individual y social. El estudiante es un ser dividido entre un estatuto presente y un estatuto futuro netamente separados, y cuyo límite va a ser mecánicamente traspasado. Su conciencia esquizofrénica le permite aislarse en una "sociedad de iniciación", ignora su futuro y se maravilla de la unidad mística que le ofrece un presente al abrigo de la historia. El motivo de cambio de la verdad oficial, es decir, económica, es muy fácil de desenmascarar: resulta duro mirar de frente la realidad estudiantil. En una "sociedad de abundancia", el status actual del estudiante es la pobreza extrema. Originarios en un 80 % de capas cuya renta es superior a la de un obrero, el 90 % de ellos disponen de una renta inferior a la del más simple asalariado. La miseria del estudiante está más allá de la miseria de la sociedad del espectáculo, de la nueva miseria del nuevo proletariado. En un tiempo en que una parte creciente de la juventud se libera cada vez más de prejuicios morales y de la autoridad familiar para entrar lo antes posible en las relaciones de explotación abierta, el estudiante se mantiene a todos los niveles en una "'minoría prolongada", irresponsable y dócil. Si bien su tardía crisis juvenil lo enfrenta un poco a su familia, acepta sin dificultades ser tratado como un niño en las diversas instituciones que rigen su vida cotidiana [3].

La colonización de los diversos sectores de la práctica social no hace más que encontrar en el mundo estudiantil su expresión más injusta. La proyección sobre los estudiantes de toda la mala conciencia social, enmascara la miseria y la servidumbre de todos.

Pero las razones en que se basa nuestro desprecio por el estudiante son de otro tipo. Estas no conciernen solamente a su miseria real sino a su complacencia hacia todas las miserias, su propensión enfermiza a consumir devotamente la alienación, con la esperanza, ante la falta de interés general, de satisfacer su carencia particular. Las exigencias del capitalismo moderno hacen que la mayor parte de los estudiantes sean simplemente cuadros inferiores (es decir, el equivalente de lo que en el siglo XIX era la función del obrero calificados) [4]. Ante el carácter miserable, fácil de presentir, de este futuro más o menos próximo que lo "resarcirá" de la vergonzosa miseria del presente, el estudiante prefiere volverse hacia su presente y decorarlo con encantos ilusorios. La misma compensación es demasiado lamentable como para que atraiga; los días que sigan no serán alegres y, fatalmente, se sumergirán en la mediocridad. Por ello se refugia en un presente vivido irrealmente.

Esclavo estoico, el estudiante se cree tanto más libre cuanto más lo ligan las cadenas de la autoridad. Al igual que su nueva familia, la Universidad, se tiene por el ser social más "autónomo" mientras que representa, directa y conjuntamente los dos sistemas más poderosos de la autoridad social: la familia y el Estado. Él es su hijo sometido y agradecido. Siguiendo la misma lógica del hijo sumiso, participa de todos los valores y mitificaciones del sistema, y los concreta en sí mismo. Lo que eran ilusiones impuestas a los empleados, se convierte en ideología interiorizada y conducida por la masa de futuros pequeños cuadros.

Si la antigua miseria social ha producido los mayores sistemas de compensación de la historia (las religiones), la miseria marginal estudiantil no ha encontrado consuelo más que en las imágenes más desfiguradas de la sociedad dominante, la repetición burlesca de todos sus productos alienados.

El estudiante francés, en su calidad de ser ideológico, llega demasiado tarde a todo. Todos los valores e ilusiones que constituyen el orgullo de su mundo cerrado, están ya condenados en tanto que ilusiones insostenibles, desde hace mucho tiempo ridiculizadas por la historia.

Recogiendo unas migajas de prestigio de la Universidad, el estudiante todavía está contento de ser estudiante. Demasiado tarde. La enseñanza mecánica y especializada que recibe está tan profundamente degradada (en relación al antiguo nivel de la cultura burguesa) [5] como su propio nivel intelectual en el momento en que accede a ella, con la particularidad de que la realidad que domina todo esto, el sistema económico, reclama una fabricación masiva de estudiantes incultos e incapaces de pensar. El estudiante ignora que la Universidad se haya convertido en una organización -institucional- de la ignorancia, que la "alta cultura" se disuelva al ritmo de la producción en serie de los profesores, que todos los profesores sean cretinos, los cuales en su mayoría provocarían el escándalo de los alumnos de cualquier colegio; él continúa escuchando respetuosamente a sus maestros, con la voluntad consciente de perder todo espíritu crítico a fin de comulgar mejor de la ilusión mística de haberse convertido en un "estudiante", alguien que se ocupa seriamente de adquirir un saber serio, con la esperanza de que eso le confiará las verdades últimas. Es una menopausia del espíritu. Todo lo que sucede hoy en los anfiteatros de las escuelas y facultades será condenado en la futura sociedad revolucionaria como alboroto, socialmente nocivo. En la actualidad, el estudiante hace reír.

El estudiante no se da cuenta de que la historia altera su irrisorio mundo "cerrado". La famosa "crisis de la Universidad" parte de una crisis más general del capitalismo moderno; sigue siendo el objeto de un diálogo de sordos entre diferentes especialistas. Dicha crisis traduce simplemente las dificultades de un ajuste tardío de este sector especial de la producción a una transformación de conjunto del aparato productivo. Los residuos de la vieja ideología de la Universidad liberal burguesa pierden importancia en el momento en que desaparece su base social. La Universidad ha podido disfrutar de un poder autónomo en la época del capitalismo librecambista y de su Estado liberal, que le dejaba una cierta. libertad marginal. De hecho, dependía estrechamente de las necesidades de este tipo de sociedad: dar a la minoría privilegiada que estudiaba la cultura general adecuada, antes de que alcanzara las filas de la clase dirigente de la que apenas habla salido. De ahí el ridículo de los profesores nostálgicos [6], amargados por haber perdido su antigua función de perros guardianes de los futuros amos por esa otra, mucho menos noble, de perros de pastor, siguiendo las necesidades planificadas del sistema económico, guiando las hornadas de "cuellos blancos" hacia sus fábricas y oficinas respectivas. Son ellos quienes oponen sus arcaísmos a la tecnocratización de la Universidad y continúan suministrando imperturbablemente las sobras de una cultura llamada general a futuros especialistas que no sabrán que hacer con ella.

Más serios, y por consiguiente más peligrosos, son los modernistas de la izquierda y los de la UNEF, dirigidos por los "ultras" de la FGEL, que reivindican una "reforma de estructuras en la Universidad", una "reinserción de la Universidad en la vida social y económica", es decir, su adaptación a las necesidades del capitalismo moderno. Las diversas facultades y escuelas, todavía adornadas de ilusiones anacrónicas, son transformadas de dispensadores de la "cultura general" a la medida de las clases dirigentes en fábricas de enseñanza rápida de cuadros inferiores y de cuadros medios. Lejos de oponerse a este proceso histórico que subordina directamente uno de los últimos sectores relativamente autónomos de la vida social a las exigencias del sistema mercantil, nuestros progresistas protestan contra los retrasos y desfallecimientos que sufre su realización. Son los defensores de la futura Universidad cibernetizada que ya se anuncia aquí y allí [7]. El sistema mercantil y sus modernos servidores, he aquí al enemigo.

Pero es normal que todo debate pase por encima de la cabeza del estudiante, en el cielo de sus maestros, y se le escape totalmente: se le escapa el conjunto de su vida, y, a fortiori de la vida.

Debido a su situación económica de extrema pobreza, el estudiante está condenado a un cierto modo de supervivencia muy poco envidiable. Pero, siempre contento con su papel, convierte su trivial miseria en "estilo de vida" original: el miserabilismo y la bohemia. Ahora bien, la "bohemia", lejos ya de ser una solución original, nunca es vivida auténticamente sin haber roto de forma completa e irreversible con el medio universitario. Sus partidarios entre los estudiantes (y todos se jactan de serlo un poco) no hacen más que aferrarse a una versión artificial y degradada de lo que, en el mejor de los casos, no es más que una mediocre solución individual. Merecen hasta el desprecio de las ancianas del campo. Estos "originales", treinta años después de W. Reich [8] ese excelente educador de la juventud, continúan teniendo los comportamientos erótico-amorosos más tradicionales, reproduciendo las relaciones generales de la sociedad de clases en sus relaciones intersexuales. La aptitud del estudiante para hacer un militante de cada uno, se ve frustrada por su impotencia para ello. En el margen de libertad individual permitido por el espectáculo totalitario, y a pesar de su utilización más o menos libre del tiempo, el estudiante ignora todavía la aventura y prefiere un espacio-tiempo cotidiano restringido, adaptado a él por las barreras del propio espectáculo.

Sin estar obligado, separa de sí mismo trabajo y ocio, proclamando un hipócrita desprecio por los "empollones" y los "animales de competición". Aprueba todas las separaciones y, a continuación va a gemir en los diversos "círculos" religiosos, deportivos, políticos o sindicales, sobre la incomunicación. Es tan estúpido y desgraciado que incluso llega a confiarse espontáneamente y en masa al control parapolicial de psiquiatras y psicólogos, colocados donde están por la vanguardia de la opresión moderna, y por consiguiente felicitados por sus "representantes" que, naturalmente, ven en esos "Bureaux d'Aide Psychologique Universitaire" (BAPU) (Centros de ayuda psicológica universitaria), una conquista indispensable y merecida [9].

Pero la miseria real de la vida cotidiana estudiantil, encuentra su compensación inmediata, fantástica, en su principal opio: la mercancía cultural. En el espectáculo cultural, el estudiante encuentra de forma natural su lugar de discípulo respetuoso. Cercano a su lugar de producción sin nunca tener acceso a él -el Santuario le está prohibido- el estudiante descubre la "cultura moderna" como espectador-admirador. En una época en que el arte está muerto, el estudiante continúa asistiendo con fiel asiduidad a los teatros y cine-clubs, y sigue siendo el más ávido consumidor de su cadáver congelado y distribuido bajo celofán en los supermercados, por los guardianes de la abundancia. Participa sin reserva, sin segundas intenciones y sin alejamiento. Es su elemento natural. Si las "casas de cultura" no existieran, el estudiante las habría inventado. Este verifica perfectamente los análisis más banales de la sociología americana del marketing: consumo ostentatorio, establecimiento de una diferenciación publicitaria entre productos idénticos en la nulidad (Pérec o Robbe-Grillet; Godard o Lelouch).

Desde que los "dioses" que producen u organizan su espectáculo cultural se encarnan en escena, él es su principal público, su fiel soñador. De este modo, asiste en masa a sus demostraciones más obscenas; qué otro que no sea él llenaría las salas cuando, por ejemplo, los curas de las diferentes iglesias exponen públicamente sus diálogos sin límites (semanas del pensamiento llamado marxista, reuniones de intelectuales católicos) o cuando las ruinas de la literatura vienen a constatar su impotencia.

Incapaz de pasiones reales, disfruta con polémicas desapasionadas entre las "vedettes" de la Inteligencia, sobre falsos problemas cuya función es enmascarar los verdaderos: Althusser - Garaudy Sartre - Barthes - Picard - Lefebvre - Lévi-Strauss - Halliday - Chatelet - Antoine. Humanismo - Existencialismo - Estructuralismo - Cientifismo - Nuevo Criticismo - Dialéctico-naturalismo - Cibernetismo - Planetismo - Meta-filosofismo.

En su aplicación, ese estúpido se cree vanguardia porque ha visto el último Godard, comprado el último libro argumentista [10]" o participado en el último "happening" de Lapassade. Ese ignorante toma por novedades "revolucionarias", garantizadas por "label"*, los más pálidos "ersatz" de antiguas investigaciones, efectivamente importantes en su tiempo, edulcorados con la idea de negocio. La cuestión es preservar siempre su standing cultural. El estudiante está orgulloso de comprar, como todo el mundo, las reediciones en libros de bolsillo de una serie de textos importantes y difíciles que la "cultura de masas" difunde a un ritmo acelerado [11]. Solamente que no sabe leer. Se contenta con consumirlos con la mirada.

* label: marca que ponen ciertos sindicatos en los trabajos de sus afiliados.

Su lectura preferida sigue siendo la prensa especializada que orquesta el consumo delirante de los "gadgets" culturales; acepta dócilmente sus ukases* publicitarios y hace la referencia-standard de sus gustos. L'Express y L'Observateur hacen todavía sus delicias, o bien cree que Le Monde, cuyo estilo es ya demasiado difícil para él, es verdaderamente un diario "objetivo" que refleja la actualidad. Para profundizar sus conocimientos generales, se empapa de Planète, la revista mágica que quita las arrugas y puntos negros de las viejas ideas. Con tales guías, cree participar en el mundo moderno e iniciarse en política.

* ucase o ukase: orden gubernativa injusta y tiránica que tiene su origen en el zarismo.

El estudiante, más que en ningún otro estamento, está contento de estar politizado. Sin embargo, ignora que participa a través del mismo espectáculo. De este modo se apropia de los miserables y ridículos restos de una izquierda que fue aniquilada hace más de cuarenta años, por el reformismo "socialista" y por la contra-revolución stalinista. Todo esto todavía lo ignora, mientras que el Poder lo sabe claramente y la clase obrera de un modo confuso. Participa, con una débil arrogancia, en las manifestaciones más irrisorias que no lo atraen más que a él. La falsa conciencia política se encuentra en él en estado puro, y el estudiante constituye la base ideal para las manipulaciones de burócratas fantasmas de organizaciones moribundas (desde el Partido llamado Comunista a la UNEF). Estas programan totalitariamente sus opciones políticas; toda marginación o intento de "independencia" vuelve dócilmente, tras una parodia de resistencia, al orden que ni un solo instante ha sido puesto en cuestión [12]. Cuando cree ir más allá -como esos que, por una verdadera enfermedad de inversión publicitaria se nombran JCR, cuando no son ni jóvenes, ni comunistas, ni revolucionarios-, es para adherirse a palabras de orden pontifical: Paz en Vietnam.

El estudiante está orgulloso de oponerse a los arcaísmos" de un de Gaulle, pero no comprende que lo hace en nombre de errores del pasado, de crímenes ya fríos (como el stalinismo en la época de Togliatti, Garaudy, Kruchtchev, Mao) y que de este modo su juventud es todavía más arcaica que el poder, que dispone efectivamente de todo lo necesario para administrar una sociedad moderna.

Pero el estudiante no es un arcaísmo cercano. Se cree obligado a tener ideas generales sobre todo, concepciones coherentes del mundo que den un sentido a su necesidad de agitación y promiscuidad asexuada. Burlado por las últimas febrilidades de las iglesias, se arroja sobre la antigüedad de las antiguallas para adorar la hedionda carroña de Dios y acercarse a los restos descompuestos de religiones prehistóricas que cree dignas de él y de su tiempo. Apenas se osa señalarlo pero, el medio estudiantil, junto con el de las ancianas de provincias, es el sector donde se mantiene la mayor dosis de religión profesada, y sigue siendo todavía la mejor "tierra de misión" (mientras que, en todos los otros sectores se ha eliminado o expulsado a los curas), donde los sacerdotes-estudiantes continúan sodomizando, sin esconderse, a millares de estudiantes con sus diarreas espirituales.

Ciertamente, entre los estudiantes, hay algunos con un nivel intelectual suficiente. Estos dominan sin esfuerzo los miserables controles de capacidad previstos por los mediocres, y los dominan perfectamente porque han comprendido el sistema, porque lo desprecian y se saben sus enemigos. Toman del sistema de estudios lo que tiene de mejor: las becas. Aprovechando los fallos del control, cuya propia lógica obliga actualmente y aquí, a resguardar un sector puramente intelectual, la "investigación", van a llevar tranquilamente la confusión al más alto nivel. Su desprecio manifiesto respecto al sistema va parejo con la lucidez que les permite ser más fuertes que los sirvientes del sistema y, principalmente, en el terreno intelectual. Estos de quienes hablamos, figuran ya entre los teóricos del movimiento revolucionario que se aproxima. No esconden a nadie que lo que toman tan fácilmente del "sistema de estudios" es utilizado para su destrucción. Esto es así ya que, el estudiante no puede rebelarse contra nada sin rebelarse contra sus estudios, y la necesidad de esta rebelión se hace sentir menos naturalmente que en el obrero, que se rebela espontáneamente contra su condición. Pero el estudiante es un producto de la sociedad moderna, al mismo nivel que Godard o la Coca-Cola. Su extrema alienación no puede ser negada más que por la negación de toda la sociedad. Esta crítica no puede hacerse, de ningún modo, sobre el terreno estudiantil: el estudiante, como tal, se atribuye un pseudo-valor que le prohíbe tomar conciencia de su desposesión real y, de esta forma, permanece lleno de falsa conciencia. Pero, en todas partes donde la sociedad moderna empieza a ser contestada, se dan rebeliones de la juventud que corresponden a una crítica total del comportamiento estudiantil.
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Notas:

1. Mare Kravetz, conoció una cierta notoriedad en los medios dirigentes de la UNEF; elegante parlamentario, cometió el error de arriesgarse en la "investigación teórica": en 1964 publica en Les Temps Modernes una apología del sindicalisrno estudiantil que denuncia al año siguiente en el mismo periódico.

2. Ni qué decir tiene que los conceptos espectáculo, papel, etc. los empleamos en el sentido situacionista.

3. Cuando no se le caga en la boca se le mea en el culo.

4. Pero sin la conciencia revolucionaria; el obrero no tenía la ilusión de la promoción.

5. No nos referimos al de la Escuela Normal Superior o al de los sorbonistas, sino al de los enciclopedistas o al de Hegel.

6. No atreviéndose a alienarse con el liberalismo filisteo, se inventan referencias a las inmunes universidades de la edad media, época de la "democracia de la no-libertad".

7. Cf. Internationale Situationniste, n.º 9. Correspondance avec un cybernéticien, y el opúsculo situacionista La tortue dans la vitrina, contra el neo-profesor A. Moles.

8. Ver La lucha sexual de los jóvenes y La función del orgasmo.

9. Con el resto de la población es necesario emplear la camisa de fuerza para hacerlo comparecer ante el psiquiatra en su acogedora fortaleza. Con el estudiante, es suficiente con hacerle saber que han sido abiertas avanzadas de control en el ghetto: se precipita al lugar donde se distribuyen números de visita.

10. Sobre el "gang" argumentista y la desaparición de su órgano, ver el opúsculo Aux poubelles de I'Histoire, difundido por la Internationale Situationniste en 1963.

11. A este efecto no se puede recomendar demasiado la solución -ya practicada por los más inteligentes- que consiste en robarlos.

12. Cf.: Las últimas aventuras entre la UEC y sus homólogos cristianos con sus respectivas jerarquías, 
demuestran que la única unidad entre todos ellos, reside en su sumisión incondicional a sus maestros.